sábado, 24 de septiembre de 2016

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Capitulos finales

Diez
Thomas acompaño a cenar a Tess en su habitación. Beryl la ayudo a ponerse el pijama  y una bata y también a acostarse en una enorme  cama con dosel. No era la misma cama  en la que había dormido la vez anterior, además  la habitación estaba en una zona diferente de la casa,  pero por timidez no pregunto si la habitación estaba cerca de la de Thomas. —Come —le dijo Thomas con firmeza al verla juguetear con la cuchara.
—Lo siento. Me estaba preguntando de quien es esta habitación. —Es la mía —contesto. Al ver que le miraba sorprendida, asintió sombrío—. Si, ahora vas a compartirla conmigo. Lo miro asustada. No podían hacer el amor, pero como  podía  decírselo a Thomas sin tener que confesar todo? —Thomas... —empezó a decir preocupada después de probar su sopa. —Se que a las mujeres embarazadas a veces  no les apetece hacer el amor —contesto el de manera inesperada—. Quiero que estés a  mi  lado por las noches,  eso es todo. Si me necesitas estaré cerca. A Tess le enterneció que estuviera tan preocupado por ella; su  respuesta la tranquilizo. —Gracias —contesto. A Thomas le pareció odiosa su expresión de  alivio, lo hizo sentirse rechazado, pero disimulo su ira. —¿Has pensado en como se va a llamar?  ¿Crees que será niño o niña?  —le pregunto. A Tess le asustaba guardar esperanza alguna, pero no podía expresar su  preocupación, así que contesto. —No. Y me  da igual que sea niño o niña. —A mi  también —replico Thomas—. Con tal de que nazca sano, no importa lo que sea. —Tu eres hijo único, ¿verdad?  —pregunto  Tess desesperada por cambiar de tema. —Si, pero desde luego no he sido un niño mimado. Mi madre no me  quería —contesto con amargura. —Este bebe si será querido —dijo ella con calma. —Claro —Thomas la miro. Tess estaba  preciosa sentada en su  cama. —¿Tu padre era hijo único? —No lo se —contesto Thomas—. Nunca hablaba de su familia. Desapareció cuando yo era niño y no he vuelto a saber nada de el. Mi madre tuvo dos hermanos pero ambos murieron en Vietnam. —¿Tu madre nunca se llevo bien contigo, ni siquiera cuando eras niño? —No —Thomas decidió dar por zanjada aquella  conversación—. Ahora  termínate la sopa. Tess hizo una mueca y siguió comiendo. Thomas salió a arreglar algunos asuntos con  los trabajadores del rancho y no volvió hasta la hora de acostarse. Entro en la habitación y empezó a desnudarse. Tess le miro de soslayo. Thomas era un hombre  increíblemente atractivo. Recorrió con sus hermosos ojos grises las profundas cicatrices de  la espalda y el brazo  antes de que el se volviera; entonces  la atención de Tess quedo atrapada por  los fuertes músculos de su pecho desnudos. Al ver que Tess se ruborizaba, Thomas sonrió y apago la luz. —Te acostumbraras —le dijo ignorando su rubor—. Por consideración a ti usaba pijama en el apartamento, pero ahora estamos casados. Duermo  así desde que era niño  y es difícil abandonar las viejas costumbres. —No me  molesta —contesto Tess cuando el se acostó a su lado—. Además, estas en tu habitación —Tess se quedo muy quieta mirando hacia el techo; no se  atrevía a moverse para no molestarle. Era la segunda vez que  dormían juntos, pero aquella situación no tenia nada que ver con la primera. Le resultaba difícil acostumbrarse a la presencia de Thomas y no solo eso, sino que podía sentir el  resentimiento y el disgusto de su esposo. De pronto Thomas poso la mano en el vientre de Tess; la joven se sobresalto. —No te asustes, solo quiero sentir al bebe. ¿Ya se mueve? Tess intento tranquilizarse y  dijo con un hilo de voz: —Se mueve muy poco, pero estoy segura de  que pronto empezara a dar patadas. —¿Vas a amamantarlo,  Tess? —Si, quiero  amamantarlo —contesto  con firmeza.
Después permanecieron en silencio. Tess esperaba que Thomas la abrazara, para quedarse dormida en sus brazos, pero no lo hizo, aparto la mano y se tumbo dandole la espalda. Pero Tess no sabia que lo que estaba haciendo Thomas era esconder el tumulto de sentimientos que se habian desatado en su  interior. Cuando pensaba en el embarazo de Tess se sentía como  un mago. Nunca había deseado nada como deseaba a aquel hijo; nada, excepto a Tess, pero eso era algo  que todavía no podía admitir. Creía que podía confiar en Tess porque lo amaba, pero ella le  había negado el único milagro de su vida... el de su paternidad. Si no hubiera  ido a buscarla, nunca lo habría sabido. Cerro los ojos, suspiro y después se quedo dormido. A partir de aquella noche, el  abismo  que se abría entre ellos fue haciéndose mayor. Tess se mostraba ante el tímida y callada. Nunca bromeaba con  Thomas prácticamente no  le dirigía la palabra y, por supuesto no le miraba con el mismo cariño que meses atrás. El bebe empezó a dar patadas; Tess deseaba compartir con Thomas  esos momentos, pero no se atrevía a decirle nada. Y el nunca la tocaba.  A veces Thomas hablaba del futuro, pero siempre para referirse al bebe, nunca hablaba de el mismo o de Tess. Tess se distraía ayudando a Beryl en el jardín  por las mañanas, pero  Thomas advirtió que no hacia ningún ejercicio y eso lo preocupo porque sabia que el ejercicio facilitaba el parto. —No haces suficiente ejercicio —le dijo a  Tess una noche—. Siempre estas sentada, así que quiero que empieces a andar. No discutas —añadió con firmeza al ver que la joven iba a protestar—. No es bueno para el niño  que estés todo el día  sentada. Mañana, en cuanto vuelva, daremos un paseo por el rancho. —Thomas... —empezó a decir nerviosa, pero  Thomas consulto su reloj y dijo: —Esta noche tengo trabajo después hablaremos, Tess. No te acuestes tarde. No es bueno para el niño.  Tess estuvo a punto de gritar. Thomas solamente pensaba en el bebe. Ella solo era la incubadora, y no era  que ella no estuviera preocupada por su hijo, al contrario. No le había dicho a Thomas la verdad y temía que  el  pensara que no le preocupaba la salud del bebe. Por otra parte, desde que estaba con Thomas  se  sentía revitalizada. Los dolores y las hemorragias habían cesado. Por primera vez desde el principio de su embarazo pensaba con optimismo en el futuro del niño, pero  lo que Thomas proponía podía matar a su hijo. Paso toda la noche preocupada pensando si debía decirle o no la verdad. Afortunadamente, el trabajo mantuvo ocupado a Thomas durante varios días y Tess aprendió a mentir. Beryl salía todas las mañanas para ayudar  a una vecina, y Tess le decía a Thomas que durante sus ausencias ella salía a caminar. A Thomas le molestaba que la joven nunca quisiera salir a dar un paseo con el. —¿Tanto te desagrado? —le pregunto con  frialdad—. No soportas tenerme cerca, por eso sales a pasear cuando yo no estoy aquí, verdad? —¡No! —Bueno, pues no te hagas ilusiones, cariño  —le dijo con voz glacial—. Solo estoy preocupado por el bebe, no por ti —añadió en un momento de furia ciega. Tess no podía comprender que le hablaba así porque lo había herido. La chica se encogió ante aquella respuesta. Se volvió y levanto orgullosa la barbilla. —Pues deja de preocuparte por el bebe. Yo  soy la primera interesada en tener un hijo sano, y pienso asegurarme  de que asi sea. —Si, asegúrate, señora Thomas —añadió destilando veneno. Tess le miro fijamente y pregunto: —Si no me  hubiera quedado embarazada no te  habrías casado conmigo,  ¿verdad?
—¿Todavía no lo sabes?  Eres traicionera, Tess,  como  todas las mujeres.  Mi madre fue la culpable de que mi  padre nos abandonara. Jane me  traiciono en cuanto tuvo una oportunidad. Tu eras la ultima  persona de  la que podía esperar  una traición... y me equivoque. Pero no te pienso dar otra oportunidad. Tu lo único que tienes que hacer es ocuparte de que a mi  niño  no le pase nada —concluyo. —No te oculte mi  embarazo para hacerte daño —le dijo Tess. Thomas no le hizo ningún caso. —Voy a llegar tarde del trabajo. —Nunca hablamos de nada. Ni siquiera deberías molestarte en volver a casa por las noches. Thomas no podía admitir cuanto anhelaba su presencia, su  cercanía. Intentaba distanciarse de ella  porque  temía que descubriera sus verdaderos sentimientos. —No tengo nada que decirte.  Me sedujiste la noche que  engendramos  al bebe. Cedí porque te deseaba, lo entiendes?  Lo único que sentía era deseo. —Si, Thomas. Te entiendo —contesto Tess y salió de la habitación llorando. Thomas no podía haber sido mas claro. Thomas dio un puñetazo en el tocador. No  había querido decir eso. Le repugnaba haber menospreciado así el amor exquisito que habían compartido aquella noche. No confiaba en ella, no podía. Tess era como  su madre,  como Jane. De hecho, lo  había traicionado al ocultarle su embarazo, ya no lo amaba, lo evitaba, ni siquiera lo miraba, al parecer lo único que le importaba era el bebe, y Thomas tenia que recordárselo para no flaquear. Pero le resultaba muy difícil porque la adoraba, sobre todo desde que sabia que llevaba dentro a su hijo. Y sin embargo, cada vez estaban mas lejos. Pasaron los meses y Tess y Thomas continuaban viviendo como si fueran unos perfectos extraños. Thomas se había traslado a otra habitación con el pretexto de  que despertaba a Tess cuando llegaba tarde por  las noches. Pero eso no era  verdad. No podía soportar el silencio y la  tristeza de la joven. Lo miraba con una expresión que no podía descifrar, como  si tuviera algún sufrimiento oculto, y  empezaba a sentirse culpable, sin saber por que. Lo desesperaba estar cerca de ella y no  poder acariciarla y abrazarla. Cuando Tess no se daba cuenta, la miraba como  un adolescente enamorado. Estaba tan pendiente de ella, a pesar de lo que Tess pensaba, que su trabajo se resintió. Un día, después de ir a ver  al ginecólogo, Tess se acostó. —¿Te  encuentras bien? —le pregunto  Thomas preocupado aquella noche. —Desde luego —contesto Tess ocultando su  terror. Había tenido una hemorragia y el doctor Boswick estaba alarmado. No se lo había dicho a Tess, pero la joven había visto su expresión—. Solo estoy cansada —contesto en un susurro. —Ya te dije —repuso Thomas .__no quiero verte todo  el día tumbada. Debes  hacer ejercicio; estoy seguro de que el ginecólogo te lo habrá dicho también. Tess estaba aterrada. Estaban en verano y el  tiempo era perfecto para salir a pasear, ¡pero no se atrevía! Y Thomas ya estaba muy  enfadado porque no había  querido ir con el a las clases de  preparación para el parto;  estaba asustada porque el doctor Boswick le había advertido los peligros que corría durante el ultimo trimestre; y no le había parecido aconsejable ningún tipo  de ejercicio. Al contrario, le  había dicho que hiciera el máximo  reposo. Tess iba cada vez con mas frecuencia al ginecólogo pero Thomas no sospechaba por que. Tess, consciente de cuanto deseaba Thomas  ser padre, quería evitarle todo tipo de preocupaciones. Y ella quería darle un hijo...  el doctor Boswick le  había confirmado que seria un niño. Miro a Thomas desde la cama. —Mañana iré a dar un paseo, te lo prometo. Aunque cada vez me  resulta mas difícil andar, estoy mas gorda y pesada que nunca. Thomas miro a Tess con los ojos entrecerrados.  Verla tan pálida  le hacia sentirse  culpable. —Es curioso que nunca te haya visto salir a dar un paseo—. Siempre  sales a pasear cuando yo no estoy —Tess se ruborizo y desvió la mirada—. Ya se que te sientes pesada, Tess. Pero eso no es excusa para  no caminar —le dijo con calma—. Es por tu propio bien. Mañana me  asegurare yo  mismo de que salgas a dar un paseo. —No —replico Tess con un hilo de voz. Ya no podía seguir mintiendo. __No puedo — aspiro hondo__ Thomas, tengo que decirle algo —jadeo al sentir una punzada en el vientre que  la hizo sentarse de golpe en la cama  y gritar. —¡El niño! —exclamo  Thomas—. Tess, es el niño? —¡Si...! —empezaba a tener contracciones y  tenia una fuerte hemorragia—. ¡Tienes que... llamar... una ambulancia! Llama al doctor Boswick! —Puede ser una falsa alarma, todavía falta un  mes. Te llevare en el coche —le dijo  con calma  y la destapo y se quedo paralizado al darse cuenta de que Tess tenia razón. Estaba blanco como  el papel—. ¡Oh, Dios mio! —exclamo. —¡Llama... a una ambulancia! —grito Tess. Thomas cogió el teléfono de la habitación;  cuando estaba marcando  el número del hospital llego Beryl corriendo y al ver la situación fue a buscar  unas toallas. Después de llamar a la ambulancia, Thomas llamo  al doctor Boswick y le dijo: —Creo que algo anda mal. Tiene muchos dolores y sangra muchísimo.  Ya  he llamado a una ambulancia. —Se ha debido romper la placenta —contesto  el doctor—. Cuando la he examinado esta mañana le he dicho que podía ocurrir en  cualquier momento. El niño esta a punto de nacer, pero  hay riesgo  de que ambos mueran —añadió. A Thomas se le paralizo el corazón—.¿Ha hecho algún  tipo de ejercicio hoy? —No —contesto Thomas apretando  con fuerza el auricular. —Gracias a Dios. Supongo que no habrá corrido  ningún riesgo. Ya sabe  que esta en un estado muy delicado. Estaré en la zona de  urgencias cuando ella  llegue al hospital, tendré preparadas las transfusiones —y procedió a explicarle a Thomas lo que tenia que hacer para controlar la hemorragia—... y dígale a los enfermeros que no pierdan ni un segundo. Thomas colgó y empezó a dar ordenes a  Beryl, después miro a Tess angustiado. —Algo andaba mal desde hace tiempo, ¿verdad?  No dejaste de trabajar por culpa de las nauseas —gruñó atormentado. Tess apretó los dientes para no gritar de dolor. —Deseabas... tanto... al niño —jadeo—. Solo  quería... evitarte la preocupación — musito—. ¡No ha sido culpa tuya! —No, pero durante todo este tiempo he estado haciéndote la vida imposible.... ¡Oh, Dios, Tess..,! —se le quebró la voz. Acaricio  el rostro de Tess con  dedos temblorosos. Tess grito al sentir una punzada. —,¿donde rayos esta la ambulancia? —maldijo Thomas. En ese momento, se oyó la sirena de la ambulancia. —Aguanta un poco, pequeña —le dijo mientras indicaba por señas a Beryl que se quedara con ella. Salió de la habitación tan confundido que no podía ni hablar. Tess apenas se daba cuenta de que iba en la ambulancia; Thomas iba a su lado, aterrado, mientras los  enfermeros la vigilaban y hacían  todo lo posible para cortar la hemorragia. El doctor Boswick los estaba esperando cuando llegaron al hospital. —Ella es lo primero —le dijo Thomas—. Pase lo que pase, ella es lo primero, ¿me entiende? —Haremos lo que podamos —le aseguro el  doctor antes de entrar al quirófano. Minutos después, nació el bebe. Tess tenia unos dolores horribles. Estaba intentando relajarse para dominarlos cuando Thomas le susurro al oído: —Es un niño. ¿Me oyes, corazón?  Tenemos un hijo. En cuanto comprendió las palabras  de Thomas, dijo con un hilo de voz: —John Richard. Era el nombre que habían elegido para el niño,  en una de esas raras ocasiones en los que Thomas había llegado temprano del trabajo y habían podido conversar. —John Richard —repitió Thomas—. ¿Como  te encuentras, querida? No podía ser Thomas el que acababa de hablarle en ese tono. Debía estar delirando. —Me duele —dijo débilmente. —Van a inyectarte un calmante. Tess, es  precioso —añadió emocionado—. Precioso. Tess abrió los ojos lentamente. —Te amo. Pase lo que pase... recuérdalo siempre. Thomas la miro  con los ojos llenos de lágrimas. Tess le veía entre sombras, pero le oyó respirar con dificultad. —Vas a ponerte bien —le dijo Thomas—. Me lo  han dicho los médicos. ¡No hables así! —Cuídalo —contesto Tess y cerro  los ojos—. Lo deseabas... tanto. —¡Te quiero a ti! —musito Thomas—. ¡Escúchame, niña tonta, te he mentido! ¡Te he estado mintiendo! ¡No quería casarme  contigo porque no podía darte un hijo! ¡Te deje marchar por tu bien! ¡Tess, te quiero a  ti! ¡A ti! ¡Dios, si he estado a punto de volverme loco cuando el doctor Boswick me  ha explicado los riesgos que has corrido durante el embarazo. Abre los ojos, Tess. ¡Abre los ojos! Parecía tan desesperado que Tess se obligó a  abrir los ojos: Thomas estaba muy pálido. —¡No te mueras! —le dijo Thomas con los  dientes apretados—. ¡No  te atrevas! Tienes que vivir para ayudarme a educar a nuestro hijo. ¡No puedo vivir sin ti! No puedo. Escuchame... no puedo vivir sin ti! —Ya tienes... el hijo... que tanto deseabas —murmuro Tess. —No. Pero Tess no parecía comprender las palabras de Thomas. —Si. Dijiste... Thomas se dio cuenta de que no lo entendía.  ¡Pero tenia que conseguir que lo hiciera! Necesitaba que Tess supiera que la amaba. —Mírame, Tess. Mírame. ¡Mírame! —Tess volvió lentamente la cabeza—. Te amo — grito; los ojos  le brillaban con fuerza—. ¡Te amo! Tess quería decirle que nunca había oído nada tan hermoso, pero antes de que pudiera abrir la boca, se le cerraron los ojos y se quedo dormida.

