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Pasense
UN JEFE IRRESISTIBLE-16 (ADAPTADA-TERMINADA)
sábado, 24 de septiembre de 2016
miércoles, 21 de septiembre de 2016
Capitulos finales
Diez
Thomas acompaño a cenar a Tess en su habitación. Beryl la ayudo a ponerse el pijama y una bata y también a acostarse en una enorme cama con dosel. No era la misma cama en la que había dormido la vez anterior, además la habitación estaba en una zona diferente de la casa, pero por timidez no pregunto si la habitación estaba cerca de la de Thomas. —Come —le dijo Thomas con firmeza al verla juguetear con la cuchara.
—Lo siento. Me estaba preguntando de quien es esta habitación. —Es la mía —contesto. Al ver que le miraba sorprendida, asintió sombrío—. Si, ahora vas a compartirla conmigo. Lo miro asustada. No podían hacer el amor, pero como podía decírselo a Thomas sin tener que confesar todo? —Thomas... —empezó a decir preocupada después de probar su sopa. —Se que a las mujeres embarazadas a veces no les apetece hacer el amor —contesto el de manera inesperada—. Quiero que estés a mi lado por las noches, eso es todo. Si me necesitas estaré cerca. A Tess le enterneció que estuviera tan preocupado por ella; su respuesta la tranquilizo. —Gracias —contesto. A Thomas le pareció odiosa su expresión de alivio, lo hizo sentirse rechazado, pero disimulo su ira. —¿Has pensado en como se va a llamar? ¿Crees que será niño o niña? —le pregunto. A Tess le asustaba guardar esperanza alguna, pero no podía expresar su preocupación, así que contesto. —No. Y me da igual que sea niño o niña. —A mi también —replico Thomas—. Con tal de que nazca sano, no importa lo que sea. —Tu eres hijo único, ¿verdad? —pregunto Tess desesperada por cambiar de tema. —Si, pero desde luego no he sido un niño mimado. Mi madre no me quería —contesto con amargura. —Este bebe si será querido —dijo ella con calma. —Claro —Thomas la miro. Tess estaba preciosa sentada en su cama. —¿Tu padre era hijo único? —No lo se —contesto Thomas—. Nunca hablaba de su familia. Desapareció cuando yo era niño y no he vuelto a saber nada de el. Mi madre tuvo dos hermanos pero ambos murieron en Vietnam. —¿Tu madre nunca se llevo bien contigo, ni siquiera cuando eras niño? —No —Thomas decidió dar por zanjada aquella conversación—. Ahora termínate la sopa. Tess hizo una mueca y siguió comiendo. Thomas salió a arreglar algunos asuntos con los trabajadores del rancho y no volvió hasta la hora de acostarse. Entro en la habitación y empezó a desnudarse. Tess le miro de soslayo. Thomas era un hombre increíblemente atractivo. Recorrió con sus hermosos ojos grises las profundas cicatrices de la espalda y el brazo antes de que el se volviera; entonces la atención de Tess quedo atrapada por los fuertes músculos de su pecho desnudos. Al ver que Tess se ruborizaba, Thomas sonrió y apago la luz. —Te acostumbraras —le dijo ignorando su rubor—. Por consideración a ti usaba pijama en el apartamento, pero ahora estamos casados. Duermo así desde que era niño y es difícil abandonar las viejas costumbres. —No me molesta —contesto Tess cuando el se acostó a su lado—. Además, estas en tu habitación —Tess se quedo muy quieta mirando hacia el techo; no se atrevía a moverse para no molestarle. Era la segunda vez que dormían juntos, pero aquella situación no tenia nada que ver con la primera. Le resultaba difícil acostumbrarse a la presencia de Thomas y no solo eso, sino que podía sentir el resentimiento y el disgusto de su esposo. De pronto Thomas poso la mano en el vientre de Tess; la joven se sobresalto. —No te asustes, solo quiero sentir al bebe. ¿Ya se mueve? Tess intento tranquilizarse y dijo con un hilo de voz: —Se mueve muy poco, pero estoy segura de que pronto empezara a dar patadas. —¿Vas a amamantarlo, Tess? —Si, quiero amamantarlo —contesto con firmeza.
Después permanecieron en silencio. Tess esperaba que Thomas la abrazara, para quedarse dormida en sus brazos, pero no lo hizo, aparto la mano y se tumbo dandole la espalda. Pero Tess no sabia que lo que estaba haciendo Thomas era esconder el tumulto de sentimientos que se habian desatado en su interior. Cuando pensaba en el embarazo de Tess se sentía como un mago. Nunca había deseado nada como deseaba a aquel hijo; nada, excepto a Tess, pero eso era algo que todavía no podía admitir. Creía que podía confiar en Tess porque lo amaba, pero ella le había negado el único milagro de su vida... el de su paternidad. Si no hubiera ido a buscarla, nunca lo habría sabido. Cerro los ojos, suspiro y después se quedo dormido. A partir de aquella noche, el abismo que se abría entre ellos fue haciéndose mayor. Tess se mostraba ante el tímida y callada. Nunca bromeaba con Thomas prácticamente no le dirigía la palabra y, por supuesto no le miraba con el mismo cariño que meses atrás. El bebe empezó a dar patadas; Tess deseaba compartir con Thomas esos momentos, pero no se atrevía a decirle nada. Y el nunca la tocaba. A veces Thomas hablaba del futuro, pero siempre para referirse al bebe, nunca hablaba de el mismo o de Tess. Tess se distraía ayudando a Beryl en el jardín por las mañanas, pero Thomas advirtió que no hacia ningún ejercicio y eso lo preocupo porque sabia que el ejercicio facilitaba el parto. —No haces suficiente ejercicio —le dijo a Tess una noche—. Siempre estas sentada, así que quiero que empieces a andar. No discutas —añadió con firmeza al ver que la joven iba a protestar—. No es bueno para el niño que estés todo el día sentada. Mañana, en cuanto vuelva, daremos un paseo por el rancho. —Thomas... —empezó a decir nerviosa, pero Thomas consulto su reloj y dijo: —Esta noche tengo trabajo después hablaremos, Tess. No te acuestes tarde. No es bueno para el niño. Tess estuvo a punto de gritar. Thomas solamente pensaba en el bebe. Ella solo era la incubadora, y no era que ella no estuviera preocupada por su hijo, al contrario. No le había dicho a Thomas la verdad y temía que el pensara que no le preocupaba la salud del bebe. Por otra parte, desde que estaba con Thomas se sentía revitalizada. Los dolores y las hemorragias habían cesado. Por primera vez desde el principio de su embarazo pensaba con optimismo en el futuro del niño, pero lo que Thomas proponía podía matar a su hijo. Paso toda la noche preocupada pensando si debía decirle o no la verdad. Afortunadamente, el trabajo mantuvo ocupado a Thomas durante varios días y Tess aprendió a mentir. Beryl salía todas las mañanas para ayudar a una vecina, y Tess le decía a Thomas que durante sus ausencias ella salía a caminar. A Thomas le molestaba que la joven nunca quisiera salir a dar un paseo con el. —¿Tanto te desagrado? —le pregunto con frialdad—. No soportas tenerme cerca, por eso sales a pasear cuando yo no estoy aquí, verdad? —¡No! —Bueno, pues no te hagas ilusiones, cariño —le dijo con voz glacial—. Solo estoy preocupado por el bebe, no por ti —añadió en un momento de furia ciega. Tess no podía comprender que le hablaba así porque lo había herido. La chica se encogió ante aquella respuesta. Se volvió y levanto orgullosa la barbilla. —Pues deja de preocuparte por el bebe. Yo soy la primera interesada en tener un hijo sano, y pienso asegurarme de que asi sea. —Si, asegúrate, señora Thomas —añadió destilando veneno. Tess le miro fijamente y pregunto: —Si no me hubiera quedado embarazada no te habrías casado conmigo, ¿verdad?
—¿Todavía no lo sabes? Eres traicionera, Tess, como todas las mujeres. Mi madre fue la culpable de que mi padre nos abandonara. Jane me traiciono en cuanto tuvo una oportunidad. Tu eras la ultima persona de la que podía esperar una traición... y me equivoque. Pero no te pienso dar otra oportunidad. Tu lo único que tienes que hacer es ocuparte de que a mi niño no le pase nada —concluyo. —No te oculte mi embarazo para hacerte daño —le dijo Tess. Thomas no le hizo ningún caso. —Voy a llegar tarde del trabajo. —Nunca hablamos de nada. Ni siquiera deberías molestarte en volver a casa por las noches. Thomas no podía admitir cuanto anhelaba su presencia, su cercanía. Intentaba distanciarse de ella porque temía que descubriera sus verdaderos sentimientos. —No tengo nada que decirte. Me sedujiste la noche que engendramos al bebe. Cedí porque te deseaba, lo entiendes? Lo único que sentía era deseo. —Si, Thomas. Te entiendo —contesto Tess y salió de la habitación llorando. Thomas no podía haber sido mas claro. Thomas dio un puñetazo en el tocador. No había querido decir eso. Le repugnaba haber menospreciado así el amor exquisito que habían compartido aquella noche. No confiaba en ella, no podía. Tess era como su madre, como Jane. De hecho, lo había traicionado al ocultarle su embarazo, ya no lo amaba, lo evitaba, ni siquiera lo miraba, al parecer lo único que le importaba era el bebe, y Thomas tenia que recordárselo para no flaquear. Pero le resultaba muy difícil porque la adoraba, sobre todo desde que sabia que llevaba dentro a su hijo. Y sin embargo, cada vez estaban mas lejos. Pasaron los meses y Tess y Thomas continuaban viviendo como si fueran unos perfectos extraños. Thomas se había traslado a otra habitación con el pretexto de que despertaba a Tess cuando llegaba tarde por las noches. Pero eso no era verdad. No podía soportar el silencio y la tristeza de la joven. Lo miraba con una expresión que no podía descifrar, como si tuviera algún sufrimiento oculto, y empezaba a sentirse culpable, sin saber por que. Lo desesperaba estar cerca de ella y no poder acariciarla y abrazarla. Cuando Tess no se daba cuenta, la miraba como un adolescente enamorado. Estaba tan pendiente de ella, a pesar de lo que Tess pensaba, que su trabajo se resintió. Un día, después de ir a ver al ginecólogo, Tess se acostó. —¿Te encuentras bien? —le pregunto Thomas preocupado aquella noche. —Desde luego —contesto Tess ocultando su terror. Había tenido una hemorragia y el doctor Boswick estaba alarmado. No se lo había dicho a Tess, pero la joven había visto su expresión—. Solo estoy cansada —contesto en un susurro. —Ya te dije —repuso Thomas .__no quiero verte todo el día tumbada. Debes hacer ejercicio; estoy seguro de que el ginecólogo te lo habrá dicho también. Tess estaba aterrada. Estaban en verano y el tiempo era perfecto para salir a pasear, ¡pero no se atrevía! Y Thomas ya estaba muy enfadado porque no había querido ir con el a las clases de preparación para el parto; estaba asustada porque el doctor Boswick le había advertido los peligros que corría durante el ultimo trimestre; y no le había parecido aconsejable ningún tipo de ejercicio. Al contrario, le había dicho que hiciera el máximo reposo. Tess iba cada vez con mas frecuencia al ginecólogo pero Thomas no sospechaba por que. Tess, consciente de cuanto deseaba Thomas ser padre, quería evitarle todo tipo de preocupaciones. Y ella quería darle un hijo... el doctor Boswick le había confirmado que seria un niño. Miro a Thomas desde la cama. —Mañana iré a dar un paseo, te lo prometo. Aunque cada vez me resulta mas difícil andar, estoy mas gorda y pesada que nunca. Thomas miro a Tess con los ojos entrecerrados. Verla tan pálida le hacia sentirse culpable. —Es curioso que nunca te haya visto salir a dar un paseo—. Siempre sales a pasear cuando yo no estoy —Tess se ruborizo y desvió la mirada—. Ya se que te sientes pesada, Tess. Pero eso no es excusa para no caminar —le dijo con calma—. Es por tu propio bien. Mañana me asegurare yo mismo de que salgas a dar un paseo. —No —replico Tess con un hilo de voz. Ya no podía seguir mintiendo. __No puedo — aspiro hondo__ Thomas, tengo que decirle algo —jadeo al sentir una punzada en el vientre que la hizo sentarse de golpe en la cama y gritar. —¡El niño! —exclamo Thomas—. Tess, es el niño? —¡Si...! —empezaba a tener contracciones y tenia una fuerte hemorragia—. ¡Tienes que... llamar... una ambulancia! Llama al doctor Boswick! —Puede ser una falsa alarma, todavía falta un mes. Te llevare en el coche —le dijo con calma y la destapo y se quedo paralizado al darse cuenta de que Tess tenia razón. Estaba blanco como el papel—. ¡Oh, Dios mio! —exclamo. —¡Llama... a una ambulancia! —grito Tess. Thomas cogió el teléfono de la habitación; cuando estaba marcando el número del hospital llego Beryl corriendo y al ver la situación fue a buscar unas toallas. Después de llamar a la ambulancia, Thomas llamo al doctor Boswick y le dijo: —Creo que algo anda mal. Tiene muchos dolores y sangra muchísimo. Ya he llamado a una ambulancia. —Se ha debido romper la placenta —contesto el doctor—. Cuando la he examinado esta mañana le he dicho que podía ocurrir en cualquier momento. El niño esta a punto de nacer, pero hay riesgo de que ambos mueran —añadió. A Thomas se le paralizo el corazón—.¿Ha hecho algún tipo de ejercicio hoy? —No —contesto Thomas apretando con fuerza el auricular. —Gracias a Dios. Supongo que no habrá corrido ningún riesgo. Ya sabe que esta en un estado muy delicado. Estaré en la zona de urgencias cuando ella llegue al hospital, tendré preparadas las transfusiones —y procedió a explicarle a Thomas lo que tenia que hacer para controlar la hemorragia—... y dígale a los enfermeros que no pierdan ni un segundo. Thomas colgó y empezó a dar ordenes a Beryl, después miro a Tess angustiado. —Algo andaba mal desde hace tiempo, ¿verdad? No dejaste de trabajar por culpa de las nauseas —gruñó atormentado. Tess apretó los dientes para no gritar de dolor. —Deseabas... tanto... al niño —jadeo—. Solo quería... evitarte la preocupación — musito—. ¡No ha sido culpa tuya! —No, pero durante todo este tiempo he estado haciéndote la vida imposible.... ¡Oh, Dios, Tess..,! —se le quebró la voz. Acaricio el rostro de Tess con dedos temblorosos. Tess grito al sentir una punzada. —,¿donde rayos esta la ambulancia? —maldijo Thomas. En ese momento, se oyó la sirena de la ambulancia. —Aguanta un poco, pequeña —le dijo mientras indicaba por señas a Beryl que se quedara con ella. Salió de la habitación tan confundido que no podía ni hablar. Tess apenas se daba cuenta de que iba en la ambulancia; Thomas iba a su lado, aterrado, mientras los enfermeros la vigilaban y hacían todo lo posible para cortar la hemorragia. El doctor Boswick los estaba esperando cuando llegaron al hospital. —Ella es lo primero —le dijo Thomas—. Pase lo que pase, ella es lo primero, ¿me entiende? —Haremos lo que podamos —le aseguro el doctor antes de entrar al quirófano. Minutos después, nació el bebe. Tess tenia unos dolores horribles. Estaba intentando relajarse para dominarlos cuando Thomas le susurro al oído: —Es un niño. ¿Me oyes, corazón? Tenemos un hijo. En cuanto comprendió las palabras de Thomas, dijo con un hilo de voz: —John Richard. Era el nombre que habían elegido para el niño, en una de esas raras ocasiones en los que Thomas había llegado temprano del trabajo y habían podido conversar. —John Richard —repitió Thomas—. ¿Como te encuentras, querida? No podía ser Thomas el que acababa de hablarle en ese tono. Debía estar delirando. —Me duele —dijo débilmente. —Van a inyectarte un calmante. Tess, es precioso —añadió emocionado—. Precioso. Tess abrió los ojos lentamente. —Te amo. Pase lo que pase... recuérdalo siempre. Thomas la miro con los ojos llenos de lágrimas. Tess le veía entre sombras, pero le oyó respirar con dificultad. —Vas a ponerte bien —le dijo Thomas—. Me lo han dicho los médicos. ¡No hables así! —Cuídalo —contesto Tess y cerro los ojos—. Lo deseabas... tanto. —¡Te quiero a ti! —musito Thomas—. ¡Escúchame, niña tonta, te he mentido! ¡Te he estado mintiendo! ¡No quería casarme contigo porque no podía darte un hijo! ¡Te deje marchar por tu bien! ¡Tess, te quiero a ti! ¡A ti! ¡Dios, si he estado a punto de volverme loco cuando el doctor Boswick me ha explicado los riesgos que has corrido durante el embarazo. Abre los ojos, Tess. ¡Abre los ojos! Parecía tan desesperado que Tess se obligó a abrir los ojos: Thomas estaba muy pálido. —¡No te mueras! —le dijo Thomas con los dientes apretados—. ¡No te atrevas! Tienes que vivir para ayudarme a educar a nuestro hijo. ¡No puedo vivir sin ti! No puedo. Escuchame... no puedo vivir sin ti! —Ya tienes... el hijo... que tanto deseabas —murmuro Tess. —No. Pero Tess no parecía comprender las palabras de Thomas. —Si. Dijiste... Thomas se dio cuenta de que no lo entendía. ¡Pero tenia que conseguir que lo hiciera! Necesitaba que Tess supiera que la amaba. —Mírame, Tess. Mírame. ¡Mírame! —Tess volvió lentamente la cabeza—. Te amo — grito; los ojos le brillaban con fuerza—. ¡Te amo! Tess quería decirle que nunca había oído nada tan hermoso, pero antes de que pudiera abrir la boca, se le cerraron los ojos y se quedo dormida.
Once FINAL
Thomas permaneció toda la noche a su lado, sin dormir. No quiso dejarla sola ni siquiera para ir a ver a su hijo. Tess estaba pálida y gemía a pesar de los sedantes que le habían administrado. Al verla sufrir, Thomas sufría tanto como ella. Le mataba saber lo que Tess había tenido que soportar en silencio para evitarle una terrible preocupación durante todos aquellos meses. La había acusado de traicionarle cuando solo lo estaba protegiendo. Lo había amado mas que a su propia vida y el le había fallado. Thomas le había dicho cosas terribles. Era posible que nunca le perdonara, pero tenia que vivir. ¡Tenía que vivir! La luz del sol se filtraba en la habitación del hospital cuando Tess volvió a abrir los ojos. Todavía estaba débil por el dolor. Abrió los ojos y murmuro: —¿Thomas? ¿Mi hijo...? Thomas tenia un aspecto terrible. —¿Quieres que te lo traigan ahora? —le pregunto con ternura y se incline hacia ella—. Te lo traerán en cuanto quieras. —Quiero verlo ahora. Thomas apretó un timbre y le pidió a la enfermera que les llevara al bebe. La alegre enfermera entro sonriente minutos después con un bultito en brazos. —Aquí lo tiene, señora Kaulitz. Me alegro de que se haya despertado. Nos ha tenido muy preocupados. Mire lo que le traigo aquí —y le dejo al niño a su lado. Tess lo miro y le pareció estar viendo a Thomas. —Se parece a mi esposo —murmuro—. ¡Oh, se parece a ti, Thomas! Thomas se inclino a su lado y acaricio con ternura la cabecita del niño. —Tiene tus ojos —la corrigió Thomas emocionado. —Voy a traerle el biberón... —dijo la enfermera, pero Tess la interrumpió. —No. Por favor. Prefiero amamantarlo. El doctor Boswick me dijo... —Esta bien —sonrió la enfermera—. Pero de todas formas le traeré un biberón. Esta usted muy débil, ha perdido mucha sangre y es posible que todavía no tenga suficiente leche para satisfacerlo. Cuando salió la enfermera, Tess se sentó en la cama y cogió al pequeño en brazos. —Ayúdame, por favor —le dijo a Thomas. Thomas le desato los cordones de la bata y le ayudo a quitársela. Tess acerco al bebe a su seno y le puso el pezón en la boquita. El niño empezó inmediatamente a succionar y se aferró con fuerza al seno. Tess contuvo el aliento y después se echo a reír. Miro a Thomas, que la observaba atentamente. Tess nunca le había visto tan emocionado. —Dios mío —le dijo con voz temblorosa—. No me lo imaginaba así —se acerco a ella con la mirada clavada en su hijo; volvió a acariciarle la cabecita antes de mirar a Tess— . ¿Te duele? —No —contesto ella—. Es una sensación extraña, pero no me duele. Lo que si me duele un poco es la cicatriz. —Pueden darte un calmante cuando termines de dar de comer a John Richard. —No has ido a trabajar —le dijo ceñuda. —No podía dejarte sola, cariño —contesto tranquilo—. Parecías querer morirte —le acaricio la boca con el pulgar—. Creía que ya no querías vivir. —No me acuerdo. —A lo mejor ha sido la anestesia, pero no quería dejarte sola —se incline y la beso—. Lo eres todo para mi —le dijo con la voz ronca por la emoción—. Ahora no puedo perderte. Tess, convencida de que las palabras de Thomas respondían a la emoción de su reciente paternidad, se limito a sonreirle. En cualquier caso, era evidente que Thomas adoraba a su hijo, y como no había otra mujer en su vida, era probable que hubiera decidido que podían continuar casados. Decidió darle otra oportunidad, era posible que algún día aprendiera a amarla. Una semana después, dieron a Tess de alta. Helen y Kit fueron a verla a casa para conocer al bebe.
Thomas siempre estaba cerca de ella aunque volvió a trabajar en exceso. Tess sabia que le irritaba que no le quisiera escuchar cuando intentaba hablar con ella, pero no podía evitarlo. No quería que le hiciera confesiones de amor. Thomas se había sentido muy mal cuando se había enterado de que su embarazo había sido de alto riesgo y, para él, el parto había sido una pesadilla. Desde que les habían dado de alta a Tess y al niño parecía el hombre mas feliz del mundo, pero la joven no quería oír falsas promesas. No quería hablar con el hasta que se olvidara de las tensiones pasadas. Tess se dedicaba por entero a su hijo, lo adoraba, lo mimaba, pasaba a su lado cada momento libre. El niño era su vida. También estaba Thomas, pero toda la atención que Tess prestaba al niño se la negaba a el. Thomas se sentía solo, rechazado y su humor empezó a empeorar. Claro, el adoraba a su hijo, pero no conseguía hacer que Tess advirtiera que también la necesitaba a ella. Estaba encerrada en su propio mundo, en el que solo el niño tenia cabida. Un sábado por la tarde, Tess estaba dando de mamar a John cuando llego Thomas. Había estado trabajando todo el día y parecía estar de muy mal humor. Se detuvo en la puerta de la habitación al ver a Tess en la mecedora. —Tengo que hablar contigo —le dijo. —Estoy a punto de terminar —contesto Tess. Thomas se sentó en el borde de la cama y observo atentamente a su hijo. El orgullo suavizo su expresión y sonrió: —Nunca me cansare de veros —dijo con calma—. Tienes una expresión maravillosa cuando das de mamar al niño. —¿Has visto cuanto ha crecido? —le pregunto con timidez. —Tess, hasta cuando vas a seguir dándole de mamar? Tess le miro sorprendida y se retiró con aire distraído un mechón de pelo de la cara. —Todavía no he pensado en eso. ¿Te importa mucho? Thomas dudo antes de decir: —Seguirá atado a ti mientras continúes amamantándolo. No puedes estar lejos de el mas de dos horas seguidas. —¿Quieres que me vaya? —pregunto Tess abriendo los ojos de par en par—. Por eso quieres que deje de darle de mamar? Para poder contratar a una niñera...? —¡Dios, no! —contesto espantado. Se acerco a la ventana y observo con el ceño fruncido el paisaje otoñal. —Supongo que te he dado razones de sobra para pensar que solo quiero al niño, no a ti. Pero no soy capaz de arrebatarte a tu hijo. No soy un monstruo, Tess. —Lo se —contesto con timidez. El bebe termino de comer y se quedo dormido. Tess lo arropo en su cunita y salió de la habitación sin hacer ruido. Thomas la siguió. —No huyas —le dijo—. Has evitado mi presencia desde el día que volvimos del hospital. —Voy al porche —contesto. —Hace frío. —No, no hace frío. Le pediré a Beryl que vigile a John. —Esta bien —cedió Thomas; espero a que Tess hablara con Beryl y después la siguió hasta el porche y se sentó a su lado. —¿Has tenido mucho trabajo?—pregunto Tess con indiferencia. —He comprado unos caballos —contesto Thomas encendiendo un cigarrillo—. He estado viendo como los domaban. Tess —la miro a los ojos, y dijo—: He estado intentando hablar contigo para disculparme. Te dije cosas muy crueles antes de que naciera el niño. Cosas de las que ahora me arrepiento.
—Tu no sabias que mi embarazo era de alto riesgo —contesto Tess—. Solo quería evitarte preocupaciones. Nunca te había visto tan emocionado. No quería echar a perder esa alegría. —¿Y tu? —gimió y cerro los ojos—. ¡Tontita! Estabas muy asustada y yo me quejaba porque estabas todo el día sentada —se quito el sombrero y se paso una mano por el pelo—. No soporto pensar lo mal que te trate. Solo te he dado problemas, Tess. —Eso no es verdad —Tess miro con cariño a Thomas—. Me has dado a John. —No se me ocurrió tomar precauciones porque pensaba que no lo necesitaba. Si hubiera sabido el riesgo... —Pero no lo sabias. Ni yo, aunque me hubiera arriesgado en cualquier caso, Thomas —dijo con convicción—. No me arrepiento de nada. —No solo quería al niño —la miro a los ojos—, sino también a ti. Te necesitaba, así que... me habría casado contigo aunque no hubieras estado embarazada. No soportaba vivir sin ti. Alejarte de mi lado fue el peor error de mi vida —su expresión reflejaba tanta vulnerabilidad que la enterneció—. Aquella noche... no había sabido lo que era el amor hasta esa noche. Tenia miedo, me aterraba haberme equivocado y que ese amor fuera pasajero. Pero no ha sido así. Dios mío, Tess. Nunca dejare de amarte. Tess se aparto un poco y desvió la mirada. No podía creerle. No se atrevía. —No hace falta que finjas —le dijo con ternura—. Esta bien. Amas a John y quizá estas encariñado conmigo. Eso es suficiente. Thomas apago su cigarrillo y se puso de pie. La miro. —No —le dijo—. No es suficiente. Tu quieres que yo te ame. —Si que esto es muy difícil para ti... —contesto Tess mirando a lo lejos. Thomas la agarro por los hombros y la obligo a levantarse. —Mi madre me destrozo, Tess. Jane acabo con mi orgullo. Cuando tu llegaste a mi vida, yo estaba destrozado. Te tenia miedo, ¿no lo sabias? —Supongo que una parte de mi lo sabia —lo miro a los ojos—. Trate de hacerte comprender que nunca te haría daño, pero no confiaste en mi. —No podía —deslizo los manos por los brazos de Thomas y entrelazo los dedos en los de ella—. Te dije que no sabia amar, que no sabia lo que era la ternura —se acerco a ella— . Tuve que aprender muchas cosas. Y las aprendí contigo, Tess. —Estas orgulloso de John —murmuro ella bajando la mirada—, y te sientes responsable de los problemas que tuve para dar a luz, pero no es necesario que me digas estas cosas. Thomas la cogió por la barbilla y la obligó a mirarle. —Te amo —le dijo—. De que manera y cuantas veces te lo tengo que decir para que me creas? Tess se encogió de hombros y contesto: —Es posible que sientas muchas cosas, Thomas, pero estoy segura de que no es amor. —Te amo y lo sabes, pequeña cobarde —le sonrió y dio un dulce beso en la boca—. Pero creo que ya es hora de demostrártelo. La beso con pasión y Tess, casi a pesar de su voluntad, correspondió a aquel beso. Thomas contuvo el aliento y gimió cuando vio que Tess le abrazaba y se entregaba sin reservas. Le entreabrió los labios con la lengua y la abrazo con fuerza. Thomas deslizo la mano hasta la cadera de Tess y la estrecho contra el para que comprobara la fuerza de su excitación. —Te deseo —gruño Thomas—. ¿Puedes hacer el amor? —Si —musito. —¿A donde rayos podemos ir? —gruño el buscando con la mirada un lugar—. Beryl esta arriba con el niño.