 Once FINAL
Thomas permaneció toda la noche a su lado, sin  dormir. No quiso dejarla sola ni siquiera para ir a ver a su hijo. Tess estaba pálida y gemía a pesar de los sedantes que le habían administrado. Al verla sufrir, Thomas  sufría tanto como  ella. Le  mataba saber lo que Tess había tenido que soportar en silencio para evitarle una terrible preocupación durante todos aquellos meses. La había acusado de traicionarle cuando solo lo estaba protegiendo. Lo había amado mas que a su propia vida y el le había fallado. Thomas le había dicho cosas terribles. Era posible que nunca le perdonara, pero tenia que vivir. ¡Tenía que vivir! La luz del sol se filtraba  en la  habitación  del hospital cuando  Tess volvió a abrir los ojos. Todavía estaba débil por el  dolor. Abrió los ojos y murmuro: —¿Thomas?  ¿Mi hijo...? Thomas tenia un aspecto terrible. —¿Quieres que te lo traigan  ahora? —le pregunto con ternura y se incline hacia ella—. Te lo traerán  en cuanto quieras. —Quiero verlo ahora. Thomas apretó un timbre y le pidió a la enfermera que les llevara  al bebe. La alegre enfermera entro sonriente minutos después con un bultito en brazos. —Aquí lo tiene, señora Kaulitz. Me alegro de que se  haya despertado. Nos ha tenido muy preocupados. Mire lo que le traigo aquí —y  le dejo al niño a su lado. Tess lo miro y le pareció estar viendo a Thomas. —Se parece a mi  esposo —murmuro—. ¡Oh, se parece a ti, Thomas! Thomas se inclino a su lado  y acaricio con ternura la cabecita del niño. —Tiene tus ojos —la corrigió Thomas emocionado. —Voy a traerle el biberón... —dijo la enfermera, pero Tess la interrumpió. —No. Por favor. Prefiero amamantarlo. El doctor Boswick me dijo... —Esta bien —sonrió la enfermera—. Pero de  todas formas le traeré un biberón. Esta usted muy débil, ha perdido mucha sangre y  es posible que todavía no tenga suficiente leche para satisfacerlo. Cuando salió la enfermera, Tess se sentó en  la cama  y cogió al pequeño en brazos. —Ayúdame, por favor —le dijo a Thomas. Thomas le desato los cordones de la bata y le  ayudo a quitársela. Tess acerco al bebe a su seno y le puso el pezón en la  boquita. El niño empezó inmediatamente a succionar y se aferró con fuerza al seno. Tess contuvo el aliento y después se echo a reír. Miro a Thomas, que la observaba atentamente. Tess  nunca le había visto tan emocionado. —Dios mío —le dijo con voz temblorosa—. No  me  lo imaginaba así —se acerco  a ella con la mirada clavada en  su hijo; volvió a  acariciarle la cabecita antes de mirar a Tess— . ¿Te duele? —No —contesto ella—. Es una sensación extraña, pero no me  duele. Lo que si me duele un poco es la cicatriz. —Pueden darte un calmante cuando termines  de dar de comer a John Richard. —No has ido a trabajar —le dijo ceñuda. —No podía dejarte sola, cariño —contesto tranquilo—. Parecías querer morirte —le acaricio la boca con el pulgar—.  Creía que ya no querías vivir. —No me  acuerdo. —A lo mejor ha sido la anestesia, pero no  quería dejarte sola —se  incline y la beso—. Lo eres todo para mi  —le dijo con la  voz ronca por la emoción—. Ahora no puedo perderte. Tess, convencida de que las palabras de Thomas  respondían a la emoción de su reciente paternidad, se limito a sonreirle. En cualquier caso, era evidente que Thomas  adoraba a su hijo, y como no había otra mujer en su  vida, era probable que  hubiera decidido que podían continuar casados. Decidió darle otra oportunidad, era  posible que algún día aprendiera a amarla. Una semana  después, dieron a Tess de alta. Helen y Kit fueron a verla a casa para conocer al bebe.
Thomas siempre estaba cerca de  ella aunque volvió a trabajar  en exceso. Tess sabia que le irritaba que no le quisiera escuchar cuando intentaba hablar con ella, pero no podía evitarlo. No quería que le hiciera confesiones de amor. Thomas se había sentido muy mal cuando se había enterado de que su embarazo había sido de alto riesgo y, para él, el parto había sido una pesadilla. Desde que  les habían dado de alta a Tess y al niño parecía el hombre mas  feliz del mundo, pero la joven no quería oír falsas promesas. No quería hablar con el hasta que se olvidara de  las tensiones pasadas. Tess se dedicaba por entero a  su  hijo, lo adoraba, lo mimaba, pasaba a su lado cada momento libre. El niño era su vida. También estaba Thomas, pero toda la atención que  Tess prestaba al niño se la negaba a el. Thomas se sentía solo, rechazado y su humor  empezó a empeorar. Claro, el adoraba a su hijo, pero no  conseguía hacer que Tess advirtiera que también la necesitaba a ella. Estaba encerrada en su propio mundo, en  el que solo el niño tenia cabida. Un sábado por la tarde, Tess estaba dando  de mamar a John cuando llego Thomas. Había estado trabajando todo el día y parecía estar de  muy mal humor. Se detuvo en la puerta de  la habitación al ver a Tess en la mecedora. —Tengo que hablar contigo —le dijo. —Estoy a punto de terminar —contesto Tess. Thomas se sentó en el borde de la cama y observo atentamente a su hijo. El orgullo suavizo su expresión y sonrió: —Nunca me cansare  de  veros —dijo con calma—. Tienes una  expresión maravillosa cuando das de mamar al niño. —¿Has visto cuanto ha crecido?  —le pregunto con timidez. —Tess, hasta cuando vas a seguir dándole de mamar? Tess le miro sorprendida y se retiró con aire distraído un mechón de pelo de la cara. —Todavía no he pensado en eso. ¿Te importa mucho? Thomas dudo antes de decir: —Seguirá atado a ti mientras continúes amamantándolo. No puedes estar lejos de el mas de dos horas seguidas. —¿Quieres que me  vaya?  —pregunto Tess abriendo los ojos de par en par—. Por eso quieres que deje de darle de mamar?    Para poder contratar a una niñera...? —¡Dios, no! —contesto espantado.  Se acerco  a la ventana y observo  con el ceño fruncido el paisaje otoñal. —Supongo que te he dado razones de sobra para  pensar que solo quiero al niño, no a ti. Pero no soy capaz de arrebatarte a  tu hijo. No soy un monstruo, Tess. —Lo se —contesto con timidez. El bebe termino de comer y se quedo dormido.  Tess lo arropo en su cunita y salió de la habitación sin hacer ruido. Thomas la siguió. —No huyas —le dijo—. Has evitado mi  presencia desde el día que volvimos del hospital. —Voy al porche —contesto. —Hace frío. —No, no hace frío. Le pediré a Beryl que vigile a John. —Esta bien —cedió Thomas; espero a que Tess hablara con Beryl y después la siguió hasta el porche y se sentó a su lado. —¿Has  tenido mucho trabajo?—pregunto Tess con indiferencia. —He comprado unos caballos —contesto Thomas  encendiendo un cigarrillo—. He estado viendo como los domaban. Tess —la miro a  los ojos, y dijo—:  He estado intentando hablar contigo para disculparme. Te dije cosas  muy crueles  antes de que naciera el niño. Cosas de las que ahora me  arrepiento.
—Tu no sabias que mi  embarazo era de  alto riesgo —contesto Tess—. Solo quería evitarte preocupaciones. Nunca  te había visto tan emocionado. No quería echar a perder esa alegría. —¿Y tu?  —gimió y cerro los ojos—. ¡Tontita! Estabas muy asustada y yo me  quejaba porque estabas todo el día sentada —se quito  el sombrero y se paso una mano por el pelo—. No soporto pensar lo mal que te trate. Solo te he dado problemas, Tess. —Eso no es verdad —Tess miro con  cariño a Thomas—. Me has dado a John. —No se me  ocurrió tomar precauciones porque pensaba que no lo necesitaba. Si hubiera sabido el riesgo... —Pero no lo sabias. Ni yo, aunque me  hubiera arriesgado en cualquier caso, Thomas —dijo con convicción—. No me  arrepiento de nada. —No solo quería al niño  —la miro a los ojos—, sino también a ti. Te necesitaba, así que... me  habría casado contigo aunque no  hubieras estado embarazada. No soportaba vivir sin ti. Alejarte de mi  lado fue  el peor  error de mi  vida —su expresión reflejaba tanta vulnerabilidad que la  enterneció—. Aquella noche... no  había sabido lo que era el amor hasta esa noche. Tenia miedo, me  aterraba haberme equivocado y que ese amor fuera pasajero. Pero no ha sido así. Dios mío, Tess. Nunca dejare de amarte. Tess se aparto un poco y desvió la mirada. No podía creerle. No se atrevía. —No hace falta que finjas —le dijo con ternura—. Esta bien. Amas a John y quizá estas encariñado conmigo. Eso es suficiente. Thomas apago su cigarrillo y  se puso de pie. La miro. —No —le dijo—. No es suficiente. Tu quieres que yo te ame. —Si que esto es muy difícil para ti... —contesto Tess mirando a lo lejos. Thomas la agarro por los hombros y la obligo a levantarse. —Mi madre me  destrozo, Tess. Jane  acabo  con  mi  orgullo.  Cuando tu llegaste a mi vida, yo estaba destrozado. Te  tenia miedo, ¿no lo sabias? —Supongo que una parte de mi  lo sabia —lo miro a los ojos—. Trate de hacerte comprender que nunca te haría daño, pero no confiaste en mi. —No podía —deslizo los manos por los brazos de  Thomas y entrelazo los dedos en los de ella—. Te dije que no sabia amar, que no sabia lo que era la ternura —se acerco a ella— . Tuve que aprender muchas cosas. Y  las aprendí contigo, Tess. —Estas orgulloso de John —murmuro ella bajando la mirada—, y te sientes responsable de los problemas que tuve para dar a luz, pero no es  necesario que me  digas estas cosas. Thomas la cogió por la barbilla y la obligó a mirarle. —Te amo —le dijo—. De que manera y cuantas  veces te lo  tengo que decir para que me creas? Tess se encogió de hombros y contesto: —Es posible que sientas muchas cosas, Thomas, pero estoy segura de que no es amor. —Te amo y lo sabes, pequeña cobarde —le  sonrió y dio un dulce beso en la boca—. Pero creo que ya es hora de demostrártelo. La beso con pasión y Tess,  casi a pesar de su voluntad,  correspondió a aquel beso. Thomas contuvo el aliento y gimió cuando  vio que Tess le abrazaba y  se entregaba sin  reservas. Le entreabrió los labios con la  lengua y la abrazo  con fuerza. Thomas deslizo la mano hasta la cadera de  Tess y la estrecho contra el para que comprobara la fuerza de su excitación. —Te deseo —gruño Thomas—. ¿Puedes hacer el amor? —Si —musito. —¿A donde rayos podemos ir?  —gruño el buscando con la mirada un lugar—. Beryl esta arriba con el niño.
Tess miro hacia el granero, pero Thomas  movió la cabeza. —No. Esta sucio. —Pero si lo hacen en las  películas —se quejo Tess. —Pero esto no es una película, Tess —murmuro Thomas frotando su rostro contra los senos henchidos de Tess, después la volvió a besar en la  boca—. Y lo que siento ahora no es solo un  deseo que necesite saciar. Te  amo, quiero hacer el amor contigo, ser parte de ti. —Yo también —contesto. Thomas la abrazo con mas fuerza sin  dejar de besarla con sensualidad. —Tess —musito contra su boca—, Tess, te amo... De pronto se abrió la puerta de la casa y se separaron. Apareció Beryl. —John esta durmiendo como  un lirón. ¿Les importa que vaya a ver a la señora Jewell? Solo tardare una hora... A Tess le entraron ganas de besarla. Posiblemente Beryl sabia que querían estar solos. —No te preocupes, ve —le contesto Tess. —Oh, gracias —contesto Beryl. Tanto Thomas como  Tess esperaron a que el coche de Beryl desapareciera por el camino para ir corriendo a su habitación. Thomas la cogió en brazos, la dejo  en la cama, y se tumbo a su lado. —No hagas ruido —le dijo—. No quiero que  despertemos al niño —la besó en la boca—. Dios bendiga  a Beryl. —La puerta... —gimió Tess. —Ya esta cerrada. ¡Tess, ha pasado tanto tiempo! La beso con ardor, se separo de ella y empezó a desnudarse. Tess no podía dejar de mirarle. Incluso con las cicatrices, Thomas  era un hombre increíblemente atractivo. Se lo dijo a Thomas, este sonrió, se tumbo a su lado y la  desnudo entre besos y susurros. Tess estaba un poco avergonzada por su cicatriz, pero Thomas la beso y le dijo que era como  una cicatriz ganada en una batalla,  que tenia un valor excepcional. Tess se tranquilizo, le sonrió y le beso. Thomas la trataba con una ternura de la que Tess nunca le habría creído capaz. Entre besos y caricias  eróticas le dijo que la amaba, que la necesitaba, que ella era lo mas importante de su vida. La magia que habían compartido una noche en el apartamento de Thomas todavía estaba presente. Tess le rodeo el cuello con los brazos y se  estrecho contra el pero Thomas la detuvo. —Espera —saco unos preservativos de debajo  de la almohada. Se puso uno mientras ella lo miraba con timidez—. No habrá mas hijos por el momento. No quiero que te arriesgues otra vez. —Pero si estoy bien —contesto Tess—. Ha  sido un embarazo bastante raro. No creo que tenga otro igual. —Ya hablaremos de eso en otra ocasión, ahora te encuentras débil y vulnerable y debo cuidarte mucho, señora Kaulitz —murmuro contra su boca—. Te quiero demasiado, no pienso dejar que vuelvas a arriesgarte —se puso encima  de ella y se unió a Tess con una ternura y lentitud exquisitas. Al principio, Tess se sintió un  poco incomoda y Thomas se detuvo. —Es como  si fueras virgen —le susurro intentando controlarse—.  Tranquila, tranquila... así... —suspiro y siguió adentrándose en  el cuerpo de Tess, que gimió al sentirlo completamente dentro. —Oh, Thomas —jadeo—hace casi un  año... —Lo se —contesto el y comenzó  a moverse a un  ritmo creciente.
Hicieron el amor con tanta pasión como  la noche que habían engendrado a su hijo. Thomas la amo hasta dejarla sin aliento, la acaricio hasta hacerla  gritar de placer y juntos alcanzaron un nuevo mundo de sensaciones en  el que lo único importante era su amor. Tess nunca había sentido tanto placer. Permaneció inmóvil debajo de  Thomas, sintiéndolo respirar contra sus senos. —Me amas  —le dijo el—. Lo habría sabido al mirarte ahora a los ojos si no me  lo hubieras dicho veinte veces mientras hacíamos el amor. —Tu también lo has dicho varias veces —jadeo Tess. Thomas la beso con ternura. —¿Ahora me crees? Tess le miro y contesto casi sin aliento: —Oh, si. Thomas acerco  su cara a la de ella  y volvió a besarla con ternura. —Me encantaría demostrártelo una y otra y otra vez, pero me parece que se avecina una tormenta. —¿Una que? En ese momento el bebe estallo en llanto furioso. —¿Otra vez tienes hambre?  —pregunto Tess,  se levanto y se acerco a  la  cuna  del pequeño—. ¿O estas mojado?  —inmediatamente  le cambio el panal, y en eso estaba cuando sonó el teléfono. Dane contesto. —No  —dijo el—, no voy a ir hoy. ¿Por  que?  —frunció el ceno, luego soltó una carcajada—.Hablas en serio?  ¿Cuando?  ¿Se pondrá bien?  —movió la cabeza—. Dios, claro que se lo diré a Tess. Se va a morir de  risa. Dile que iremos a verla esta noche, y por Dios, confiscadle el arma  antes de que lo vuelva a hacer! —¿Que ha pasado?  —pregunto Tess cuando Thomas colgó. —Nunca te  lo imaginarias —Thomas  se levanto y se puso los pantalones sin dejar de reír—. ¿Recuerdas que Helen siempre se quejaba de que era la única de la oficina a la que nunca le habían herido de bala? —Si. —Bueno, pues esta tarde ha cogido mal la pistola y se le ha disparado. Tiene una herida en el pie. —¡Oh, pobre Helen! —exclamo  Tess condolida,  pero no pudo contener las carcajadas— . Lo siento, esto no tiene gracia ¿Se pondrá bien? —Ha sido una herida superficial, pero la dejaran  esta noche en el  hospital, por si acaso, así que he dicho a Nick que iremos a visitarla. —Le llevare flores —dijo Tess y sonrió—.  Y una medalla, si podemos conseguirla. Thomas se acerco a ella  y la miro con cariño. —John se parece mucho a ti —dijo ella. —Se parece a los dos —la corrigió Thomas abrazándolos a los dos—. ¿Te sientes feliz? —No sabia que podía serlo tanto —le beso—.  No sientes haber tenido que casarte conmigo?  —le pregunto preocupada. —No he tenido que casarme  contigo —la corrigió con ternura—. Solo estaba buscando un pretexto  para hacerlo, ,¿o crees  que fue casualidad  que te encontrara ese día en  el restaurante en el que estabas almorzando con Kit? —¡La seguiste! —dijo ella  riendo—. Kit lo sospechaba. —Si, la seguí. Me había pasado la mañana pensando en que iba a hacer, Tess. Quería pedirte que te casaras conmigo —le confeso—. Que vivieras conmigo aunque no pudiéramos tener hijos. —¡Oh, Thomas! —dijo Tess. —Pero todo salió mal —murmuro—. Me interrumpieron demasiado pronto. —Yo iba a decirte que estaba embarazada,  pero  cuando se acerco ese hombre a saludarte, perdí el valor. —Todo este tiempo perdido —gimió el—. Ya tenias problemas entonces. No era la ulcera, era el niño. —Si. Pero cuando me  cogiste de  la mano, deje de sentir dolor. —Te he hecho pasar muy malos momentos. Lo siento. No sabes cuanto. —Te amaba y, en el fondo estaba convencida  de que si no te presionaba, aprenderías a amarme. No quería preocuparte, si no te habría contado lo del niño en cuanto lo supe. No comprendía cuanto deseabas tener un hijo. —No  un  hijo, sino a  nuestro  hijo —se incline, la beso en la frente y después la miro—. No sabes cuanto te eche de menos cuanto te fuiste de mi  apartamento, o cuanto miedo pase cuando te seguían esos narcotraficantes. Durante mucho tiempo no me  había atrevido a pensar en el matrimonio y de repente, decidiste que debía enseñarte a hacer el amor —gimió—. No sabes como  me  sentí. Habría hecho cualquier cosa por tenerte, excepto sacrificar tu necesidad de tener hijos. Y, sin embargo, tu estabas dispuesta a sacrificarte hasta ese punto  por mi  —la beso con ternura—. Me gusta aprender contigo lo que es el amor. Y debo ser buen aprendiz porque has gritado mucho cuando estábamos en la cama —Tess se ruborizo haciéndole reír—. El niño era la mejor excusa del mundo para casarme contigo y traerte a  casa sin tener que decirte que te amaba desesperadamente. Pero cuando huiste,  pensé que habías dejado de amarme. —Tonto —contesto—. El  amor no desaparece tan fácilmente. —Eso parece. Has tenido un embarazo muy difícil, pero cuando decidamos tener otro hijo, no me  apartare de tu lado. —La primera noche que hicimos el amor te necesitaba tanto...  Te amaba, y pensaba que si te ofrecía todo lo que tenia sin pedirte nada a cambio aprenderías a confiar en mi, que hasta podrías llegar a quererme. —Te amaba —contesto abrazando  a Tess y  a su  hijo—. Dios que difícil ha sido todo. Espero que a partir de  ahora todo vaya bien. —Te quiero tanto, Thomas. Te amare hasta la muerte —al ver que  Thomas se ruborizaba, le pregunto—. ¿Quieres que te lo demuestre? —¿Hablas en serio?  —pregunto  en tono extraño—. Ven aquí. Pero antes de poder hacer nada, su hijo empezó a buscar el seno de Tess para seguir comiendo. Tess se echo a reír cuando el bebe  encontró su pecho y succiono con fuerza. —Creo que mi  hijo tiene prioridad —musito  reprimiendo el deseo—. Pero tenemos toda la noche para nosotros. —Si. Te quiero —le murmuro Tess. —Yo también te amo, pequeña. —Cuando John ya vaya a la escuela, te  parecerá bien que vuelva a trabajar? —¿Para Short?  —pregunto el. —Para  ti  —le corrigió. —Bueno, supongo que todo quedara en la familia. —Pero en cuanto a John le valga el  impermeable de detective  me  retirare. Thomas la abrazo y acaricio con cariño la cabecita de su hijo. Dudo un poco, pero Tess parecía decidida; bueno, si el  le enseñaba a Tess el oficio  y supervisaba los casos que le diera, podría mantenerla a salvo. Y él mismo tiempo no le importaba tenerla a su lado todo el día. Sonrió. —Esta bien.  ¿Contenta? —¡Claro! Tess se apoyo en el pecho de Thomas y le dirigió una sonrisa de complicidad al pequeño. ¡Nunca había sido tan feliz!

FIN

HOLA .. BUENO ESTOS SON LOS CAPITULOS FINALES .. GRACIAS POR HABER LEIDO .. HASTA LA PROXIMA.

AUTORA: DIANA PALMER
TOM KAULITZ: RICHARD DANE LASSISTER

😉

martes, 20 de septiembre de 2016

Ocho
 El señor Short contrato a Tess encantado. Además le ofreció un puesto de detective, lo que alegro muchísimo a la joven. La agenda de Short era muy parecida a la  de Thomas aunque como  jefe era menos severo. —jOh, no me lo esperaba! —exclamo la chica encantada. —Nunca olvidare cuanto te quejabas de ser solo una secretaria en la Agencia Kaulitz —río Short—No será un trabajo peligroso y exigente como  el de los demás, pero saciara tu sed de emociones. Ya lo veras —¡Nunca podré agradecérselo lo suficiente! —Oh, claro que puedes. Trabaja duro y haz que  me  sienta orgulloso de ti —se puso de pie y le estrecho la mano—. Si puedes quedarte desde hoy, Mary puede explicarte en que consistirá tu trabajo  y puedes empezar a ambientarte. Ella se va el próximo  lunes, así que tienes una semana para familiarizarte con tu primer caso. —Perfecto —sonrió—. Me va a gustar, lo se. Y trabajare muy duro. —Lo que me  intriga es por que Thomas te ha dejado marcharte —dijo Short con una sonrisa de  curiosidad—.  Sois casi familiares. —Ha sido por lo de los narcotraficantes  —mintió—. La oficina me  traía recuerdos horribles. Hasta me  daba miedo entrar. —Lo entiendo. Bueno, haremos lo posible por que no te suceda lo mismo aquí. __.Gracias —murmuro Tess.
Plummer era una rubia alegre, de unos treinta años.__Te encantara esto —le dijo mientras le enseñaba Tess su equipo de trabajo—. Te daré los nombres de todos mis contactos. Puedes  recurrir a ellos siempre que lo necesites. — le enseño un directorio—, es el libro mas  importante. Toma, ahora es tuyo. Cuídalo mucho y el te cuidara a ti. —Eres un encanto. —Eso es lo que dice mi  prometido. Nos casamos el sábado, y el próximo  lunes espero estar disfrutando de las Bahamas. Es muy  rico —suspiro—, pero yo lo querría igual aunque fuera un indigente. Tess entendía perfectamente a Mary. No pasaba un solo día en el que no deseara que Thomas fuera a buscarla, pero sabia que nunca lo  haría. Era consciente de que Thomas estaba convencido de que solo había sido un capricho  para ella y de que  deseaba cosas que el nunca podría darle. Ella estaba segura de que  la amaba, pero los días pasaban sin tener ninguna noticia de el. —Estas pálida —observo Mary—, ¿estas segura de que ya te has curado ese virus? —Claro —replico Tess. Pero las semanas pasaban y ella no  mejoraba,  al contrario,  sus dolencias estomacales empeoraron hasta hacerla pensar que lo que  tenia era una ulcera. Y no era sorprendente después de todo lo que había tenido que pasar. Se acostumbro pronto a su nuevo trabajo y  decidió olvidarse de su enfermedad. Un mes después de dejar la Agencia Kaulitz,  Helen insistió en que comieran juntas. Lo había intentado otras veces, pero no  había conseguido convencer a Tess. —Tienes muy mal aspecto —le dijo Helen sin preámbulos cuando se  sentaron en el restaurante. —Serán los nervios. El  señor Short es un buen jefe  pero este trabajo es completamente nuevo para mí —Supongo que si —Helen no parecía muy convencida. Miro a Tess, entrecerrando los ojos y añadió-. Thomas esta... —¿Quieres helado de postre?  —pregunto inmediatamente Tess. Helen entendió el mensaje y sonrió. —Esta bien. Tema  prohibido. Si quiero helado. Tess disfruto del almuerzo, pero no de los recuerdos que Helen despertaba. No había podido dejar de pensar en Thomas  desde que había vuelto a verla. Aquella noche, cuando llego a su apartamento estuvo llorando hasta quedarse dormida. Anhelaba tanto la presencia de Thomas que hasta oír su  nombre le aceleraba el corazón. Se había dicho que podía vivir sin  el, pero le estaba resultando imposible. No podía seguir así. ¡No podía soportarlo! A la mañana siguiente, se disponía a salir del apartamento cuando se desmayo. Cuando recobro el conocimiento decidió que tenia que ir al medico. Habían pasado seis semanas desde que había dejado el apartamento de Thomas y un mes  desde que ese virus extraño la había atacado. Tenia todos los síntomas del cáncer, se dijo, y era una estupidez no ir al medico. Tenia que ser valiente. El  miedo  a morir no  era un pretexto valido para esconder la cabeza en la arena. Siempre era mejor saber la verdad. Aquella misma mañana fue al medico y llamo  a  la oficina para decir que llegaría tarde. Fue una revisión de rutina hasta que le contó al doctor Reiner sus síntomas. Este la miro fijamente y le dijo: —Voy a preguntarle algo que  quizá no le guste. ¿Ha tenido  relaciones intimas con algún hombre últimamente? —Si. Una vez. Bueno, una noche... __Eso es —dijo el doctor.
—Pero el es... estéril —tartamudeo—. Decía... que    no podía engendrar hijos. __.¿Cuando  ha tenido su ultimo periodo?  —preguntó el doctor arqueando una ceja. Tess trato de recordar. Y le dio la fecha  aproximada del ultimo  periodo que recordaba. .—Vamos a hacerle algunos análisis —le dijo—. Lo siento, señorita Meriwether,  pero creo que esta embarazada. Eso indican todos  sus síntomas —Tess toco  maravillada su vientre—. No es el fin del mundo __añadió el doctor—. Hay una clínica que... —¡No! —grito posando la mano en su vientre—. ¡No, eso nunca! —¿Entonces quiere tenerlo? —Con todo mi  corazón —murmuro—. ¡Es lo que mas deseo en el mundo! —¿Y el padre? —Me temo  que no se lo va a creer —contesto con tristeza—. De cualquier manera, no cree en el matrimonio, así que no voy a molestarle. Cuando este segura... decidiré lo que tengo que hacer. —Muy bien. Llamare a la enfermera para que  le haga un análisis —palmeo el hombro de Tess—. No se preocupe. Pero Tess no pudo dejar de preocuparse. Pensar en ser responsable de un diminuto ser humano era tan aterrador como  estar enferma  sin remedio. Se dijo que superaría aquella sensación, que las mujeres habían tenido hijos desde hacia miles de años y que posiblemente no era la primera mujer que se asustaba ante la perspectiva de ser madre. Le hicieron las pruebas y se  marcho. Aquella noche Tess  fue incapaz de conciliar el sueño. Cuando al día siguiente llego a la oficina, no le contó a nadie las sospechas del medico. Pero  cuando contesto al teléfono de  la agencia y oyó la voz tranquila de la enfermera, diciéndole que si, que estaba  embarazada, estuvo  punto de desmayarse. Se despidió de ella y colgó teléfono. —Te has puesto blanca —le dijo preocupada  compañera—. Tess, ¿te encuentras bien? —Si —asintió. —¿Quieres    un poco de café? —No. Si. No lo se. Gracias. —¿Que te han dicho?  —pregunto Delcy sonriendo—. ¿Te  ha hecho alguna propuesta interesante tu novio? —Lo siento —Tess trato de recobrar la  calma— No, era el medico. Llamaba para decirme que no es nada grave lo que tengo. —¡Menos mal! Nos tenias preocupados. —Yo también estaba preocupada —confeso. Apoyo la espalda en  el  respaldo de la silla y se llevo una mano al vientre.  Allí llevaba  al hijo de Thomas, y posiblemente el no creería que era suyo. Tess trabajo  como  un autómata durante el resto  del día. Estaba hablando con su jefe de un asunto de trabajo cuando este menciono a  Thomas. Al oír su nombre, Tess palideció. —Todavía no has superado el trauma  —le dijo  el señor Short—. Es  lógico, no todo el mundo se ha sentido alguna vez amenazado de muerte. Pero tienes que superarlo,  de acuerdo? —De acuerdo. Short se incline sobre su escritorio y la miro pensativo. —Por lo general,  no mezclo los negocios con  el placer, pero, te gustaría cenarconmigo esta noche? Tess se quedo paralizada. Estaba esperando un hijo de Thomas y ya no podía soportar la idea de salir con otro hombre. __Muchas gracias —contesto—, pero  no puedo. Tengo otro compromiso. __Ah, ya veo —le sonrió—. No te preocupes.  El tiempo lo cura todo. Te invitare otro día. Tess asintió, pero esperaba que no lo hiciera. Ya tenía suficientes complicaciones.