Tess miro hacia el granero, pero Thomas movió la cabeza. —No. Esta sucio. —Pero si lo hacen en las películas —se quejo Tess. —Pero esto no es una película, Tess —murmuro Thomas frotando su rostro contra los senos henchidos de Tess, después la volvió a besar en la boca—. Y lo que siento ahora no es solo un deseo que necesite saciar. Te amo, quiero hacer el amor contigo, ser parte de ti. —Yo también —contesto. Thomas la abrazo con mas fuerza sin dejar de besarla con sensualidad. —Tess —musito contra su boca—, Tess, te amo... De pronto se abrió la puerta de la casa y se separaron. Apareció Beryl. —John esta durmiendo como un lirón. ¿Les importa que vaya a ver a la señora Jewell? Solo tardare una hora... A Tess le entraron ganas de besarla. Posiblemente Beryl sabia que querían estar solos. —No te preocupes, ve —le contesto Tess. —Oh, gracias —contesto Beryl. Tanto Thomas como Tess esperaron a que el coche de Beryl desapareciera por el camino para ir corriendo a su habitación. Thomas la cogió en brazos, la dejo en la cama, y se tumbo a su lado. —No hagas ruido —le dijo—. No quiero que despertemos al niño —la besó en la boca—. Dios bendiga a Beryl. —La puerta... —gimió Tess. —Ya esta cerrada. ¡Tess, ha pasado tanto tiempo! La beso con ardor, se separo de ella y empezó a desnudarse. Tess no podía dejar de mirarle. Incluso con las cicatrices, Thomas era un hombre increíblemente atractivo. Se lo dijo a Thomas, este sonrió, se tumbo a su lado y la desnudo entre besos y susurros. Tess estaba un poco avergonzada por su cicatriz, pero Thomas la beso y le dijo que era como una cicatriz ganada en una batalla, que tenia un valor excepcional. Tess se tranquilizo, le sonrió y le beso. Thomas la trataba con una ternura de la que Tess nunca le habría creído capaz. Entre besos y caricias eróticas le dijo que la amaba, que la necesitaba, que ella era lo mas importante de su vida. La magia que habían compartido una noche en el apartamento de Thomas todavía estaba presente. Tess le rodeo el cuello con los brazos y se estrecho contra el pero Thomas la detuvo. —Espera —saco unos preservativos de debajo de la almohada. Se puso uno mientras ella lo miraba con timidez—. No habrá mas hijos por el momento. No quiero que te arriesgues otra vez. —Pero si estoy bien —contesto Tess—. Ha sido un embarazo bastante raro. No creo que tenga otro igual. —Ya hablaremos de eso en otra ocasión, ahora te encuentras débil y vulnerable y debo cuidarte mucho, señora Kaulitz —murmuro contra su boca—. Te quiero demasiado, no pienso dejar que vuelvas a arriesgarte —se puso encima de ella y se unió a Tess con una ternura y lentitud exquisitas. Al principio, Tess se sintió un poco incomoda y Thomas se detuvo. —Es como si fueras virgen —le susurro intentando controlarse—. Tranquila, tranquila... así... —suspiro y siguió adentrándose en el cuerpo de Tess, que gimió al sentirlo completamente dentro. —Oh, Thomas —jadeo—hace casi un año... —Lo se —contesto el y comenzó a moverse a un ritmo creciente.
Hicieron el amor con tanta pasión como la noche que habían engendrado a su hijo. Thomas la amo hasta dejarla sin aliento, la acaricio hasta hacerla gritar de placer y juntos alcanzaron un nuevo mundo de sensaciones en el que lo único importante era su amor. Tess nunca había sentido tanto placer. Permaneció inmóvil debajo de Thomas, sintiéndolo respirar contra sus senos. —Me amas —le dijo el—. Lo habría sabido al mirarte ahora a los ojos si no me lo hubieras dicho veinte veces mientras hacíamos el amor. —Tu también lo has dicho varias veces —jadeo Tess. Thomas la beso con ternura. —¿Ahora me crees? Tess le miro y contesto casi sin aliento: —Oh, si. Thomas acerco su cara a la de ella y volvió a besarla con ternura. —Me encantaría demostrártelo una y otra y otra vez, pero me parece que se avecina una tormenta. —¿Una que? En ese momento el bebe estallo en llanto furioso. —¿Otra vez tienes hambre? —pregunto Tess, se levanto y se acerco a la cuna del pequeño—. ¿O estas mojado? —inmediatamente le cambio el panal, y en eso estaba cuando sonó el teléfono. Dane contesto. —No —dijo el—, no voy a ir hoy. ¿Por que? —frunció el ceno, luego soltó una carcajada—.Hablas en serio? ¿Cuando? ¿Se pondrá bien? —movió la cabeza—. Dios, claro que se lo diré a Tess. Se va a morir de risa. Dile que iremos a verla esta noche, y por Dios, confiscadle el arma antes de que lo vuelva a hacer! —¿Que ha pasado? —pregunto Tess cuando Thomas colgó. —Nunca te lo imaginarias —Thomas se levanto y se puso los pantalones sin dejar de reír—. ¿Recuerdas que Helen siempre se quejaba de que era la única de la oficina a la que nunca le habían herido de bala? —Si. —Bueno, pues esta tarde ha cogido mal la pistola y se le ha disparado. Tiene una herida en el pie. —¡Oh, pobre Helen! —exclamo Tess condolida, pero no pudo contener las carcajadas— . Lo siento, esto no tiene gracia ¿Se pondrá bien? —Ha sido una herida superficial, pero la dejaran esta noche en el hospital, por si acaso, así que he dicho a Nick que iremos a visitarla. —Le llevare flores —dijo Tess y sonrió—. Y una medalla, si podemos conseguirla. Thomas se acerco a ella y la miro con cariño. —John se parece mucho a ti —dijo ella. —Se parece a los dos —la corrigió Thomas abrazándolos a los dos—. ¿Te sientes feliz? —No sabia que podía serlo tanto —le beso—. No sientes haber tenido que casarte conmigo? —le pregunto preocupada. —No he tenido que casarme contigo —la corrigió con ternura—. Solo estaba buscando un pretexto para hacerlo, ,¿o crees que fue casualidad que te encontrara ese día en el restaurante en el que estabas almorzando con Kit? —¡La seguiste! —dijo ella riendo—. Kit lo sospechaba. —Si, la seguí. Me había pasado la mañana pensando en que iba a hacer, Tess. Quería pedirte que te casaras conmigo —le confeso—. Que vivieras conmigo aunque no pudiéramos tener hijos. —¡Oh, Thomas! —dijo Tess. —Pero todo salió mal —murmuro—. Me interrumpieron demasiado pronto. —Yo iba a decirte que estaba embarazada, pero cuando se acerco ese hombre a saludarte, perdí el valor. —Todo este tiempo perdido —gimió el—. Ya tenias problemas entonces. No era la ulcera, era el niño. —Si. Pero cuando me cogiste de la mano, deje de sentir dolor. —Te he hecho pasar muy malos momentos. Lo siento. No sabes cuanto. —Te amaba y, en el fondo estaba convencida de que si no te presionaba, aprenderías a amarme. No quería preocuparte, si no te habría contado lo del niño en cuanto lo supe. No comprendía cuanto deseabas tener un hijo. —No un hijo, sino a nuestro hijo —se incline, la beso en la frente y después la miro—. No sabes cuanto te eche de menos cuanto te fuiste de mi apartamento, o cuanto miedo pase cuando te seguían esos narcotraficantes. Durante mucho tiempo no me había atrevido a pensar en el matrimonio y de repente, decidiste que debía enseñarte a hacer el amor —gimió—. No sabes como me sentí. Habría hecho cualquier cosa por tenerte, excepto sacrificar tu necesidad de tener hijos. Y, sin embargo, tu estabas dispuesta a sacrificarte hasta ese punto por mi —la beso con ternura—. Me gusta aprender contigo lo que es el amor. Y debo ser buen aprendiz porque has gritado mucho cuando estábamos en la cama —Tess se ruborizo haciéndole reír—. El niño era la mejor excusa del mundo para casarme contigo y traerte a casa sin tener que decirte que te amaba desesperadamente. Pero cuando huiste, pensé que habías dejado de amarme. —Tonto —contesto—. El amor no desaparece tan fácilmente. —Eso parece. Has tenido un embarazo muy difícil, pero cuando decidamos tener otro hijo, no me apartare de tu lado. —La primera noche que hicimos el amor te necesitaba tanto... Te amaba, y pensaba que si te ofrecía todo lo que tenia sin pedirte nada a cambio aprenderías a confiar en mi, que hasta podrías llegar a quererme. —Te amaba —contesto abrazando a Tess y a su hijo—. Dios que difícil ha sido todo. Espero que a partir de ahora todo vaya bien. —Te quiero tanto, Thomas. Te amare hasta la muerte —al ver que Thomas se ruborizaba, le pregunto—. ¿Quieres que te lo demuestre? —¿Hablas en serio? —pregunto en tono extraño—. Ven aquí. Pero antes de poder hacer nada, su hijo empezó a buscar el seno de Tess para seguir comiendo. Tess se echo a reír cuando el bebe encontró su pecho y succiono con fuerza. —Creo que mi hijo tiene prioridad —musito reprimiendo el deseo—. Pero tenemos toda la noche para nosotros. —Si. Te quiero —le murmuro Tess. —Yo también te amo, pequeña. —Cuando John ya vaya a la escuela, te parecerá bien que vuelva a trabajar? —¿Para Short? —pregunto el. —Para ti —le corrigió. —Bueno, supongo que todo quedara en la familia. —Pero en cuanto a John le valga el impermeable de detective me retirare. Thomas la abrazo y acaricio con cariño la cabecita de su hijo. Dudo un poco, pero Tess parecía decidida; bueno, si el le enseñaba a Tess el oficio y supervisaba los casos que le diera, podría mantenerla a salvo. Y él mismo tiempo no le importaba tenerla a su lado todo el día. Sonrió. —Esta bien. ¿Contenta? —¡Claro! Tess se apoyo en el pecho de Thomas y le dirigió una sonrisa de complicidad al pequeño. ¡Nunca había sido tan feliz!
FIN
HOLA .. BUENO ESTOS SON LOS CAPITULOS FINALES .. GRACIAS POR HABER LEIDO .. HASTA LA PROXIMA.
AUTORA: DIANA PALMER
TOM KAULITZ: RICHARD DANE LASSISTER
😉
Thomas acompaño a cenar a Tess en su habitación. Beryl la ayudo a ponerse el pijama y una bata y también a acostarse en una enorme cama con dosel. No era la misma cama en la que había dormido la vez anterior, además la habitación estaba en una zona diferente de la casa, pero por timidez no pregunto si la habitación estaba cerca de la de Thomas. —Come —le dijo Thomas con firmeza al verla juguetear con la cuchara.
—Lo siento. Me estaba preguntando de quien es esta habitación. —Es la mía —contesto. Al ver que le miraba sorprendida, asintió sombrío—. Si, ahora vas a compartirla conmigo. Lo miro asustada. No podían hacer el amor, pero como podía decírselo a Thomas sin tener que confesar todo? —Thomas... —empezó a decir preocupada después de probar su sopa. —Se que a las mujeres embarazadas a veces no les apetece hacer el amor —contesto el de manera inesperada—. Quiero que estés a mi lado por las noches, eso es todo. Si me necesitas estaré cerca. A Tess le enterneció que estuviera tan preocupado por ella; su respuesta la tranquilizo. —Gracias —contesto. A Thomas le pareció odiosa su expresión de alivio, lo hizo sentirse rechazado, pero disimulo su ira. —¿Has pensado en como se va a llamar? ¿Crees que será niño o niña? —le pregunto. A Tess le asustaba guardar esperanza alguna, pero no podía expresar su preocupación, así que contesto. —No. Y me da igual que sea niño o niña. —A mi también —replico Thomas—. Con tal de que nazca sano, no importa lo que sea. —Tu eres hijo único, ¿verdad? —pregunto Tess desesperada por cambiar de tema. —Si, pero desde luego no he sido un niño mimado. Mi madre no me quería —contesto con amargura. —Este bebe si será querido —dijo ella con calma. —Claro —Thomas la miro. Tess estaba preciosa sentada en su cama. —¿Tu padre era hijo único? —No lo se —contesto Thomas—. Nunca hablaba de su familia. Desapareció cuando yo era niño y no he vuelto a saber nada de el. Mi madre tuvo dos hermanos pero ambos murieron en Vietnam. —¿Tu madre nunca se llevo bien contigo, ni siquiera cuando eras niño? —No —Thomas decidió dar por zanjada aquella conversación—. Ahora termínate la sopa. Tess hizo una mueca y siguió comiendo. Thomas salió a arreglar algunos asuntos con los trabajadores del rancho y no volvió hasta la hora de acostarse. Entro en la habitación y empezó a desnudarse. Tess le miro de soslayo. Thomas era un hombre increíblemente atractivo. Recorrió con sus hermosos ojos grises las profundas cicatrices de la espalda y el brazo antes de que el se volviera; entonces la atención de Tess quedo atrapada por los fuertes músculos de su pecho desnudos. Al ver que Tess se ruborizaba, Thomas sonrió y apago la luz. —Te acostumbraras —le dijo ignorando su rubor—. Por consideración a ti usaba pijama en el apartamento, pero ahora estamos casados. Duermo así desde que era niño y es difícil abandonar las viejas costumbres. —No me molesta —contesto Tess cuando el se acostó a su lado—. Además, estas en tu habitación —Tess se quedo muy quieta mirando hacia el techo; no se atrevía a moverse para no molestarle. Era la segunda vez que dormían juntos, pero aquella situación no tenia nada que ver con la primera. Le resultaba difícil acostumbrarse a la presencia de Thomas y no solo eso, sino que podía sentir el resentimiento y el disgusto de su esposo. De pronto Thomas poso la mano en el vientre de Tess; la joven se sobresalto. —No te asustes, solo quiero sentir al bebe. ¿Ya se mueve? Tess intento tranquilizarse y dijo con un hilo de voz: —Se mueve muy poco, pero estoy segura de que pronto empezara a dar patadas. —¿Vas a amamantarlo, Tess? —Si, quiero amamantarlo —contesto con firmeza.
Después permanecieron en silencio. Tess esperaba que Thomas la abrazara, para quedarse dormida en sus brazos, pero no lo hizo, aparto la mano y se tumbo dandole la espalda. Pero Tess no sabia que lo que estaba haciendo Thomas era esconder el tumulto de sentimientos que se habian desatado en su interior. Cuando pensaba en el embarazo de Tess se sentía como un mago. Nunca había deseado nada como deseaba a aquel hijo; nada, excepto a Tess, pero eso era algo que todavía no podía admitir. Creía que podía confiar en Tess porque lo amaba, pero ella le había negado el único milagro de su vida... el de su paternidad. Si no hubiera ido a buscarla, nunca lo habría sabido. Cerro los ojos, suspiro y después se quedo dormido. A partir de aquella noche, el abismo que se abría entre ellos fue haciéndose mayor. Tess se mostraba ante el tímida y callada. Nunca bromeaba con Thomas prácticamente no le dirigía la palabra y, por supuesto no le miraba con el mismo cariño que meses atrás. El bebe empezó a dar patadas; Tess deseaba compartir con Thomas esos momentos, pero no se atrevía a decirle nada. Y el nunca la tocaba. A veces Thomas hablaba del futuro, pero siempre para referirse al bebe, nunca hablaba de el mismo o de Tess. Tess se distraía ayudando a Beryl en el jardín por las mañanas, pero Thomas advirtió que no hacia ningún ejercicio y eso lo preocupo porque sabia que el ejercicio facilitaba el parto. —No haces suficiente ejercicio —le dijo a Tess una noche—. Siempre estas sentada, así que quiero que empieces a andar. No discutas —añadió con firmeza al ver que la joven iba a protestar—. No es bueno para el niño que estés todo el día sentada. Mañana, en cuanto vuelva, daremos un paseo por el rancho. —Thomas... —empezó a decir nerviosa, pero Thomas consulto su reloj y dijo: —Esta noche tengo trabajo después hablaremos, Tess. No te acuestes tarde. No es bueno para el niño. Tess estuvo a punto de gritar. Thomas solamente pensaba en el bebe. Ella solo era la incubadora, y no era que ella no estuviera preocupada por su hijo, al contrario. No le había dicho a Thomas la verdad y temía que el pensara que no le preocupaba la salud del bebe. Por otra parte, desde que estaba con Thomas se sentía revitalizada. Los dolores y las hemorragias habían cesado. Por primera vez desde el principio de su embarazo pensaba con optimismo en el futuro del niño, pero lo que Thomas proponía podía matar a su hijo. Paso toda la noche preocupada pensando si debía decirle o no la verdad. Afortunadamente, el trabajo mantuvo ocupado a Thomas durante varios días y Tess aprendió a mentir. Beryl salía todas las mañanas para ayudar a una vecina, y Tess le decía a Thomas que durante sus ausencias ella salía a caminar. A Thomas le molestaba que la joven nunca quisiera salir a dar un paseo con el. —¿Tanto te desagrado? —le pregunto con frialdad—. No soportas tenerme cerca, por eso sales a pasear cuando yo no estoy aquí, verdad? —¡No! —Bueno, pues no te hagas ilusiones, cariño —le dijo con voz glacial—. Solo estoy preocupado por el bebe, no por ti —añadió en un momento de furia ciega. Tess no podía comprender que le hablaba así porque lo había herido. La chica se encogió ante aquella respuesta. Se volvió y levanto orgullosa la barbilla. —Pues deja de preocuparte por el bebe. Yo soy la primera interesada en tener un hijo sano, y pienso asegurarme de que asi sea. —Si, asegúrate, señora Thomas —añadió destilando veneno. Tess le miro fijamente y pregunto: —Si no me hubiera quedado embarazada no te habrías casado conmigo, ¿verdad?
—¿Todavía no lo sabes? Eres traicionera, Tess, como todas las mujeres. Mi madre fue la culpable de que mi padre nos abandonara. Jane me traiciono en cuanto tuvo una oportunidad. Tu eras la ultima persona de la que podía esperar una traición... y me equivoque. Pero no te pienso dar otra oportunidad. Tu lo único que tienes que hacer es ocuparte de que a mi niño no le pase nada —concluyo. —No te oculte mi embarazo para hacerte daño —le dijo Tess. Thomas no le hizo ningún caso. —Voy a llegar tarde del trabajo. —Nunca hablamos de nada. Ni siquiera deberías molestarte en volver a casa por las noches. Thomas no podía admitir cuanto anhelaba su presencia, su cercanía. Intentaba distanciarse de ella porque temía que descubriera sus verdaderos sentimientos. —No tengo nada que decirte. Me sedujiste la noche que engendramos al bebe. Cedí porque te deseaba, lo entiendes? Lo único que sentía era deseo. —Si, Thomas. Te entiendo —contesto Tess y salió de la habitación llorando. Thomas no podía haber sido mas claro. Thomas dio un puñetazo en el tocador. No había querido decir eso. Le repugnaba haber menospreciado así el amor exquisito que habían compartido aquella noche. No confiaba en ella, no podía. Tess era como su madre, como Jane. De hecho, lo había traicionado al ocultarle su embarazo, ya no lo amaba, lo evitaba, ni siquiera lo miraba, al parecer lo único que le importaba era el bebe, y Thomas tenia que recordárselo para no flaquear. Pero le resultaba muy difícil porque la adoraba, sobre todo desde que sabia que llevaba dentro a su hijo. Y sin embargo, cada vez estaban mas lejos. Pasaron los meses y Tess y Thomas continuaban viviendo como si fueran unos perfectos extraños. Thomas se había traslado a otra habitación con el pretexto de que despertaba a Tess cuando llegaba tarde por las noches. Pero eso no era verdad. No podía soportar el silencio y la tristeza de la joven. Lo miraba con una expresión que no podía descifrar, como si tuviera algún sufrimiento oculto, y empezaba a sentirse culpable, sin saber por que. Lo desesperaba estar cerca de ella y no poder acariciarla y abrazarla. Cuando Tess no se daba cuenta, la miraba como un adolescente enamorado. Estaba tan pendiente de ella, a pesar de lo que Tess pensaba, que su trabajo se resintió. Un día, después de ir a ver al ginecólogo, Tess se acostó. —¿Te encuentras bien? —le pregunto Thomas preocupado aquella noche. —Desde luego —contesto Tess ocultando su terror. Había tenido una hemorragia y el doctor Boswick estaba alarmado. No se lo había dicho a Tess, pero la joven había visto su expresión—. Solo estoy cansada —contesto en un susurro. —Ya te dije —repuso Thomas .__no quiero verte todo el día tumbada. Debes hacer ejercicio; estoy seguro de que el ginecólogo te lo habrá dicho también. Tess estaba aterrada. Estaban en verano y el tiempo era perfecto para salir a pasear, ¡pero no se atrevía! Y Thomas ya estaba muy enfadado porque no había querido ir con el a las clases de preparación para el parto; estaba asustada porque el doctor Boswick le había advertido los peligros que corría durante el ultimo trimestre; y no le había parecido aconsejable ningún tipo de ejercicio. Al contrario, le había dicho que hiciera el máximo reposo. Tess iba cada vez con mas frecuencia al ginecólogo pero Thomas no sospechaba por que. Tess, consciente de cuanto deseaba Thomas ser padre, quería evitarle todo tipo de preocupaciones. Y ella quería darle un hijo... el doctor Boswick le había confirmado que seria un niño. Miro a Thomas desde la cama. —Mañana iré a dar un paseo, te lo prometo. Aunque cada vez me resulta mas difícil andar, estoy mas gorda y pesada que nunca. Thomas miro a Tess con los ojos entrecerrados. Verla tan pálida le hacia sentirse culpable. —Es curioso que nunca te haya visto salir a dar un paseo—. Siempre sales a pasear cuando yo no estoy —Tess se ruborizo y desvió la mirada—. Ya se que te sientes pesada, Tess. Pero eso no es excusa para no caminar —le dijo con calma—. Es por tu propio bien. Mañana me asegurare yo mismo de que salgas a dar un paseo. —No —replico Tess con un hilo de voz. Ya no podía seguir mintiendo. __No puedo — aspiro hondo__ Thomas, tengo que decirle algo —jadeo al sentir una punzada en el vientre que la hizo sentarse de golpe en la cama y gritar. —¡El niño! —exclamo Thomas—. Tess, es el niño? —¡Si...! —empezaba a tener contracciones y tenia una fuerte hemorragia—. ¡Tienes que... llamar... una ambulancia! Llama al doctor Boswick! —Puede ser una falsa alarma, todavía falta un mes. Te llevare en el coche —le dijo con calma y la destapo y se quedo paralizado al darse cuenta de que Tess tenia razón. Estaba blanco como el papel—. ¡Oh, Dios mio! —exclamo. —¡Llama... a una ambulancia! —grito Tess. Thomas cogió el teléfono de la habitación; cuando estaba marcando el número del hospital llego Beryl corriendo y al ver la situación fue a buscar unas toallas. Después de llamar a la ambulancia, Thomas llamo al doctor Boswick y le dijo: —Creo que algo anda mal. Tiene muchos dolores y sangra muchísimo. Ya he llamado a una ambulancia. —Se ha debido romper la placenta —contesto el doctor—. Cuando la he examinado esta mañana le he dicho que podía ocurrir en cualquier momento. El niño esta a punto de nacer, pero hay riesgo de que ambos mueran —añadió. A Thomas se le paralizo el corazón—.¿Ha hecho algún tipo de ejercicio hoy? —No —contesto Thomas apretando con fuerza el auricular. —Gracias a Dios. Supongo que no habrá corrido ningún riesgo. Ya sabe que esta en un estado muy delicado. Estaré en la zona de urgencias cuando ella llegue al hospital, tendré preparadas las transfusiones —y procedió a explicarle a Thomas lo que tenia que hacer para controlar la hemorragia—... y dígale a los enfermeros que no pierdan ni un segundo. Thomas colgó y empezó a dar ordenes a Beryl, después miro a Tess angustiado. —Algo andaba mal desde hace tiempo, ¿verdad? No dejaste de trabajar por culpa de las nauseas —gruñó atormentado. Tess apretó los dientes para no gritar de dolor. —Deseabas... tanto... al niño —jadeo—. Solo quería... evitarte la preocupación — musito—. ¡No ha sido culpa tuya! —No, pero durante todo este tiempo he estado haciéndote la vida imposible.... ¡Oh, Dios, Tess..,! —se le quebró la voz. Acaricio el rostro de Tess con dedos temblorosos. Tess grito al sentir una punzada. —,¿donde rayos esta la ambulancia? —maldijo Thomas. En ese momento, se oyó la sirena de la ambulancia. —Aguanta un poco, pequeña —le dijo mientras indicaba por señas a Beryl que se quedara con ella. Salió de la habitación tan confundido que no podía ni hablar. Tess apenas se daba cuenta de que iba en la ambulancia; Thomas iba a su lado, aterrado, mientras los enfermeros la vigilaban y hacían todo lo posible para cortar la hemorragia. El doctor Boswick los estaba esperando cuando llegaron al hospital. —Ella es lo primero —le dijo Thomas—. Pase lo que pase, ella es lo primero, ¿me entiende? —Haremos lo que podamos —le aseguro el doctor antes de entrar al quirófano. Minutos después, nació el bebe. Tess tenia unos dolores horribles. Estaba intentando relajarse para dominarlos cuando Thomas le susurro al oído: —Es un niño. ¿Me oyes, corazón? Tenemos un hijo. En cuanto comprendió las palabras de Thomas, dijo con un hilo de voz: —John Richard. Era el nombre que habían elegido para el niño, en una de esas raras ocasiones en los que Thomas había llegado temprano del trabajo y habían podido conversar. —John Richard —repitió Thomas—. ¿Como te encuentras, querida? No podía ser Thomas el que acababa de hablarle en ese tono. Debía estar delirando. —Me duele —dijo débilmente. —Van a inyectarte un calmante. Tess, es precioso —añadió emocionado—. Precioso. Tess abrió los ojos lentamente. —Te amo. Pase lo que pase... recuérdalo siempre. Thomas la miro con los ojos llenos de lágrimas. Tess le veía entre sombras, pero le oyó respirar con dificultad. —Vas a ponerte bien —le dijo Thomas—. Me lo han dicho los médicos. ¡No hables así! —Cuídalo —contesto Tess y cerro los ojos—. Lo deseabas... tanto. —¡Te quiero a ti! —musito Thomas—. ¡Escúchame, niña tonta, te he mentido! ¡Te he estado mintiendo! ¡No quería casarme contigo porque no podía darte un hijo! ¡Te deje marchar por tu bien! ¡Tess, te quiero a ti! ¡A ti! ¡Dios, si he estado a punto de volverme loco cuando el doctor Boswick me ha explicado los riesgos que has corrido durante el embarazo. Abre los ojos, Tess. ¡Abre los ojos! Parecía tan desesperado que Tess se obligó a abrir los ojos: Thomas estaba muy pálido. —¡No te mueras! —le dijo Thomas con los dientes apretados—. ¡No te atrevas! Tienes que vivir para ayudarme a educar a nuestro hijo. ¡No puedo vivir sin ti! No puedo. Escuchame... no puedo vivir sin ti! —Ya tienes... el hijo... que tanto deseabas —murmuro Tess. —No. Pero Tess no parecía comprender las palabras de Thomas. —Si. Dijiste... Thomas se dio cuenta de que no lo entendía. ¡Pero tenia que conseguir que lo hiciera! Necesitaba que Tess supiera que la amaba. —Mírame, Tess. Mírame. ¡Mírame! —Tess volvió lentamente la cabeza—. Te amo — grito; los ojos le brillaban con fuerza—. ¡Te amo! Tess quería decirle que nunca había oído nada tan hermoso, pero antes de que pudiera abrir la boca, se le cerraron los ojos y se quedo dormida.