Los meses siguieron pasando. Tess vivía prácticamente en la oficina, prácticamente no salía. Su vida se había vuelto muy aburrida. Tess deseaba llamar a Thomas y contarle lo del bebe, pero el se había cansado de decirle que no quería volver a casarse, que no quería compromisos de  ningún tipo. Tess no podía decirle que estaba embarazada porque temía que se sintiera obligado a casarse con ella y no se sentía con derecho a ponerle en tal posición. ¿Y  si ni siquiera creía que fuera de el?  Le había dicho que era estéril,  podía acusarla de haberse acostado con otro hombre. Así que esa le pareció razón más que suficiente para no decirle nada a Thomas. Un día, Tess se levanto con dolores  y sangrando un poco; intuyo que  podía ser un mal síntoma y llamo  al doctor, que inmediatamente la  envió al ginecólogo. Tenían que saber con exactitud que pasaba. —¿Por que  no puedes salir a comer conmigo?  —Kit la llamo ese mismo día—. Acabo de volver de Italia! Tengo problemas con el  señor Deverell! ¡Quiero hablar contigo! Tess no quería ir a comer con Kit porque su  amiga trabajaba cerca  de la Agencia Kaulitz, y  el restaurante que  Kit había sugerido era el favorito de Thomas. Pero eso no podía decírselo a su amiga. —Podemos comer por aquí... —No entiendo nada —contesto Kit—. Si no  fuera por Helen, ni siquiera hubiera sabido como  ponerme en contacto contigo. Te has ido hasta el  otro extremo de la ciudad.                                        —Era necesario. —No es normal en  ti abandonar a los amigos  —murmuro Kit—. Tiene que haber algo mas,  lo  Sé —Mira, ven a mi  apartamento esta noche y te lo  contare todo. —También puedes contármelo mientras comemos. Tess agarro con fuerza el teléfono. —No puedo ir a ese restaurante.  No quiero... encontrarme a Thomas. —Me lo imaginaba. Bueno, entonces podemos  ir a un restaurante especializado en pescado que tanto nos gusta, ¿de acuerdo? —Esta bien. —Nos vemos al mediodía. —Perfecto. Cuando llego al restaurante, Tess miro nerviosa a su alrededor aunque la agencia de Thomas quedaba muy  lejos de allí.  Respiro aliviada al ver a Kit. Cuando estuvo a su lado, Kit frunció el ceño y le pregunto: —Has engordado, ¿verdad?  —señalo el jersey  y los  pantalones dos tallas mas grandes que llevaba Tess  para disimular su embarazo. —Un poco —confeso—. Hay un restaurante italiano muy cerca de mi  nuevo trabajo. —Si, ya me  han dicho que te has convertido en detective —contesto Kit moviendo la cabeza—. Porque has conseguido escapar de la  influencia de Thomas; el nunca te habría dejado hacer ese tipo de  trabajo.  Es  irremediablemente protector —como Tess estaba muy tensa, Kit le pregunto en cuanto se sentaron—: Puedes hablarme  de lo que te pasa. No dejare de insistir hasta que lo hagas. __Estoy embarazada —confeso Tess de golpe,  con voz temblorosa. Kit se quedo atónita. —¿De Thomas? —le pregunto cuando recupero el aliento. —Si. .—Y el no lo sabe —añadió Kit sonriendo compasiva. Tess se lo  confirmo  con un movimiento de cabeza. —Su matrimonio fracaso —dijo Kit—. Es un hombre bastante arisco. Y no solo eso, sino que perdió el trabajo que tanto le gustaba, perdió a su madre, y ha perdido condiciones físicas. Es natural que no quiera volver a comprometerse, sobre todo con una persona tan vulnerable como  tu —le cogió la mano—. Pero se lo vas a decir de todos modos, ¿no? —Se lo diré, pero todavía no. —¿Por que? —He tenido algunos problemas —se confeso después de dudar un poco—. Mañana tengo cita con el ginecólogo. Su enfermera no parecía muy optimista cuando le he contado mis síntomas —miro preocupada a  Kit—. Es posible que pierda al niño — añadió nerviosa—. Kit, ¿que  voy a hacer? ¡No puedo perderlo  ahora! ¡Es todo lo que tengo! —Tranquilízate —le aconsejo Kit y le apretó  con cariño la mano—. Todo saldrá bien, Tess: aspira hondo, otra vez... así. Ahora escúchame... tienes que acabar con esto. No te deprimas, eso es peligroso. —Pero que voy a hacer... —se interrumpió de  pronto. Palideció al ver que Thomas acababa de entrar en el restaurante. —Thomas —adivino Kit antes de  verlo—. ¡El nunca viene aquí! Thomas no solo había entrado, sino que buscaba a alguien con la mirada, y cuando descubrió a Tess se altero visiblemente.  Se dirigió directamente hacia su mesa. —No —murmuro Tess—. ¡No puede...! Pero Thomas si pudo. Se detuvo ante su mesa y   miró  a  Tess fijamente. —Hace semanas que no te vemos —dijo en tono  cortante—. Pensaba que irías de  vez en cuando a saludarnos, o es que ya no te importamos? Esa era una pregunta extraña procediendo  de alguien que había admitido que no soportaba verla. —Trabajo en la otra punta de la ciudad  —contesto ella  intentando no perder el control—. Me resulta difícil ir hasta  allí. —Entiendo. Me han dicho que ahora trabajas de detective. —Si. Y me  gusta. Thomas busco su mirada y Tess descubrió en  sus ojos sombras que no pudo descifrar. No podia saber que Thomas la echaba de menos, que  su apartamento le parecía vacío sin ella, que su trabajo no le llenaba, que su vida transcurría vacía, fría. Nunca se  había considerado capaz de echar tanto de menos a alguien. Tess le había jurado amor eterno, pero parecía haberle olvidado. Ni siquiera se había tomado la molestia  de llamar o ir a la oficina. —El trabajo  de detective  es peligroso —dijo el. —Si, lo se. Me dispararon, recuerdas? Thomas aspiro hondo y metió las manos en los  bolsillos del pantalón. Parecía cansado. —Podías llamarnos de vez en cuando para dar señales de vida. —Lo intentare —replico Tess bajando la  mirada—. Supongo que Helen me  echa de menos. Thomas apretó los puños. Si, Helen la echaba  de menos, pero no tanto como el. Quería decirle a Tess cuanto,  pero ella se comportaba  como  si no le creyera, su  actitud era  de total indiferencia. «Tess», pensó con amargura, no entendía como  podía estar tan tranquila después de lo que habían compartido aquella noche. No leservía de nada recordar que Tess se  había marchado por su culpa. Porque no quería compromisos. Pero eso era antes de que  hubiera tenido que enfrentarse a la vida sin ella. Odiaba regresar por las noches  a su apartamento porque Tess no lo estaba esperando. Odiaba su vida vacía, fría e insatisfactoria. Acaricio con la mirada la cabeza inclinada de Tess y suspiro. El la había alejado de su lado y no podía hacerla volver. No sabia que hacer; habría conseguido matar todo lo que Tess sentía por el? —¿Quieres comer con nosotros, Thomas?  —le invito  Kit para intentar  aliviar  la tensión. —No —contesto—. Tengo que volver a la oficina. Tess —¿Si?  —Tess levanto la mirada, herida por  la falsa ternura de su voz profunda. Thomas observo el rostro pálido  de la chica y le pregunto: —¿Te encuentras bien?  Pareces...  —no estaba seguro de que pareciera enferma. Preocupada—. ¿Estas enferma? Tess se sonrojo y desvió la mirada. —Acabo de pasar una gripe —contesto. Le dolía mirarle; no quería que Thomas viera  los sentimientos que se  reflejaban en  su mirada. Llevaba dentro un hijo suyo y no podía decírselo. Le  dolía... De pronto jadeo al sentir una punzada de dolor en el vientre. —¡Tess! —Thomas se arrodillo  a su  lado, le cogió la mano y la miro con preocupación—. ¡Que tienes, pequeña?  —le pregunto—. ¿Te encuentras bien? —Creo que tengo una ulcera, eso es todo —contesto. El contacto de su mano la enloquecía. Le  miro  a los ojos y sintió que el mundo se detenía, que su corazón se partía en dos.  Thomas la miro con expresión atormentada. —Tess —gimió. Tess respiro hondo y trato de dominar  el deseo que la consumía. —Estoy bien —musito—. De verdad, Thomas. Thomas, al darse cuenta de  que, sin querer,  la estaba acariciando, la soltó. Ninguno de los dos parecía acordarse de Kit. —¿Ya has ido al medico?  —pregunto  Thomas—.No juegues con la salud. —Seguiré tu consejo —prometió Tess y miro a Thomas a los ojos—.  ¿Te  encuentras bien? Thomas se estremeció al advertir la sincera  preocupación que encerraba aquella pregunta. —No —contesto, respirando con dificultad, intentando reprimir la necesidad de pedirle que volviera a su lado—. Creo que te echo de menos  —añadió con una sonrisa ligeramente burlona. —Si, y los elefantes vuelan —contesto Tess sonriente. —El trabajo que haces para Short podías hacerlo para mi  —murmuro Thomas de mala gana. —Ya tienes  suficientes detectives —le recordó Tess, aunque la oferta la entusiasmo. Eso indicaba que era verdad que la echaba de menos. —Despediré a uno —le ofreció Thomas haciéndola reír. —No. Me gusta trabajar con el señor Short, Thomas —contesto—. Creo que no podría trabajar contigo. —Podemos darnos una oportunidad —repuso Thomas, mirándola con una enigmática expresión. —¿Hablas del trabajo? —pregunto Tess. Thomas estuvo a punto de decirle que no, que hablaba de su vida en común. Quiso pedirle que hiciera las maletas y se fuera a vivir con el, que durmiera con el. Nada era peor que vivir sin ella, y si a Tess le importaba lo  suficiente, hasta podían  tener un matrimonio estable aunque les estuvieran negados los hijos. Dios era testigo de que la amaba. Ella lo había amado una  vez; quizás  todavía estaban a tiempo... Tess rió para intentar disimular sus sentimientos. —No quiero volver, pero gracias de todos  modos__contesto Tess. No quería que supiera que todavía lo amaba irremediablemente.  No quería su compasión—. soy feliz, Thomas. Me gusta lo que hago  y el señor Short hasta me  invita a salir. ¿Quien sabe adonde podemos llegar? —Short tiene mas de cuarenta años —contesto Thomas apretando los dientes—. ;Es demasiado viejo para hacer de galán...! —¿Ya habéis terminado?  —les interrumpió Kit—. ¡Tess, tengo que irme! —Si, yo también, no quiero que se me  haga  tarde —contesto Tess mirando a Thomas, que les estaba bloqueando el paso. Thomas se levanto lentamente temblando de rabia. ¡Short con  su  Tess! No podía creerlo. Tess se levanto y cogió su bolso mientras  Kit dejaba la propina en la mesa. —Me alegro de haberte visto —le dijo a Thomas. Thomas no contesto. La miro furioso. —Has engordado, ¿verdad?  —le pregunto de pronto. —Un poco —desvió la mirada—. Tengo que adelgazar. —No, no. Estas mejor —contesto Thomas. Tess se mordió el labio inferior. Quería contarle todo, necesitaba hacerlo.  Pero no sabia como  iba a reaccionar Thomas; en su estado no  se atrevía a someterse a excesivas tensiones. Sinembargo, Thomas tenia derecho a saberlo. Abrió la boca para empezar a contárselo, pero en ese momento se acerco  a ellos un hombre tendiéndoles la mano. —¡Thomas Kaulitz! ¡Estaba seguro de  que eras tu! —exclamo  contento. Mientras Thomas lo saludaba, Kit y  Tess salieron del restaurante. Tess agradeció al destinó aquella oportunidad de escapar. Había estado a punto de decírselo todo. Pero no podía hacerlo hasta que no viera al ginecólogo. Tomaría una decisión cuando  hablara con el medico. —Estoy segura de que me  ha seguido —le dijo  Kit mientras  se dirigían hacia el aparcamiento—. Por algo es detective privado. Te  echa de menos, Tess. —Pero amar es algo muy diferente —suspiro Tess. —Creo que le importas, aunque solo sea un poco. Después de todo, se necesitan dos para estar como estas ahora. —Yo lo seduje —contesto Tess ruborizándose—. Creía que podía convencerle de cuanto le amaba y de que el podría volver a creer en el matrimonio. Pero no funciono. Me alejo de su vida en cuanto pudo. —Pues ahora parece echarte de menos. —Eso no es suficiente —Tess  se encogió de hombros—. No  puedo volver a trabajar con el. Sobre todo ahora. Thomas no es tonto y tarde o temprano se dará cuenta de que estoy embarazada. —Perdóname, pero ya es evidente y no  tardara en averiguarlo —dijo Kit. —Lo se, pero ya me  preocupare cuando lo averigüe. Ni una palabra de esto a Helen —la previno Tess. —Ni una palabra a nadie. Ya me  conoces —Kit frunció el ceño—. Tess, haría cualquier cosa para ayudarte, sabes que puedes confiar en mi. —Lo se. Eres mi  única amiga. —Tu también eres mi  única amiga. No dejes  de llamarme  de  vez en cuando. Ah, y no se te olvide contarme  lo  que te diga el doctor. —Lo haré —Tess se dirigió hacia su coche pensando en su encuentro con Thomas.
Nueve
 Tess llego media hora antes a su cita con  el ginecólogo, el doctor Boswick. Aquella noche no había podido dormir bien, estaba preocupada por el dolor  que había sentido en el restaurante. Thomas estaba entonces a su  lado cogiendole la mano y el dolor había cedido mas rápidamente que de costumbre. Era  como  si el bebe, al oír la voz de su padre, le hubieran entrado ganas de vivir.
El doctor Boswick la recibió puntualmente. Después de examinarla, le pidió que se sentara y leyó con atención su expediente. —¿De verdad desea tener a su hijo? —le pregunto sin mas—. Se que es soltera y no muy solvente, así que piénselo muy bien antes de contestarme. Tess no entendía que tenia que ver su situación financiera con su embarazo, pero contesto convencida. —Lo deseo mas que nada en el mundo. —Me alegra oírselo decir —sonrió el doctor—, porque va a ser un embarazo difícil y no podemos  garantizarle nada —observe la expresión preocupada de la chica—. Su embarazo es un caso raro en el que la placenta cubre parcial o totalmente el cuello del útero.  La placenta se estira y a veces  se desgarra,  por lo que siempre habrá hemorragias y constante peligro de aborto. —¡Oh, no! —exclamo. —Esto sucede por lo general en una proporción de uno de cada doscientos embarazos —continuo el doctor—. Hemos encontrado algo raro en el examen de  ultrasonido que le hemos practicado hace un rato. Generalmente afecta a mujeres que ya han tenido hijos, y su caso es bastante raro. —¿Y que puedo hacer yo?  —pregunto alterada. —Renuncie a su trabajo y quédese reposando en  casa hasta que el embarazo este tan avanzado que  podamos estar seguros  de que la placenta no va a  rasgarse. Espero que el parto sea normal pero a veces es necesario hacer una cesárea. Hasta entonces, no podrá andar mucho y tampoco es aconsejable que trabaje. Y por su bien, no se le ocurra tomar aspirinas durante el embarazo. —Lo recordare —contesto. Estaba asustada. Tenia muy poco dinero ahorrado... Necesitaba trabajar pero el doctor le estaba diciendo que si trabajaba  estaría sacrificando a su hijo. —Y como  le  digo, no le garantizo nada, pues  incluso así puede perder al bebe. ¡Ah! Y creo que no debería estar sola. No quiero asustarla, pero  puede  tener  hemorragias. En cuanto sangre, llámeme  inmediatamente, quizá hasta sea  necesario hospitalizarla. ¿Entiendes por que le he preguntado si  de verdad quiere tener ese hijo? —Vivo sola —contesto retorciéndose los dedos de las manos. —¿No puede hacer que el padre coopere con usted durante el embarazo? —No lo sabe. —Tiene que decírselo. —Si, doctor  —mintió. —Buena chica. Necesitara ayuda porque esto no  va a ser nada  fácil. Le diré a Berta que le ponga otra cita; debe que venir a verme conregularidad. Ah, y no se preocupe por los honorarios —le sonrió—. Confío en usted. Ya lo solucionaremos después, ¿de acuerdo? —Esta bien —contesto, y procedió a hacer  otras preguntas sobre el embarazo. Cuando llego a su apartamento, estuvo llorando hasta quedarse sin lagrimas. Puso la mano en su vientre abultado y sonrío entre lagrimas. —De acuerdo, pequeño, solo nos tenemos el uno  al otro. Tengo que luchar sola, así que vas a tener que  ayudarme. Te quiero, pequeñín —añadió con ternura __¡No sabes cuanto! Así que intenta vivir por mi. Apoyo la cabeza en  el respaldo del sofá y pensó  en  lo  que le había dicho  el medico. No debía andar. No debía alterarse, necesitaba una vida tranquila, comer bien, nada de tensiones. Era difícil para una mujer sin  muchos recursos, pero lo conseguiría. No podía decirle nada a Thomas.  Aunque creyera que el bebe  era suyo, pensaría que ella quería que la mantuviera, que viviera con ella, que asumiera la responsabilidad del embarazo, y Tess no podía hacerle eso. Thomas no quería compromisos, no quería matrimonio, se lo había dicho hasta el cansancio y ella lo  había aceptado. No podía abrir viejas heridas. Quizá algún día se lo dijera,  cuando ya no necesitara su  ayuda. Era la única forma  de que Thomas pudiera elegir libremente si quería formar parte de la vida  de aquella criatura. Después de tomar aquella decisión se  prepare un poco de sopa. Había muchas instituciones que ayudaban a mujeres en su  situación, lo que tenia que hacer era ponerse en contacto con alguna de ellas. Al día siguiente, renuncio a su trabajo dejando pasmado al señor Short. Le explico que tenia una ulcera y que el medico le había sugerido que dejara de trabajar durante unos dos meses. Short fue muy amable con ella  y hasta le dio dos semanas mas de sueldo. Tess se disculpo y después se fue a su apartamento sintiéndose mas sola y asustada que nunca. Pero  estaba dispuesta a hacer cualquier sacrificio, aquel  niño significaba todo para ella! Paso los siguientes días acostumbrándose  a su nueva vida. Consiguió un trabajo de media Jornada, haciendo ventas por teléfono, lo que le aseguraba un pequeño ingreso. Tenia dinero suficiente para pagar  el alquiler de tres meses. Una institución  le proporcionó cupones para comprar leche y queso  para que su bebe  tuviera proteínas suficientes, y pagaba los honorarios del doctor Boswick con lo que le pagaban por hacer ventas por teléfono. A pesar de sus escasos ingresos, cuidaba mucho su alimentación para que no le faltara nada al niño. Lo peor de todo era que durante el día estaba completamente sola, pues todos sus vecinos trabajaban, así  que  no podía acudir a nadie si tenia algún problema. Adelgazo por culpa de la preocupación. Cuando sangraba, llamaba al doctor Boswick, que la hacia acostarse hasta que cedía la  hemorragia. Y casi siempre estaba  cansada... Kit fue a verla y la llevo todo  tipo de golosinas para  despertarle el apetito. Tess le hizo jurar que guardaría su secreto y dejo de contestar al teléfono para que nadie de la agencia de Thomas pudiera hablar con ella. Pero se equivoco al pensar que eso bastaría para desanimar a Thomas. Tres semanas después, la despertó el timbre. Antes de abrir, fue directamente al baño, presa de un ataque de nauseas. Se puso una bata y fue a abrir la puerta. Tenia un aspecto terrible. Abrió la puerta y se  quedo paralizada al ver a Thomas. —¡Dios mío! —exclamo  Thomas. —Gracias, tu también tienes muy buen aspecto —musito Tess—. Pasa. Voy a meterme en la cama. Me encuentro fatal. —Espera, yo  te llevo —Thomas cerro la puerta y  la cogió en brazos. De pronto frunció el ceño. Le dolía la espalda. __ ¡Has engordado  o estas hinchada por la ulcera?  —la dejo suavemente en la cama y empezó a quitarle  la bata. Tess no podía arriesgarse a que la viera, así que le cogió  la mano a Thomas y dijo: —No me  la quites, tengo frío. —Esta bien —la tapo con cuidado y después se    sentó a su lado con expresión preocupada—. Short me ha dicho que has  renunciado a tu trabajo. iPor Dios, estas siguiendoalgún tratamiento? Tess lo miro sintiéndose sola y asustada. Estaba  desesperada. Thomas parecía el clásico hombre de  negocios vestido con su traje gris, corbata roja y un pañuelo a juego en el bolsillo de la chaqueta.  Comparado con el, ella debía parecer un desastre. —¿Tratamiento?  —pregunto. Los ojos se le  llenaron de lagrimas—.  No hay tratamiento para lo que tengo —murmuro—. El doctor  ya ha hecho todo lo que ha podido. —¿Para    una ulcera sangrante?  —Thomas frunció el ceño. —No se trata de ninguna ulcera sangrante —contesto cerrando los ojos. —¿Entonces que es?
—Me temo  que nada que pueda curarse con una pastilla —contesto cansada—. ¡Thomas estoy tan cansada...! —¿Que es lo que tienes? —pregunto sin  poder disimular su  preocupación. Estaba pálido; Tess adivino lo que estaba pensando. —Oh —dijo al fin—, no. No tengo cáncer, ni me  estoy muriendo. De verdad. Thomas suspiro aliviado y encendió un cigarrillo. —Dios. Me has asustado. Y bueno, si no es eso y tampoco es una ulcera, a que te refieres con eso de que ya  no se puede  hacer nada? Tess dudo, quería contárselo todo. Estaba sola  y asustada, necesitaba su apoyo, quería que la cuidara, que la protegiera. ¿Pero seria justo decírselo cuando estaba tan cerca de perder al bebe? Thomas la miro a los ojos. No comprendía la angustia de Tess. Se inclino y la acaricio con ternura. —Tienes muy mal aspecto —la miro mas de  cerca—. ¿Vas a decirme de una buena vez que es lo  que tienes, Tess? —No se si debo —contesto—. Hasta es posible que  ni me  creas. Y si me  crees, no  estoy segura de que sea justo. Thomas la miro con apacible felicidad. Incluso  estando Tess tan mal, se sentía contento a su lado. —Es muy aburrido vivir solo, ¿verdad? —le preguntó a Tess—. Me  levanto, voy al trabajo, vuelvo al apartamento por las noches y no puedo dormir. No me  interesa el trabajo. Te llevaste toda felicidad  de mi  vida cuando te fuiste. —Tu me  pediste que me  fuera —dijo Tess con suavidad. —Si. No quería un compromiso permanente. —No quería pedirte ningún compromiso —lo  interrumpió—. No tienes que preocuparte por eso, tampoco te lo voy a pedir ahora, aunque  pueda parecerlo —Explícate —fruncio el ceño. Tess aspiro hondo y lo miro a los ojos. —Thomas... estoy embarazada. En otras circunstancias, Tess habría soltado  una carcajada al ver la expresión de Thomas. Se quedo paralizado y la miro como  si acabaran  de darle un golpe en la cabeza. Bajo el cigarrillo lentamente y sin pensar  lo dejo en un vaso con agua. —¿Estas que?  —pregunto  con dificultad. —Voy a tener un hijo. Thomas parecía un enfermo; lenta, muy lentamente, deslizo la mirada por el rostro de Tess, se incline y le quito las sabanas, le  desabrocho la bata y le bajo el pantalón del pijama  antes de que la joven pudiera protestar. Entonces descubrió el vientre ligeramente abultado y la miro  como  si se hubiera vuelto loco. —No me  lo habías dicho. —No sabia como  hacerlo —gimió Tess y lo miro angustiada. Thomas se inclino y acaricio  con las dos manos el vientre de Tess. Respiraba con dificultad. Cuando la miro a los ojos, Tess  se dio cuenta de que estaba muy enfadado. —Creía que no podía tener hijos. Y tu lo sabias. Dios,  ¿Como  has podido ocultármelo? —Lo siento —contesto Tess. Estaba demasiado sorprendida por su reacción como  para explicarle las razones por las que  le había ocultado su embarazo. —¡Lo sientes...! —se interrumpió de pronto. Estaba empezando a asimilar la noticia—. ¿Cuando va a nacer? —pregunto mirándola. Tess se obligó a sostenerle la mirada y contesto: —Dentro de cinco meses. En el rostro  de Thomas se reflejaba el placer  de saber que había engendrado al hijo de Tess. Tess no se atrevía a destruir aquel sentimiento de felicidad, pero tenia que explicarle la razón por la que  había renunciado a su trabajo. __Thomas... Tengo que quedarme en casa hasta  que de a luz. No puedo trabajar. —¿Por que? —pregunto cortante. Tess dudo. Lo amaba demasiado para decirle lo arriesgado que era su embarazo. Se volvería loco si se enterara de que  era posible que perdiera a su hijo. —Tengo muchas nauseas —dijo al fin. —Ya veo —suspiro con alivio evidente. Se levanto de la cama y se apoyo en la pared. —No tienes que sentirte responsable. —No seas ridícula.  Se trata de mi  hijo  —la miro maravillado—. Mi  hijo —repitió lentamente mirando el vientre de Tess,  después la miro furioso—. ¡Maldición, y no pensabas decírmelo! Tess se encogió al oírle, pero era preferible dejar que pensara que había querido ocultárselo a obligarle a compartir supropio  terror. Thomas había pasado por situaciones horribles había sufrido la muerte de su madre, las horribles heridas de bala, la perdida de su trabajo,  el abandono de su mujer... No podía  hacerlo  sufrir mas. —Decías que no querías compromisos, recuerdas?  —pregunto con frialdad—. Me echaste de tu vida. Si te hubiera dicho lo del bebe, habrías pensado  que    estaba intentando atraparte. Aquella acusación le hizo sentirse culpable, pero Tess no podía entender sus sentimientos. La joven parecía tan indiferente que Thomas no tuvo la confianza suficiente para confesárselo en ese momento. Le había  dicho que no quería compromisos, si, pero eso había sido antes de saber que podía  tener hijos. Eso lo cambiaba todo. Trato de recuperarse, en ese momento lo mas importante era el bebe. Después él y Tess tendrían tiempo de arreglar sus problemas sentimentales. —Las cosas han cambiado —contesto con calma. —Si lo que quieres decir es que no me  quieres, pero el niño es  otra cosa,  claro. ---Tess contesto sonriendo burlona. —Claro. Tess lo miro con el corazón destrozado. Thomas  no se daba cuenta de cuanto le dolía su actitud. —¿Pensabas decírmelo algún día? —Si. —¿Cuando?  —pregunto  en tono acusador—. ¿Cuando ya empezara a ir a la escuela? Bueno, no te preocupes por eso, ahora ya lo se. Se metió la mano en el bolsillo del pantalón  y la miro intentando ocultar sus verdaderos sentimientos. Le dolía que Tess le hubiera ocultado su embarazo cuando sabia cuanto le dolía pensar que no podía tener hijos. No  sabia como  perdonarle aquella traición. __Voy a llevarte al rancho.  Allí  podrá hacerte compañía Beryl. —No —contesto Tess desviando la mirada—. No...    no puedo ir al rancho... Thomas frunció el ceño, entonces recordó lo  que le había dicho sobre Beryl. No estaban casados y ella estaba  embarazada. Al darse cuenta se  alegro. Por fin tenia una razón para casarse con ella, una razón que le ahorraba tener que revelarle sus verdaderos  sentimientos. Dejaría que Tess pensara que todo era por el bien del niño. —Ya lo solucionaremos —miro el reloj—. Tengo que irme. Vuelvo dentro de un rato. —Thomas, tenemos que hablar —dijo ella. —Después. Volvió a mirarla y se marcho sin decir nada  mas. Tess se tumbo, turbada y triste por la conducta de Thomas, que había admitido que solo le importaba el bebe. Esperaba que Thomas la hubiera echado de menos, que le hubiera pedido que volviera a su vida, pero todo habían sido ilusiones absurdas. Lo que ocurrió tres horas después la desconcertó completamente. Thomas volvió con un desconocido,  la hizo firmar un documento que ni siquiera le permitió leer y después le cogió la mano y le indico al  hombre que había llegado con el. —Adelante. El desconocido saco un librito, sonrió y procedió a casarlos. Tess estaba tan sorprendida que apenas pudo pronunciar el «si». Cuando empezó a darse cuenta de lo que estaba pasando, ya estaba casada con Thomas. —¡Thomas! —protesto, pero Thomas estaba demasiado ocupado despidiendo al hombre que los había casado. Cuando Thomas volvió a su lado se detuvo junto  a la cama y la  miro. Tess era su esposa. Le pertenecía... ella y el bebe.  Su  hijo. Nunca se había  sentido mas orgulloso. Tess miro maravillada  el anillo. —Se necesitan... tres días para arreglar  los tramite de matrimonio... —tartamudeo. —Solo se necesita uno  si amenazas de muerte al juez —contesto  complacido—.  No te preocupes, es perfectamente legal  —frunció el ceño, pensativo—. Aunque  no se a que pena pueden condenarme por secuestro —iQue secuestro?. —El juez que nos acaba de casar no  sabia lo  que  estaba pasando —le explico—. Lo  he sacado del juzgado y le he  obligado a venir conmigo. Tess se echo a reír... pero después comenzó a  llorar. No entendía nada. Thomas maldijo en voz baja y dijo muy serio: —Esta bien, siento haberlo hecho sin avisarte.  Pero si vamos a ir al rancho esta noche, tenemos que ir perfectamente  casados. No podemos escandalizar. —No es justo que ella tenga que encargarse de mi  —murmuro—. Y tampoco que lo hagas tu. —Llevas dentro un hijo mío  —la miro. Tuvo que hacer un  enorme  esfuerzo para no abrazarla y secar a besos sus lagrimas—. El bebe  es  lo único que importa ahora. ¡Dios, es todo! —exclamo  enfurecido. Tess pensó con tristeza que a Thomas lo único  que  le importaba era su hijo. Se pregunto como  se sentiría si perdiera al bebe  y se  encontrara casado con una mujer a la que no quería. ¡Y lo peor era que ella  no le había advertido que su  embarazo era de alto riesgo! —Deja de llorar —le dijo Thomas—. Voy a cuidarte, señorita  Meriwether  —se corrigió inmediatamente—. Señora Kaulitz.  Señora Teresa Kaulitz —murmuro.  Tess lo miro extrañada. —Quieres mucho a este hijo, ¿verdad? —Eso ya lo sabes —la expresión de Thomas  se endureció—. ¿Todavía no te das cuenta de lo terrible que era para mi  pensar que  no podía tener hijos? ¿Eso no te importaba? —Si... —Tess se irguió se sentía muy mal—,  lo sabia pero no quería que te sintieras obligado a casarte conmigo. Sabia que no querías volverte a casar. Me lo habías dicho mil veces. Thomas no podía pronunciar palabra. Eso era verdad, pero solo hasta que había descubierto su amor hacia ella, porque desde ese momento, Tess lo había sido todo en su vida.  Tener un  hijo  era maravilloso, pero  a quien realmente quería Thomas era a  Tess. No había querido casarse con ella para que en  el futuro no tuviera que lamentar la falta de un hijo; Jane y su obsesión por quedarse embarazada lo habían  marcado sentimentalmente, influenciando su actitud hacia Tess. El también deseaba ese hijo, y Tess había mantenido en secreto su embarazo por  una razón, para el, bastante absurda. Se sentía inseguro y decidió disfrazar sus  sentimientos con una mascara de ira. —Que quisiera o no quisiera casarme, ya  no es el problema, no?  —pregunto con brusquedad—. El bebe necesita un apellido. Lo demás no importa ahora. Aquello no era lo que Tess quería oír. Lo que  ella quería que le dijera era que la amaba desesperadamente, que la amaría aunque no llevara dentro a su hijo, que la había echado de menos, que la necesitaba.  Aunque nada de eso era verdad; la verdad era que Thomas vivía perfectamente sin ella, y si no hubiera sido por el bebe, Thomas nunca le habría ofrecido matrimonio. Todavía le  extrañaba que hubiera aparecido en el  restaurante el día que había ido a comer con Kit. ¿Que hacia ahí? Kit le había dicho que  quería verla, pero Tess no lo había querido creer. Thomas sabia donde vivía; podía haber ido a buscarla en cualquier momento. No, Kit estaba equivocada, solo había sido una coincidencia. —Quiero que, si puedes, te cambies de ropa. Después guardaremos tus cosas y nos iremos al rancho. Supongo que estas muy débil. —Si —contesto—. Pero antes me  gustaría   bañarme —añadió con un hilo de voz. —¿Puedes hacerlo sola? —Si. Solo me  mareo cuando acabo  de levantarme —Dime que necesitas y yo puedo ir haciéndote las maletas. Tess asintió asombrada de la rapidez con la  que Thomas tomaba decisiones. Era agradable que tomaran decisiones por ella, que la cuidaran. Estaba tan débil que no podía hacer nada. Una hora después, bañada y arreglada permitió que Thomas la ayudara a subir al Mercedes negro. Durante el viaje estuvo pensando en como reaccionaria Beryl.Casi no le presto atención a Thomas cuando este estuvo hablándole de los problemas del trabajo. Pero su preocupación fue en vano. Beryl salió a recibirla hasta el coche y le dirigió una sonrisa maternal. —Pobrecita —le dijo con cariño mientras le  abría la puerta—. No te preocupes por nada, todo va a salir bien. Cuando Thomas no este  aquí, yo te cuidare. No dejare que te pase nada. Tess no estaba acostumbrada a tanta amabilidad. Se llevo la mano a la cara y se echo a llorar. —Bueno, basta —dijo Thomas y la cogió en brazos. __Te llevare a tu habitación, necesitas descansar. Ha tenido un día muy largo. —Voy a calentar la sopa. Te  gustara y le sentará bien  al pequeño —añadió guiñándole un ojo a Tess antes de dirigirse a la cocina. __¿Se lo has dicho?  —le pregunto Tess a Thomas. —Si —la miro a los ojos—. Todo esta bien. Lo único que debes hacer es descansar. Tess asintió pero sabia que  no iba a ser tan sencillo. Todo le pareció muy complicado. Estaba con Thomas, pero nunca habían estado tan lejos, y su bebe estaba en constante peligro. Pensó que como  no cambiaran pronto las cosas, se iba a volver loca.