Once FINAL
Thomas permaneció toda la noche a su lado, sin dormir. No quiso dejarla sola ni siquiera para ir a ver a su hijo. Tess estaba pálida y gemía a pesar de los sedantes que le habían administrado. Al verla sufrir, Thomas sufría tanto como ella. Le mataba saber lo que Tess había tenido que soportar en silencio para evitarle una terrible preocupación durante todos aquellos meses. La había acusado de traicionarle cuando solo lo estaba protegiendo. Lo había amado mas que a su propia vida y el le había fallado. Thomas le había dicho cosas terribles. Era posible que nunca le perdonara, pero tenia que vivir. ¡Tenía que vivir! La luz del sol se filtraba en la habitación del hospital cuando Tess volvió a abrir los ojos. Todavía estaba débil por el dolor. Abrió los ojos y murmuro: —¿Thomas? ¿Mi hijo...? Thomas tenia un aspecto terrible. —¿Quieres que te lo traigan ahora? —le pregunto con ternura y se incline hacia ella—. Te lo traerán en cuanto quieras. —Quiero verlo ahora. Thomas apretó un timbre y le pidió a la enfermera que les llevara al bebe. La alegre enfermera entro sonriente minutos después con un bultito en brazos. —Aquí lo tiene, señora Kaulitz. Me alegro de que se haya despertado. Nos ha tenido muy preocupados. Mire lo que le traigo aquí —y le dejo al niño a su lado. Tess lo miro y le pareció estar viendo a Thomas. —Se parece a mi esposo —murmuro—. ¡Oh, se parece a ti, Thomas! Thomas se inclino a su lado y acaricio con ternura la cabecita del niño. —Tiene tus ojos —la corrigió Thomas emocionado. —Voy a traerle el biberón... —dijo la enfermera, pero Tess la interrumpió. —No. Por favor. Prefiero amamantarlo. El doctor Boswick me dijo... —Esta bien —sonrió la enfermera—. Pero de todas formas le traeré un biberón. Esta usted muy débil, ha perdido mucha sangre y es posible que todavía no tenga suficiente leche para satisfacerlo. Cuando salió la enfermera, Tess se sentó en la cama y cogió al pequeño en brazos. —Ayúdame, por favor —le dijo a Thomas. Thomas le desato los cordones de la bata y le ayudo a quitársela. Tess acerco al bebe a su seno y le puso el pezón en la boquita. El niño empezó inmediatamente a succionar y se aferró con fuerza al seno. Tess contuvo el aliento y después se echo a reír. Miro a Thomas, que la observaba atentamente. Tess nunca le había visto tan emocionado. —Dios mío —le dijo con voz temblorosa—. No me lo imaginaba así —se acerco a ella con la mirada clavada en su hijo; volvió a acariciarle la cabecita antes de mirar a Tess— . ¿Te duele? —No —contesto ella—. Es una sensación extraña, pero no me duele. Lo que si me duele un poco es la cicatriz. —Pueden darte un calmante cuando termines de dar de comer a John Richard. —No has ido a trabajar —le dijo ceñuda. —No podía dejarte sola, cariño —contesto tranquilo—. Parecías querer morirte —le acaricio la boca con el pulgar—. Creía que ya no querías vivir. —No me acuerdo. —A lo mejor ha sido la anestesia, pero no quería dejarte sola —se incline y la beso—. Lo eres todo para mi —le dijo con la voz ronca por la emoción—. Ahora no puedo perderte. Tess, convencida de que las palabras de Thomas respondían a la emoción de su reciente paternidad, se limito a sonreirle. En cualquier caso, era evidente que Thomas adoraba a su hijo, y como no había otra mujer en su vida, era probable que hubiera decidido que podían continuar casados. Decidió darle otra oportunidad, era posible que algún día aprendiera a amarla. Una semana después, dieron a Tess de alta. Helen y Kit fueron a verla a casa para conocer al bebe.
Thomas siempre estaba cerca de ella aunque volvió a trabajar en exceso. Tess sabia que le irritaba que no le quisiera escuchar cuando intentaba hablar con ella, pero no podía evitarlo. No quería que le hiciera confesiones de amor. Thomas se había sentido muy mal cuando se había enterado de que su embarazo había sido de alto riesgo y, para él, el parto había sido una pesadilla. Desde que les habían dado de alta a Tess y al niño parecía el hombre mas feliz del mundo, pero la joven no quería oír falsas promesas. No quería hablar con el hasta que se olvidara de las tensiones pasadas. Tess se dedicaba por entero a su hijo, lo adoraba, lo mimaba, pasaba a su lado cada momento libre. El niño era su vida. También estaba Thomas, pero toda la atención que Tess prestaba al niño se la negaba a el. Thomas se sentía solo, rechazado y su humor empezó a empeorar. Claro, el adoraba a su hijo, pero no conseguía hacer que Tess advirtiera que también la necesitaba a ella. Estaba encerrada en su propio mundo, en el que solo el niño tenia cabida. Un sábado por la tarde, Tess estaba dando de mamar a John cuando llego Thomas. Había estado trabajando todo el día y parecía estar de muy mal humor. Se detuvo en la puerta de la habitación al ver a Tess en la mecedora. —Tengo que hablar contigo —le dijo. —Estoy a punto de terminar —contesto Tess. Thomas se sentó en el borde de la cama y observo atentamente a su hijo. El orgullo suavizo su expresión y sonrió: —Nunca me cansare de veros —dijo con calma—. Tienes una expresión maravillosa cuando das de mamar al niño. —¿Has visto cuanto ha crecido? —le pregunto con timidez. —Tess, hasta cuando vas a seguir dándole de mamar? Tess le miro sorprendida y se retiró con aire distraído un mechón de pelo de la cara. —Todavía no he pensado en eso. ¿Te importa mucho? Thomas dudo antes de decir: —Seguirá atado a ti mientras continúes amamantándolo. No puedes estar lejos de el mas de dos horas seguidas. —¿Quieres que me vaya? —pregunto Tess abriendo los ojos de par en par—. Por eso quieres que deje de darle de mamar? Para poder contratar a una niñera...? —¡Dios, no! —contesto espantado. Se acerco a la ventana y observo con el ceño fruncido el paisaje otoñal. —Supongo que te he dado razones de sobra para pensar que solo quiero al niño, no a ti. Pero no soy capaz de arrebatarte a tu hijo. No soy un monstruo, Tess. —Lo se —contesto con timidez. El bebe termino de comer y se quedo dormido. Tess lo arropo en su cunita y salió de la habitación sin hacer ruido. Thomas la siguió. —No huyas —le dijo—. Has evitado mi presencia desde el día que volvimos del hospital. —Voy al porche —contesto. —Hace frío. —No, no hace frío. Le pediré a Beryl que vigile a John. —Esta bien —cedió Thomas; espero a que Tess hablara con Beryl y después la siguió hasta el porche y se sentó a su lado. —¿Has tenido mucho trabajo?—pregunto Tess con indiferencia. —He comprado unos caballos —contesto Thomas encendiendo un cigarrillo—. He estado viendo como los domaban. Tess —la miro a los ojos, y dijo—: He estado intentando hablar contigo para disculparme. Te dije cosas muy crueles antes de que naciera el niño. Cosas de las que ahora me arrepiento.
—Tu no sabias que mi embarazo era de alto riesgo —contesto Tess—. Solo quería evitarte preocupaciones. Nunca te había visto tan emocionado. No quería echar a perder esa alegría. —¿Y tu? —gimió y cerro los ojos—. ¡Tontita! Estabas muy asustada y yo me quejaba porque estabas todo el día sentada —se quito el sombrero y se paso una mano por el pelo—. No soporto pensar lo mal que te trate. Solo te he dado problemas, Tess. —Eso no es verdad —Tess miro con cariño a Thomas—. Me has dado a John. —No se me ocurrió tomar precauciones porque pensaba que no lo necesitaba. Si hubiera sabido el riesgo... —Pero no lo sabias. Ni yo, aunque me hubiera arriesgado en cualquier caso, Thomas —dijo con convicción—. No me arrepiento de nada. —No solo quería al niño —la miro a los ojos—, sino también a ti. Te necesitaba, así que... me habría casado contigo aunque no hubieras estado embarazada. No soportaba vivir sin ti. Alejarte de mi lado fue el peor error de mi vida —su expresión reflejaba tanta vulnerabilidad que la enterneció—. Aquella noche... no había sabido lo que era el amor hasta esa noche. Tenia miedo, me aterraba haberme equivocado y que ese amor fuera pasajero. Pero no ha sido así. Dios mío, Tess. Nunca dejare de amarte. Tess se aparto un poco y desvió la mirada. No podía creerle. No se atrevía. —No hace falta que finjas —le dijo con ternura—. Esta bien. Amas a John y quizá estas encariñado conmigo. Eso es suficiente. Thomas apago su cigarrillo y se puso de pie. La miro. —No —le dijo—. No es suficiente. Tu quieres que yo te ame. —Si que esto es muy difícil para ti... —contesto Tess mirando a lo lejos. Thomas la agarro por los hombros y la obligo a levantarse. —Mi madre me destrozo, Tess. Jane acabo con mi orgullo. Cuando tu llegaste a mi vida, yo estaba destrozado. Te tenia miedo, ¿no lo sabias? —Supongo que una parte de mi lo sabia —lo miro a los ojos—. Trate de hacerte comprender que nunca te haría daño, pero no confiaste en mi. —No podía —deslizo los manos por los brazos de Thomas y entrelazo los dedos en los de ella—. Te dije que no sabia amar, que no sabia lo que era la ternura —se acerco a ella— . Tuve que aprender muchas cosas. Y las aprendí contigo, Tess. —Estas orgulloso de John —murmuro ella bajando la mirada—, y te sientes responsable de los problemas que tuve para dar a luz, pero no es necesario que me digas estas cosas. Thomas la cogió por la barbilla y la obligó a mirarle. —Te amo —le dijo—. De que manera y cuantas veces te lo tengo que decir para que me creas? Tess se encogió de hombros y contesto: —Es posible que sientas muchas cosas, Thomas, pero estoy segura de que no es amor. —Te amo y lo sabes, pequeña cobarde —le sonrió y dio un dulce beso en la boca—. Pero creo que ya es hora de demostrártelo. La beso con pasión y Tess, casi a pesar de su voluntad, correspondió a aquel beso. Thomas contuvo el aliento y gimió cuando vio que Tess le abrazaba y se entregaba sin reservas. Le entreabrió los labios con la lengua y la abrazo con fuerza. Thomas deslizo la mano hasta la cadera de Tess y la estrecho contra el para que comprobara la fuerza de su excitación. —Te deseo —gruño Thomas—. ¿Puedes hacer el amor? —Si —musito. —¿A donde rayos podemos ir? —gruño el buscando con la mirada un lugar—. Beryl esta arriba con el niño.
Tess miro hacia el granero, pero Thomas movió la cabeza. —No. Esta sucio. —Pero si lo hacen en las películas —se quejo Tess. —Pero esto no es una película, Tess —murmuro Thomas frotando su rostro contra los senos henchidos de Tess, después la volvió a besar en la boca—. Y lo que siento ahora no es solo un deseo que necesite saciar. Te amo, quiero hacer el amor contigo, ser parte de ti. —Yo también —contesto. Thomas la abrazo con mas fuerza sin dejar de besarla con sensualidad. —Tess —musito contra su boca—, Tess, te amo... De pronto se abrió la puerta de la casa y se separaron. Apareció Beryl. —John esta durmiendo como un lirón. ¿Les importa que vaya a ver a la señora Jewell? Solo tardare una hora... A Tess le entraron ganas de besarla. Posiblemente Beryl sabia que querían estar solos. —No te preocupes, ve —le contesto Tess. —Oh, gracias —contesto Beryl. Tanto Thomas como Tess esperaron a que el coche de Beryl desapareciera por el camino para ir corriendo a su habitación. Thomas la cogió en brazos, la dejo en la cama, y se tumbo a su lado. —No hagas ruido —le dijo—. No quiero que despertemos al niño —la besó en la boca—. Dios bendiga a Beryl. —La puerta... —gimió Tess. —Ya esta cerrada. ¡Tess, ha pasado tanto tiempo! La beso con ardor, se separo de ella y empezó a desnudarse. Tess no podía dejar de mirarle. Incluso con las cicatrices, Thomas era un hombre increíblemente atractivo. Se lo dijo a Thomas, este sonrió, se tumbo a su lado y la desnudo entre besos y susurros. Tess estaba un poco avergonzada por su cicatriz, pero Thomas la beso y le dijo que era como una cicatriz ganada en una batalla, que tenia un valor excepcional. Tess se tranquilizo, le sonrió y le beso. Thomas la trataba con una ternura de la que Tess nunca le habría creído capaz. Entre besos y caricias eróticas le dijo que la amaba, que la necesitaba, que ella era lo mas importante de su vida. La magia que habían compartido una noche en el apartamento de Thomas todavía estaba presente. Tess le rodeo el cuello con los brazos y se estrecho contra el pero Thomas la detuvo. —Espera —saco unos preservativos de debajo de la almohada. Se puso uno mientras ella lo miraba con timidez—. No habrá mas hijos por el momento. No quiero que te arriesgues otra vez. —Pero si estoy bien —contesto Tess—. Ha sido un embarazo bastante raro. No creo que tenga otro igual. —Ya hablaremos de eso en otra ocasión, ahora te encuentras débil y vulnerable y debo cuidarte mucho, señora Kaulitz —murmuro contra su boca—. Te quiero demasiado, no pienso dejar que vuelvas a arriesgarte —se puso encima de ella y se unió a Tess con una ternura y lentitud exquisitas. Al principio, Tess se sintió un poco incomoda y Thomas se detuvo. —Es como si fueras virgen —le susurro intentando controlarse—. Tranquila, tranquila... así... —suspiro y siguió adentrándose en el cuerpo de Tess, que gimió al sentirlo completamente dentro. —Oh, Thomas —jadeo—hace casi un año... —Lo se —contesto el y comenzó a moverse a un ritmo creciente.
Hicieron el amor con tanta pasión como la noche que habían engendrado a su hijo. Thomas la amo hasta dejarla sin aliento, la acaricio hasta hacerla gritar de placer y juntos alcanzaron un nuevo mundo de sensaciones en el que lo único importante era su amor. Tess nunca había sentido tanto placer. Permaneció inmóvil debajo de Thomas, sintiéndolo respirar contra sus senos. —Me amas —le dijo el—. Lo habría sabido al mirarte ahora a los ojos si no me lo hubieras dicho veinte veces mientras hacíamos el amor. —Tu también lo has dicho varias veces —jadeo Tess. Thomas la beso con ternura. —¿Ahora me crees? Tess le miro y contesto casi sin aliento: —Oh, si. Thomas acerco su cara a la de ella y volvió a besarla con ternura. —Me encantaría demostrártelo una y otra y otra vez, pero me parece que se avecina una tormenta. —¿Una que? En ese momento el bebe estallo en llanto furioso. —¿Otra vez tienes hambre? —pregunto Tess, se levanto y se acerco a la cuna del pequeño—. ¿O estas mojado? —inmediatamente le cambio el panal, y en eso estaba cuando sonó el teléfono. Dane contesto. —No —dijo el—, no voy a ir hoy. ¿Por que? —frunció el ceno, luego soltó una carcajada—.Hablas en serio? ¿Cuando? ¿Se pondrá bien? —movió la cabeza—. Dios, claro que se lo diré a Tess. Se va a morir de risa. Dile que iremos a verla esta noche, y por Dios, confiscadle el arma antes de que lo vuelva a hacer! —¿Que ha pasado? —pregunto Tess cuando Thomas colgó. —Nunca te lo imaginarias —Thomas se levanto y se puso los pantalones sin dejar de reír—. ¿Recuerdas que Helen siempre se quejaba de que era la única de la oficina a la que nunca le habían herido de bala? —Si. —Bueno, pues esta tarde ha cogido mal la pistola y se le ha disparado. Tiene una herida en el pie. —¡Oh, pobre Helen! —exclamo Tess condolida, pero no pudo contener las carcajadas— . Lo siento, esto no tiene gracia ¿Se pondrá bien? —Ha sido una herida superficial, pero la dejaran esta noche en el hospital, por si acaso, así que he dicho a Nick que iremos a visitarla. —Le llevare flores —dijo Tess y sonrió—. Y una medalla, si podemos conseguirla. Thomas se acerco a ella y la miro con cariño. —John se parece mucho a ti —dijo ella. —Se parece a los dos —la corrigió Thomas abrazándolos a los dos—. ¿Te sientes feliz? —No sabia que podía serlo tanto —le beso—. No sientes haber tenido que casarte conmigo? —le pregunto preocupada. —No he tenido que casarme contigo —la corrigió con ternura—. Solo estaba buscando un pretexto para hacerlo, ,¿o crees que fue casualidad que te encontrara ese día en el restaurante en el que estabas almorzando con Kit? —¡La seguiste! —dijo ella riendo—. Kit lo sospechaba. —Si, la seguí. Me había pasado la mañana pensando en que iba a hacer, Tess. Quería pedirte que te casaras conmigo —le confeso—. Que vivieras conmigo aunque no pudiéramos tener hijos. —¡Oh, Thomas! —dijo Tess. —Pero todo salió mal —murmuro—. Me interrumpieron demasiado pronto. —Yo iba a decirte que estaba embarazada, pero cuando se acerco ese hombre a saludarte, perdí el valor. —Todo este tiempo perdido —gimió el—. Ya tenias problemas entonces. No era la ulcera, era el niño. —Si. Pero cuando me cogiste de la mano, deje de sentir dolor. —Te he hecho pasar muy malos momentos. Lo siento. No sabes cuanto. —Te amaba y, en el fondo estaba convencida de que si no te presionaba, aprenderías a amarme. No quería preocuparte, si no te habría contado lo del niño en cuanto lo supe. No comprendía cuanto deseabas tener un hijo. —No un hijo, sino a nuestro hijo —se incline, la beso en la frente y después la miro—. No sabes cuanto te eche de menos cuanto te fuiste de mi apartamento, o cuanto miedo pase cuando te seguían esos narcotraficantes. Durante mucho tiempo no me había atrevido a pensar en el matrimonio y de repente, decidiste que debía enseñarte a hacer el amor —gimió—. No sabes como me sentí. Habría hecho cualquier cosa por tenerte, excepto sacrificar tu necesidad de tener hijos. Y, sin embargo, tu estabas dispuesta a sacrificarte hasta ese punto por mi —la beso con ternura—. Me gusta aprender contigo lo que es el amor. Y debo ser buen aprendiz porque has gritado mucho cuando estábamos en la cama —Tess se ruborizo haciéndole reír—. El niño era la mejor excusa del mundo para casarme contigo y traerte a casa sin tener que decirte que te amaba desesperadamente. Pero cuando huiste, pensé que habías dejado de amarme. —Tonto —contesto—. El amor no desaparece tan fácilmente. —Eso parece. Has tenido un embarazo muy difícil, pero cuando decidamos tener otro hijo, no me apartare de tu lado. —La primera noche que hicimos el amor te necesitaba tanto... Te amaba, y pensaba que si te ofrecía todo lo que tenia sin pedirte nada a cambio aprenderías a confiar en mi, que hasta podrías llegar a quererme. —Te amaba —contesto abrazando a Tess y a su hijo—. Dios que difícil ha sido todo. Espero que a partir de ahora todo vaya bien. —Te quiero tanto, Thomas. Te amare hasta la muerte —al ver que Thomas se ruborizaba, le pregunto—. ¿Quieres que te lo demuestre? —¿Hablas en serio? —pregunto en tono extraño—. Ven aquí. Pero antes de poder hacer nada, su hijo empezó a buscar el seno de Tess para seguir comiendo. Tess se echo a reír cuando el bebe encontró su pecho y succiono con fuerza. —Creo que mi hijo tiene prioridad —musito reprimiendo el deseo—. Pero tenemos toda la noche para nosotros. —Si. Te quiero —le murmuro Tess. —Yo también te amo, pequeña. —Cuando John ya vaya a la escuela, te parecerá bien que vuelva a trabajar? —¿Para Short? —pregunto el. —Para ti —le corrigió. —Bueno, supongo que todo quedara en la familia. —Pero en cuanto a John le valga el impermeable de detective me retirare. Thomas la abrazo y acaricio con cariño la cabecita de su hijo. Dudo un poco, pero Tess parecía decidida; bueno, si el le enseñaba a Tess el oficio y supervisaba los casos que le diera, podría mantenerla a salvo. Y él mismo tiempo no le importaba tenerla a su lado todo el día. Sonrió. —Esta bien. ¿Contenta? —¡Claro! Tess se apoyo en el pecho de Thomas y le dirigió una sonrisa de complicidad al pequeño. ¡Nunca había sido tan feliz!
FIN
HOLA .. BUENO ESTOS SON LOS CAPITULOS FINALES .. GRACIAS POR HABER LEIDO .. HASTA LA PROXIMA.
AUTORA: DIANA PALMER
TOM KAULITZ: RICHARD DANE LASSISTER
😉
martes, 20 de septiembre de 2016
Ocho
El señor Short contrato a Tess encantado. Además le ofreció un puesto de detective, lo que alegro muchísimo a la joven. La agenda de Short era muy parecida a la de Thomas aunque como jefe era menos severo. —jOh, no me lo esperaba! —exclamo la chica encantada. —Nunca olvidare cuanto te quejabas de ser solo una secretaria en la Agencia Kaulitz —río Short—No será un trabajo peligroso y exigente como el de los demás, pero saciara tu sed de emociones. Ya lo veras —¡Nunca podré agradecérselo lo suficiente! —Oh, claro que puedes. Trabaja duro y haz que me sienta orgulloso de ti —se puso de pie y le estrecho la mano—. Si puedes quedarte desde hoy, Mary puede explicarte en que consistirá tu trabajo y puedes empezar a ambientarte. Ella se va el próximo lunes, así que tienes una semana para familiarizarte con tu primer caso. —Perfecto —sonrió—. Me va a gustar, lo se. Y trabajare muy duro. —Lo que me intriga es por que Thomas te ha dejado marcharte —dijo Short con una sonrisa de curiosidad—. Sois casi familiares. —Ha sido por lo de los narcotraficantes —mintió—. La oficina me traía recuerdos horribles. Hasta me daba miedo entrar. —Lo entiendo. Bueno, haremos lo posible por que no te suceda lo mismo aquí. __.Gracias —murmuro Tess.
Plummer era una rubia alegre, de unos treinta años.__Te encantara esto —le dijo mientras le enseñaba Tess su equipo de trabajo—. Te daré los nombres de todos mis contactos. Puedes recurrir a ellos siempre que lo necesites. — le enseño un directorio—, es el libro mas importante. Toma, ahora es tuyo. Cuídalo mucho y el te cuidara a ti. —Eres un encanto. —Eso es lo que dice mi prometido. Nos casamos el sábado, y el próximo lunes espero estar disfrutando de las Bahamas. Es muy rico —suspiro—, pero yo lo querría igual aunque fuera un indigente. Tess entendía perfectamente a Mary. No pasaba un solo día en el que no deseara que Thomas fuera a buscarla, pero sabia que nunca lo haría. Era consciente de que Thomas estaba convencido de que solo había sido un capricho para ella y de que deseaba cosas que el nunca podría darle. Ella estaba segura de que la amaba, pero los días pasaban sin tener ninguna noticia de el. —Estas pálida —observo Mary—, ¿estas segura de que ya te has curado ese virus? —Claro —replico Tess. Pero las semanas pasaban y ella no mejoraba, al contrario, sus dolencias estomacales empeoraron hasta hacerla pensar que lo que tenia era una ulcera. Y no era sorprendente después de todo lo que había tenido que pasar. Se acostumbro pronto a su nuevo trabajo y decidió olvidarse de su enfermedad. Un mes después de dejar la Agencia Kaulitz, Helen insistió en que comieran juntas. Lo había intentado otras veces, pero no había conseguido convencer a Tess. —Tienes muy mal aspecto —le dijo Helen sin preámbulos cuando se sentaron en el restaurante. —Serán los nervios. El señor Short es un buen jefe pero este trabajo es completamente nuevo para mí —Supongo que si —Helen no parecía muy convencida. Miro a Tess, entrecerrando los ojos y añadió-. Thomas esta... —¿Quieres helado de postre? —pregunto inmediatamente Tess. Helen entendió el mensaje y sonrió. —Esta bien. Tema prohibido. Si quiero helado. Tess disfruto del almuerzo, pero no de los recuerdos que Helen despertaba. No había podido dejar de pensar en Thomas desde que había vuelto a verla. Aquella noche, cuando llego a su apartamento estuvo llorando hasta quedarse dormida. Anhelaba tanto la presencia de Thomas que hasta oír su nombre le aceleraba el corazón. Se había dicho que podía vivir sin el, pero le estaba resultando imposible. No podía seguir así. ¡No podía soportarlo! A la mañana siguiente, se disponía a salir del apartamento cuando se desmayo. Cuando recobro el conocimiento decidió que tenia que ir al medico. Habían pasado seis semanas desde que había dejado el apartamento de Thomas y un mes desde que ese virus extraño la había atacado. Tenia todos los síntomas del cáncer, se dijo, y era una estupidez no ir al medico. Tenia que ser valiente. El miedo a morir no era un pretexto valido para esconder la cabeza en la arena. Siempre era mejor saber la verdad. Aquella misma mañana fue al medico y llamo a la oficina para decir que llegaría tarde. Fue una revisión de rutina hasta que le contó al doctor Reiner sus síntomas. Este la miro fijamente y le dijo: —Voy a preguntarle algo que quizá no le guste. ¿Ha tenido relaciones intimas con algún hombre últimamente? —Si. Una vez. Bueno, una noche... __Eso es —dijo el doctor.
—Pero el es... estéril —tartamudeo—. Decía... que no podía engendrar hijos. __.¿Cuando ha tenido su ultimo periodo? —preguntó el doctor arqueando una ceja. Tess trato de recordar. Y le dio la fecha aproximada del ultimo periodo que recordaba. .—Vamos a hacerle algunos análisis —le dijo—. Lo siento, señorita Meriwether, pero creo que esta embarazada. Eso indican todos sus síntomas —Tess toco maravillada su vientre—. No es el fin del mundo __añadió el doctor—. Hay una clínica que... —¡No! —grito posando la mano en su vientre—. ¡No, eso nunca! —¿Entonces quiere tenerlo? —Con todo mi corazón —murmuro—. ¡Es lo que mas deseo en el mundo! —¿Y el padre? —Me temo que no se lo va a creer —contesto con tristeza—. De cualquier manera, no cree en el matrimonio, así que no voy a molestarle. Cuando este segura... decidiré lo que tengo que hacer. —Muy bien. Llamare a la enfermera para que le haga un análisis —palmeo el hombro de Tess—. No se preocupe. Pero Tess no pudo dejar de preocuparse. Pensar en ser responsable de un diminuto ser humano era tan aterrador como estar enferma sin remedio. Se dijo que superaría aquella sensación, que las mujeres habían tenido hijos desde hacia miles de años y que posiblemente no era la primera mujer que se asustaba ante la perspectiva de ser madre. Le hicieron las pruebas y se marcho. Aquella noche Tess fue incapaz de conciliar el sueño. Cuando al día siguiente llego a la oficina, no le contó a nadie las sospechas del medico. Pero cuando contesto al teléfono de la agencia y oyó la voz tranquila de la enfermera, diciéndole que si, que estaba embarazada, estuvo punto de desmayarse. Se despidió de ella y colgó teléfono. —Te has puesto blanca —le dijo preocupada compañera—. Tess, ¿te encuentras bien? —Si —asintió. —¿Quieres un poco de café? —No. Si. No lo se. Gracias. —¿Que te han dicho? —pregunto Delcy sonriendo—. ¿Te ha hecho alguna propuesta interesante tu novio? —Lo siento —Tess trato de recobrar la calma— No, era el medico. Llamaba para decirme que no es nada grave lo que tengo. —¡Menos mal! Nos tenias preocupados. —Yo también estaba preocupada —confeso. Apoyo la espalda en el respaldo de la silla y se llevo una mano al vientre. Allí llevaba al hijo de Thomas, y posiblemente el no creería que era suyo. Tess trabajo como un autómata durante el resto del día. Estaba hablando con su jefe de un asunto de trabajo cuando este menciono a Thomas. Al oír su nombre, Tess palideció. —Todavía no has superado el trauma —le dijo el señor Short—. Es lógico, no todo el mundo se ha sentido alguna vez amenazado de muerte. Pero tienes que superarlo, de acuerdo? —De acuerdo. Short se incline sobre su escritorio y la miro pensativo. —Por lo general, no mezclo los negocios con el placer, pero, te gustaría cenarconmigo esta noche? Tess se quedo paralizada. Estaba esperando un hijo de Thomas y ya no podía soportar la idea de salir con otro hombre. __Muchas gracias —contesto—, pero no puedo. Tengo otro compromiso. __Ah, ya veo —le sonrió—. No te preocupes. El tiempo lo cura todo. Te invitare otro día. Tess asintió, pero esperaba que no lo hiciera. Ya tenía suficientes complicaciones.