HOLA .. BUENOLA PROXIMA ACTUALIZACION ES EL FINAL DE LA NOVELA .. BUENO HASTA PRONTO 3 O MAS Y AGREGO 😏

domingo, 18 de septiembre de 2016

Seis
Tess no había estado mas asustada en su vida. El hombre que estaba a su espalda la tenia inmovilizada del brazo. La  arrastro  lentamente hacia la  puerta de la calle, donde otro hombre los estaba esperando en un coche en marcha. Aquello no podía estarle pasando... no podía dejar  que le pasara. Sentía una navaja en las costillas y pensó que estaba al borde de la muerte. Si aquel hombre conseguía llevarla hasta el coche ya no tendría escapatoria. Moriría. El coche en el que los estaba esperando el otro hombre era un lujoso sedan color gris metalizado; tanto el hombre que estaba en su  interior como  el que la agarraba a ella vestían elegantes trajes. A pesar de su  miedo, Tess pensó que se habían hecho millonarios sin escrúpulos. Lo malo era  que eso significaba que no les importaría deshacerse de  ella. Había una oportunidad, casi insignificante,  de que pudiera escapar antes de que ese hombre la subiera al coche. En cuanto este abriera la puerta del edificio, tenia que guardar la navaja, y si ella era rápida  y mantenía la calma, podría escapar. Intento tranquilizarse; no  podía permitir que la  invadiera el pánico. Tenia que recordar lo que había aprendido de sus compañeros  detectives, los pequeños movimientos que podían salvarle la vida. Aquellas lecciones podían servirle. Rezo en silencio para que su agresor la soltara. Repasaba mentalmente una y otra vez el movimiento que iba a hacer esperando que llegara el momento oportuno. Todo marchaba bien. Lo sintió  aflojar la presión de sus manos y reír. Disfrutaba con el miedo de Tess. La puerta ya estaba cerca y hacia ella se  dirigió el hombre levantando la mano con la que estaba agarrando  la navaja para poder abrirla. Y en cuanto empezó a  soltarla Tess hundió con fuerza el codo en el diafragma del hombre. Este bajo el mentón y Tess le dio  un puñetazo en la  nariz. Reaccionando con rapidez Tess se aparto y salió corriendo a la calle en dirección a la gran avenida. ¡Gracias a Dios era mediodía y había gente  por todas partes! Aquellos hombres no se arriesgarían a perseguirla entre la multitud. Tess corrió con todas sus fuerzas sin mirar hacia atrás. Se metió entre un grupo de gente que estaba  esperando que cambiara el semáforo para cruzar  la calle. Por el  rabillo del ojo  vio  que un coche se dirigía hacia ella. ¡No, pensó aterrada, ellos no...! —¡Tess! La chica se volvió. Era  Thomas en su Mercedes. —¡Thomas! —cruzo corriendo la  calle, se metió en el coche y lo abrazo con fuerza. Thomas la estrecho en sus brazos. Había estado a punto de volverse loco. Iba corriendo a la agencia con la esperanza de llegar antes  de que los detectives salieran a almorzar y había visto a Tess corriendo mientras un coche  se alejaba a toda velocidad. Había tenido que elegir entre proteger a Tess o seguir al  coche... pero no lo había pensado dos veces. Beso a Tess en la boca antes de soltarla. —Por poco me  atrapan —murmuro Tess sin  aliento—. Un hombre me  ha agarrado por la espalda cuando salía de la oficina. Me  ha puesto una navaja en las costillas... —Dios —gimió Thomas y la abrazo. ----Helen me  había enseñado a defenderme de alguien que    me  atacara por la espalda — continuó Tess, alzando la cabeza en el pecho  de Thomas—. He recordado como  se hacía y le he cogido desprevenido y he salido   corriendo —sonrió—. Ha  sido muy emocionante--- añadió con la mirada brillante buscando los ojos de Thomas—. Ahora entiendo por que... ¿Thomas? Thomas acababa de aparcar el coche,  agarraba  con fuerza el volante y tenia la mirada perdida. .__Ya ha pasado todo —dijo Tess con suavidad  y apoyo su cabeza en  la de Thomas. Beso con ternura su  boca, su nariz, sus ojos cerrados. No ha sido culpa tuya ---musito— se te ha olvidado que me  habías dicho  que no podía salir a comer con Helen. —No se me  ha olvidado —contesto—. He salido  con tiempo suficiente para llegar a  la oficina antes de que salierais a comer, pero  en el camino se me ha pinchado una rueda. —Thomas —murmuro. —Déjame abrazarte, Tess —contesto con voz  des-garrada—. No hables. Solo déjame abrazarte. Tess obedeció. Thomas se sentía culpable, aunque Tess no entendía por que. Ella no lo culpaba. Lo beso en el cuello y estuvo a punto de decirle que para ser un hombre que no la amaba, parecía estar bastante asustado, pero lo pensó mejor y se quedo callada. Thomas suspiro y Tess levanto la mirada. Thomas la miro preocupado y le pregunto: —¿Te ha hecho daño? —No —le aseguro con mirada brillante—. Pero yo si le he  hecho daño. Creo que le he roto la nariz. —Bueno —silbo—, tendré que hablar con Helen.
—Tu nunca has querido enseñarme a defenderme  —contesto a la defensiva. —Me alegro de que lo haya hecho ella. Voy a  premiarlos a ella y a Harold con todas las pizzas de  anchoas que puedan comerse. —Que bien. ¿Puedes comprarme una a mi? Y Me estoy muriendo de hambre. —Pobrecita, no has almorzado —la acomodo en  su asiento y le abrocho el cinturón de seguridad—.Ya  vamos a comprarte una  pizza. Tess lo miro con adoración y Thomas tuvo que hacer un gran  esfuerzo para no abrazarla otra vez. No   le  gustaba mirarla cuando no  podía ocultar lo que sentía por ella, pues Tess podía pensar que estaba enamorado, y eso era ridículo, desde  luego... La beso en la boca con suavidad. —De ahora en adelante, cuando yo salga de la  oficina, me  asegurare de que alguien se quede cuidándote. Lo siento, Tess, lo siento muchísimo. —Ya te he dicho que no ha sido culpa tuya  —le sonrió antes de añadir—: Bésame  otra vez. —Hay demasiada gente —contesto Thomas señalando a las personas que iban por la calle. —Podemos comer en el apartamento, ¿no? —No, no podemos —contesto con cariño al ver la expresión de Tess—. En primer lugar, necesitas recuperarte de lo que  te hice anoche, y en segundo lugar —añadió adoptando una expresión mas dura— de ahora en adelante vas a dormir en tu cama, no en la mía. No dejare que vuelva a suceder lo de anoche. —¿Por que no?  —pregunto Tess con suavidad. Thomas le acaricio la barbilla y contesto preocupado: —Porque no quiero compromisos.  Nunca olvidare que he sido el primer hombre con el que has hecho el amor. Pero tu necesitas mucho mas, y yo no creo  en el amor. Todas mis ilusiones están rotas. —Puedes cambiar de opinión. Puedo acostumbrarme a ti. —Ya te has acostumbrado a mi, pero no puedo casarme  contigo. Escúchame, Tess. Crees que me  amas, pero no tienes ninguna experiencia con los hombres. Algún día el sexo no será suficiente para ti. Querrás tener hijos. __Te amo, Thomas —contesto Tess. Thomas la miro con ternura, pero reprimió el deseo    que despertaban en el aquellas palabras. —No sabes lo que es el amor —contesto  tranquilo.—. Crees que  amor significa dos personas en una cama. .__Anoche éramos mucho mas que dos personas  en una cama. Hicimos el amor, Thomas. Lo hicimos de una forma tan hermosa que estoy segura de que no te gustaría que otro hombre me  acariciara como lo hiciste tu. Thomas cerro los ojos. Tess tenia razón, pero no podía decírselo. Debía guardarse sus sentimientos. —Fue solo sexo —contesto con frialdad obligándose a mirarla—. Y tienes suerte de que yo sea estéril podías haberte encontrado con graves problemas. —A mi  no me  parecerían tan graves —contesto  sonriendo. —No tiene sentido seguir discutiendo —contesto Thomas y puso el motor en marcha—. Tenemos que informar de lo que te acaba de pasar, en la comisaría mas cercana. Asalto a mano armada. ¡Voy a meter a ese desgraciado en la cárcel hoy mismo y de ahí no saldrá esta vez, aunque tenga que pedirle  a mis colegas que rodeen el juzgado! — concluyo enfadado. Tess se echo a reír al  verle tan indignado. ----¿Como puedes reírte? Dios, acaso no te das cuenta de que le  ha faltado muy poco para matarte? —Si, lo se. Y recuerdo que he pensado que  no te volvería a ver —añadió mirándolo con adoración.
Thomas miro a otra parte. Últimamente  había tenido demasiados sustos, y todos relacionados con el hecho de perderla. Arranco  el coche, encendió un cigarrillo y no volvió a pronunciar palabra hasta  que llegaron a  la comisaría. Helen estaba exultante desde  que se había enterado de que  Tess se había salvado gracias a sus lecciones. Thomas había estado de un humor de perros durante el resto del día, aunque le había dado a Helen una recompensa  por lo que le había enseñado a Tess.  No podía quitarse de la cabeza a los hombres que la  perseguían. Nunca había sentido tantas ganas de matar a alguien. Como estaban los detectives en la oficina,  Thomas aprovecho para ir a la comisaría para hablar con el sargento que se  estaba haciendo cargo del caso. —Todavía nada —le dijo el sargento—. Tenemos soplones por todas partes, pero ese par de ratas no se en que agujero se han escondido. Probablemente saben que después de lo que acaban de hacer vamos a detenerlos. ¿Sabes que tu  secretaria ha  tenido mucha suerte? Tomboy, el que la ha intentado meter  al coche acaba de librarse de la cárcel por falta de pruebas en un asesinato. Estoy  seguro de que la hubiera matado si hubiera conseguido subirla al coche. —No lo dudo —contesto Thomas muy serio. No  quería seguir pensando en eso—, le ofrezco a mis detectives para que ayuden a localizar a esos tipos. No quiero que Tess siga corriendo peligro. —Agradecemos la ayuda —contesto el sargento Graves—. Con tu experiencia, sabrás que nuestra gente no es suficiente. La  gente parece no darse cuenta del tiempo que lleva seguir a un sospechoso. Y esos dos tipos son proveedores de los grandes. Uno de ellos tiene contactos con el bajo mundo. —¿Tienes alguna dirección? El sargento sonrió, escribió algo en  un papel y se lo entrego a Thomas. __No sabes de donde ha salido  esta dirección, ¿de  acuerdo? Thomas asintió y se puso de pie para despedirse. __Buena suerte. __Ambos la necesitamos. Cuando volvió a la oficina Thomas le entrego  la dirección a Adams, además de algunas instrucciones. A la hora de cerrar la agenda se  aseguro de no perder de vista a Tess hasta que llegaron al apartamento. Thomas dejo  su  chaqueta en un sillón  con un  gesto que a Tess  empezaba a resultarle familiar. Adoraba estar a su lado, vivir con  el y era dolorosamente consciente de que cuando atraparan a los hombres que querían silenciarla, tendría que volver a la soledad de su apartamento. Palideció  al pensarlo.  Thomas se volvió y le pregunto al ver su expresión. —¿ Qué pasa? —Estaba pensando que cuando atrapen a  esos hombres, tendré que volver a mi apartamento. Thomas frunció el ceño. El  tampoco quería pensar en eso. Los  últimos días  al lado  de Tess habían sido maravillosos,  y no solo porque habían  hecho el amor, sino porque disfrutaba viviendo con ella. —Supongo que tu te alegraras —continuó Tess  intentando parecer despreocupada—. Ya no te encontraras mi  ropa en el cuarto  de baño, ni mis zapatos debajo del sillón... —Eso no es verdad —contesto Thomas—. Voy a  echarte de menos. Y creo que tu también vas a echarme  de menos. Pero nos acostumbramos a eso hace mucho tiempo. —¿Te refieres a cuando te hirieron? —Si —asintió Thomas—, entonces convivimos muy de cerca hasta que yo conseguí alejarte de mi  lado.
—Pero ya no te tengo miedo —le sonrió con tenura. Thomas la abrazo. —Esto tiene que terminar —le dijo con amargura—. Ya te lo advertí, no quiero compromisos. Tess le rodeo el cuello  con los brazos y apoyo  la    mejilla  en  su pecho.  Estaba dispuesta a disfrutar al máximo  de aquellos mementos. Al menos, los recuerdos serian dulces. —¿Puedo dormir contigo esta noche? —Me encantaría —contesto Thomas—. Pero no. Eso solo empeoraría las cosas. No debemos estar mas cerca de lo que hemos estado. Ya será demasiado doloroso estando como  están las cosas —Tess abrió la boca para protestar, pero  Thomas la silencio poniendo un dedo sobre sus labios—. crees  que me  amas —continuó él—, pero todo cambiara cuando vuelvas a tu apartamento y retomes tu vida. Entonces te parecerá que todo ha sido una pesadilla. —Lo de anoche no fue una pesadilla. —Lo se —la beso en la frente con infinita  ternura—. Pero fue solo una noche. Con el tiempo lo olvidaras. —¿Lo  olvidaras tu? —pregunto Tess. Thomas se volvió como  si no la hubiera oído y pregunto: —,¿Quien cocina hoy?  Me apetece una  hamburguesa. Varias hamburguesas —se corrigió—. El trozo de  pizza que hemos comido no ha sido suficiente. —Yo preparare las hamburguesas —se ofreció Tess. —Siempre cocinas tu; eso no es justo. —Lo es si se tiene en cuenta  lo mal que cocinas tu —contesto Tess dirigiéndose hacia la cocina. —Feminista. —Es solo cuestión de puntos de vista.  Preparó unas hamburguesas especiales que Thomas miro con recelo cuando se sentó a la mesa. __Pruébalas  antes de hacer comentarios en contra, le aconsejo Tess. Thomas entrecerró los ojos y probo una. __Son diferentes —dijo. __Kit me  ha  enseñado a prepararlas. Lo aprendió de su jefe. .—Hace mucho que no vienen por la agenda.  Logan Deverell es uno de nuestros mejores clientes. Tansy, su madre, me mantiene en nomina. —Esa mujer esta loca, ¿verdad? —dijo Tess—.  Siempre metida en problemas. Logan siempre esta preocupado por ella. —Si la amarrara a un poste,  dejaría de preocuparse. —Si, pero entonces ya no recurriría a nosotros. —¡Sería la ruina! —Echo de menos a Kit —suspiro Tess y lo miro—. Se desmayaría si se enterara de que estamos viviendo juntos. —No vivimos juntos —señalo Thomas. —Claro que si, aunque sea temporalmente —replicó Tess. Thomas termino sus hamburguesas y ella le pregunto—. Supongo que no podremos ir al rancho este fin de semana. —No podemos arriesgarnos —contesto. —¿Por culpa de los narcotraficantes? —No, Tess —replico el con calma—. Porque  hemos sido amantes y Beryl no esta ciega, Nuestra forma de mirarnos nos delataría.  Es una mujer muy anticuada —hizo una mueca al ver que Tess se ruborizaba—. Y tu  también. Y yo —su mirada se oscureció—.Y a pesar de eso, me  gusta haber sido el primer hombre con el que has hecho el amor. Atesorare ese recuerdo durante toda mi  vida. —Yo también —contesto con suavidad mirándolo a los ojos—. Decías que no podías ser tierno,    anoche fuiste increíblemente  cariñoso. Me deseabas tanto... —Quería mimarte —contesto emocionado—. Quería  que tuvieras  un recuerdo dulce, algo que borrara el miedo que te infundí la primera vez que te bese — se  encogió de hombros—. Además quería averiguar si podía prodigar ternura. —Creo que no ha quedado ninguna duda  al respecto —contesto Tess. Thomas la miro con carino. —Eres como  me  imaginaba —le contesto  el—. Dulce y cariñosa, abandonada a mis brazos. Tess se ruborizo. —No me  arrepiento de nada. Nunca me  arrepentiré. Thomas desvió la mirada. Podía haberle  dicho lo mismo, pero estaba empezando a excitarse. —Tengo trabajo. ¿No te importa que te deje sola? —Voy a ver un programa especial sobre lagartos —contesto Tess. —¿Lagartos?  —pregunto extrañado. —No se por que, pero siempre me  han fascinado. Sobre todo los dragones de komodo. ¿Los conoces?  Son grandes y  tienen áspides dentadas... —Y un órgano de Jacobsen muy desarrollado —añadió él sorprendiéndola—. Si, también me  interesan los lagartos y, en general todo lo relacionado con los animales. —Supongo que porque también crías ganado. —Me gustaría llevarte al rancho otra vez  —confeso Thomas buscando su mirada—. Pero Beryl te haría sentirte incomoda. —¿Tu crees que se puede ser feliz?.---- pregunto Tess de pronto. —Quizá si. Pero yo no puedo olvidar el fracaso de mi  matrimonio, Tess. Sin embargo, al principio Jane y yo fuimos felices, aunque en determinado momento dejamos de preocuparnos el uno por el otro. En el amor  no hay garantía de nada; creo que pensaría de otro  modo si pudiera darte un hijo. Pero no  puedo y no creo que podamos hacer que esta relación  funcione.  Tengo miedo  de aceptar el reto, ¿me comprendes? __Crees que soy demasiado joven —suspiro  Tess mirándolo con  timidez—. No se si sentirme  halagada  0  insultada. Te quería cuando tenia diecinueve años, Y te quiero ahora —sonrió con tristeza—. ¿Como puedo dejar de quererte, Thomas? Thomas apretó los dientes; no sabia que contestar así que se termino el café y se levanto. —Deja los platos, yo los lavare después. —No importa... —Estas en mi  casa —le recordó con frialdad—. Estoy acostumbrado a lavar platos y a cocinar. Hace años que vivo solo —y  acto seguido se dirigió a su estudio.