Los meses siguieron pasando. Tess vivía prácticamente en la oficina, prácticamente no salía. Su vida se había vuelto muy aburrida. Tess deseaba llamar a Thomas y contarle lo del bebe, pero el se había cansado de decirle que no quería volver a casarse, que no quería compromisos de ningún tipo. Tess no podía decirle que estaba embarazada porque temía que se sintiera obligado a casarse con ella y no se sentía con derecho a ponerle en tal posición. ¿Y si ni siquiera creía que fuera de el? Le había dicho que era estéril, podía acusarla de haberse acostado con otro hombre. Así que esa le pareció razón más que suficiente para no decirle nada a Thomas. Un día, Tess se levanto con dolores y sangrando un poco; intuyo que podía ser un mal síntoma y llamo al doctor, que inmediatamente la envió al ginecólogo. Tenían que saber con exactitud que pasaba. —¿Por que no puedes salir a comer conmigo? —Kit la llamo ese mismo día—. Acabo de volver de Italia! Tengo problemas con el señor Deverell! ¡Quiero hablar contigo! Tess no quería ir a comer con Kit porque su amiga trabajaba cerca de la Agencia Kaulitz, y el restaurante que Kit había sugerido era el favorito de Thomas. Pero eso no podía decírselo a su amiga. —Podemos comer por aquí... —No entiendo nada —contesto Kit—. Si no fuera por Helen, ni siquiera hubiera sabido como ponerme en contacto contigo. Te has ido hasta el otro extremo de la ciudad. —Era necesario. —No es normal en ti abandonar a los amigos —murmuro Kit—. Tiene que haber algo mas, lo Sé —Mira, ven a mi apartamento esta noche y te lo contare todo. —También puedes contármelo mientras comemos. Tess agarro con fuerza el teléfono. —No puedo ir a ese restaurante. No quiero... encontrarme a Thomas. —Me lo imaginaba. Bueno, entonces podemos ir a un restaurante especializado en pescado que tanto nos gusta, ¿de acuerdo? —Esta bien. —Nos vemos al mediodía. —Perfecto. Cuando llego al restaurante, Tess miro nerviosa a su alrededor aunque la agencia de Thomas quedaba muy lejos de allí. Respiro aliviada al ver a Kit. Cuando estuvo a su lado, Kit frunció el ceño y le pregunto: —Has engordado, ¿verdad? —señalo el jersey y los pantalones dos tallas mas grandes que llevaba Tess para disimular su embarazo. —Un poco —confeso—. Hay un restaurante italiano muy cerca de mi nuevo trabajo. —Si, ya me han dicho que te has convertido en detective —contesto Kit moviendo la cabeza—. Porque has conseguido escapar de la influencia de Thomas; el nunca te habría dejado hacer ese tipo de trabajo. Es irremediablemente protector —como Tess estaba muy tensa, Kit le pregunto en cuanto se sentaron—: Puedes hablarme de lo que te pasa. No dejare de insistir hasta que lo hagas. __Estoy embarazada —confeso Tess de golpe, con voz temblorosa. Kit se quedo atónita. —¿De Thomas? —le pregunto cuando recupero el aliento. —Si. .—Y el no lo sabe —añadió Kit sonriendo compasiva. Tess se lo confirmo con un movimiento de cabeza. —Su matrimonio fracaso —dijo Kit—. Es un hombre bastante arisco. Y no solo eso, sino que perdió el trabajo que tanto le gustaba, perdió a su madre, y ha perdido condiciones físicas. Es natural que no quiera volver a comprometerse, sobre todo con una persona tan vulnerable como tu —le cogió la mano—. Pero se lo vas a decir de todos modos, ¿no? —Se lo diré, pero todavía no. —¿Por que? —He tenido algunos problemas —se confeso después de dudar un poco—. Mañana tengo cita con el ginecólogo. Su enfermera no parecía muy optimista cuando le he contado mis síntomas —miro preocupada a Kit—. Es posible que pierda al niño — añadió nerviosa—. Kit, ¿que voy a hacer? ¡No puedo perderlo ahora! ¡Es todo lo que tengo! —Tranquilízate —le aconsejo Kit y le apretó con cariño la mano—. Todo saldrá bien, Tess: aspira hondo, otra vez... así. Ahora escúchame... tienes que acabar con esto. No te deprimas, eso es peligroso. —Pero que voy a hacer... —se interrumpió de pronto. Palideció al ver que Thomas acababa de entrar en el restaurante. —Thomas —adivino Kit antes de verlo—. ¡El nunca viene aquí! Thomas no solo había entrado, sino que buscaba a alguien con la mirada, y cuando descubrió a Tess se altero visiblemente. Se dirigió directamente hacia su mesa. —No —murmuro Tess—. ¡No puede...! Pero Thomas si pudo. Se detuvo ante su mesa y miró a Tess fijamente. —Hace semanas que no te vemos —dijo en tono cortante—. Pensaba que irías de vez en cuando a saludarnos, o es que ya no te importamos? Esa era una pregunta extraña procediendo de alguien que había admitido que no soportaba verla. —Trabajo en la otra punta de la ciudad —contesto ella intentando no perder el control—. Me resulta difícil ir hasta allí. —Entiendo. Me han dicho que ahora trabajas de detective. —Si. Y me gusta. Thomas busco su mirada y Tess descubrió en sus ojos sombras que no pudo descifrar. No podia saber que Thomas la echaba de menos, que su apartamento le parecía vacío sin ella, que su trabajo no le llenaba, que su vida transcurría vacía, fría. Nunca se había considerado capaz de echar tanto de menos a alguien. Tess le había jurado amor eterno, pero parecía haberle olvidado. Ni siquiera se había tomado la molestia de llamar o ir a la oficina. —El trabajo de detective es peligroso —dijo el. —Si, lo se. Me dispararon, recuerdas? Thomas aspiro hondo y metió las manos en los bolsillos del pantalón. Parecía cansado. —Podías llamarnos de vez en cuando para dar señales de vida. —Lo intentare —replico Tess bajando la mirada—. Supongo que Helen me echa de menos. Thomas apretó los puños. Si, Helen la echaba de menos, pero no tanto como el. Quería decirle a Tess cuanto, pero ella se comportaba como si no le creyera, su actitud era de total indiferencia. «Tess», pensó con amargura, no entendía como podía estar tan tranquila después de lo que habían compartido aquella noche. No leservía de nada recordar que Tess se había marchado por su culpa. Porque no quería compromisos. Pero eso era antes de que hubiera tenido que enfrentarse a la vida sin ella. Odiaba regresar por las noches a su apartamento porque Tess no lo estaba esperando. Odiaba su vida vacía, fría e insatisfactoria. Acaricio con la mirada la cabeza inclinada de Tess y suspiro. El la había alejado de su lado y no podía hacerla volver. No sabia que hacer; habría conseguido matar todo lo que Tess sentía por el? —¿Quieres comer con nosotros, Thomas? —le invito Kit para intentar aliviar la tensión. —No —contesto—. Tengo que volver a la oficina. Tess —¿Si? —Tess levanto la mirada, herida por la falsa ternura de su voz profunda. Thomas observo el rostro pálido de la chica y le pregunto: —¿Te encuentras bien? Pareces... —no estaba seguro de que pareciera enferma. Preocupada—. ¿Estas enferma? Tess se sonrojo y desvió la mirada. —Acabo de pasar una gripe —contesto. Le dolía mirarle; no quería que Thomas viera los sentimientos que se reflejaban en su mirada. Llevaba dentro un hijo suyo y no podía decírselo. Le dolía... De pronto jadeo al sentir una punzada de dolor en el vientre. —¡Tess! —Thomas se arrodillo a su lado, le cogió la mano y la miro con preocupación—. ¡Que tienes, pequeña? —le pregunto—. ¿Te encuentras bien? —Creo que tengo una ulcera, eso es todo —contesto. El contacto de su mano la enloquecía. Le miro a los ojos y sintió que el mundo se detenía, que su corazón se partía en dos. Thomas la miro con expresión atormentada. —Tess —gimió. Tess respiro hondo y trato de dominar el deseo que la consumía. —Estoy bien —musito—. De verdad, Thomas. Thomas, al darse cuenta de que, sin querer, la estaba acariciando, la soltó. Ninguno de los dos parecía acordarse de Kit. —¿Ya has ido al medico? —pregunto Thomas—.No juegues con la salud. —Seguiré tu consejo —prometió Tess y miro a Thomas a los ojos—. ¿Te encuentras bien? Thomas se estremeció al advertir la sincera preocupación que encerraba aquella pregunta. —No —contesto, respirando con dificultad, intentando reprimir la necesidad de pedirle que volviera a su lado—. Creo que te echo de menos —añadió con una sonrisa ligeramente burlona. —Si, y los elefantes vuelan —contesto Tess sonriente. —El trabajo que haces para Short podías hacerlo para mi —murmuro Thomas de mala gana. —Ya tienes suficientes detectives —le recordó Tess, aunque la oferta la entusiasmo. Eso indicaba que era verdad que la echaba de menos. —Despediré a uno —le ofreció Thomas haciéndola reír. —No. Me gusta trabajar con el señor Short, Thomas —contesto—. Creo que no podría trabajar contigo. —Podemos darnos una oportunidad —repuso Thomas, mirándola con una enigmática expresión. —¿Hablas del trabajo? —pregunto Tess. Thomas estuvo a punto de decirle que no, que hablaba de su vida en común. Quiso pedirle que hiciera las maletas y se fuera a vivir con el, que durmiera con el. Nada era peor que vivir sin ella, y si a Tess le importaba lo suficiente, hasta podían tener un matrimonio estable aunque les estuvieran negados los hijos. Dios era testigo de que la amaba. Ella lo había amado una vez; quizás todavía estaban a tiempo... Tess rió para intentar disimular sus sentimientos. —No quiero volver, pero gracias de todos modos__contesto Tess. No quería que supiera que todavía lo amaba irremediablemente. No quería su compasión—. soy feliz, Thomas. Me gusta lo que hago y el señor Short hasta me invita a salir. ¿Quien sabe adonde podemos llegar? —Short tiene mas de cuarenta años —contesto Thomas apretando los dientes—. ;Es demasiado viejo para hacer de galán...! —¿Ya habéis terminado? —les interrumpió Kit—. ¡Tess, tengo que irme! —Si, yo también, no quiero que se me haga tarde —contesto Tess mirando a Thomas, que les estaba bloqueando el paso. Thomas se levanto lentamente temblando de rabia. ¡Short con su Tess! No podía creerlo. Tess se levanto y cogió su bolso mientras Kit dejaba la propina en la mesa. —Me alegro de haberte visto —le dijo a Thomas. Thomas no contesto. La miro furioso. —Has engordado, ¿verdad? —le pregunto de pronto. —Un poco —desvió la mirada—. Tengo que adelgazar. —No, no. Estas mejor —contesto Thomas. Tess se mordió el labio inferior. Quería contarle todo, necesitaba hacerlo. Pero no sabia como iba a reaccionar Thomas; en su estado no se atrevía a someterse a excesivas tensiones. Sinembargo, Thomas tenia derecho a saberlo. Abrió la boca para empezar a contárselo, pero en ese momento se acerco a ellos un hombre tendiéndoles la mano. —¡Thomas Kaulitz! ¡Estaba seguro de que eras tu! —exclamo contento. Mientras Thomas lo saludaba, Kit y Tess salieron del restaurante. Tess agradeció al destinó aquella oportunidad de escapar. Había estado a punto de decírselo todo. Pero no podía hacerlo hasta que no viera al ginecólogo. Tomaría una decisión cuando hablara con el medico. —Estoy segura de que me ha seguido —le dijo Kit mientras se dirigían hacia el aparcamiento—. Por algo es detective privado. Te echa de menos, Tess. —Pero amar es algo muy diferente —suspiro Tess. —Creo que le importas, aunque solo sea un poco. Después de todo, se necesitan dos para estar como estas ahora. —Yo lo seduje —contesto Tess ruborizándose—. Creía que podía convencerle de cuanto le amaba y de que el podría volver a creer en el matrimonio. Pero no funciono. Me alejo de su vida en cuanto pudo. —Pues ahora parece echarte de menos. —Eso no es suficiente —Tess se encogió de hombros—. No puedo volver a trabajar con el. Sobre todo ahora. Thomas no es tonto y tarde o temprano se dará cuenta de que estoy embarazada. —Perdóname, pero ya es evidente y no tardara en averiguarlo —dijo Kit. —Lo se, pero ya me preocupare cuando lo averigüe. Ni una palabra de esto a Helen —la previno Tess. —Ni una palabra a nadie. Ya me conoces —Kit frunció el ceño—. Tess, haría cualquier cosa para ayudarte, sabes que puedes confiar en mi. —Lo se. Eres mi única amiga. —Tu también eres mi única amiga. No dejes de llamarme de vez en cuando. Ah, y no se te olvide contarme lo que te diga el doctor. —Lo haré —Tess se dirigió hacia su coche pensando en su encuentro con Thomas.
Nueve
Tess llego media hora antes a su cita con el ginecólogo, el doctor Boswick. Aquella noche no había podido dormir bien, estaba preocupada por el dolor que había sentido en el restaurante. Thomas estaba entonces a su lado cogiendole la mano y el dolor había cedido mas rápidamente que de costumbre. Era como si el bebe, al oír la voz de su padre, le hubieran entrado ganas de vivir.
El doctor Boswick la recibió puntualmente. Después de examinarla, le pidió que se sentara y leyó con atención su expediente. —¿De verdad desea tener a su hijo? —le pregunto sin mas—. Se que es soltera y no muy solvente, así que piénselo muy bien antes de contestarme. Tess no entendía que tenia que ver su situación financiera con su embarazo, pero contesto convencida. —Lo deseo mas que nada en el mundo. —Me alegra oírselo decir —sonrió el doctor—, porque va a ser un embarazo difícil y no podemos garantizarle nada —observe la expresión preocupada de la chica—. Su embarazo es un caso raro en el que la placenta cubre parcial o totalmente el cuello del útero. La placenta se estira y a veces se desgarra, por lo que siempre habrá hemorragias y constante peligro de aborto. —¡Oh, no! —exclamo. —Esto sucede por lo general en una proporción de uno de cada doscientos embarazos —continuo el doctor—. Hemos encontrado algo raro en el examen de ultrasonido que le hemos practicado hace un rato. Generalmente afecta a mujeres que ya han tenido hijos, y su caso es bastante raro. —¿Y que puedo hacer yo? —pregunto alterada. —Renuncie a su trabajo y quédese reposando en casa hasta que el embarazo este tan avanzado que podamos estar seguros de que la placenta no va a rasgarse. Espero que el parto sea normal pero a veces es necesario hacer una cesárea. Hasta entonces, no podrá andar mucho y tampoco es aconsejable que trabaje. Y por su bien, no se le ocurra tomar aspirinas durante el embarazo. —Lo recordare —contesto. Estaba asustada. Tenia muy poco dinero ahorrado... Necesitaba trabajar pero el doctor le estaba diciendo que si trabajaba estaría sacrificando a su hijo. —Y como le digo, no le garantizo nada, pues incluso así puede perder al bebe. ¡Ah! Y creo que no debería estar sola. No quiero asustarla, pero puede tener hemorragias. En cuanto sangre, llámeme inmediatamente, quizá hasta sea necesario hospitalizarla. ¿Entiendes por que le he preguntado si de verdad quiere tener ese hijo? —Vivo sola —contesto retorciéndose los dedos de las manos. —¿No puede hacer que el padre coopere con usted durante el embarazo? —No lo sabe. —Tiene que decírselo. —Si, doctor —mintió. —Buena chica. Necesitara ayuda porque esto no va a ser nada fácil. Le diré a Berta que le ponga otra cita; debe que venir a verme conregularidad. Ah, y no se preocupe por los honorarios —le sonrió—. Confío en usted. Ya lo solucionaremos después, ¿de acuerdo? —Esta bien —contesto, y procedió a hacer otras preguntas sobre el embarazo. Cuando llego a su apartamento, estuvo llorando hasta quedarse sin lagrimas. Puso la mano en su vientre abultado y sonrío entre lagrimas. —De acuerdo, pequeño, solo nos tenemos el uno al otro. Tengo que luchar sola, así que vas a tener que ayudarme. Te quiero, pequeñín —añadió con ternura __¡No sabes cuanto! Así que intenta vivir por mi. Apoyo la cabeza en el respaldo del sofá y pensó en lo que le había dicho el medico. No debía andar. No debía alterarse, necesitaba una vida tranquila, comer bien, nada de tensiones. Era difícil para una mujer sin muchos recursos, pero lo conseguiría. No podía decirle nada a Thomas. Aunque creyera que el bebe era suyo, pensaría que ella quería que la mantuviera, que viviera con ella, que asumiera la responsabilidad del embarazo, y Tess no podía hacerle eso. Thomas no quería compromisos, no quería matrimonio, se lo había dicho hasta el cansancio y ella lo había aceptado. No podía abrir viejas heridas. Quizá algún día se lo dijera, cuando ya no necesitara su ayuda. Era la única forma de que Thomas pudiera elegir libremente si quería formar parte de la vida de aquella criatura. Después de tomar aquella decisión se prepare un poco de sopa. Había muchas instituciones que ayudaban a mujeres en su situación, lo que tenia que hacer era ponerse en contacto con alguna de ellas. Al día siguiente, renuncio a su trabajo dejando pasmado al señor Short. Le explico que tenia una ulcera y que el medico le había sugerido que dejara de trabajar durante unos dos meses. Short fue muy amable con ella y hasta le dio dos semanas mas de sueldo. Tess se disculpo y después se fue a su apartamento sintiéndose mas sola y asustada que nunca. Pero estaba dispuesta a hacer cualquier sacrificio, aquel niño significaba todo para ella! Paso los siguientes días acostumbrándose a su nueva vida. Consiguió un trabajo de media Jornada, haciendo ventas por teléfono, lo que le aseguraba un pequeño ingreso. Tenia dinero suficiente para pagar el alquiler de tres meses. Una institución le proporcionó cupones para comprar leche y queso para que su bebe tuviera proteínas suficientes, y pagaba los honorarios del doctor Boswick con lo que le pagaban por hacer ventas por teléfono. A pesar de sus escasos ingresos, cuidaba mucho su alimentación para que no le faltara nada al niño. Lo peor de todo era que durante el día estaba completamente sola, pues todos sus vecinos trabajaban, así que no podía acudir a nadie si tenia algún problema. Adelgazo por culpa de la preocupación. Cuando sangraba, llamaba al doctor Boswick, que la hacia acostarse hasta que cedía la hemorragia. Y casi siempre estaba cansada... Kit fue a verla y la llevo todo tipo de golosinas para despertarle el apetito. Tess le hizo jurar que guardaría su secreto y dejo de contestar al teléfono para que nadie de la agencia de Thomas pudiera hablar con ella. Pero se equivoco al pensar que eso bastaría para desanimar a Thomas. Tres semanas después, la despertó el timbre. Antes de abrir, fue directamente al baño, presa de un ataque de nauseas. Se puso una bata y fue a abrir la puerta. Tenia un aspecto terrible. Abrió la puerta y se quedo paralizada al ver a Thomas. —¡Dios mío! —exclamo Thomas. —Gracias, tu también tienes muy buen aspecto —musito Tess—. Pasa. Voy a meterme en la cama. Me encuentro fatal. —Espera, yo te llevo —Thomas cerro la puerta y la cogió en brazos. De pronto frunció el ceño. Le dolía la espalda. __ ¡Has engordado o estas hinchada por la ulcera? —la dejo suavemente en la cama y empezó a quitarle la bata. Tess no podía arriesgarse a que la viera, así que le cogió la mano a Thomas y dijo: —No me la quites, tengo frío. —Esta bien —la tapo con cuidado y después se sentó a su lado con expresión preocupada—. Short me ha dicho que has renunciado a tu trabajo. iPor Dios, estas siguiendoalgún tratamiento? Tess lo miro sintiéndose sola y asustada. Estaba desesperada. Thomas parecía el clásico hombre de negocios vestido con su traje gris, corbata roja y un pañuelo a juego en el bolsillo de la chaqueta. Comparado con el, ella debía parecer un desastre. —¿Tratamiento? —pregunto. Los ojos se le llenaron de lagrimas—. No hay tratamiento para lo que tengo —murmuro—. El doctor ya ha hecho todo lo que ha podido. —¿Para una ulcera sangrante? —Thomas frunció el ceño. —No se trata de ninguna ulcera sangrante —contesto cerrando los ojos. —¿Entonces que es?
—Me temo que nada que pueda curarse con una pastilla —contesto cansada—. ¡Thomas estoy tan cansada...! —¿Que es lo que tienes? —pregunto sin poder disimular su preocupación. Estaba pálido; Tess adivino lo que estaba pensando. —Oh —dijo al fin—, no. No tengo cáncer, ni me estoy muriendo. De verdad. Thomas suspiro aliviado y encendió un cigarrillo. —Dios. Me has asustado. Y bueno, si no es eso y tampoco es una ulcera, a que te refieres con eso de que ya no se puede hacer nada? Tess dudo, quería contárselo todo. Estaba sola y asustada, necesitaba su apoyo, quería que la cuidara, que la protegiera. ¿Pero seria justo decírselo cuando estaba tan cerca de perder al bebe? Thomas la miro a los ojos. No comprendía la angustia de Tess. Se inclino y la acaricio con ternura. —Tienes muy mal aspecto —la miro mas de cerca—. ¿Vas a decirme de una buena vez que es lo que tienes, Tess? —No se si debo —contesto—. Hasta es posible que ni me creas. Y si me crees, no estoy segura de que sea justo. Thomas la miro con apacible felicidad. Incluso estando Tess tan mal, se sentía contento a su lado. —Es muy aburrido vivir solo, ¿verdad? —le preguntó a Tess—. Me levanto, voy al trabajo, vuelvo al apartamento por las noches y no puedo dormir. No me interesa el trabajo. Te llevaste toda felicidad de mi vida cuando te fuiste. —Tu me pediste que me fuera —dijo Tess con suavidad. —Si. No quería un compromiso permanente. —No quería pedirte ningún compromiso —lo interrumpió—. No tienes que preocuparte por eso, tampoco te lo voy a pedir ahora, aunque pueda parecerlo —Explícate —fruncio el ceño. Tess aspiro hondo y lo miro a los ojos. —Thomas... estoy embarazada. En otras circunstancias, Tess habría soltado una carcajada al ver la expresión de Thomas. Se quedo paralizado y la miro como si acabaran de darle un golpe en la cabeza. Bajo el cigarrillo lentamente y sin pensar lo dejo en un vaso con agua. —¿Estas que? —pregunto con dificultad. —Voy a tener un hijo. Thomas parecía un enfermo; lenta, muy lentamente, deslizo la mirada por el rostro de Tess, se incline y le quito las sabanas, le desabrocho la bata y le bajo el pantalón del pijama antes de que la joven pudiera protestar. Entonces descubrió el vientre ligeramente abultado y la miro como si se hubiera vuelto loco. —No me lo habías dicho. —No sabia como hacerlo —gimió Tess y lo miro angustiada. Thomas se inclino y acaricio con las dos manos el vientre de Tess. Respiraba con dificultad. Cuando la miro a los ojos, Tess se dio cuenta de que estaba muy enfadado. —Creía que no podía tener hijos. Y tu lo sabias. Dios, ¿Como has podido ocultármelo? —Lo siento —contesto Tess. Estaba demasiado sorprendida por su reacción como para explicarle las razones por las que le había ocultado su embarazo. —¡Lo sientes...! —se interrumpió de pronto. Estaba empezando a asimilar la noticia—. ¿Cuando va a nacer? —pregunto mirándola. Tess se obligó a sostenerle la mirada y contesto: —Dentro de cinco meses. En el rostro de Thomas se reflejaba el placer de saber que había engendrado al hijo de Tess. Tess no se atrevía a destruir aquel sentimiento de felicidad, pero tenia que explicarle la razón por la que había renunciado a su trabajo. __Thomas... Tengo que quedarme en casa hasta que de a luz. No puedo trabajar. —¿Por que? —pregunto cortante. Tess dudo. Lo amaba demasiado para decirle lo arriesgado que era su embarazo. Se volvería loco si se enterara de que era posible que perdiera a su hijo. —Tengo muchas nauseas —dijo al fin. —Ya veo —suspiro con alivio evidente. Se levanto de la cama y se apoyo en la pared. —No tienes que sentirte responsable. —No seas ridícula. Se trata de mi hijo —la miro maravillado—. Mi hijo —repitió lentamente mirando el vientre de Tess, después la miro furioso—. ¡Maldición, y no pensabas decírmelo! Tess se encogió al oírle, pero era preferible dejar que pensara que había querido ocultárselo a obligarle a compartir supropio terror. Thomas había pasado por situaciones horribles había sufrido la muerte de su madre, las horribles heridas de bala, la perdida de su trabajo, el abandono de su mujer... No podía hacerlo sufrir mas. —Decías que no querías compromisos, recuerdas? —pregunto con frialdad—. Me echaste de tu vida. Si te hubiera dicho lo del bebe, habrías pensado que estaba intentando atraparte. Aquella acusación le hizo sentirse culpable, pero Tess no podía entender sus sentimientos. La joven parecía tan indiferente que Thomas no tuvo la confianza suficiente para confesárselo en ese momento. Le había dicho que no quería compromisos, si, pero eso había sido antes de saber que podía tener hijos. Eso lo cambiaba todo. Trato de recuperarse, en ese momento lo mas importante era el bebe. Después él y Tess tendrían tiempo de arreglar sus problemas sentimentales. —Las cosas han cambiado —contesto con calma. —Si lo que quieres decir es que no me quieres, pero el niño es otra cosa, claro. ---Tess contesto sonriendo burlona. —Claro. Tess lo miro con el corazón destrozado. Thomas no se daba cuenta de cuanto le dolía su actitud. —¿Pensabas decírmelo algún día? —Si. —¿Cuando? —pregunto en tono acusador—. ¿Cuando ya empezara a ir a la escuela? Bueno, no te preocupes por eso, ahora ya lo se. Se metió la mano en el bolsillo del pantalón y la miro intentando ocultar sus verdaderos sentimientos. Le dolía que Tess le hubiera ocultado su embarazo cuando sabia cuanto le dolía pensar que no podía tener hijos. No sabia como perdonarle aquella traición. __Voy a llevarte al rancho. Allí podrá hacerte compañía Beryl. —No —contesto Tess desviando la mirada—. No... no puedo ir al rancho... Thomas frunció el ceño, entonces recordó lo que le había dicho sobre Beryl. No estaban casados y ella estaba embarazada. Al darse cuenta se alegro. Por fin tenia una razón para casarse con ella, una razón que le ahorraba tener que revelarle sus verdaderos sentimientos. Dejaría que Tess pensara que todo era por el bien del niño. —Ya lo solucionaremos —miro el reloj—. Tengo que irme. Vuelvo dentro de un rato. —Thomas, tenemos que hablar —dijo ella. —Después. Volvió a mirarla y se marcho sin decir nada mas. Tess se tumbo, turbada y triste por la conducta de Thomas, que había admitido que solo le importaba el bebe. Esperaba que Thomas la hubiera echado de menos, que le hubiera pedido que volviera a su vida, pero todo habían sido ilusiones absurdas. Lo que ocurrió tres horas después la desconcertó completamente. Thomas volvió con un desconocido, la hizo firmar un documento que ni siquiera le permitió leer y después le cogió la mano y le indico al hombre que había llegado con el. —Adelante. El desconocido saco un librito, sonrió y procedió a casarlos. Tess estaba tan sorprendida que apenas pudo pronunciar el «si». Cuando empezó a darse cuenta de lo que estaba pasando, ya estaba casada con Thomas. —¡Thomas! —protesto, pero Thomas estaba demasiado ocupado despidiendo al hombre que los había casado. Cuando Thomas volvió a su lado se detuvo junto a la cama y la miro. Tess era su esposa. Le pertenecía... ella y el bebe. Su hijo. Nunca se había sentido mas orgulloso. Tess miro maravillada el anillo. —Se necesitan... tres días para arreglar los tramite de matrimonio... —tartamudeo. —Solo se necesita uno si amenazas de muerte al juez —contesto complacido—. No te preocupes, es perfectamente legal —frunció el ceño, pensativo—. Aunque no se a que pena pueden condenarme por secuestro —iQue secuestro?. —El juez que nos acaba de casar no sabia lo que estaba pasando —le explico—. Lo he sacado del juzgado y le he obligado a venir conmigo. Tess se echo a reír... pero después comenzó a llorar. No entendía nada. Thomas maldijo en voz baja y dijo muy serio: —Esta bien, siento haberlo hecho sin avisarte. Pero si vamos a ir al rancho esta noche, tenemos que ir perfectamente casados. No podemos escandalizar. —No es justo que ella tenga que encargarse de mi —murmuro—. Y tampoco que lo hagas tu. —Llevas dentro un hijo mío —la miro. Tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no abrazarla y secar a besos sus lagrimas—. El bebe es lo único que importa ahora. ¡Dios, es todo! —exclamo enfurecido. Tess pensó con tristeza que a Thomas lo único que le importaba era su hijo. Se pregunto como se sentiría si perdiera al bebe y se encontrara casado con una mujer a la que no quería. ¡Y lo peor era que ella no le había advertido que su embarazo era de alto riesgo! —Deja de llorar —le dijo Thomas—. Voy a cuidarte, señorita Meriwether —se corrigió inmediatamente—. Señora Kaulitz. Señora Teresa Kaulitz —murmuro. Tess lo miro extrañada. —Quieres mucho a este hijo, ¿verdad? —Eso ya lo sabes —la expresión de Thomas se endureció—. ¿Todavía no te das cuenta de lo terrible que era para mi pensar que no podía tener hijos? ¿Eso no te importaba? —Si... —Tess se irguió se sentía muy mal—, lo sabia pero no quería que te sintieras obligado a casarte conmigo. Sabia que no querías volverte a casar. Me lo habías dicho mil veces. Thomas no podía pronunciar palabra. Eso era verdad, pero solo hasta que había descubierto su amor hacia ella, porque desde ese momento, Tess lo había sido todo en su vida. Tener un hijo era maravilloso, pero a quien realmente quería Thomas era a Tess. No había querido casarse con ella para que en el futuro no tuviera que lamentar la falta de un hijo; Jane y su obsesión por quedarse embarazada lo habían marcado sentimentalmente, influenciando su actitud hacia Tess. El también deseaba ese hijo, y Tess había mantenido en secreto su embarazo por una razón, para el, bastante absurda. Se sentía inseguro y decidió disfrazar sus sentimientos con una mascara de ira. —Que quisiera o no quisiera casarme, ya no es el problema, no? —pregunto con brusquedad—. El bebe necesita un apellido. Lo demás no importa ahora. Aquello no era lo que Tess quería oír. Lo que ella quería que le dijera era que la amaba desesperadamente, que la amaría aunque no llevara dentro a su hijo, que la había echado de menos, que la necesitaba. Aunque nada de eso era verdad; la verdad era que Thomas vivía perfectamente sin ella, y si no hubiera sido por el bebe, Thomas nunca le habría ofrecido matrimonio. Todavía le extrañaba que hubiera aparecido en el restaurante el día que había ido a comer con Kit. ¿Que hacia ahí? Kit le había dicho que quería verla, pero Tess no lo había querido creer. Thomas sabia donde vivía; podía haber ido a buscarla en cualquier momento. No, Kit estaba equivocada, solo había sido una coincidencia. —Quiero que, si puedes, te cambies de ropa. Después guardaremos tus cosas y nos iremos al rancho. Supongo que estas muy débil. —Si —contesto—. Pero antes me gustaría bañarme —añadió con un hilo de voz. —¿Puedes hacerlo sola? —Si. Solo me mareo cuando acabo de levantarme —Dime que necesitas y yo puedo ir haciéndote las maletas. Tess asintió asombrada de la rapidez con la que Thomas tomaba decisiones. Era agradable que tomaran decisiones por ella, que la cuidaran. Estaba tan débil que no podía hacer nada. Una hora después, bañada y arreglada permitió que Thomas la ayudara a subir al Mercedes negro. Durante el viaje estuvo pensando en como reaccionaria Beryl.Casi no le presto atención a Thomas cuando este estuvo hablándole de los problemas del trabajo. Pero su preocupación fue en vano. Beryl salió a recibirla hasta el coche y le dirigió una sonrisa maternal. —Pobrecita —le dijo con cariño mientras le abría la puerta—. No te preocupes por nada, todo va a salir bien. Cuando Thomas no este aquí, yo te cuidare. No dejare que te pase nada. Tess no estaba acostumbrada a tanta amabilidad. Se llevo la mano a la cara y se echo a llorar. —Bueno, basta —dijo Thomas y la cogió en brazos. __Te llevare a tu habitación, necesitas descansar. Ha tenido un día muy largo. —Voy a calentar la sopa. Te gustara y le sentará bien al pequeño —añadió guiñándole un ojo a Tess antes de dirigirse a la cocina. __¿Se lo has dicho? —le pregunto Tess a Thomas. —Si —la miro a los ojos—. Todo esta bien. Lo único que debes hacer es descansar. Tess asintió pero sabia que no iba a ser tan sencillo. Todo le pareció muy complicado. Estaba con Thomas, pero nunca habían estado tan lejos, y su bebe estaba en constante peligro. Pensó que como no cambiaran pronto las cosas, se iba a volver loca.
HOLA .. BUENOLA PROXIMA ACTUALIZACION ES EL FINAL DE LA NOVELA .. BUENO HASTA PRONTO 3 O MAS Y AGREGO 😏
El señor Short contrato a Tess encantado. Además le ofreció un puesto de detective, lo que alegro muchísimo a la joven. La agenda de Short era muy parecida a la de Thomas aunque como jefe era menos severo. —jOh, no me lo esperaba! —exclamo la chica encantada. —Nunca olvidare cuanto te quejabas de ser solo una secretaria en la Agencia Kaulitz —río Short—No será un trabajo peligroso y exigente como el de los demás, pero saciara tu sed de emociones. Ya lo veras —¡Nunca podré agradecérselo lo suficiente! —Oh, claro que puedes. Trabaja duro y haz que me sienta orgulloso de ti —se puso de pie y le estrecho la mano—. Si puedes quedarte desde hoy, Mary puede explicarte en que consistirá tu trabajo y puedes empezar a ambientarte. Ella se va el próximo lunes, así que tienes una semana para familiarizarte con tu primer caso. —Perfecto —sonrió—. Me va a gustar, lo se. Y trabajare muy duro. —Lo que me intriga es por que Thomas te ha dejado marcharte —dijo Short con una sonrisa de curiosidad—. Sois casi familiares. —Ha sido por lo de los narcotraficantes —mintió—. La oficina me traía recuerdos horribles. Hasta me daba miedo entrar. —Lo entiendo. Bueno, haremos lo posible por que no te suceda lo mismo aquí. __.Gracias —murmuro Tess.
Plummer era una rubia alegre, de unos treinta años.__Te encantara esto —le dijo mientras le enseñaba Tess su equipo de trabajo—. Te daré los nombres de todos mis contactos. Puedes recurrir a ellos siempre que lo necesites. — le enseño un directorio—, es el libro mas importante. Toma, ahora es tuyo. Cuídalo mucho y el te cuidara a ti. —Eres un encanto. —Eso es lo que dice mi prometido. Nos casamos el sábado, y el próximo lunes espero estar disfrutando de las Bahamas. Es muy rico —suspiro—, pero yo lo querría igual aunque fuera un indigente. Tess entendía perfectamente a Mary. No pasaba un solo día en el que no deseara que Thomas fuera a buscarla, pero sabia que nunca lo haría. Era consciente de que Thomas estaba convencido de que solo había sido un capricho para ella y de que deseaba cosas que el nunca podría darle. Ella estaba segura de que la amaba, pero los días pasaban sin tener ninguna noticia de el. —Estas pálida —observo Mary—, ¿estas segura de que ya te has curado ese virus? —Claro —replico Tess. Pero las semanas pasaban y ella no mejoraba, al contrario, sus dolencias estomacales empeoraron hasta hacerla pensar que lo que tenia era una ulcera. Y no era sorprendente después de todo lo que había tenido que pasar. Se acostumbro pronto a su nuevo trabajo y decidió olvidarse de su enfermedad. Un mes después de dejar la Agencia Kaulitz, Helen insistió en que comieran juntas. Lo había intentado otras veces, pero no había conseguido convencer a Tess. —Tienes muy mal aspecto —le dijo Helen sin preámbulos cuando se sentaron en el restaurante. —Serán los nervios. El señor Short es un buen jefe pero este trabajo es completamente nuevo para mí —Supongo que si —Helen no parecía muy convencida. Miro a Tess, entrecerrando los ojos y añadió-. Thomas esta... —¿Quieres helado de postre? —pregunto inmediatamente Tess. Helen entendió el mensaje y sonrió. —Esta bien. Tema prohibido. Si quiero helado. Tess disfruto del almuerzo, pero no de los recuerdos que Helen despertaba. No había podido dejar de pensar en Thomas desde que había vuelto a verla. Aquella noche, cuando llego a su apartamento estuvo llorando hasta quedarse dormida. Anhelaba tanto la presencia de Thomas que hasta oír su nombre le aceleraba el corazón. Se había dicho que podía vivir sin el, pero le estaba resultando imposible. No podía seguir así. ¡No podía soportarlo! A la mañana siguiente, se disponía a salir del apartamento cuando se desmayo. Cuando recobro el conocimiento decidió que tenia que ir al medico. Habían pasado seis semanas desde que había dejado el apartamento de Thomas y un mes desde que ese virus extraño la había atacado. Tenia todos los síntomas del cáncer, se dijo, y era una estupidez no ir al medico. Tenia que ser valiente. El miedo a morir no era un pretexto valido para esconder la cabeza en la arena. Siempre era mejor saber la verdad. Aquella misma mañana fue al medico y llamo a la oficina para decir que llegaría tarde. Fue una revisión de rutina hasta que le contó al doctor Reiner sus síntomas. Este la miro fijamente y le dijo: —Voy a preguntarle algo que quizá no le guste. ¿Ha tenido relaciones intimas con algún hombre últimamente? —Si. Una vez. Bueno, una noche... __Eso es —dijo el doctor.
—Pero el es... estéril —tartamudeo—. Decía... que no podía engendrar hijos. __.¿Cuando ha tenido su ultimo periodo? —preguntó el doctor arqueando una ceja. Tess trato de recordar. Y le dio la fecha aproximada del ultimo periodo que recordaba. .—Vamos a hacerle algunos análisis —le dijo—. Lo siento, señorita Meriwether, pero creo que esta embarazada. Eso indican todos sus síntomas —Tess toco maravillada su vientre—. No es el fin del mundo __añadió el doctor—. Hay una clínica que... —¡No! —grito posando la mano en su vientre—. ¡No, eso nunca! —¿Entonces quiere tenerlo? —Con todo mi corazón —murmuro—. ¡Es lo que mas deseo en el mundo! —¿Y el padre? —Me temo que no se lo va a creer —contesto con tristeza—. De cualquier manera, no cree en el matrimonio, así que no voy a molestarle. Cuando este segura... decidiré lo que tengo que hacer. —Muy bien. Llamare a la enfermera para que le haga un análisis —palmeo el hombro de Tess—. No se preocupe. Pero Tess no pudo dejar de preocuparse. Pensar en ser responsable de un diminuto ser humano era tan aterrador como estar enferma sin remedio. Se dijo que superaría aquella sensación, que las mujeres habían tenido hijos desde hacia miles de años y que posiblemente no era la primera mujer que se asustaba ante la perspectiva de ser madre. Le hicieron las pruebas y se marcho. Aquella noche Tess fue incapaz de conciliar el sueño. Cuando al día siguiente llego a la oficina, no le contó a nadie las sospechas del medico. Pero cuando contesto al teléfono de la agencia y oyó la voz tranquila de la enfermera, diciéndole que si, que estaba embarazada, estuvo punto de desmayarse. Se despidió de ella y colgó teléfono. —Te has puesto blanca —le dijo preocupada compañera—. Tess, ¿te encuentras bien? —Si —asintió. —¿Quieres un poco de café? —No. Si. No lo se. Gracias. —¿Que te han dicho? —pregunto Delcy sonriendo—. ¿Te ha hecho alguna propuesta interesante tu novio? —Lo siento —Tess trato de recobrar la calma— No, era el medico. Llamaba para decirme que no es nada grave lo que tengo. —¡Menos mal! Nos tenias preocupados. —Yo también estaba preocupada —confeso. Apoyo la espalda en el respaldo de la silla y se llevo una mano al vientre. Allí llevaba al hijo de Thomas, y posiblemente el no creería que era suyo. Tess trabajo como un autómata durante el resto del día. Estaba hablando con su jefe de un asunto de trabajo cuando este menciono a Thomas. Al oír su nombre, Tess palideció. —Todavía no has superado el trauma —le dijo el señor Short—. Es lógico, no todo el mundo se ha sentido alguna vez amenazado de muerte. Pero tienes que superarlo, de acuerdo? —De acuerdo. Short se incline sobre su escritorio y la miro pensativo. —Por lo general, no mezclo los negocios con el placer, pero, te gustaría cenarconmigo esta noche? Tess se quedo paralizada. Estaba esperando un hijo de Thomas y ya no podía soportar la idea de salir con otro hombre. __Muchas gracias —contesto—, pero no puedo. Tengo otro compromiso. __Ah, ya veo —le sonrió—. No te preocupes. El tiempo lo cura todo. Te invitare otro día. Tess asintió, pero esperaba que no lo hiciera. Ya tenía suficientes complicaciones.
Los meses siguieron pasando. Tess vivía prácticamente en la oficina, prácticamente no salía. Su vida se había vuelto muy aburrida. Tess deseaba llamar a Thomas y contarle lo del bebe, pero el se había cansado de decirle que no quería volver a casarse, que no quería compromisos de ningún tipo. Tess no podía decirle que estaba embarazada porque temía que se sintiera obligado a casarse con ella y no se sentía con derecho a ponerle en tal posición. ¿Y si ni siquiera creía que fuera de el? Le había dicho que era estéril, podía acusarla de haberse acostado con otro hombre. Así que esa le pareció razón más que suficiente para no decirle nada a Thomas. Un día, Tess se levanto con dolores y sangrando un poco; intuyo que podía ser un mal síntoma y llamo al doctor, que inmediatamente la envió al ginecólogo. Tenían que saber con exactitud que pasaba. —¿Por que no puedes salir a comer conmigo? —Kit la llamo ese mismo día—. Acabo de volver de Italia! Tengo problemas con el señor Deverell! ¡Quiero hablar contigo! Tess no quería ir a comer con Kit porque su amiga trabajaba cerca de la Agencia Kaulitz, y el restaurante que Kit había sugerido era el favorito de Thomas. Pero eso no podía decírselo a su amiga. —Podemos comer por aquí... —No entiendo nada —contesto Kit—. Si no fuera por Helen, ni siquiera hubiera sabido como ponerme en contacto contigo. Te has ido hasta el otro extremo de la ciudad. —Era necesario. —No es normal en ti abandonar a los amigos —murmuro Kit—. Tiene que haber algo mas, lo Sé —Mira, ven a mi apartamento esta noche y te lo contare todo. —También puedes contármelo mientras comemos. Tess agarro con fuerza el teléfono. —No puedo ir a ese restaurante. No quiero... encontrarme a Thomas. —Me lo imaginaba. Bueno, entonces podemos ir a un restaurante especializado en pescado que tanto nos gusta, ¿de acuerdo? —Esta bien. —Nos vemos al mediodía. —Perfecto. Cuando llego al restaurante, Tess miro nerviosa a su alrededor aunque la agencia de Thomas quedaba muy lejos de allí. Respiro aliviada al ver a Kit. Cuando estuvo a su lado, Kit frunció el ceño y le pregunto: —Has engordado, ¿verdad? —señalo el jersey y los pantalones dos tallas mas grandes que llevaba Tess para disimular su embarazo. —Un poco —confeso—. Hay un restaurante italiano muy cerca de mi nuevo trabajo. —Si, ya me han dicho que te has convertido en detective —contesto Kit moviendo la cabeza—. Porque has conseguido escapar de la influencia de Thomas; el nunca te habría dejado hacer ese tipo de trabajo. Es irremediablemente protector —como Tess estaba muy tensa, Kit le pregunto en cuanto se sentaron—: Puedes hablarme de lo que te pasa. No dejare de insistir hasta que lo hagas. __Estoy embarazada —confeso Tess de golpe, con voz temblorosa. Kit se quedo atónita. —¿De Thomas? —le pregunto cuando recupero el aliento. —Si. .—Y el no lo sabe —añadió Kit sonriendo compasiva. Tess se lo confirmo con un movimiento de cabeza. —Su matrimonio fracaso —dijo Kit—. Es un hombre bastante arisco. Y no solo eso, sino que perdió el trabajo que tanto le gustaba, perdió a su madre, y ha perdido condiciones físicas. Es natural que no quiera volver a comprometerse, sobre todo con una persona tan vulnerable como tu —le cogió la mano—. Pero se lo vas a decir de todos modos, ¿no? —Se lo diré, pero todavía no. —¿Por que? —He tenido algunos problemas —se confeso después de dudar un poco—. Mañana tengo cita con el ginecólogo. Su enfermera no parecía muy optimista cuando le he contado mis síntomas —miro preocupada a Kit—. Es posible que pierda al niño — añadió nerviosa—. Kit, ¿que voy a hacer? ¡No puedo perderlo ahora! ¡Es todo lo que tengo! —Tranquilízate —le aconsejo Kit y le apretó con cariño la mano—. Todo saldrá bien, Tess: aspira hondo, otra vez... así. Ahora escúchame... tienes que acabar con esto. No te deprimas, eso es peligroso. —Pero que voy a hacer... —se interrumpió de pronto. Palideció al ver que Thomas acababa de entrar en el restaurante. —Thomas —adivino Kit antes de verlo—. ¡El nunca viene aquí! Thomas no solo había entrado, sino que buscaba a alguien con la mirada, y cuando descubrió a Tess se altero visiblemente. Se dirigió directamente hacia su mesa. —No —murmuro Tess—. ¡No puede...! Pero Thomas si pudo. Se detuvo ante su mesa y miró a Tess fijamente. —Hace semanas que no te vemos —dijo en tono cortante—. Pensaba que irías de vez en cuando a saludarnos, o es que ya no te importamos? Esa era una pregunta extraña procediendo de alguien que había admitido que no soportaba verla. —Trabajo en la otra punta de la ciudad —contesto ella intentando no perder el control—. Me resulta difícil ir hasta allí. —Entiendo. Me han dicho que ahora trabajas de detective. —Si. Y me gusta. Thomas busco su mirada y Tess descubrió en sus ojos sombras que no pudo descifrar. No podia saber que Thomas la echaba de menos, que su apartamento le parecía vacío sin ella, que su trabajo no le llenaba, que su vida transcurría vacía, fría. Nunca se había considerado capaz de echar tanto de menos a alguien. Tess le había jurado amor eterno, pero parecía haberle olvidado. Ni siquiera se había tomado la molestia de llamar o ir a la oficina. —El trabajo de detective es peligroso —dijo el. —Si, lo se. Me dispararon, recuerdas? Thomas aspiro hondo y metió las manos en los bolsillos del pantalón. Parecía cansado. —Podías llamarnos de vez en cuando para dar señales de vida. —Lo intentare —replico Tess bajando la mirada—. Supongo que Helen me echa de menos. Thomas apretó los puños. Si, Helen la echaba de menos, pero no tanto como el. Quería decirle a Tess cuanto, pero ella se comportaba como si no le creyera, su actitud era de total indiferencia. «Tess», pensó con amargura, no entendía como podía estar tan tranquila después de lo que habían compartido aquella noche. No leservía de nada recordar que Tess se había marchado por su culpa. Porque no quería compromisos. Pero eso era antes de que hubiera tenido que enfrentarse a la vida sin ella. Odiaba regresar por las noches a su apartamento porque Tess no lo estaba esperando. Odiaba su vida vacía, fría e insatisfactoria. Acaricio con la mirada la cabeza inclinada de Tess y suspiro. El la había alejado de su lado y no podía hacerla volver. No sabia que hacer; habría conseguido matar todo lo que Tess sentía por el? —¿Quieres comer con nosotros, Thomas? —le invito Kit para intentar aliviar la tensión. —No —contesto—. Tengo que volver a la oficina. Tess —¿Si? —Tess levanto la mirada, herida por la falsa ternura de su voz profunda. Thomas observo el rostro pálido de la chica y le pregunto: —¿Te encuentras bien? Pareces... —no estaba seguro de que pareciera enferma. Preocupada—. ¿Estas enferma? Tess se sonrojo y desvió la mirada. —Acabo de pasar una gripe —contesto. Le dolía mirarle; no quería que Thomas viera los sentimientos que se reflejaban en su mirada. Llevaba dentro un hijo suyo y no podía decírselo. Le dolía... De pronto jadeo al sentir una punzada de dolor en el vientre. —¡Tess! —Thomas se arrodillo a su lado, le cogió la mano y la miro con preocupación—. ¡Que tienes, pequeña? —le pregunto—. ¿Te encuentras bien? —Creo que tengo una ulcera, eso es todo —contesto. El contacto de su mano la enloquecía. Le miro a los ojos y sintió que el mundo se detenía, que su corazón se partía en dos. Thomas la miro con expresión atormentada. —Tess —gimió. Tess respiro hondo y trato de dominar el deseo que la consumía. —Estoy bien —musito—. De verdad, Thomas. Thomas, al darse cuenta de que, sin querer, la estaba acariciando, la soltó. Ninguno de los dos parecía acordarse de Kit. —¿Ya has ido al medico? —pregunto Thomas—.No juegues con la salud. —Seguiré tu consejo —prometió Tess y miro a Thomas a los ojos—. ¿Te encuentras bien? Thomas se estremeció al advertir la sincera preocupación que encerraba aquella pregunta. —No —contesto, respirando con dificultad, intentando reprimir la necesidad de pedirle que volviera a su lado—. Creo que te echo de menos —añadió con una sonrisa ligeramente burlona. —Si, y los elefantes vuelan —contesto Tess sonriente. —El trabajo que haces para Short podías hacerlo para mi —murmuro Thomas de mala gana. —Ya tienes suficientes detectives —le recordó Tess, aunque la oferta la entusiasmo. Eso indicaba que era verdad que la echaba de menos. —Despediré a uno —le ofreció Thomas haciéndola reír. —No. Me gusta trabajar con el señor Short, Thomas —contesto—. Creo que no podría trabajar contigo. —Podemos darnos una oportunidad —repuso Thomas, mirándola con una enigmática expresión. —¿Hablas del trabajo? —pregunto Tess. Thomas estuvo a punto de decirle que no, que hablaba de su vida en común. Quiso pedirle que hiciera las maletas y se fuera a vivir con el, que durmiera con el. Nada era peor que vivir sin ella, y si a Tess le importaba lo suficiente, hasta podían tener un matrimonio estable aunque les estuvieran negados los hijos. Dios era testigo de que la amaba. Ella lo había amado una vez; quizás todavía estaban a tiempo... Tess rió para intentar disimular sus sentimientos. —No quiero volver, pero gracias de todos modos__contesto Tess. No quería que supiera que todavía lo amaba irremediablemente. No quería su compasión—. soy feliz, Thomas. Me gusta lo que hago y el señor Short hasta me invita a salir. ¿Quien sabe adonde podemos llegar? —Short tiene mas de cuarenta años —contesto Thomas apretando los dientes—. ;Es demasiado viejo para hacer de galán...! —¿Ya habéis terminado? —les interrumpió Kit—. ¡Tess, tengo que irme! —Si, yo también, no quiero que se me haga tarde —contesto Tess mirando a Thomas, que les estaba bloqueando el paso. Thomas se levanto lentamente temblando de rabia. ¡Short con su Tess! No podía creerlo. Tess se levanto y cogió su bolso mientras Kit dejaba la propina en la mesa. —Me alegro de haberte visto —le dijo a Thomas. Thomas no contesto. La miro furioso. —Has engordado, ¿verdad? —le pregunto de pronto. —Un poco —desvió la mirada—. Tengo que adelgazar. —No, no. Estas mejor —contesto Thomas. Tess se mordió el labio inferior. Quería contarle todo, necesitaba hacerlo. Pero no sabia como iba a reaccionar Thomas; en su estado no se atrevía a someterse a excesivas tensiones. Sinembargo, Thomas tenia derecho a saberlo. Abrió la boca para empezar a contárselo, pero en ese momento se acerco a ellos un hombre tendiéndoles la mano. —¡Thomas Kaulitz! ¡Estaba seguro de que eras tu! —exclamo contento. Mientras Thomas lo saludaba, Kit y Tess salieron del restaurante. Tess agradeció al destinó aquella oportunidad de escapar. Había estado a punto de decírselo todo. Pero no podía hacerlo hasta que no viera al ginecólogo. Tomaría una decisión cuando hablara con el medico. —Estoy segura de que me ha seguido —le dijo Kit mientras se dirigían hacia el aparcamiento—. Por algo es detective privado. Te echa de menos, Tess. —Pero amar es algo muy diferente —suspiro Tess. —Creo que le importas, aunque solo sea un poco. Después de todo, se necesitan dos para estar como estas ahora. —Yo lo seduje —contesto Tess ruborizándose—. Creía que podía convencerle de cuanto le amaba y de que el podría volver a creer en el matrimonio. Pero no funciono. Me alejo de su vida en cuanto pudo. —Pues ahora parece echarte de menos. —Eso no es suficiente —Tess se encogió de hombros—. No puedo volver a trabajar con el. Sobre todo ahora. Thomas no es tonto y tarde o temprano se dará cuenta de que estoy embarazada. —Perdóname, pero ya es evidente y no tardara en averiguarlo —dijo Kit. —Lo se, pero ya me preocupare cuando lo averigüe. Ni una palabra de esto a Helen —la previno Tess. —Ni una palabra a nadie. Ya me conoces —Kit frunció el ceño—. Tess, haría cualquier cosa para ayudarte, sabes que puedes confiar en mi. —Lo se. Eres mi única amiga. —Tu también eres mi única amiga. No dejes de llamarme de vez en cuando. Ah, y no se te olvide contarme lo que te diga el doctor. —Lo haré —Tess se dirigió hacia su coche pensando en su encuentro con Thomas.
Nueve
Tess llego media hora antes a su cita con el ginecólogo, el doctor Boswick. Aquella noche no había podido dormir bien, estaba preocupada por el dolor que había sentido en el restaurante. Thomas estaba entonces a su lado cogiendole la mano y el dolor había cedido mas rápidamente que de costumbre. Era como si el bebe, al oír la voz de su padre, le hubieran entrado ganas de vivir.