—Es realmente como  si tuvieras una sombra  —le dijo Helen dos días después en la oficina—. Thomas nunca te quita los ojos de encima, y si sale, me  deja a mi, a Nick o a Adams vigilándote. Pobre de ti, supongo que tendrás ganas de que esto termine. Vivir con Thomas debe ser como  vivir en el infierno. Menos mal que  no sueles hacer vida social, si no ya te habrías vuelto loca. —Supongo que si. —Thomas podía haber sido tu hermanastro, ¿verdad?  —pregunto Helen—. Todos sabemos que tu padre y su madre iban a casarse, así que  eso hará que resulte  mas fácil estar en  su casa. Es como si fuerais familia. Tess contesto que si, aunque era mentira. Thomas  no era familiar suyo; Thomas era la luz de su vida, aunque no estuviera dispuesto a  darle lo que Tess deseaba: matrimonio y compañía. Thomas temía que ella fuera como  Jane, que terminara haciéndole la vida imposible porque no podía darle un hijo.                                Pero ella, Tess, no seria así. Entendía que a Thomas le molestara no poder ser padre, pero eso no era el fin del mundo. Ella lo quería muchísimo y después de convivir con él no podía imaginarse lo que seria volver a vivir sola. Aunque Thomas no parecía tener el mismo problema. Si le preocupaba su relación, no lo demostraba. Por las noches se mostraba amable, pero nunca deseoso de buscar su cercanía. Pasaba casi todo el tiempo en su estudio y cuando no  estaba allí, estaba en su habitación.. La distancia que los separaba iba agrandándose poco a poco. Thomas estaba decidido a sacarla de su mente, y aunque Tess quería seguir unida a él, no podía conseguirlo sin su ayuda. —Tess, ven aquí un momento, por favor —le dijo Thomas  a la mañana siguiente señalándole su despacho. Allí se encontraba también Nick. Era el hermano de Helen y ex-agente del FBI. Thomas le había convencido para que trabajara en su agencia; si Tess  no estuviera enamorada de Thomas, probablemente lo estaría de Nick. —Vamos a obligarlos a actuar —le dijo Thomas a Tess sin mas preámbulos—. Nick ha estado con un hombre que tiene una pista e  información que podemos utilizar, y le ha dado algunas pistas sobre sus movimientos. Te vamos a utilizar de señuelo, cariño, y esos tipos vendrán a buscarte. —Gracias —suspiro Tess—. Siempre he sabido que me  querías, Thomas. De verdad. Nick se echo a reír, pero Thomas permaneció muy serio y añadió —Estarás a salvo porque nosotros te estaremos vigilando. Es  lo único que se me ha ocurrido para no darles ventaja. No  podemos quedarnos sentados esperando  que vuelvan a actuar. Eso es muy peligroso.  __¿Que quieres que haga?  —pregunto Tess con calma.---Primero te dispararon, después quisieron secuestrarte para liquidarte y conseguiste escapar —murmuró Nick—. Es una pena  que Thomas no quiera contratarte como detective, Tess. Eres una detective nata. —Díselo, díselo a Thomas —contesto señalando  a la oficina—. Piensa  que no sirvo para esto. —No hace falta ser detective para recibir un disparo —le informo Thomas. —No, pero si para escapar  de un asesino en potencia  —contesto Nick—. Algunos de nuestros mejores detectives no habrían... —Mira, cambiemos de tema  —le interrumpió Thomas con suavidad—. Tess, esto es lo que quiero que hagas... Y procedió a ponerla al corriente. Le  contó donde y como  iban a tender la trampa. Tess estaba tan nerviosa como  asustada, pero se  recordó que ya se había enfrentado a los dos tipos que habían querido liquidarla. Estaba  segura de que podía mantener lacalma  en situaciones peligrosas. Al menos estaría fuera de peligro cuando todo terminara. Y  también estaría fuera de la vida de Thomas, a juzgar por la prisa que tenia por resolver el caso. Aquel fin de semana, Thomas se mostró desacostumbradamente inquieto. —Ven, salgamos de aquí —le  dijo mirándola—. Ponte algo. —Ya llevo puesto algo —contesto señalando sus pantalones vaqueros y su sudadera. —Bueno, ponte un abrigo y botas. Tengo ganas de montar a caballo. —¿En donde? —En el rancho —murmuro y la vio sonrojarse— Es el día libre de Beryl —le informo—. Además así, podremos  mantener  las apariencias en publico. De hecho, Helen se cree que estoy convirtiendo tu vida en un infierno. —¿Y  no es cierto?  —pregunto Tess.  Thomas se volvió y contesto: —Anda, vamonos. No podemos quedarnos  aquí sentados todo el día. Y si no la tocaba, menos, pensó ella con amargura. Pero no podía  negarse a pasar un día entero  en compañía de Thomas. En el futuro cada momento pasado a su lado seria un recuerdo muy preciado. Cogió un anorak, se puso unas botas y le siguió. Era un día frío y se alegro de haberse puesto el anorak cuando llegaron al rancho de Thomas. Sus esfuerzos por no caerse del caballo hicieron  reír a Thomas, aunque el caballo  en el que la había montado era tranquilo y a  los pocos minutos Tess consiguió dominarlo. Llevaban un rato cabalgando cuando vio que  Thomas se movía molesto en la silla y le pregunto preocupada: —¿Te duele la espalda? —Desde hace algunas noches —la miro sonriendo con amargura y ella le miro tan preocupada que se echo a reír—. Oh, Dios. —¿Te molesta?  —pregunto. —La espalda esta bien —le aseguro—. Un poco rígida, pero  se pone así cuando trabajo mucho. Te aseguro —agrego en tono mas suave—, que me  duele mas la espalda por lo que hicimos juntos que por el trabajo de rutina. —Ya veo —contesto Tess después de aclararse la garganta y desvió la mirada. —Cobarde. Tu eres la que ha sacado el  tema  —le cogió la mano y la beso—. Gracias por el regalo que me  entregaste aquella noche. Tess se  ruborizo;  no fue capaz de pronunciar palabra Thomas detuvo los caballos y cuando Tess se atrevió mirarlo continuó __Me sentí como  un verdadero hombre —le  dijo lentamente—.  Aunque no pudiera darte un hijo. _Thomas —contesto—,un hijo no es la única  razón por la  que dos personas se casan. " ___Quizá no —contesto—. Pero el hecho  de no poder tenerlo puede destruir un matrimonio —su  expresión se endureció—. Destruyo el mío —¡Yo no soy Jane! —exclamo  Tess. —De eso no hay duda. Ella no me  soportaba en  la cama, y tu... Dios, tu... ---beso la palma de la mano de Tess y cerro los ojos—.  Nunca había sentido nada igual —concluyo bruscamente. A Tess le sorprendió la emoción que se reflejaba en la voz de Thomas. —Creía que para un hombre no había tanta diferencia entre una mujer u otra. —Estuve a punto de perder el conocimiento  en tus brazos —la miro y dijo con voz enronquecida—. Cuando pienso en aquella noche me  excito. También ella; Tess miro a Thomas esperando que se  rindiera a lo que sentía, pero el ruido de unos caballos que se acercaban le hizo volver la cabeza. Thomas le soltó la mano. —¿ Quienes son ?  —pregunto Tess al  ver acercarse a dos jinetes. —Cole Everett y King Brannt  —encendió un cigarrillo y sonrió cuando  los jinetes se detuvieron a su lado. Thomad sabia que lo habian visto con Tess y que se habían  acercado para verlo mejor. Tanto Cole como  King sabían  que era bastante raro que  Thomas llevara una mujer a su rancho. —Bonito día —comento Cole y recorrió a Tess  con la mirada con evidente admiración, —Si, bonito día —dijo King. —Esta es Teresa Meriwether —les inforrnó Thomas con exagerada paciencia—. Tess para los  amigos, su  padre iba a casarse con mi  madre antes del  accidente.  así que ella es... de la familia. Y también mi  secretaria en la agencia.                                                       Cole Everett se echo hacia atrás el sombrero y miró  con curiosidad a Thomas. —Bien —dijo Cole y se volvió hacia Tess—-.  me  alegro de conocerte —le sonrió con cariño. —Yo tambien —coincidió King Brannt. Tess les sonrió tímidamente. —,Como  esta Heather?  —le  pregunto Thomas a Cole—.¿Sigue  dando clases de canto? —Y escribiendo canciones —replico Cole—. Ha vendido hace poco un tema  a un grupo llamado Desperado, de Wyoming, y el cantante del grupo ha ganado otro Grammy gracias a la canción. Heather  esta encantada, y también nuestros hijos —rió—. Están en una edad en la que la música parece ser lo único importante. —A mis hijos también les encanta —comento King—. Dana tiene un teclado y Matt una batería. Shelby prefiere salir al jardín cuando  ensayan.  El año que viene irán a la universidad. Los hijos de Cole veces vienen  a ensayar con los míos y creo que un día me  voy a volver loco con tanto ruido. —Los mando a tu casa para que en la nuestra haya un poco de paz —explico Cole—. Shelby le ha dicho a Heather que le gustaría  tener otro hijo. ¿No crees que ya estas un poco viejo? —Mira quien habla, abuelo —contesto King  y miro con curiosidad a Thomas—. ¿Estas pensando en volver a casarte. Thomas ni siquiera pestañó.. —No. ¿Querías algo mas, aparte de  ver de cerca a mi  invitada? —Quería comentarte que deberíamos comprar  otro toro —le recordó Cole—.- King va a vender uno, pero necesita comprar otro. Como  tu y yo estamos preparados para vender, King ha pensado que podíamos hacer un trato en  cuanto tengas tiempo, discutirlo... Hoy no, por supuesto —añadió al ver  como lo miraba King. Thomas soltó una carcajada. __Esta bien —dijo—. Hablare contigo la próxima semana. Para entonces esperaba haber atrapado a los narcotraficantes  que amenazaban a Tess,  y ella se habría ido  ya a su apartamento. —Esta bien —contesto King—. Y en  cuanto a lo de  cambiar  tu toro por el  mío, ni lo sueñes —añadió  sonriendo burlón a Cole. —Ves demasiadas películas de John Wayne  —señalo Cole—. Hasta hablas como  el. —En cualquier caso —dijo King arqueando una ceja—. No vas a conseguir venderme un toro cansado. —¿Crees que seria capaz de hacerle algo así a un amigo?  —pregunto Cole haciéndose el ofendido. —Claro —contesto King y miro a Thomas—, y también que Thomas te ayudaría. —¡Menudos amigos! —contesto Tess riendo de buena gana. —Oh, por supuesto que lo somos —concedió  King—. Pero ya sabes que los amigos pueden ser mucho mas peligrosos que los enemigos. —Lo tendré en cuenta —murmuro Thomas. —¿Vas a quedarte mucho tiempo en el rancho? —pregunto Cole—. Estoy seguro de que a Heather le encantara verte. Supongo que  tu trabajo debe ser muy interesante — miro a Tess—. Thomas nunca habla de eso —señalo a Thomas con el dedo. —Es la única forma de mantener a la clientela —contesto Thomas—. Nos vamos dentro de un rato, pero a lo mejor  traigo a Tess otro día. —Esta bien. Bueno, entonces nos vemos el próximo fin  de  semana.                                                        —Me alegro de haberte conocido —dijo King a Tess antes  de alejarse de allí. Cole Everett les sonrió  siguió a King.                                                        ' —¿Tus amigos hace mucho que se casaron? —Años —replico Thomas—. Sus hijos ya son  adolescentes —continuo con una dura expresión—. Será mejor que volvamos. Tess apoyo la mano en el brazo de Thomas y dijo con suavidad: —No permitas que esto te afecte,  Thomas, los hijos no lo son todo. —Lo son si no puedes tenerlos —contesto el y  la  miro fijamente—. Dime  que no quieres tener hijos, Tess  —la reto con frialdad. La mirada de Tess se nublo por  la angustia y el dolor, pero  el no lo interpreto así, maldijo por lo bajo y se adelanto. Tess lo siguió. En ese momento ella supo que Thomas no iba a ceder; nunca se volvería a casar  porque no podía soportar la idea de no poder tener hijos. Tess nunca podría convencerle de que podía ser feliz  sin hijos. Su relación no tenia ningún futuro. Thomas lo había dejado muy claro sin necesidad de  pronunciar una sola palabra. Tess llego al establo sumida en una profunda tristeza. Thomas la vio  hacer una mueca y la ayudo a desmontar, pero como  siempre, tocarla  lo excito. La retuvo a su lado mientras ella murmuraba con suavidad. —Me gustan tus amigos. —A mi  también —Thomas intento normalizar el  ritmo de su respiración—. Tenemos que volver. —Me ha gustado mucho el paseo —musito Tess. —¿Estas cansada? —Si —contesto—. No estoy acostumbrada a  montar a caballo, pero me  gustaría aprender. —A mi  ahora me  gustaría hacer otra cosa  —contestó Thomas buscando su mirada—. No sabes cuanto te deseo pero no puedo tenerte. —Dane... __No —se aparto—. Dentro de uno o dos días    habremos resuelto tu problema.  Después seguiremos  cada uno nuestra propia vida —y sin  mas se volvió meter los caballos en el establo. A Tess le sorprendía la facilidad con la que daba la espalda  a lo que había ocurrido entre ellos, a su futuro. Durante el viaje de vuelta a Houston Tess se sintió mas sola que nunca. Afortunadamente, consiguió relegar lo que  había ocurrido entre ellos a un rincón de su mente gracias al asunto  de los  narcotraficantes. Habían preparado  una trampa para la noche del día siguiente. Si algo salía mal, podían matarla, pensó nerviosa. Miro a Thomas y se pregunto si le dolería perderla, recapacito y se dijo que  estaba siendo  injusta con él. Claro que le dolería perderla. —¿Que pasa?  —le pregunto Thomas al verla preocupada. —Estaba pensando en la trampa —contesto. —Trata de recordar que Nick y yo sabemos hacer nuestro trabajo —contesto Thomas después de segundos de silencio—. Vamos  a cuidarte bien, pequeña. Vamos a atraparlos. —Estoy segura —contesto Tess sin mucho convencimiento. Thomas esperaba que todo saliera como lo  habían planeado  el y Nick.  En cuanto  los narcotraficantes estuvieran en  la cárcel, podría decidir que hacer en cuanto a Tess. Pero de una cosa estaba seguro: tenia que sacarla de su vida antes de que fuera demasiado tarde. No podían seguir juntos, mas que nada  por el bien de Tess.  La quería demasiado para arrastrarla hacia un matrimonio vacío.

Siete
Había oscurecido y estaba empezando a llover, Tess se cruzo de brazos; tenia frío. Thomas estaba detrás de ella, fumando su cigarrillo. Nick, Helen y Adams, además de dos de  los mejores hombres del sargento Graves esperaban escondidos. Una discreta investigación había revelado que alguien vigilaba la agenda y aquella noche habían decidido tender la trampa. Aparentemente, Thomas y Tess se habían quedado a trabajar hasta tarde y  el resto del personal había salido temprano, intentando que los vieran los delincuentes que  estaban vigilando las oficinas. En cuanto se habían alejado un poco de allí,  habían aparcado sus coches y habían tornado posiciones según lo planeado. Thomas consulto inquieto su reloj. No le gustaba  utilizar  a Tess de señuelo, pero no tenia alternativa, no podía permitir que  Tess viviera en  constante peligro. No quería que nada la amenazara, y aunque no podía tenerla,  tampoco quería verla herida. Eso nunca. —¿Estas asustada?  —le pregunto con cariño. —Aterrada —confeso Tess—. Pero es normal, no? —Así es. Cada vez que me  he  visto envuelto  en un tiroteo he sentido un miedo atroz, pero siempre he conseguido superarlo. —La adrenalina puede ser como  una  droga —contesto ella—. Cuando salgamos de esto, voy a echar de menos el peligro. —Es como  una droga, poreso nunca te voy a dejar trabajar como  detective. No quiero que corras ningún peligro. Tu te estas arriesgando constantemente —señalo __Y estoy segura de que no vas  a renunciar a tu trabajo. _-No tengo a nadie —contesto—. Esta no es   profesión para un hombre casado. Las exigencias de  este trabajo pueden terminar  con la mejor de las relaciones. Jane odiaba mi  trabajo porque nunca me  veía en casa. __-Thomas —lo miro con suavidad—, si hubieras estado realmente enamorado de ella..., no habrías hecho todo lo posible  por estar mas tiempo con Jane? —Ya es la hora —dijo Thomas, sin contestar a la pregunta de  Tess. Apago el cigarro—. Ya sabes lo que tienes que hacer. —Si. Thomasc cogió su portafolios y se detuvo a su lado. La miro con ternura. —No corras  riesgos innecesarios. Si ocurre  algo  que no hayamos previsto, grita, rompe una ventana, haz cualquier cosa para llamar la atención. Yo estaré cerca de ti. —Esta bien —contesto en un susurro, Tess tenia la boca seca y le sudaban las manos.  El corazón le latía con violencia, pero no quería demostrarle a Thomas lo asustada que estaba porque eso solo  empeoraría las cosas. —Todo va a salir bien —la animo Thomas-—. Esta noche terminar a todo. —Pueden salir de nuevo bajo fianza... —No. No lo permitiremos. —Es mi  palabra contra la suya. —No lo será después de esta noche —le prometió acariciándole con  ternura la mejilla— . Animo, cariño —musito y se incline para mordisquear el labio inferior  de la chica,  la beso y salió después rápidamente de la oficina. Tess se quedo  sola; la oficina le  pareció de pronto fría y amenazadora. Thomas necesitaba  tiempo para llegar al aparcamiento, guardar su portafolios  el coche, encender un cigarrillo  y volver a la oficina. Así no pensaran que había dejado sola a Tess a  propósito. En ese momento, un coche gris metalizado paro    en la calle y de el salieron dos hombres. Amparados por  la oscuridad caminaron pegados a la pared del edificio observando a Thomas, que se dirigía hacia el aparcamiento.