El doctor Boswick la recibió puntualmente. Después de examinarla, le pidió que se sentara y leyó con atención su expediente. —¿De verdad desea tener a su hijo? —le pregunto sin mas—. Se que es soltera y no muy solvente, así que piénselo muy bien antes de contestarme. Tess no entendía que tenia que ver su situación financiera con su embarazo, pero contesto convencida. —Lo deseo mas que nada en el mundo. —Me alegra oírselo decir —sonrió el doctor—, porque va a ser un embarazo difícil y no podemos garantizarle nada —observe la expresión preocupada de la chica—. Su embarazo es un caso raro en el que la placenta cubre parcial o totalmente el cuello del útero. La placenta se estira y a veces se desgarra, por lo que siempre habrá hemorragias y constante peligro de aborto. —¡Oh, no! —exclamo. —Esto sucede por lo general en una proporción de uno de cada doscientos embarazos —continuo el doctor—. Hemos encontrado algo raro en el examen de ultrasonido que le hemos practicado hace un rato. Generalmente afecta a mujeres que ya han tenido hijos, y su caso es bastante raro. —¿Y que puedo hacer yo? —pregunto alterada. —Renuncie a su trabajo y quédese reposando en casa hasta que el embarazo este tan avanzado que podamos estar seguros de que la placenta no va a rasgarse. Espero que el parto sea normal pero a veces es necesario hacer una cesárea. Hasta entonces, no podrá andar mucho y tampoco es aconsejable que trabaje. Y por su bien, no se le ocurra tomar aspirinas durante el embarazo. —Lo recordare —contesto. Estaba asustada. Tenia muy poco dinero ahorrado... Necesitaba trabajar pero el doctor le estaba diciendo que si trabajaba estaría sacrificando a su hijo. —Y como le digo, no le garantizo nada, pues incluso así puede perder al bebe. ¡Ah! Y creo que no debería estar sola. No quiero asustarla, pero puede tener hemorragias. En cuanto sangre, llámeme inmediatamente, quizá hasta sea necesario hospitalizarla. ¿Entiendes por que le he preguntado si de verdad quiere tener ese hijo? —Vivo sola —contesto retorciéndose los dedos de las manos. —¿No puede hacer que el padre coopere con usted durante el embarazo? —No lo sabe. —Tiene que decírselo. —Si, doctor —mintió. —Buena chica. Necesitara ayuda porque esto no va a ser nada fácil. Le diré a Berta que le ponga otra cita; debe que venir a verme conregularidad. Ah, y no se preocupe por los honorarios —le sonrió—. Confío en usted. Ya lo solucionaremos después, ¿de acuerdo? —Esta bien —contesto, y procedió a hacer otras preguntas sobre el embarazo. Cuando llego a su apartamento, estuvo llorando hasta quedarse sin lagrimas. Puso la mano en su vientre abultado y sonrío entre lagrimas. —De acuerdo, pequeño, solo nos tenemos el uno al otro. Tengo que luchar sola, así que vas a tener que ayudarme. Te quiero, pequeñín —añadió con ternura __¡No sabes cuanto! Así que intenta vivir por mi. Apoyo la cabeza en el respaldo del sofá y pensó en lo que le había dicho el medico. No debía andar. No debía alterarse, necesitaba una vida tranquila, comer bien, nada de tensiones. Era difícil para una mujer sin muchos recursos, pero lo conseguiría. No podía decirle nada a Thomas. Aunque creyera que el bebe era suyo, pensaría que ella quería que la mantuviera, que viviera con ella, que asumiera la responsabilidad del embarazo, y Tess no podía hacerle eso. Thomas no quería compromisos, no quería matrimonio, se lo había dicho hasta el cansancio y ella lo había aceptado. No podía abrir viejas heridas. Quizá algún día se lo dijera, cuando ya no necesitara su ayuda. Era la única forma de que Thomas pudiera elegir libremente si quería formar parte de la vida de aquella criatura. Después de tomar aquella decisión se prepare un poco de sopa. Había muchas instituciones que ayudaban a mujeres en su situación, lo que tenia que hacer era ponerse en contacto con alguna de ellas. Al día siguiente, renuncio a su trabajo dejando pasmado al señor Short. Le explico que tenia una ulcera y que el medico le había sugerido que dejara de trabajar durante unos dos meses. Short fue muy amable con ella y hasta le dio dos semanas mas de sueldo. Tess se disculpo y después se fue a su apartamento sintiéndose mas sola y asustada que nunca. Pero estaba dispuesta a hacer cualquier sacrificio, aquel niño significaba todo para ella! Paso los siguientes días acostumbrándose a su nueva vida. Consiguió un trabajo de media Jornada, haciendo ventas por teléfono, lo que le aseguraba un pequeño ingreso. Tenia dinero suficiente para pagar el alquiler de tres meses. Una institución le proporcionó cupones para comprar leche y queso para que su bebe tuviera proteínas suficientes, y pagaba los honorarios del doctor Boswick con lo que le pagaban por hacer ventas por teléfono. A pesar de sus escasos ingresos, cuidaba mucho su alimentación para que no le faltara nada al niño. Lo peor de todo era que durante el día estaba completamente sola, pues todos sus vecinos trabajaban, así que no podía acudir a nadie si tenia algún problema. Adelgazo por culpa de la preocupación. Cuando sangraba, llamaba al doctor Boswick, que la hacia acostarse hasta que cedía la hemorragia. Y casi siempre estaba cansada... Kit fue a verla y la llevo todo tipo de golosinas para despertarle el apetito. Tess le hizo jurar que guardaría su secreto y dejo de contestar al teléfono para que nadie de la agencia de Thomas pudiera hablar con ella. Pero se equivoco al pensar que eso bastaría para desanimar a Thomas. Tres semanas después, la despertó el timbre. Antes de abrir, fue directamente al baño, presa de un ataque de nauseas. Se puso una bata y fue a abrir la puerta. Tenia un aspecto terrible. Abrió la puerta y se quedo paralizada al ver a Thomas. —¡Dios mío! —exclamo Thomas. —Gracias, tu también tienes muy buen aspecto —musito Tess—. Pasa. Voy a meterme en la cama. Me encuentro fatal. —Espera, yo te llevo —Thomas cerro la puerta y la cogió en brazos. De pronto frunció el ceño. Le dolía la espalda. __ ¡Has engordado o estas hinchada por la ulcera? —la dejo suavemente en la cama y empezó a quitarle la bata. Tess no podía arriesgarse a que la viera, así que le cogió la mano a Thomas y dijo: —No me la quites, tengo frío. —Esta bien —la tapo con cuidado y después se sentó a su lado con expresión preocupada—. Short me ha dicho que has renunciado a tu trabajo. iPor Dios, estas siguiendoalgún tratamiento? Tess lo miro sintiéndose sola y asustada. Estaba desesperada. Thomas parecía el clásico hombre de negocios vestido con su traje gris, corbata roja y un pañuelo a juego en el bolsillo de la chaqueta. Comparado con el, ella debía parecer un desastre. —¿Tratamiento? —pregunto. Los ojos se le llenaron de lagrimas—. No hay tratamiento para lo que tengo —murmuro—. El doctor ya ha hecho todo lo que ha podido. —¿Para una ulcera sangrante? —Thomas frunció el ceño. —No se trata de ninguna ulcera sangrante —contesto cerrando los ojos. —¿Entonces que es?
—Me temo que nada que pueda curarse con una pastilla —contesto cansada—. ¡Thomas estoy tan cansada...! —¿Que es lo que tienes? —pregunto sin poder disimular su preocupación. Estaba pálido; Tess adivino lo que estaba pensando. —Oh —dijo al fin—, no. No tengo cáncer, ni me estoy muriendo. De verdad. Thomas suspiro aliviado y encendió un cigarrillo. —Dios. Me has asustado. Y bueno, si no es eso y tampoco es una ulcera, a que te refieres con eso de que ya no se puede hacer nada? Tess dudo, quería contárselo todo. Estaba sola y asustada, necesitaba su apoyo, quería que la cuidara, que la protegiera. ¿Pero seria justo decírselo cuando estaba tan cerca de perder al bebe? Thomas la miro a los ojos. No comprendía la angustia de Tess. Se inclino y la acaricio con ternura. —Tienes muy mal aspecto —la miro mas de cerca—. ¿Vas a decirme de una buena vez que es lo que tienes, Tess? —No se si debo —contesto—. Hasta es posible que ni me creas. Y si me crees, no estoy segura de que sea justo. Thomas la miro con apacible felicidad. Incluso estando Tess tan mal, se sentía contento a su lado. —Es muy aburrido vivir solo, ¿verdad? —le preguntó a Tess—. Me levanto, voy al trabajo, vuelvo al apartamento por las noches y no puedo dormir. No me interesa el trabajo. Te llevaste toda felicidad de mi vida cuando te fuiste. —Tu me pediste que me fuera —dijo Tess con suavidad. —Si. No quería un compromiso permanente. —No quería pedirte ningún compromiso —lo interrumpió—. No tienes que preocuparte por eso, tampoco te lo voy a pedir ahora, aunque pueda parecerlo —Explícate —fruncio el ceño. Tess aspiro hondo y lo miro a los ojos. —Thomas... estoy embarazada. En otras circunstancias, Tess habría soltado una carcajada al ver la expresión de Thomas. Se quedo paralizado y la miro como si acabaran de darle un golpe en la cabeza. Bajo el cigarrillo lentamente y sin pensar lo dejo en un vaso con agua. —¿Estas que? —pregunto con dificultad. —Voy a tener un hijo. Thomas parecía un enfermo; lenta, muy lentamente, deslizo la mirada por el rostro de Tess, se incline y le quito las sabanas, le desabrocho la bata y le bajo el pantalón del pijama antes de que la joven pudiera protestar. Entonces descubrió el vientre ligeramente abultado y la miro como si se hubiera vuelto loco. —No me lo habías dicho. —No sabia como hacerlo —gimió Tess y lo miro angustiada. Thomas se inclino y acaricio con las dos manos el vientre de Tess. Respiraba con dificultad. Cuando la miro a los ojos, Tess se dio cuenta de que estaba muy enfadado. —Creía que no podía tener hijos. Y tu lo sabias. Dios, ¿Como has podido ocultármelo? —Lo siento —contesto Tess. Estaba demasiado sorprendida por su reacción como para explicarle las razones por las que le había ocultado su embarazo. —¡Lo sientes...! —se interrumpió de pronto. Estaba empezando a asimilar la noticia—. ¿Cuando va a nacer? —pregunto mirándola. Tess se obligó a sostenerle la mirada y contesto: —Dentro de cinco meses. En el rostro de Thomas se reflejaba el placer de saber que había engendrado al hijo de Tess. Tess no se atrevía a destruir aquel sentimiento de felicidad, pero tenia que explicarle la razón por la que había renunciado a su trabajo. __Thomas... Tengo que quedarme en casa hasta que de a luz. No puedo trabajar. —¿Por que? —pregunto cortante. Tess dudo. Lo amaba demasiado para decirle lo arriesgado que era su embarazo. Se volvería loco si se enterara de que era posible que perdiera a su hijo. —Tengo muchas nauseas —dijo al fin. —Ya veo —suspiro con alivio evidente. Se levanto de la cama y se apoyo en la pared. —No tienes que sentirte responsable. —No seas ridícula. Se trata de mi hijo —la miro maravillado—. Mi hijo —repitió lentamente mirando el vientre de Tess, después la miro furioso—. ¡Maldición, y no pensabas decírmelo! Tess se encogió al oírle, pero era preferible dejar que pensara que había querido ocultárselo a obligarle a compartir supropio terror. Thomas había pasado por situaciones horribles había sufrido la muerte de su madre, las horribles heridas de bala, la perdida de su trabajo, el abandono de su mujer... No podía hacerlo sufrir mas. —Decías que no querías compromisos, recuerdas? —pregunto con frialdad—. Me echaste de tu vida. Si te hubiera dicho lo del bebe, habrías pensado que estaba intentando atraparte. Aquella acusación le hizo sentirse culpable, pero Tess no podía entender sus sentimientos. La joven parecía tan indiferente que Thomas no tuvo la confianza suficiente para confesárselo en ese momento. Le había dicho que no quería compromisos, si, pero eso había sido antes de saber que podía tener hijos. Eso lo cambiaba todo. Trato de recuperarse, en ese momento lo mas importante era el bebe. Después él y Tess tendrían tiempo de arreglar sus problemas sentimentales. —Las cosas han cambiado —contesto con calma. —Si lo que quieres decir es que no me quieres, pero el niño es otra cosa, claro. ---Tess contesto sonriendo burlona. —Claro. Tess lo miro con el corazón destrozado. Thomas no se daba cuenta de cuanto le dolía su actitud. —¿Pensabas decírmelo algún día? —Si. —¿Cuando? —pregunto en tono acusador—. ¿Cuando ya empezara a ir a la escuela? Bueno, no te preocupes por eso, ahora ya lo se. Se metió la mano en el bolsillo del pantalón y la miro intentando ocultar sus verdaderos sentimientos. Le dolía que Tess le hubiera ocultado su embarazo cuando sabia cuanto le dolía pensar que no podía tener hijos. No sabia como perdonarle aquella traición. __Voy a llevarte al rancho. Allí podrá hacerte compañía Beryl. —No —contesto Tess desviando la mirada—. No... no puedo ir al rancho... Thomas frunció el ceño, entonces recordó lo que le había dicho sobre Beryl. No estaban casados y ella estaba embarazada. Al darse cuenta se alegro. Por fin tenia una razón para casarse con ella, una razón que le ahorraba tener que revelarle sus verdaderos sentimientos. Dejaría que Tess pensara que todo era por el bien del niño. —Ya lo solucionaremos —miro el reloj—. Tengo que irme. Vuelvo dentro de un rato. —Thomas, tenemos que hablar —dijo ella. —Después. Volvió a mirarla y se marcho sin decir nada mas. Tess se tumbo, turbada y triste por la conducta de Thomas, que había admitido que solo le importaba el bebe. Esperaba que Thomas la hubiera echado de menos, que le hubiera pedido que volviera a su vida, pero todo habían sido ilusiones absurdas. Lo que ocurrió tres horas después la desconcertó completamente. Thomas volvió con un desconocido, la hizo firmar un documento que ni siquiera le permitió leer y después le cogió la mano y le indico al hombre que había llegado con el. —Adelante. El desconocido saco un librito, sonrió y procedió a casarlos. Tess estaba tan sorprendida que apenas pudo pronunciar el «si». Cuando empezó a darse cuenta de lo que estaba pasando, ya estaba casada con Thomas. —¡Thomas! —protesto, pero Thomas estaba demasiado ocupado despidiendo al hombre que los había casado. Cuando Thomas volvió a su lado se detuvo junto a la cama y la miro. Tess era su esposa. Le pertenecía... ella y el bebe. Su hijo. Nunca se había sentido mas orgulloso. Tess miro maravillada el anillo. —Se necesitan... tres días para arreglar los tramite de matrimonio... —tartamudeo. —Solo se necesita uno si amenazas de muerte al juez —contesto complacido—. No te preocupes, es perfectamente legal —frunció el ceño, pensativo—. Aunque no se a que pena pueden condenarme por secuestro —iQue secuestro?. —El juez que nos acaba de casar no sabia lo que estaba pasando —le explico—. Lo he sacado del juzgado y le he obligado a venir conmigo. Tess se echo a reír... pero después comenzó a llorar. No entendía nada. Thomas maldijo en voz baja y dijo muy serio: —Esta bien, siento haberlo hecho sin avisarte. Pero si vamos a ir al rancho esta noche, tenemos que ir perfectamente casados. No podemos escandalizar. —No es justo que ella tenga que encargarse de mi —murmuro—. Y tampoco que lo hagas tu. —Llevas dentro un hijo mío —la miro. Tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no abrazarla y secar a besos sus lagrimas—. El bebe es lo único que importa ahora. ¡Dios, es todo! —exclamo enfurecido. Tess pensó con tristeza que a Thomas lo único que le importaba era su hijo. Se pregunto como se sentiría si perdiera al bebe y se encontrara casado con una mujer a la que no quería. ¡Y lo peor era que ella no le había advertido que su embarazo era de alto riesgo! —Deja de llorar —le dijo Thomas—. Voy a cuidarte, señorita Meriwether —se corrigió inmediatamente—. Señora Kaulitz. Señora Teresa Kaulitz —murmuro. Tess lo miro extrañada. —Quieres mucho a este hijo, ¿verdad? —Eso ya lo sabes —la expresión de Thomas se endureció—. ¿Todavía no te das cuenta de lo terrible que era para mi pensar que no podía tener hijos? ¿Eso no te importaba? —Si... —Tess se irguió se sentía muy mal—, lo sabia pero no quería que te sintieras obligado a casarte conmigo. Sabia que no querías volverte a casar. Me lo habías dicho mil veces. Thomas no podía pronunciar palabra. Eso era verdad, pero solo hasta que había descubierto su amor hacia ella, porque desde ese momento, Tess lo había sido todo en su vida. Tener un hijo era maravilloso, pero a quien realmente quería Thomas era a Tess. No había querido casarse con ella para que en el futuro no tuviera que lamentar la falta de un hijo; Jane y su obsesión por quedarse embarazada lo habían marcado sentimentalmente, influenciando su actitud hacia Tess. El también deseaba ese hijo, y Tess había mantenido en secreto su embarazo por una razón, para el, bastante absurda. Se sentía inseguro y decidió disfrazar sus sentimientos con una mascara de ira. —Que quisiera o no quisiera casarme, ya no es el problema, no? —pregunto con brusquedad—. El bebe necesita un apellido. Lo demás no importa ahora. Aquello no era lo que Tess quería oír. Lo que ella quería que le dijera era que la amaba desesperadamente, que la amaría aunque no llevara dentro a su hijo, que la había echado de menos, que la necesitaba. Aunque nada de eso era verdad; la verdad era que Thomas vivía perfectamente sin ella, y si no hubiera sido por el bebe, Thomas nunca le habría ofrecido matrimonio. Todavía le extrañaba que hubiera aparecido en el restaurante el día que había ido a comer con Kit. ¿Que hacia ahí? Kit le había dicho que quería verla, pero Tess no lo había querido creer. Thomas sabia donde vivía; podía haber ido a buscarla en cualquier momento. No, Kit estaba equivocada, solo había sido una coincidencia. —Quiero que, si puedes, te cambies de ropa. Después guardaremos tus cosas y nos iremos al rancho. Supongo que estas muy débil. —Si —contesto—. Pero antes me gustaría bañarme —añadió con un hilo de voz. —¿Puedes hacerlo sola? —Si. Solo me mareo cuando acabo de levantarme —Dime que necesitas y yo puedo ir haciéndote las maletas. Tess asintió asombrada de la rapidez con la que Thomas tomaba decisiones. Era agradable que tomaran decisiones por ella, que la cuidaran. Estaba tan débil que no podía hacer nada. Una hora después, bañada y arreglada permitió que Thomas la ayudara a subir al Mercedes negro. Durante el viaje estuvo pensando en como reaccionaria Beryl.Casi no le presto atención a Thomas cuando este estuvo hablándole de los problemas del trabajo. Pero su preocupación fue en vano. Beryl salió a recibirla hasta el coche y le dirigió una sonrisa maternal. —Pobrecita —le dijo con cariño mientras le abría la puerta—. No te preocupes por nada, todo va a salir bien. Cuando Thomas no este aquí, yo te cuidare. No dejare que te pase nada. Tess no estaba acostumbrada a tanta amabilidad. Se llevo la mano a la cara y se echo a llorar. —Bueno, basta —dijo Thomas y la cogió en brazos. __Te llevare a tu habitación, necesitas descansar. Ha tenido un día muy largo. —Voy a calentar la sopa. Te gustara y le sentará bien al pequeño —añadió guiñándole un ojo a Tess antes de dirigirse a la cocina. __¿Se lo has dicho? —le pregunto Tess a Thomas. —Si —la miro a los ojos—. Todo esta bien. Lo único que debes hacer es descansar. Tess asintió pero sabia que no iba a ser tan sencillo. Todo le pareció muy complicado. Estaba con Thomas, pero nunca habían estado tan lejos, y su bebe estaba en constante peligro. Pensó que como no cambiaran pronto las cosas, se iba a volver loca.
HOLA .. BUENOLA PROXIMA ACTUALIZACION ES EL FINAL DE LA NOVELA .. BUENO HASTA PRONTO 3 O MAS Y AGREGO 😏
domingo, 18 de septiembre de 2016
Seis
Tess no había estado mas asustada en su vida. El hombre que estaba a su espalda la tenia inmovilizada del brazo. La arrastro lentamente hacia la puerta de la calle, donde otro hombre los estaba esperando en un coche en marcha. Aquello no podía estarle pasando... no podía dejar que le pasara. Sentía una navaja en las costillas y pensó que estaba al borde de la muerte. Si aquel hombre conseguía llevarla hasta el coche ya no tendría escapatoria. Moriría. El coche en el que los estaba esperando el otro hombre era un lujoso sedan color gris metalizado; tanto el hombre que estaba en su interior como el que la agarraba a ella vestían elegantes trajes. A pesar de su miedo, Tess pensó que se habían hecho millonarios sin escrúpulos. Lo malo era que eso significaba que no les importaría deshacerse de ella. Había una oportunidad, casi insignificante, de que pudiera escapar antes de que ese hombre la subiera al coche. En cuanto este abriera la puerta del edificio, tenia que guardar la navaja, y si ella era rápida y mantenía la calma, podría escapar. Intento tranquilizarse; no podía permitir que la invadiera el pánico. Tenia que recordar lo que había aprendido de sus compañeros detectives, los pequeños movimientos que podían salvarle la vida. Aquellas lecciones podían servirle. Rezo en silencio para que su agresor la soltara. Repasaba mentalmente una y otra vez el movimiento que iba a hacer esperando que llegara el momento oportuno. Todo marchaba bien. Lo sintió aflojar la presión de sus manos y reír. Disfrutaba con el miedo de Tess. La puerta ya estaba cerca y hacia ella se dirigió el hombre levantando la mano con la que estaba agarrando la navaja para poder abrirla. Y en cuanto empezó a soltarla Tess hundió con fuerza el codo en el diafragma del hombre. Este bajo el mentón y Tess le dio un puñetazo en la nariz. Reaccionando con rapidez Tess se aparto y salió corriendo a la calle en dirección a la gran avenida. ¡Gracias a Dios era mediodía y había gente por todas partes! Aquellos hombres no se arriesgarían a perseguirla entre la multitud. Tess corrió con todas sus fuerzas sin mirar hacia atrás. Se metió entre un grupo de gente que estaba esperando que cambiara el semáforo para cruzar la calle. Por el rabillo del ojo vio que un coche se dirigía hacia ella. ¡No, pensó aterrada, ellos no...! —¡Tess! La chica se volvió. Era Thomas en su Mercedes. —¡Thomas! —cruzo corriendo la calle, se metió en el coche y lo abrazo con fuerza. Thomas la estrecho en sus brazos. Había estado a punto de volverse loco. Iba corriendo a la agencia con la esperanza de llegar antes de que los detectives salieran a almorzar y había visto a Tess corriendo mientras un coche se alejaba a toda velocidad. Había tenido que elegir entre proteger a Tess o seguir al coche... pero no lo había pensado dos veces. Beso a Tess en la boca antes de soltarla. —Por poco me atrapan —murmuro Tess sin aliento—. Un hombre me ha agarrado por la espalda cuando salía de la oficina. Me ha puesto una navaja en las costillas... —Dios —gimió Thomas y la abrazo. ----Helen me había enseñado a defenderme de alguien que me atacara por la espalda — continuó Tess, alzando la cabeza en el pecho de Thomas—. He recordado como se hacía y le he cogido desprevenido y he salido corriendo —sonrió—. Ha sido muy emocionante--- añadió con la mirada brillante buscando los ojos de Thomas—. Ahora entiendo por que... ¿Thomas? Thomas acababa de aparcar el coche, agarraba con fuerza el volante y tenia la mirada perdida. .__Ya ha pasado todo —dijo Tess con suavidad y apoyo su cabeza en la de Thomas. Beso con ternura su boca, su nariz, sus ojos cerrados. No ha sido culpa tuya ---musito— se te ha olvidado que me habías dicho que no podía salir a comer con Helen. —No se me ha olvidado —contesto—. He salido con tiempo suficiente para llegar a la oficina antes de que salierais a comer, pero en el camino se me ha pinchado una rueda. —Thomas —murmuro. —Déjame abrazarte, Tess —contesto con voz des-garrada—. No hables. Solo déjame abrazarte. Tess obedeció. Thomas se sentía culpable, aunque Tess no entendía por que. Ella no lo culpaba. Lo beso en el cuello y estuvo a punto de decirle que para ser un hombre que no la amaba, parecía estar bastante asustado, pero lo pensó mejor y se quedo callada. Thomas suspiro y Tess levanto la mirada. Thomas la miro preocupado y le pregunto: —¿Te ha hecho daño? —No —le aseguro con mirada brillante—. Pero yo si le he hecho daño. Creo que le he roto la nariz. —Bueno —silbo—, tendré que hablar con Helen.
—Tu nunca has querido enseñarme a defenderme —contesto a la defensiva. —Me alegro de que lo haya hecho ella. Voy a premiarlos a ella y a Harold con todas las pizzas de anchoas que puedan comerse. —Que bien. ¿Puedes comprarme una a mi? Y Me estoy muriendo de hambre. —Pobrecita, no has almorzado —la acomodo en su asiento y le abrocho el cinturón de seguridad—.Ya vamos a comprarte una pizza. Tess lo miro con adoración y Thomas tuvo que hacer un gran esfuerzo para no abrazarla otra vez. No le gustaba mirarla cuando no podía ocultar lo que sentía por ella, pues Tess podía pensar que estaba enamorado, y eso era ridículo, desde luego... La beso en la boca con suavidad. —De ahora en adelante, cuando yo salga de la oficina, me asegurare de que alguien se quede cuidándote. Lo siento, Tess, lo siento muchísimo. —Ya te he dicho que no ha sido culpa tuya —le sonrió antes de añadir—: Bésame otra vez. —Hay demasiada gente —contesto Thomas señalando a las personas que iban por la calle. —Podemos comer en el apartamento, ¿no? —No, no podemos —contesto con cariño al ver la expresión de Tess—. En primer lugar, necesitas recuperarte de lo que te hice anoche, y en segundo lugar —añadió adoptando una expresión mas dura— de ahora en adelante vas a dormir en tu cama, no en la mía. No dejare que vuelva a suceder lo de anoche. —¿Por que no? —pregunto Tess con suavidad. Thomas le acaricio la barbilla y contesto preocupado: —Porque no quiero compromisos. Nunca olvidare que he sido el primer hombre con el que has hecho el amor. Pero tu necesitas mucho mas, y yo no creo en el amor. Todas mis ilusiones están rotas. —Puedes cambiar de opinión. Puedo acostumbrarme a ti. —Ya te has acostumbrado a mi, pero no puedo casarme contigo. Escúchame, Tess. Crees que me amas, pero no tienes ninguna experiencia con los hombres. Algún día el sexo no será suficiente para ti. Querrás tener hijos. __Te amo, Thomas —contesto Tess. Thomas la miro con ternura, pero reprimió el deseo que despertaban en el aquellas palabras. —No sabes lo que es el amor —contesto tranquilo.—. Crees que amor significa dos personas en una cama. .__Anoche éramos mucho mas que dos personas en una cama. Hicimos el amor, Thomas. Lo hicimos de una forma tan hermosa que estoy segura de que no te gustaría que otro hombre me acariciara como lo hiciste tu. Thomas cerro los ojos. Tess tenia razón, pero no podía decírselo. Debía guardarse sus sentimientos. —Fue solo sexo —contesto con frialdad obligándose a mirarla—. Y tienes suerte de que yo sea estéril podías haberte encontrado con graves problemas. —A mi no me parecerían tan graves —contesto sonriendo. —No tiene sentido seguir discutiendo —contesto Thomas y puso el motor en marcha—. Tenemos que informar de lo que te acaba de pasar, en la comisaría mas cercana. Asalto a mano armada. ¡Voy a meter a ese desgraciado en la cárcel hoy mismo y de ahí no saldrá esta vez, aunque tenga que pedirle a mis colegas que rodeen el juzgado! — concluyo enfadado. Tess se echo a reír al verle tan indignado. ----¿Como puedes reírte? Dios, acaso no te das cuenta de que le ha faltado muy poco para matarte? —Si, lo se. Y recuerdo que he pensado que no te volvería a ver —añadió mirándolo con adoración.
Thomas miro a otra parte. Últimamente había tenido demasiados sustos, y todos relacionados con el hecho de perderla. Arranco el coche, encendió un cigarrillo y no volvió a pronunciar palabra hasta que llegaron a la comisaría. Helen estaba exultante desde que se había enterado de que Tess se había salvado gracias a sus lecciones. Thomas había estado de un humor de perros durante el resto del día, aunque le había dado a Helen una recompensa por lo que le había enseñado a Tess. No podía quitarse de la cabeza a los hombres que la perseguían. Nunca había sentido tantas ganas de matar a alguien. Como estaban los detectives en la oficina, Thomas aprovecho para ir a la comisaría para hablar con el sargento que se estaba haciendo cargo del caso. —Todavía nada —le dijo el sargento—. Tenemos soplones por todas partes, pero ese par de ratas no se en que agujero se han escondido. Probablemente saben que después de lo que acaban de hacer vamos a detenerlos. ¿Sabes que tu secretaria ha tenido mucha suerte? Tomboy, el que la ha intentado meter al coche acaba de librarse de la cárcel por falta de pruebas en un asesinato. Estoy seguro de que la hubiera matado si hubiera conseguido subirla al coche. —No lo dudo —contesto Thomas muy serio. No quería seguir pensando en eso—, le ofrezco a mis detectives para que ayuden a localizar a esos tipos. No quiero que Tess siga corriendo peligro. —Agradecemos la ayuda —contesto el sargento Graves—. Con tu experiencia, sabrás que nuestra gente no es suficiente. La gente parece no darse cuenta del tiempo que lleva seguir a un sospechoso. Y esos dos tipos son proveedores de los grandes. Uno de ellos tiene contactos con el bajo mundo. —¿Tienes alguna dirección? El sargento sonrió, escribió algo en un papel y se lo entrego a Thomas. __No sabes de donde ha salido esta dirección, ¿de acuerdo? Thomas asintió y se puso de pie para despedirse. __Buena suerte. __Ambos la necesitamos. Cuando volvió a la oficina Thomas le entrego la dirección a Adams, además de algunas instrucciones. A la hora de cerrar la agenda se aseguro de no perder de vista a Tess hasta que llegaron al apartamento. Thomas dejo su chaqueta en un sillón con un gesto que a Tess empezaba a resultarle familiar. Adoraba estar a su lado, vivir con el y era dolorosamente consciente de que cuando atraparan a los hombres que querían silenciarla, tendría que volver a la soledad de su apartamento. Palideció al pensarlo. Thomas se volvió y le pregunto al ver su expresión. —¿ Qué pasa? —Estaba pensando que cuando atrapen a esos hombres, tendré que volver a mi apartamento. Thomas frunció el ceño. El tampoco quería pensar en eso. Los últimos días al lado de Tess habían sido maravillosos, y no solo porque habían hecho el amor, sino porque disfrutaba viviendo con ella. —Supongo que tu te alegraras —continuó Tess intentando parecer despreocupada—. Ya no te encontraras mi ropa en el cuarto de baño, ni mis zapatos debajo del sillón... —Eso no es verdad —contesto Thomas—. Voy a echarte de menos. Y creo que tu también vas a echarme de menos. Pero nos acostumbramos a eso hace mucho tiempo. —¿Te refieres a cuando te hirieron? —Si —asintió Thomas—, entonces convivimos muy de cerca hasta que yo conseguí alejarte de mi lado.
—Pero ya no te tengo miedo —le sonrió con tenura. Thomas la abrazo. —Esto tiene que terminar —le dijo con amargura—. Ya te lo advertí, no quiero compromisos. Tess le rodeo el cuello con los brazos y apoyo la mejilla en su pecho. Estaba dispuesta a disfrutar al máximo de aquellos mementos. Al menos, los recuerdos serian dulces. —¿Puedo dormir contigo esta noche? —Me encantaría —contesto Thomas—. Pero no. Eso solo empeoraría las cosas. No debemos estar mas cerca de lo que hemos estado. Ya será demasiado doloroso estando como están las cosas —Tess abrió la boca para protestar, pero Thomas la silencio poniendo un dedo sobre sus labios—. crees que me amas —continuó él—, pero todo cambiara cuando vuelvas a tu apartamento y retomes tu vida. Entonces te parecerá que todo ha sido una pesadilla. —Lo de anoche no fue una pesadilla. —Lo se —la beso en la frente con infinita ternura—. Pero fue solo una noche. Con el tiempo lo olvidaras. —¿Lo olvidaras tu? —pregunto Tess. Thomas se volvió como si no la hubiera oído y pregunto: —,¿Quien cocina hoy? Me apetece una hamburguesa. Varias hamburguesas —se corrigió—. El trozo de pizza que hemos comido no ha sido suficiente. —Yo preparare las hamburguesas —se ofreció Tess. —Siempre cocinas tu; eso no es justo. —Lo es si se tiene en cuenta lo mal que cocinas tu —contesto Tess dirigiéndose hacia la cocina. —Feminista. —Es solo cuestión de puntos de vista. Preparó unas hamburguesas especiales que Thomas miro con recelo cuando se sentó a la mesa. __Pruébalas antes de hacer comentarios en contra, le aconsejo Tess. Thomas entrecerró los ojos y probo una. __Son diferentes —dijo. __Kit me ha enseñado a prepararlas. Lo aprendió de su jefe. .—Hace mucho que no vienen por la agenda. Logan Deverell es uno de nuestros mejores clientes. Tansy, su madre, me mantiene en nomina. —Esa mujer esta loca, ¿verdad? —dijo Tess—. Siempre metida en problemas. Logan siempre esta preocupado por ella. —Si la amarrara a un poste, dejaría de preocuparse. —Si, pero entonces ya no recurriría a nosotros. —¡Sería la ruina! —Echo de menos a Kit —suspiro Tess y lo miro—. Se desmayaría si se enterara de que estamos viviendo juntos. —No vivimos juntos —señalo Thomas. —Claro que si, aunque sea temporalmente —replicó Tess. Thomas termino sus hamburguesas y ella le pregunto—. Supongo que no podremos ir al rancho este fin de semana. —No podemos arriesgarnos —contesto. —¿Por culpa de los narcotraficantes? —No, Tess —replico el con calma—. Porque hemos sido amantes y Beryl no esta ciega, Nuestra forma de mirarnos nos delataría. Es una mujer muy anticuada —hizo una mueca al ver que Tess se ruborizaba—. Y tu también. Y yo —su mirada se oscureció—.Y a pesar de eso, me gusta haber sido el primer hombre con el que has hecho el amor. Atesorare ese recuerdo durante toda mi vida. —Yo también —contesto con suavidad mirándolo a los ojos—. Decías que no podías ser tierno, anoche fuiste increíblemente cariñoso. Me deseabas tanto... —Quería mimarte —contesto emocionado—. Quería que tuvieras un recuerdo dulce, algo que borrara el miedo que te infundí la primera vez que te bese — se encogió de hombros—. Además quería averiguar si podía prodigar ternura. —Creo que no ha quedado ninguna duda al respecto —contesto Tess. Thomas la miro con carino. —Eres como me imaginaba —le contesto el—. Dulce y cariñosa, abandonada a mis brazos. Tess se ruborizo. —No me arrepiento de nada. Nunca me arrepentiré. Thomas desvió la mirada. Podía haberle dicho lo mismo, pero estaba empezando a excitarse. —Tengo trabajo. ¿No te importa que te deje sola? —Voy a ver un programa especial sobre lagartos —contesto Tess. —¿Lagartos? —pregunto extrañado. —No se por que, pero siempre me han fascinado. Sobre todo los dragones de komodo. ¿Los conoces? Son grandes y tienen áspides dentadas... —Y un órgano de Jacobsen muy desarrollado —añadió él sorprendiéndola—. Si, también me interesan los lagartos y, en general todo lo relacionado con los animales. —Supongo que porque también crías ganado. —Me gustaría llevarte al rancho otra vez —confeso Thomas buscando su mirada—. Pero Beryl te haría sentirte incomoda. —¿Tu crees que se puede ser feliz?.---- pregunto Tess de pronto. —Quizá si. Pero yo no puedo olvidar el fracaso de mi matrimonio, Tess. Sin embargo, al principio Jane y yo fuimos felices, aunque en determinado momento dejamos de preocuparnos el uno por el otro. En el amor no hay garantía de nada; creo que pensaría de otro modo si pudiera darte un hijo. Pero no puedo y no creo que podamos hacer que esta relación funcione. Tengo miedo de aceptar el reto, ¿me comprendes? __Crees que soy demasiado joven —suspiro Tess mirándolo con timidez—. No se si sentirme halagada 0 insultada. Te quería cuando tenia diecinueve años, Y te quiero ahora —sonrió con tristeza—. ¿Como puedo dejar de quererte, Thomas? Thomas apretó los dientes; no sabia que contestar así que se termino el café y se levanto. —Deja los platos, yo los lavare después. —No importa... —Estas en mi casa —le recordó con frialdad—. Estoy acostumbrado a lavar platos y a cocinar. Hace años que vivo solo —y acto seguido se dirigió a su estudio.
—Es realmente como si tuvieras una sombra —le dijo Helen dos días después en la oficina—. Thomas nunca te quita los ojos de encima, y si sale, me deja a mi, a Nick o a Adams vigilándote. Pobre de ti, supongo que tendrás ganas de que esto termine. Vivir con Thomas debe ser como vivir en el infierno. Menos mal que no sueles hacer vida social, si no ya te habrías vuelto loca. —Supongo que si. —Thomas podía haber sido tu hermanastro, ¿verdad? —pregunto Helen—. Todos sabemos que tu padre y su madre iban a casarse, así que eso hará que resulte mas fácil estar en su casa. Es como si fuerais familia. Tess contesto que si, aunque era mentira. Thomas no era familiar suyo; Thomas era la luz de su vida, aunque no estuviera dispuesto a darle lo que Tess deseaba: matrimonio y compañía. Thomas temía que ella fuera como Jane, que terminara haciéndole la vida imposible porque no podía darle un hijo. Pero ella, Tess, no seria así. Entendía que a Thomas le molestara no poder ser padre, pero eso no era el fin del mundo. Ella lo quería muchísimo y después de convivir con él no podía imaginarse lo que seria volver a vivir sola. Aunque Thomas no parecía tener el mismo problema. Si le preocupaba su relación, no lo demostraba. Por las noches se mostraba amable, pero nunca deseoso de buscar su cercanía. Pasaba casi todo el tiempo en su estudio y cuando no estaba allí, estaba en su habitación.. La distancia que los separaba iba agrandándose poco a poco. Thomas estaba decidido a sacarla de su mente, y aunque Tess quería seguir unida a él, no podía conseguirlo sin su ayuda. —Tess, ven aquí un momento, por favor —le dijo Thomas a la mañana siguiente señalándole su despacho. Allí se encontraba también Nick. Era el hermano de Helen y ex-agente del FBI. Thomas le había convencido para que trabajara en su agencia; si Tess no estuviera enamorada de Thomas, probablemente lo estaría de Nick. —Vamos a obligarlos a actuar —le dijo Thomas a Tess sin mas preámbulos—. Nick ha estado con un hombre que tiene una pista e información que podemos utilizar, y le ha dado algunas pistas sobre sus movimientos. Te vamos a utilizar de señuelo, cariño, y esos tipos vendrán a buscarte. —Gracias —suspiro Tess—. Siempre he sabido que me querías, Thomas. De verdad. Nick se echo a reír, pero Thomas permaneció muy serio y añadió —Estarás a salvo porque nosotros te estaremos vigilando. Es lo único que se me ha ocurrido para no darles ventaja. No podemos quedarnos sentados esperando que vuelvan a actuar. Eso es muy peligroso. __¿Que quieres que haga? —pregunto Tess con calma.---Primero te dispararon, después quisieron secuestrarte para liquidarte y conseguiste escapar —murmuró Nick—. Es una pena que Thomas no quiera contratarte como detective, Tess. Eres una detective nata. —Díselo, díselo a Thomas —contesto señalando a la oficina—. Piensa que no sirvo para esto. —No hace falta ser detective para recibir un disparo —le informo Thomas. —No, pero si para escapar de un asesino en potencia —contesto Nick—. Algunos de nuestros mejores detectives no habrían... —Mira, cambiemos de tema —le interrumpió Thomas con suavidad—. Tess, esto es lo que quiero que hagas... Y procedió a ponerla al corriente. Le contó donde y como iban a tender la trampa. Tess estaba tan nerviosa como asustada, pero se recordó que ya se había enfrentado a los dos tipos que habían querido liquidarla. Estaba segura de que podía mantener lacalma en situaciones peligrosas. Al menos estaría fuera de peligro cuando todo terminara. Y también estaría fuera de la vida de Thomas, a juzgar por la prisa que tenia por resolver el caso. Aquel fin de semana, Thomas se mostró desacostumbradamente inquieto. —Ven, salgamos de aquí —le dijo mirándola—. Ponte algo. —Ya llevo puesto algo —contesto señalando sus pantalones vaqueros y su sudadera. —Bueno, ponte un abrigo y botas. Tengo ganas de montar a caballo. —¿En donde? —En el rancho —murmuro y la vio sonrojarse— Es el día libre de Beryl —le informo—. Además así, podremos mantener las apariencias en publico. De hecho, Helen se cree que estoy convirtiendo tu vida en un infierno. —¿Y no es cierto? —pregunto Tess. Thomas se volvió y contesto: —Anda, vamonos. No podemos quedarnos aquí sentados todo el día. Y si no la tocaba, menos, pensó ella con amargura. Pero no podía negarse a pasar un día entero en compañía de Thomas. En el futuro cada momento pasado a su lado seria un recuerdo muy preciado. Cogió un anorak, se puso unas botas y le siguió. Era un día frío y se alegro de haberse puesto el anorak cuando llegaron al rancho de Thomas. Sus esfuerzos por no caerse del caballo hicieron reír a Thomas, aunque el caballo en el que la había montado era tranquilo y a los pocos minutos Tess consiguió dominarlo. Llevaban un rato cabalgando cuando vio que Thomas se movía molesto en la silla y le pregunto preocupada: —¿Te duele la espalda? —Desde hace algunas noches —la miro sonriendo con amargura y ella le miro tan preocupada que se echo a reír—. Oh, Dios. —¿Te molesta? —pregunto. —La espalda esta bien —le aseguro—. Un poco rígida, pero se pone así cuando trabajo mucho. Te aseguro —agrego en tono mas suave—, que me duele mas la espalda por lo que hicimos juntos que por el trabajo de rutina. —Ya veo —contesto Tess después de aclararse la garganta y desvió la mirada. —Cobarde. Tu eres la que ha sacado el tema —le cogió la mano y la beso—. Gracias por el regalo que me entregaste aquella noche. Tess se ruborizo; no fue capaz de pronunciar palabra Thomas detuvo los caballos y cuando Tess se atrevió mirarlo continuó __Me sentí como un verdadero hombre —le dijo lentamente—. Aunque no pudiera darte un hijo. _Thomas —contesto—,un hijo no es la única razón por la que dos personas se casan. " ___Quizá no —contesto—. Pero el hecho de no poder tenerlo puede destruir un matrimonio —su expresión se endureció—. Destruyo el mío —¡Yo no soy Jane! —exclamo Tess. —De eso no hay duda. Ella no me soportaba en la cama, y tu... Dios, tu... ---beso la palma de la mano de Tess y cerro los ojos—. Nunca había sentido nada igual —concluyo bruscamente. A Tess le sorprendió la emoción que se reflejaba en la voz de Thomas. —Creía que para un hombre no había tanta diferencia entre una mujer u otra. —Estuve a punto de perder el conocimiento en tus brazos —la miro y dijo con voz enronquecida—. Cuando pienso en aquella noche me excito. También ella; Tess miro a Thomas esperando que se rindiera a lo que sentía, pero el ruido de unos caballos que se acercaban le hizo volver la cabeza. Thomas le soltó la mano. —¿ Quienes son ? —pregunto Tess al ver acercarse a dos jinetes. —Cole Everett y King Brannt —encendió un cigarrillo y sonrió cuando los jinetes se detuvieron a su lado. Thomad sabia que lo habian visto con Tess y que se habían acercado para verlo mejor. Tanto Cole como King sabían que era bastante raro que Thomas llevara una mujer a su rancho. —Bonito día —comento Cole y recorrió a Tess con la mirada con evidente admiración, —Si, bonito día —dijo King. —Esta es Teresa Meriwether —les inforrnó Thomas con exagerada paciencia—. Tess para los amigos, su padre iba a casarse con mi madre antes del accidente. así que ella es... de la familia. Y también mi secretaria en la agencia. Cole Everett se echo hacia atrás el sombrero y miró con curiosidad a Thomas. —Bien —dijo Cole y se volvió hacia Tess—-. me alegro de conocerte —le sonrió con cariño. —Yo tambien —coincidió King Brannt. Tess les sonrió tímidamente. —,Como esta Heather? —le pregunto Thomas a Cole—.¿Sigue dando clases de canto? —Y escribiendo canciones —replico Cole—. Ha vendido hace poco un tema a un grupo llamado Desperado, de Wyoming, y el cantante del grupo ha ganado otro Grammy gracias a la canción. Heather esta encantada, y también nuestros hijos —rió—. Están en una edad en la que la música parece ser lo único importante. —A mis hijos también les encanta —comento King—. Dana tiene un teclado y Matt una batería. Shelby prefiere salir al jardín cuando ensayan. El año que viene irán a la universidad. Los hijos de Cole veces vienen a ensayar con los míos y creo que un día me voy a volver loco con tanto ruido. —Los mando a tu casa para que en la nuestra haya un poco de paz —explico Cole—. Shelby le ha dicho a Heather que le gustaría tener otro hijo. ¿No crees que ya estas un poco viejo? —Mira quien habla, abuelo —contesto King y miro con curiosidad a Thomas—. ¿Estas pensando en volver a casarte. Thomas ni siquiera pestañó.. —No. ¿Querías algo mas, aparte de ver de cerca a mi invitada? —Quería comentarte que deberíamos comprar otro toro —le recordó Cole—.- King va a vender uno, pero necesita comprar otro. Como tu y yo estamos preparados para vender, King ha pensado que podíamos hacer un trato en cuanto tengas tiempo, discutirlo... Hoy no, por supuesto —añadió al ver como lo miraba King. Thomas soltó una carcajada. __Esta bien —dijo—. Hablare contigo la próxima semana. Para entonces esperaba haber atrapado a los narcotraficantes que amenazaban a Tess, y ella se habría ido ya a su apartamento. —Esta bien —contesto King—. Y en cuanto a lo de cambiar tu toro por el mío, ni lo sueñes —añadió sonriendo burlón a Cole. —Ves demasiadas películas de John Wayne —señalo Cole—. Hasta hablas como el. —En cualquier caso —dijo King arqueando una ceja—. No vas a conseguir venderme un toro cansado. —¿Crees que seria capaz de hacerle algo así a un amigo? —pregunto Cole haciéndose el ofendido. —Claro —contesto King y miro a Thomas—, y también que Thomas te ayudaría. —¡Menudos amigos! —contesto Tess riendo de buena gana. —Oh, por supuesto que lo somos —concedió King—. Pero ya sabes que los amigos pueden ser mucho mas peligrosos que los enemigos. —Lo tendré en cuenta —murmuro Thomas. —¿Vas a quedarte mucho tiempo en el rancho? —pregunto Cole—. Estoy seguro de que a Heather le encantara verte. Supongo que tu trabajo debe ser muy interesante — miro a Tess—. Thomas nunca habla de eso —señalo a Thomas con el dedo. —Es la única forma de mantener a la clientela —contesto Thomas—. Nos vamos dentro de un rato, pero a lo mejor traigo a Tess otro día. —Esta bien. Bueno, entonces nos vemos el próximo fin de semana. —Me alegro de haberte conocido —dijo King a Tess antes de alejarse de allí. Cole Everett les sonrió siguió a King. ' —¿Tus amigos hace mucho que se casaron? —Años —replico Thomas—. Sus hijos ya son adolescentes —continuo con una dura expresión—. Será mejor que volvamos. Tess apoyo la mano en el brazo de Thomas y dijo con suavidad: —No permitas que esto te afecte, Thomas, los hijos no lo son todo. —Lo son si no puedes tenerlos —contesto el y la miro fijamente—. Dime que no quieres tener hijos, Tess —la reto con frialdad. La mirada de Tess se nublo por la angustia y el dolor, pero el no lo interpreto así, maldijo por lo bajo y se adelanto. Tess lo siguió. En ese momento ella supo que Thomas no iba a ceder; nunca se volvería a casar porque no podía soportar la idea de no poder tener hijos. Tess nunca podría convencerle de que podía ser feliz sin hijos. Su relación no tenia ningún futuro. Thomas lo había dejado muy claro sin necesidad de pronunciar una sola palabra. Tess llego al establo sumida en una profunda tristeza. Thomas la vio hacer una mueca y la ayudo a desmontar, pero como siempre, tocarla lo excito. La retuvo a su lado mientras ella murmuraba con suavidad. —Me gustan tus amigos. —A mi también —Thomas intento normalizar el ritmo de su respiración—. Tenemos que volver. —Me ha gustado mucho el paseo —musito Tess. —¿Estas cansada? —Si —contesto—. No estoy acostumbrada a montar a caballo, pero me gustaría aprender. —A mi ahora me gustaría hacer otra cosa —contestó Thomas buscando su mirada—. No sabes cuanto te deseo pero no puedo tenerte. —Dane... __No —se aparto—. Dentro de uno o dos días habremos resuelto tu problema. Después seguiremos cada uno nuestra propia vida —y sin mas se volvió meter los caballos en el establo. A Tess le sorprendía la facilidad con la que daba la espalda a lo que había ocurrido entre ellos, a su futuro. Durante el viaje de vuelta a Houston Tess se sintió mas sola que nunca. Afortunadamente, consiguió relegar lo que había ocurrido entre ellos a un rincón de su mente gracias al asunto de los narcotraficantes. Habían preparado una trampa para la noche del día siguiente. Si algo salía mal, podían matarla, pensó nerviosa. Miro a Thomas y se pregunto si le dolería perderla, recapacito y se dijo que estaba siendo injusta con él. Claro que le dolería perderla. —¿Que pasa? —le pregunto Thomas al verla preocupada. —Estaba pensando en la trampa —contesto. —Trata de recordar que Nick y yo sabemos hacer nuestro trabajo —contesto Thomas después de segundos de silencio—. Vamos a cuidarte bien, pequeña. Vamos a atraparlos. —Estoy segura —contesto Tess sin mucho convencimiento. Thomas esperaba que todo saliera como lo habían planeado el y Nick. En cuanto los narcotraficantes estuvieran en la cárcel, podría decidir que hacer en cuanto a Tess. Pero de una cosa estaba seguro: tenia que sacarla de su vida antes de que fuera demasiado tarde. No podían seguir juntos, mas que nada por el bien de Tess. La quería demasiado para arrastrarla hacia un matrimonio vacío.
Siete
Había oscurecido y estaba empezando a llover, Tess se cruzo de brazos; tenia frío. Thomas estaba detrás de ella, fumando su cigarrillo. Nick, Helen y Adams, además de dos de los mejores hombres del sargento Graves esperaban escondidos. Una discreta investigación había revelado que alguien vigilaba la agenda y aquella noche habían decidido tender la trampa. Aparentemente, Thomas y Tess se habían quedado a trabajar hasta tarde y el resto del personal había salido temprano, intentando que los vieran los delincuentes que estaban vigilando las oficinas. En cuanto se habían alejado un poco de allí, habían aparcado sus coches y habían tornado posiciones según lo planeado. Thomas consulto inquieto su reloj. No le gustaba utilizar a Tess de señuelo, pero no tenia alternativa, no podía permitir que Tess viviera en constante peligro. No quería que nada la amenazara, y aunque no podía tenerla, tampoco quería verla herida. Eso nunca. —¿Estas asustada? —le pregunto con cariño. —Aterrada —confeso Tess—. Pero es normal, no? —Así es. Cada vez que me he visto envuelto en un tiroteo he sentido un miedo atroz, pero siempre he conseguido superarlo. —La adrenalina puede ser como una droga —contesto ella—. Cuando salgamos de esto, voy a echar de menos el peligro. —Es como una droga, poreso nunca te voy a dejar trabajar como detective. No quiero que corras ningún peligro. Tu te estas arriesgando constantemente —señalo __Y estoy segura de que no vas a renunciar a tu trabajo. _-No tengo a nadie —contesto—. Esta no es profesión para un hombre casado. Las exigencias de este trabajo pueden terminar con la mejor de las relaciones. Jane odiaba mi trabajo porque nunca me veía en casa. __-Thomas —lo miro con suavidad—, si hubieras estado realmente enamorado de ella..., no habrías hecho todo lo posible por estar mas tiempo con Jane? —Ya es la hora —dijo Thomas, sin contestar a la pregunta de Tess. Apago el cigarro—. Ya sabes lo que tienes que hacer. —Si. Thomasc cogió su portafolios y se detuvo a su lado. La miro con ternura. —No corras riesgos innecesarios. Si ocurre algo que no hayamos previsto, grita, rompe una ventana, haz cualquier cosa para llamar la atención. Yo estaré cerca de ti. —Esta bien —contesto en un susurro, Tess tenia la boca seca y le sudaban las manos. El corazón le latía con violencia, pero no quería demostrarle a Thomas lo asustada que estaba porque eso solo empeoraría las cosas. —Todo va a salir bien —la animo Thomas-—. Esta noche terminar a todo. —Pueden salir de nuevo bajo fianza... —No. No lo permitiremos. —Es mi palabra contra la suya. —No lo será después de esta noche —le prometió acariciándole con ternura la mejilla— . Animo, cariño —musito y se incline para mordisquear el labio inferior de la chica, la beso y salió después rápidamente de la oficina. Tess se quedo sola; la oficina le pareció de pronto fría y amenazadora. Thomas necesitaba tiempo para llegar al aparcamiento, guardar su portafolios el coche, encender un cigarrillo y volver a la oficina. Así no pensaran que había dejado sola a Tess a propósito. En ese momento, un coche gris metalizado paro en la calle y de el salieron dos hombres. Amparados por la oscuridad caminaron pegados a la pared del edificio observando a Thomas, que se dirigía hacia el aparcamiento.