Era la oportunidad que estaban  esperando. Entraron rápidamente  en el edificio, subieron en el ascensor y cuando  llegaron al piso en el que estaba situada la agencia prepararon los revólveres. Aquella vez no fallarían. Lo que no sabían era que Thomas los había  visto. Sin perder un segundo, había entrado por la puerta posterior del edificio  y había cogido el ascensor de  servicio para llegar a otra de las entradas de la agencia. Llevaba desenfundada su 45. Cuando se abrió la puerta principal, Tess se volvió y se quedo rígida,  inmóvil, al ver a un hombre con el revolver en la mano. No iban a lograrlo, sabia que ninguno de los detectives  llegaría a tiempo para protegerla. Miro el  revolver aterrada. «Thomas», pensó angustiada. Su ultimo pensamiento fue para el. —¡Agáchate! —ordeno una voz y  ella obedeció, en el preciso momento en el que un disparo rompía el silencio. Thomas fue rodando por el suelo hasta donde estaba ella para esquivar los disparos. El también disparo y consiguió herir a uno de los narcotraficantes, que volvió a disparar antes de caer gritando, mientras el otro hombre emprendí la huida. Thomas se puso de pie y se acerco al hombre caído con expresión pétrea; lo esposo antes de volver al lado  de Tess, que se había puesto de rodillas y temblaba como  una hoja. __El otro —jadeo Tess. __Ya debe haberlo atrapado Nick —contesto Thomas ofreciéndole su mano para ayudarla a levantarse. __¡Traigan un medico, maldición! —chillo  el herido__ ¡Esto es inhumano! ¡Me estoy desangrando! __También se desangro Tess cuando vosotros la heristeis —replico Thomas. —¿Te encuentras bien? —-pregunto Tess  tocando los brazos de Thomas en busca de alguna herida—. ¿No te han herido? —Me he pasado media vida esquivando balas —le recordó Thomas—. Para eso me pagaban. ¿Estas bien? —Ahora ya estoy bien —contesto Tess buscando su apoyo. Miro  al traficante que se retorcía en el suelo. —¡Tess! —exclamo  Helen, que entraba en  ese momento seguida por Nick—. Hemos oído disparos... —se interrumpió al ver al hombre herido y después volvió a dirigirse a Thomas y Tess—.¿Estáis bien? —Si. ¿Y  su cómplice?  —pregunto  Thomas mirando al hombre herido. —Ya lo he entregado a los hombres de Graves —contesto Nick, enfundando su revolver automático. Miro furioso a su hermana, antes de añadir—: Pero no  gracias a mi hermana, la señorita James Bond aquí presente. Ha  cruzado la línea de fuego. —¡Claro que no! —contesto rápidamente Helen—. ¡Has sido tu el que ha aparecido de repente! ¿por que siempre que algo sale mal tengo que tener yo la  culpa? ¿Es que tu nunca cometes errores, Don Perfecto? —No —contesto Nick riendo complacido, y Thomas tuvo que reprimir  una carcajada al ver la expresión de Helen. —Basta —ordeno Thomas—. Llama a una ambulancia para que recoja a este hombre —le entrego el arma  del herido. —Con cuidado, no dejes las huellas dactilares —le dijo Nick  con deliberado sarcasmo. —Se como  coger un arma  —contesto Helen  furiosa—. ¡Tu mismo  me  enseñaste! —se volvió y le pregunto a Tess— ¿Te encuentras bien? —Si, gracias —contesto casi sin aliento. —Malditos detectives —grito  el herido—. ¡Malditos! —Vamos —dijo Thomas abrazando a Tess—. Salgamos de aquí. Fue una noche larga.  Tess tuvo  que hacer una declaración, esperar a que la mecanografiaran y después firmarla. El herido  estaba bajo vigilancia policial en el hospital, de donde saldría para ir a la cárcel. Su cómplice ya lo estaba esperando tras las rejas. Tess durmió profundamente aquel día, por la  mañana ni siquiera  oyó el despertador. Cuando al fin se despertó se encontró con una  nota de ThomS en la  que le decía que no fuera a trabajar porque necesitaba descansar. Posiblemente si, además también necesitaba  tiempo para guardar sus cosas. Thomas se había mostrado muy distante con ella la noche  anterior y la había mandado a la cama, diciendo que mas que conversación,  lo que necesitaba era dormir. Pero lo que Thomas quería era no volver a verla.  Tess no necesitaba ser adivina para saber que no quería que se quedara a su lado. Hasta  era posible que al saber que ya no corría peligro, no quisiera verla siquiera en la oficina. Su sola  presencia seria un recuerdo constante de su propia vulnerabilidad, de la  noche en la que se había rendido a su propio deseo y se había permitido amarla. La amaba. Tess estaba  segura, pero  también sabia que Thomas  iba a luchar contra aquel sentimiento y que posiblemente saldría victorioso. Ni se había sido el riesgo que ella había corrido al plegarse a sus deseos. Lo que  tenia que hacer era dejar que pensara bien las cosas. Solo dándole a Thomas libertad  de elección tendría la oportunidad de convencerle de que  podían vivir juntos. Cuando Thomas volvió al apartamento aquella noche, ella ya había recogido sus cosas. Tess estaba sentada en el sofá y esperándole con las maletas a su lado. Le  miro cuando entro y Thomas frunció el ceño al ver las maletas. __Creo que es lo mejor —le dijo Tess con calma—.no quiero seguir causándote problemas —se levantó---¿Puedes llevarme  a mi  apartamento, por favor? Thom suspiro. Tess tenia razón, era lo mejor. El problema era que había esperado verla tumbada en el sofá viendo la televisión. Su inminente marcha le destrozo. —Vamonos —le dijo en tono inexpresivo. —Gracias. Se puso el abrigo y lo siguió sin mirar atrás. —No tienes que preocuparte por esos delincuentes —le dijo Thomas—. Me han asegurado que ya no saldrán de la cárcel pero tendrás  que hacer mas declaraciones. Graves te dirá cuando. —Si, me  lo dijo ayer —contesto Tess. Hicieron el trayecto en silencio. En cuanto  llegaron a su apartamento, Tess encendió la calefacción para caldearlo y se quedo  inmóvil en medio de  la habitación. —¿Estarás bien?  —le pregunto. —Por supuesto... ya estoy a salvo, ¿no?  —añadió nerviosa—. ¿Esos hombres no tienen amigos que les deban algún favor, o algo así? —No. Esos tipos estaban intentando abrirse mercado en territorio ajeno. Nadie los quiere tanto como  para hacerte pagar por su detención. —Gracias a Dios. —No tienes  que ir mañana a trabajar si no te apetece —le dijo. Después la miro con calma  y expresión triste. —No  me  importa volver a trabajar —se abrazo misma y le miro—... siempre que a ti no te importe tenerme allí.... —Dios, supongo que no creerás que soy capaz una cosa así —pregunto brusco—. ¡Despedirte cuando te hirieron por mi culpa! —No fue culpa tuya. Vi algo que no debía haber visto. No te he culpado  a ti en ningún momento. —Bueno, pero yo si —aspiro hondo—. Me culp0 por muchísimas cosas.
—Ahora ya soy adulta —contesto—. Soy capaz de tomar mis propias decisiones, Thomas. —¿Si?  —pregunto entrecerrando los ojos. La  vio sonrojarse—. Pues, aunque creas que fuiste tu la que decidiste acostarte conmigo, quiero que sepas  que fui yo el que te seduje. —Me temo  que fue al contrario —contesto ella sonriendo con tristeza. Thomas encendió un cigarrillo. —Superaras esto... Ahora te parece imposible, pero lo harás. El tiempo lo cura todo. —Jane te hizo mucho daño, ¿verdad?  Yo no te  lo haría, pero tu no me  crees porque no confías en los sentimientos. ¿De verdad quieres permanecer solo resto de tu vida, Thomas? —Si —contesto cortante. Desvió la mirada para que Tess no se diera cuenta de que mentía. La deseaba, pero quería alejarla de el por su bien. Cuando estuviera felizmente casada y con hijos, lo olvidaría. Tess sabia que no podía convencerle, las palabras no bastaban y su cuerpo no era tentación suficiente para retenerle a su lado. —Ya no tenemos nada que decirnos. —Nada —admitió Thomas recorriendo con la mirada el pequeño apartamento antes de mirarla por ultima vez a  ella y abrir la puerta—. Nos vemos mañana. __Si, adiós —murmuro Tess  reprimiendo las lagrimas. Thomas se tenso al advertir el dolor que se escondían sus palabras sus palabras, pero no la miro. __Cuídate. __Lo haré. Tu también  —dudo antes de preguntar.__ Thomas?  _¿Que? __Gracias por haberme salvado  la vida. Si no hubieras estado en la oficina, ahora no estaría aquí. Thomas cerro los ojos. No podía pensar en eso, no soportaba pensar en lo cerca que había estado Tess de morir. —Buenas noches, Tess —contesto y salió. Llovía mientras se dirigía hacia el coche. Cuando llego hasta el, se  apoyo en la puerta y miro hacia las ventanas del apartamento de  Tess. Pensó con amargura que siempre tenia que quedarse fuera, siempre bajo  la fría  lluvia.  Si pudiera  darle un hijo a Tess,  en  ese momento estaría a su lado abrazándola, amándola. Pero no era capaz de  engendrar un hijo y la estaría engañando si  cedía a sus propios sentimientos. Termino el cigarrillo, subió a su coche y se marcho. Tess esperaba que al volver al trabajo, Thomas  la tratara con cierta  frialdad, pero no con total indiferencia. La  trataba como  si fuera  un ordenador del que extraía la información que necesitaba. Habían vuelto  a ser jefe y empleada. Tess trabajaba con eficiencia, pero su corazón  no estaba allí. Thomas no quería verla en su agencia, estaba segura. —¿Quieres salir conmigo a cenar?  —la invito Helen sonriendo—.  Ahora que soy una heroína y que mi  nombre ha aparecido en los periódicos, el dueño  de la pizzería cree que atraigo a la clientela. Me da lo que le  pida —chasqueo los dedos—. Hasta pizza con doble ración de queso, champiñones y anchoas. —Un día vas a derretirte —la previno Tess—.comes tanta pizza que te vas a convertir en queso y va a terminar fundida en el suelo. —No mientras siga comiendo anchoas —le sonrió Helen—. Anda, ven conmigo. Estos días te he visto muy desmejorada. Necesitas distraerte. —No tengo ganas de salir —contesto Tess—. Estoy muy cansada, supongo que como consecuencia de las tensiones pasadas —añadió sonriendo—. Y el mes que viene tengo que volver a declarar ante el juez que lleva el caso de los narcotraficantes. —Buitres —murmuro Helen—. Ojalá los condenen a cadena perpetua. —No lo creo —replico Tess—, pero van a  pasar una buena temporada en la cárcel, y espero estar viviendo en la Antártida cuando salgan —añadió temblando.
—¿No te has enterado? —pregunto Helen—. Creía que Thomas te había dicho que esos tipos estaban implicados en el asesinato de otro narcotraficante. —Thomas no me  ha comentado nada —no añadió que  Thomas solo le dirigía la palabra para lo estrictamente necesario, ni que la evitaba  como si fuera una enfermedad infecciosa. Helen entrecerró los ojos y contesto: —El tampoco tiene muy buen aspecto. Pobre hombre, no dormía mientras tu  estabas  en peligro. No se de donde saca las  fuerzas para trabajar tanto. —Ni yo —bostezo Tess—. ¡Yo estoy agotada! —Creo que lo que necesitas es acostarte  pronto. Ven conmigo a cenar pizza y prometo llevarte pronto a tu apartamento. —Gracias, pero no soporto la comida demasiado condimentada. Hace un par de días que tengo un poco revuelto el estomago. Supongo que Adams me ha contagiado lo que tenía. Harold tiene gripe.  Voy a traerlo a la  oficina  para que se la contagie a Adams — le ofreció Helen _Eres una verdadera amiga —contesto Tess.  _Ya lo sabia —sonrió Helen. Cuando salió de la agenda, Tess se dirigió a  su  apartamento dispuesta a meterse en la cama en cuanto llegara.  El virus que había contraído debía de ser muy potente, pensó mientras desayunaba al día siguiente. A pesar de lo que había dormido, estaba agotada. Volvió a meterse en la cama  y se quedo dormida. Thomas llego al apartamento poco después. A  Tess le sorprendió su preocupación, pues su actitud en la  oficina la había convencido de que había olvidado lo que había ocurrido entre los dos. —¿Como te encuentras? —le pregunto en la puerta. Tess estaba despeinada y pálida, envuelta en un camisón de franela y una  bata que le llegaba a los pies. —Adams  me ha contagiado su enfermedad  —dijo débilmente—. Mátalo de parte mía, ¿quieres? —¿Necesitas algo? —No, gracias. —Creo que deberías ir al medico  —contesto el frunciendo el ceño. —¿Por un simple malestar? No bromees. Thomas, necesito acostarme. Gracias por venir, pero dentro de un par de días  estaré perfectamente. Puedes  contratar una sustituta hasta entonces ¿no? —Ya ha venido hoy —dudo antes de  añadir—. Es muy competente. Es  casi tan rápida como  tu. —Si quieres  despedirme, lo único que tienes  que hacer es decírmelo —le miro a los ojos, y confirmo  sus  sospechas—. Habla  con ella y si quiere quedarse puedes despedirme  sin... —Pero antes tienes que conseguir otro trabajo --- interrumpió con los dientes apretados.                      —La Agenda de Investigaciones Short me  contratara en cuanto se lo  pida, lo sabes. El señor Short  me  dijo una vez que le  encantaría que trabajara para el. El señor Short era un atractivo viudo, de cuarenta años. Thomas entrecerró los ojos al imaginarse a Tess trabajando en su oficina. —No creo que... —empezó a decir. —Thomas, a ti no te gusta verme  en la agenda —contesto débilmente—. Deja de fingir. Desde que te acostaste conmigo, me  he convertido en una pesadilla  para ti. No soportas verme, y lo entiendo. Para mi  es muy difícil  trabajar contigo sabiendo lo que sientes. —No digas eso —dijo en un susurro—. Me hiciste sentirme  el mejor de los hombres. —Y para mi  lo eres —se apoyo contra la pared, y le miro con adoración—. Pero supongo que conseguiré olvidarte  si dejo de verte a diario.
—Encontraras a otro. —Lo se —contesto para tranquilizar la conciencia de Thomas, aunque no lo creía. Se obligo a sonreír y añadió—: Adios, Thomas. —Esto no habría funcionado, cariño —contesto  el con tanta ternura y angustia que Tess estuvo a punto de echarse a llorar—. Teníamos  dos cosas en contra desde el principio. No quiero volver a casarme. —Lo se —contesto ella  con dulzura—. Esta bien. —No, no esta bien. Te echo de menos. Me siento muy solo sin  ti. Tess le miro con los ojos llenos de lagrimas. —Por favor, vete —le suplico a Thomas. --¡No es amor lo que sientes por mi! —gruño—.  ¿No lo ves?  ¡Es solo atracción física! Tess ya no pudo contestarle. —Es lo mejor, terminarasdándome  la razón. Te casaras y tendrás un hogar lleno de hijos... —se volvió. Sintió que se le quebrara la voz. No soportaba  pensar en eso— Adíos, pequeña. Le diré a Helen que te traiga tu indemnización. Puedes decirle que no soportaste recordar el asunto de los narcotraficantes, te creerá.   —--Lo hare —sollozo. «;Por favor, vete», pensó, vete antes de que me  rompa en mil pedazos!». --- Y si   alguna vez me  necesitas...  __Gracias. Adiós. Thomas se marcho sin volver la mirada y cerro la   puerta. Le rompía el corazón dejar sola a Tess, pero no podía ofrecerle nada. Se dijo a si mismo que no lo  amaba de verdad, que era atracción física lo que sentía    por el. Y  el matrimonio era imposible e injusto para ella. Se dirigió a su apartamento  repitiéndose aquella idea una y otra vez. Pero cuando llego y lo encontró vacío,  lo único que supo era que estaba solo, completamente solo.


HOLA ... BUENO AQI ESTAN LOS DOS CAPS .. YA VA A TERMINAR LA NOVELA ASI Q COMENTEN 3 O MAS Y AGREGO .. HASTA LUEGO :))