Era la oportunidad que estaban esperando. Entraron rápidamente en el edificio, subieron en el ascensor y cuando llegaron al piso en el que estaba situada la agencia prepararon los revólveres. Aquella vez no fallarían. Lo que no sabían era que Thomas los había visto. Sin perder un segundo, había entrado por la puerta posterior del edificio y había cogido el ascensor de servicio para llegar a otra de las entradas de la agencia. Llevaba desenfundada su 45. Cuando se abrió la puerta principal, Tess se volvió y se quedo rígida, inmóvil, al ver a un hombre con el revolver en la mano. No iban a lograrlo, sabia que ninguno de los detectives llegaría a tiempo para protegerla. Miro el revolver aterrada. «Thomas», pensó angustiada. Su ultimo pensamiento fue para el. —¡Agáchate! —ordeno una voz y ella obedeció, en el preciso momento en el que un disparo rompía el silencio. Thomas fue rodando por el suelo hasta donde estaba ella para esquivar los disparos. El también disparo y consiguió herir a uno de los narcotraficantes, que volvió a disparar antes de caer gritando, mientras el otro hombre emprendí la huida. Thomas se puso de pie y se acerco al hombre caído con expresión pétrea; lo esposo antes de volver al lado de Tess, que se había puesto de rodillas y temblaba como una hoja. __El otro —jadeo Tess. __Ya debe haberlo atrapado Nick —contesto Thomas ofreciéndole su mano para ayudarla a levantarse. __¡Traigan un medico, maldición! —chillo el herido__ ¡Esto es inhumano! ¡Me estoy desangrando! __También se desangro Tess cuando vosotros la heristeis —replico Thomas. —¿Te encuentras bien? —-pregunto Tess tocando los brazos de Thomas en busca de alguna herida—. ¿No te han herido? —Me he pasado media vida esquivando balas —le recordó Thomas—. Para eso me pagaban. ¿Estas bien? —Ahora ya estoy bien —contesto Tess buscando su apoyo. Miro al traficante que se retorcía en el suelo. —¡Tess! —exclamo Helen, que entraba en ese momento seguida por Nick—. Hemos oído disparos... —se interrumpió al ver al hombre herido y después volvió a dirigirse a Thomas y Tess—.¿Estáis bien? —Si. ¿Y su cómplice? —pregunto Thomas mirando al hombre herido. —Ya lo he entregado a los hombres de Graves —contesto Nick, enfundando su revolver automático. Miro furioso a su hermana, antes de añadir—: Pero no gracias a mi hermana, la señorita James Bond aquí presente. Ha cruzado la línea de fuego. —¡Claro que no! —contesto rápidamente Helen—. ¡Has sido tu el que ha aparecido de repente! ¿por que siempre que algo sale mal tengo que tener yo la culpa? ¿Es que tu nunca cometes errores, Don Perfecto? —No —contesto Nick riendo complacido, y Thomas tuvo que reprimir una carcajada al ver la expresión de Helen. —Basta —ordeno Thomas—. Llama a una ambulancia para que recoja a este hombre —le entrego el arma del herido. —Con cuidado, no dejes las huellas dactilares —le dijo Nick con deliberado sarcasmo. —Se como coger un arma —contesto Helen furiosa—. ¡Tu mismo me enseñaste! —se volvió y le pregunto a Tess— ¿Te encuentras bien? —Si, gracias —contesto casi sin aliento. —Malditos detectives —grito el herido—. ¡Malditos! —Vamos —dijo Thomas abrazando a Tess—. Salgamos de aquí. Fue una noche larga. Tess tuvo que hacer una declaración, esperar a que la mecanografiaran y después firmarla. El herido estaba bajo vigilancia policial en el hospital, de donde saldría para ir a la cárcel. Su cómplice ya lo estaba esperando tras las rejas. Tess durmió profundamente aquel día, por la mañana ni siquiera oyó el despertador. Cuando al fin se despertó se encontró con una nota de ThomS en la que le decía que no fuera a trabajar porque necesitaba descansar. Posiblemente si, además también necesitaba tiempo para guardar sus cosas. Thomas se había mostrado muy distante con ella la noche anterior y la había mandado a la cama, diciendo que mas que conversación, lo que necesitaba era dormir. Pero lo que Thomas quería era no volver a verla. Tess no necesitaba ser adivina para saber que no quería que se quedara a su lado. Hasta era posible que al saber que ya no corría peligro, no quisiera verla siquiera en la oficina. Su sola presencia seria un recuerdo constante de su propia vulnerabilidad, de la noche en la que se había rendido a su propio deseo y se había permitido amarla. La amaba. Tess estaba segura, pero también sabia que Thomas iba a luchar contra aquel sentimiento y que posiblemente saldría victorioso. Ni se había sido el riesgo que ella había corrido al plegarse a sus deseos. Lo que tenia que hacer era dejar que pensara bien las cosas. Solo dándole a Thomas libertad de elección tendría la oportunidad de convencerle de que podían vivir juntos. Cuando Thomas volvió al apartamento aquella noche, ella ya había recogido sus cosas. Tess estaba sentada en el sofá y esperándole con las maletas a su lado. Le miro cuando entro y Thomas frunció el ceño al ver las maletas. __Creo que es lo mejor —le dijo Tess con calma—.no quiero seguir causándote problemas —se levantó---¿Puedes llevarme a mi apartamento, por favor? Thom suspiro. Tess tenia razón, era lo mejor. El problema era que había esperado verla tumbada en el sofá viendo la televisión. Su inminente marcha le destrozo. —Vamonos —le dijo en tono inexpresivo. —Gracias. Se puso el abrigo y lo siguió sin mirar atrás. —No tienes que preocuparte por esos delincuentes —le dijo Thomas—. Me han asegurado que ya no saldrán de la cárcel pero tendrás que hacer mas declaraciones. Graves te dirá cuando. —Si, me lo dijo ayer —contesto Tess. Hicieron el trayecto en silencio. En cuanto llegaron a su apartamento, Tess encendió la calefacción para caldearlo y se quedo inmóvil en medio de la habitación. —¿Estarás bien? —le pregunto. —Por supuesto... ya estoy a salvo, ¿no? —añadió nerviosa—. ¿Esos hombres no tienen amigos que les deban algún favor, o algo así? —No. Esos tipos estaban intentando abrirse mercado en territorio ajeno. Nadie los quiere tanto como para hacerte pagar por su detención. —Gracias a Dios. —No tienes que ir mañana a trabajar si no te apetece —le dijo. Después la miro con calma y expresión triste. —No me importa volver a trabajar —se abrazo misma y le miro—... siempre que a ti no te importe tenerme allí.... —Dios, supongo que no creerás que soy capaz una cosa así —pregunto brusco—. ¡Despedirte cuando te hirieron por mi culpa! —No fue culpa tuya. Vi algo que no debía haber visto. No te he culpado a ti en ningún momento. —Bueno, pero yo si —aspiro hondo—. Me culp0 por muchísimas cosas.
—Ahora ya soy adulta —contesto—. Soy capaz de tomar mis propias decisiones, Thomas. —¿Si? —pregunto entrecerrando los ojos. La vio sonrojarse—. Pues, aunque creas que fuiste tu la que decidiste acostarte conmigo, quiero que sepas que fui yo el que te seduje. —Me temo que fue al contrario —contesto ella sonriendo con tristeza. Thomas encendió un cigarrillo. —Superaras esto... Ahora te parece imposible, pero lo harás. El tiempo lo cura todo. —Jane te hizo mucho daño, ¿verdad? Yo no te lo haría, pero tu no me crees porque no confías en los sentimientos. ¿De verdad quieres permanecer solo resto de tu vida, Thomas? —Si —contesto cortante. Desvió la mirada para que Tess no se diera cuenta de que mentía. La deseaba, pero quería alejarla de el por su bien. Cuando estuviera felizmente casada y con hijos, lo olvidaría. Tess sabia que no podía convencerle, las palabras no bastaban y su cuerpo no era tentación suficiente para retenerle a su lado. —Ya no tenemos nada que decirnos. —Nada —admitió Thomas recorriendo con la mirada el pequeño apartamento antes de mirarla por ultima vez a ella y abrir la puerta—. Nos vemos mañana. __Si, adiós —murmuro Tess reprimiendo las lagrimas. Thomas se tenso al advertir el dolor que se escondían sus palabras sus palabras, pero no la miro. __Cuídate. __Lo haré. Tu también —dudo antes de preguntar.__ Thomas? _¿Que? __Gracias por haberme salvado la vida. Si no hubieras estado en la oficina, ahora no estaría aquí. Thomas cerro los ojos. No podía pensar en eso, no soportaba pensar en lo cerca que había estado Tess de morir. —Buenas noches, Tess —contesto y salió. Llovía mientras se dirigía hacia el coche. Cuando llego hasta el, se apoyo en la puerta y miro hacia las ventanas del apartamento de Tess. Pensó con amargura que siempre tenia que quedarse fuera, siempre bajo la fría lluvia. Si pudiera darle un hijo a Tess, en ese momento estaría a su lado abrazándola, amándola. Pero no era capaz de engendrar un hijo y la estaría engañando si cedía a sus propios sentimientos. Termino el cigarrillo, subió a su coche y se marcho. Tess esperaba que al volver al trabajo, Thomas la tratara con cierta frialdad, pero no con total indiferencia. La trataba como si fuera un ordenador del que extraía la información que necesitaba. Habían vuelto a ser jefe y empleada. Tess trabajaba con eficiencia, pero su corazón no estaba allí. Thomas no quería verla en su agencia, estaba segura. —¿Quieres salir conmigo a cenar? —la invito Helen sonriendo—. Ahora que soy una heroína y que mi nombre ha aparecido en los periódicos, el dueño de la pizzería cree que atraigo a la clientela. Me da lo que le pida —chasqueo los dedos—. Hasta pizza con doble ración de queso, champiñones y anchoas. —Un día vas a derretirte —la previno Tess—.comes tanta pizza que te vas a convertir en queso y va a terminar fundida en el suelo. —No mientras siga comiendo anchoas —le sonrió Helen—. Anda, ven conmigo. Estos días te he visto muy desmejorada. Necesitas distraerte. —No tengo ganas de salir —contesto Tess—. Estoy muy cansada, supongo que como consecuencia de las tensiones pasadas —añadió sonriendo—. Y el mes que viene tengo que volver a declarar ante el juez que lleva el caso de los narcotraficantes. —Buitres —murmuro Helen—. Ojalá los condenen a cadena perpetua. —No lo creo —replico Tess—, pero van a pasar una buena temporada en la cárcel, y espero estar viviendo en la Antártida cuando salgan —añadió temblando.
—¿No te has enterado? —pregunto Helen—. Creía que Thomas te había dicho que esos tipos estaban implicados en el asesinato de otro narcotraficante. —Thomas no me ha comentado nada —no añadió que Thomas solo le dirigía la palabra para lo estrictamente necesario, ni que la evitaba como si fuera una enfermedad infecciosa. Helen entrecerró los ojos y contesto: —El tampoco tiene muy buen aspecto. Pobre hombre, no dormía mientras tu estabas en peligro. No se de donde saca las fuerzas para trabajar tanto. —Ni yo —bostezo Tess—. ¡Yo estoy agotada! —Creo que lo que necesitas es acostarte pronto. Ven conmigo a cenar pizza y prometo llevarte pronto a tu apartamento. —Gracias, pero no soporto la comida demasiado condimentada. Hace un par de días que tengo un poco revuelto el estomago. Supongo que Adams me ha contagiado lo que tenía. Harold tiene gripe. Voy a traerlo a la oficina para que se la contagie a Adams — le ofreció Helen _Eres una verdadera amiga —contesto Tess. _Ya lo sabia —sonrió Helen. Cuando salió de la agenda, Tess se dirigió a su apartamento dispuesta a meterse en la cama en cuanto llegara. El virus que había contraído debía de ser muy potente, pensó mientras desayunaba al día siguiente. A pesar de lo que había dormido, estaba agotada. Volvió a meterse en la cama y se quedo dormida. Thomas llego al apartamento poco después. A Tess le sorprendió su preocupación, pues su actitud en la oficina la había convencido de que había olvidado lo que había ocurrido entre los dos. —¿Como te encuentras? —le pregunto en la puerta. Tess estaba despeinada y pálida, envuelta en un camisón de franela y una bata que le llegaba a los pies. —Adams me ha contagiado su enfermedad —dijo débilmente—. Mátalo de parte mía, ¿quieres? —¿Necesitas algo? —No, gracias. —Creo que deberías ir al medico —contesto el frunciendo el ceño. —¿Por un simple malestar? No bromees. Thomas, necesito acostarme. Gracias por venir, pero dentro de un par de días estaré perfectamente. Puedes contratar una sustituta hasta entonces ¿no? —Ya ha venido hoy —dudo antes de añadir—. Es muy competente. Es casi tan rápida como tu. —Si quieres despedirme, lo único que tienes que hacer es decírmelo —le miro a los ojos, y confirmo sus sospechas—. Habla con ella y si quiere quedarse puedes despedirme sin... —Pero antes tienes que conseguir otro trabajo --- interrumpió con los dientes apretados. —La Agenda de Investigaciones Short me contratara en cuanto se lo pida, lo sabes. El señor Short me dijo una vez que le encantaría que trabajara para el. El señor Short era un atractivo viudo, de cuarenta años. Thomas entrecerró los ojos al imaginarse a Tess trabajando en su oficina. —No creo que... —empezó a decir. —Thomas, a ti no te gusta verme en la agenda —contesto débilmente—. Deja de fingir. Desde que te acostaste conmigo, me he convertido en una pesadilla para ti. No soportas verme, y lo entiendo. Para mi es muy difícil trabajar contigo sabiendo lo que sientes. —No digas eso —dijo en un susurro—. Me hiciste sentirme el mejor de los hombres. —Y para mi lo eres —se apoyo contra la pared, y le miro con adoración—. Pero supongo que conseguiré olvidarte si dejo de verte a diario.
—Encontraras a otro. —Lo se —contesto para tranquilizar la conciencia de Thomas, aunque no lo creía. Se obligo a sonreír y añadió—: Adios, Thomas. —Esto no habría funcionado, cariño —contesto el con tanta ternura y angustia que Tess estuvo a punto de echarse a llorar—. Teníamos dos cosas en contra desde el principio. No quiero volver a casarme. —Lo se —contesto ella con dulzura—. Esta bien. —No, no esta bien. Te echo de menos. Me siento muy solo sin ti. Tess le miro con los ojos llenos de lagrimas. —Por favor, vete —le suplico a Thomas. --¡No es amor lo que sientes por mi! —gruño—. ¿No lo ves? ¡Es solo atracción física! Tess ya no pudo contestarle. —Es lo mejor, terminarasdándome la razón. Te casaras y tendrás un hogar lleno de hijos... —se volvió. Sintió que se le quebrara la voz. No soportaba pensar en eso— Adíos, pequeña. Le diré a Helen que te traiga tu indemnización. Puedes decirle que no soportaste recordar el asunto de los narcotraficantes, te creerá. —--Lo hare —sollozo. «;Por favor, vete», pensó, vete antes de que me rompa en mil pedazos!». --- Y si alguna vez me necesitas... __Gracias. Adiós. Thomas se marcho sin volver la mirada y cerro la puerta. Le rompía el corazón dejar sola a Tess, pero no podía ofrecerle nada. Se dijo a si mismo que no lo amaba de verdad, que era atracción física lo que sentía por el. Y el matrimonio era imposible e injusto para ella. Se dirigió a su apartamento repitiéndose aquella idea una y otra vez. Pero cuando llego y lo encontró vacío, lo único que supo era que estaba solo, completamente solo.
HOLA ... BUENO AQI ESTAN LOS DOS CAPS .. YA VA A TERMINAR LA NOVELA ASI Q COMENTEN 3 O MAS Y AGREGO .. HASTA LUEGO :))
Tess no había estado mas asustada en su vida. El hombre que estaba a su espalda la tenia inmovilizada del brazo. La arrastro lentamente hacia la puerta de la calle, donde otro hombre los estaba esperando en un coche en marcha. Aquello no podía estarle pasando... no podía dejar que le pasara. Sentía una navaja en las costillas y pensó que estaba al borde de la muerte. Si aquel hombre conseguía llevarla hasta el coche ya no tendría escapatoria. Moriría. El coche en el que los estaba esperando el otro hombre era un lujoso sedan color gris metalizado; tanto el hombre que estaba en su interior como el que la agarraba a ella vestían elegantes trajes. A pesar de su miedo, Tess pensó que se habían hecho millonarios sin escrúpulos. Lo malo era que eso significaba que no les importaría deshacerse de ella. Había una oportunidad, casi insignificante, de que pudiera escapar antes de que ese hombre la subiera al coche. En cuanto este abriera la puerta del edificio, tenia que guardar la navaja, y si ella era rápida y mantenía la calma, podría escapar. Intento tranquilizarse; no podía permitir que la invadiera el pánico. Tenia que recordar lo que había aprendido de sus compañeros detectives, los pequeños movimientos que podían salvarle la vida. Aquellas lecciones podían servirle. Rezo en silencio para que su agresor la soltara. Repasaba mentalmente una y otra vez el movimiento que iba a hacer esperando que llegara el momento oportuno. Todo marchaba bien. Lo sintió aflojar la presión de sus manos y reír. Disfrutaba con el miedo de Tess. La puerta ya estaba cerca y hacia ella se dirigió el hombre levantando la mano con la que estaba agarrando la navaja para poder abrirla. Y en cuanto empezó a soltarla Tess hundió con fuerza el codo en el diafragma del hombre. Este bajo el mentón y Tess le dio un puñetazo en la nariz. Reaccionando con rapidez Tess se aparto y salió corriendo a la calle en dirección a la gran avenida. ¡Gracias a Dios era mediodía y había gente por todas partes! Aquellos hombres no se arriesgarían a perseguirla entre la multitud. Tess corrió con todas sus fuerzas sin mirar hacia atrás. Se metió entre un grupo de gente que estaba esperando que cambiara el semáforo para cruzar la calle. Por el rabillo del ojo vio que un coche se dirigía hacia ella. ¡No, pensó aterrada, ellos no...! —¡Tess! La chica se volvió. Era Thomas en su Mercedes. —¡Thomas! —cruzo corriendo la calle, se metió en el coche y lo abrazo con fuerza. Thomas la estrecho en sus brazos. Había estado a punto de volverse loco. Iba corriendo a la agencia con la esperanza de llegar antes de que los detectives salieran a almorzar y había visto a Tess corriendo mientras un coche se alejaba a toda velocidad. Había tenido que elegir entre proteger a Tess o seguir al coche... pero no lo había pensado dos veces. Beso a Tess en la boca antes de soltarla. —Por poco me atrapan —murmuro Tess sin aliento—. Un hombre me ha agarrado por la espalda cuando salía de la oficina. Me ha puesto una navaja en las costillas... —Dios —gimió Thomas y la abrazo. ----Helen me había enseñado a defenderme de alguien que me atacara por la espalda — continuó Tess, alzando la cabeza en el pecho de Thomas—. He recordado como se hacía y le he cogido desprevenido y he salido corriendo —sonrió—. Ha sido muy emocionante--- añadió con la mirada brillante buscando los ojos de Thomas—. Ahora entiendo por que... ¿Thomas? Thomas acababa de aparcar el coche, agarraba con fuerza el volante y tenia la mirada perdida. .__Ya ha pasado todo —dijo Tess con suavidad y apoyo su cabeza en la de Thomas. Beso con ternura su boca, su nariz, sus ojos cerrados. No ha sido culpa tuya ---musito— se te ha olvidado que me habías dicho que no podía salir a comer con Helen. —No se me ha olvidado —contesto—. He salido con tiempo suficiente para llegar a la oficina antes de que salierais a comer, pero en el camino se me ha pinchado una rueda. —Thomas —murmuro. —Déjame abrazarte, Tess —contesto con voz des-garrada—. No hables. Solo déjame abrazarte. Tess obedeció. Thomas se sentía culpable, aunque Tess no entendía por que. Ella no lo culpaba. Lo beso en el cuello y estuvo a punto de decirle que para ser un hombre que no la amaba, parecía estar bastante asustado, pero lo pensó mejor y se quedo callada. Thomas suspiro y Tess levanto la mirada. Thomas la miro preocupado y le pregunto: —¿Te ha hecho daño? —No —le aseguro con mirada brillante—. Pero yo si le he hecho daño. Creo que le he roto la nariz. —Bueno —silbo—, tendré que hablar con Helen.
—Tu nunca has querido enseñarme a defenderme —contesto a la defensiva. —Me alegro de que lo haya hecho ella. Voy a premiarlos a ella y a Harold con todas las pizzas de anchoas que puedan comerse. —Que bien. ¿Puedes comprarme una a mi? Y Me estoy muriendo de hambre. —Pobrecita, no has almorzado —la acomodo en su asiento y le abrocho el cinturón de seguridad—.Ya vamos a comprarte una pizza. Tess lo miro con adoración y Thomas tuvo que hacer un gran esfuerzo para no abrazarla otra vez. No le gustaba mirarla cuando no podía ocultar lo que sentía por ella, pues Tess podía pensar que estaba enamorado, y eso era ridículo, desde luego... La beso en la boca con suavidad. —De ahora en adelante, cuando yo salga de la oficina, me asegurare de que alguien se quede cuidándote. Lo siento, Tess, lo siento muchísimo. —Ya te he dicho que no ha sido culpa tuya —le sonrió antes de añadir—: Bésame otra vez. —Hay demasiada gente —contesto Thomas señalando a las personas que iban por la calle. —Podemos comer en el apartamento, ¿no? —No, no podemos —contesto con cariño al ver la expresión de Tess—. En primer lugar, necesitas recuperarte de lo que te hice anoche, y en segundo lugar —añadió adoptando una expresión mas dura— de ahora en adelante vas a dormir en tu cama, no en la mía. No dejare que vuelva a suceder lo de anoche. —¿Por que no? —pregunto Tess con suavidad. Thomas le acaricio la barbilla y contesto preocupado: —Porque no quiero compromisos. Nunca olvidare que he sido el primer hombre con el que has hecho el amor. Pero tu necesitas mucho mas, y yo no creo en el amor. Todas mis ilusiones están rotas. —Puedes cambiar de opinión. Puedo acostumbrarme a ti. —Ya te has acostumbrado a mi, pero no puedo casarme contigo. Escúchame, Tess. Crees que me amas, pero no tienes ninguna experiencia con los hombres. Algún día el sexo no será suficiente para ti. Querrás tener hijos. __Te amo, Thomas —contesto Tess. Thomas la miro con ternura, pero reprimió el deseo que despertaban en el aquellas palabras. —No sabes lo que es el amor —contesto tranquilo.—. Crees que amor significa dos personas en una cama. .__Anoche éramos mucho mas que dos personas en una cama. Hicimos el amor, Thomas. Lo hicimos de una forma tan hermosa que estoy segura de que no te gustaría que otro hombre me acariciara como lo hiciste tu. Thomas cerro los ojos. Tess tenia razón, pero no podía decírselo. Debía guardarse sus sentimientos. —Fue solo sexo —contesto con frialdad obligándose a mirarla—. Y tienes suerte de que yo sea estéril podías haberte encontrado con graves problemas. —A mi no me parecerían tan graves —contesto sonriendo. —No tiene sentido seguir discutiendo —contesto Thomas y puso el motor en marcha—. Tenemos que informar de lo que te acaba de pasar, en la comisaría mas cercana. Asalto a mano armada. ¡Voy a meter a ese desgraciado en la cárcel hoy mismo y de ahí no saldrá esta vez, aunque tenga que pedirle a mis colegas que rodeen el juzgado! — concluyo enfadado. Tess se echo a reír al verle tan indignado. ----¿Como puedes reírte? Dios, acaso no te das cuenta de que le ha faltado muy poco para matarte? —Si, lo se. Y recuerdo que he pensado que no te volvería a ver —añadió mirándolo con adoración.
Thomas miro a otra parte. Últimamente había tenido demasiados sustos, y todos relacionados con el hecho de perderla. Arranco el coche, encendió un cigarrillo y no volvió a pronunciar palabra hasta que llegaron a la comisaría. Helen estaba exultante desde que se había enterado de que Tess se había salvado gracias a sus lecciones. Thomas había estado de un humor de perros durante el resto del día, aunque le había dado a Helen una recompensa por lo que le había enseñado a Tess. No podía quitarse de la cabeza a los hombres que la perseguían. Nunca había sentido tantas ganas de matar a alguien. Como estaban los detectives en la oficina, Thomas aprovecho para ir a la comisaría para hablar con el sargento que se estaba haciendo cargo del caso. —Todavía nada —le dijo el sargento—. Tenemos soplones por todas partes, pero ese par de ratas no se en que agujero se han escondido. Probablemente saben que después de lo que acaban de hacer vamos a detenerlos. ¿Sabes que tu secretaria ha tenido mucha suerte? Tomboy, el que la ha intentado meter al coche acaba de librarse de la cárcel por falta de pruebas en un asesinato. Estoy seguro de que la hubiera matado si hubiera conseguido subirla al coche. —No lo dudo —contesto Thomas muy serio. No quería seguir pensando en eso—, le ofrezco a mis detectives para que ayuden a localizar a esos tipos. No quiero que Tess siga corriendo peligro. —Agradecemos la ayuda —contesto el sargento Graves—. Con tu experiencia, sabrás que nuestra gente no es suficiente. La gente parece no darse cuenta del tiempo que lleva seguir a un sospechoso. Y esos dos tipos son proveedores de los grandes. Uno de ellos tiene contactos con el bajo mundo. —¿Tienes alguna dirección? El sargento sonrió, escribió algo en un papel y se lo entrego a Thomas. __No sabes de donde ha salido esta dirección, ¿de acuerdo? Thomas asintió y se puso de pie para despedirse. __Buena suerte. __Ambos la necesitamos. Cuando volvió a la oficina Thomas le entrego la dirección a Adams, además de algunas instrucciones. A la hora de cerrar la agenda se aseguro de no perder de vista a Tess hasta que llegaron al apartamento. Thomas dejo su chaqueta en un sillón con un gesto que a Tess empezaba a resultarle familiar. Adoraba estar a su lado, vivir con el y era dolorosamente consciente de que cuando atraparan a los hombres que querían silenciarla, tendría que volver a la soledad de su apartamento. Palideció al pensarlo. Thomas se volvió y le pregunto al ver su expresión. —¿ Qué pasa? —Estaba pensando que cuando atrapen a esos hombres, tendré que volver a mi apartamento. Thomas frunció el ceño. El tampoco quería pensar en eso. Los últimos días al lado de Tess habían sido maravillosos, y no solo porque habían hecho el amor, sino porque disfrutaba viviendo con ella. —Supongo que tu te alegraras —continuó Tess intentando parecer despreocupada—. Ya no te encontraras mi ropa en el cuarto de baño, ni mis zapatos debajo del sillón... —Eso no es verdad —contesto Thomas—. Voy a echarte de menos. Y creo que tu también vas a echarme de menos. Pero nos acostumbramos a eso hace mucho tiempo. —¿Te refieres a cuando te hirieron? —Si —asintió Thomas—, entonces convivimos muy de cerca hasta que yo conseguí alejarte de mi lado.
—Pero ya no te tengo miedo —le sonrió con tenura. Thomas la abrazo. —Esto tiene que terminar —le dijo con amargura—. Ya te lo advertí, no quiero compromisos. Tess le rodeo el cuello con los brazos y apoyo la mejilla en su pecho. Estaba dispuesta a disfrutar al máximo de aquellos mementos. Al menos, los recuerdos serian dulces. —¿Puedo dormir contigo esta noche? —Me encantaría —contesto Thomas—. Pero no. Eso solo empeoraría las cosas. No debemos estar mas cerca de lo que hemos estado. Ya será demasiado doloroso estando como están las cosas —Tess abrió la boca para protestar, pero Thomas la silencio poniendo un dedo sobre sus labios—. crees que me amas —continuó él—, pero todo cambiara cuando vuelvas a tu apartamento y retomes tu vida. Entonces te parecerá que todo ha sido una pesadilla. —Lo de anoche no fue una pesadilla. —Lo se —la beso en la frente con infinita ternura—. Pero fue solo una noche. Con el tiempo lo olvidaras. —¿Lo olvidaras tu? —pregunto Tess. Thomas se volvió como si no la hubiera oído y pregunto: —,¿Quien cocina hoy? Me apetece una hamburguesa. Varias hamburguesas —se corrigió—. El trozo de pizza que hemos comido no ha sido suficiente. —Yo preparare las hamburguesas —se ofreció Tess. —Siempre cocinas tu; eso no es justo. —Lo es si se tiene en cuenta lo mal que cocinas tu —contesto Tess dirigiéndose hacia la cocina. —Feminista. —Es solo cuestión de puntos de vista. Preparó unas hamburguesas especiales que Thomas miro con recelo cuando se sentó a la mesa. __Pruébalas antes de hacer comentarios en contra, le aconsejo Tess. Thomas entrecerró los ojos y probo una. __Son diferentes —dijo. __Kit me ha enseñado a prepararlas. Lo aprendió de su jefe. .—Hace mucho que no vienen por la agenda. Logan Deverell es uno de nuestros mejores clientes. Tansy, su madre, me mantiene en nomina. —Esa mujer esta loca, ¿verdad? —dijo Tess—. Siempre metida en problemas. Logan siempre esta preocupado por ella. —Si la amarrara a un poste, dejaría de preocuparse. —Si, pero entonces ya no recurriría a nosotros. —¡Sería la ruina! —Echo de menos a Kit —suspiro Tess y lo miro—. Se desmayaría si se enterara de que estamos viviendo juntos. —No vivimos juntos —señalo Thomas. —Claro que si, aunque sea temporalmente —replicó Tess. Thomas termino sus hamburguesas y ella le pregunto—. Supongo que no podremos ir al rancho este fin de semana. —No podemos arriesgarnos —contesto. —¿Por culpa de los narcotraficantes? —No, Tess —replico el con calma—. Porque hemos sido amantes y Beryl no esta ciega, Nuestra forma de mirarnos nos delataría. Es una mujer muy anticuada —hizo una mueca al ver que Tess se ruborizaba—. Y tu también. Y yo —su mirada se oscureció—.Y a pesar de eso, me gusta haber sido el primer hombre con el que has hecho el amor. Atesorare ese recuerdo durante toda mi vida. —Yo también —contesto con suavidad mirándolo a los ojos—. Decías que no podías ser tierno, anoche fuiste increíblemente cariñoso. Me deseabas tanto... —Quería mimarte —contesto emocionado—. Quería que tuvieras un recuerdo dulce, algo que borrara el miedo que te infundí la primera vez que te bese — se encogió de hombros—. Además quería averiguar si podía prodigar ternura. —Creo que no ha quedado ninguna duda al respecto —contesto Tess. Thomas la miro con carino. —Eres como me imaginaba —le contesto el—. Dulce y cariñosa, abandonada a mis brazos. Tess se ruborizo. —No me arrepiento de nada. Nunca me arrepentiré. Thomas desvió la mirada. Podía haberle dicho lo mismo, pero estaba empezando a excitarse. —Tengo trabajo. ¿No te importa que te deje sola? —Voy a ver un programa especial sobre lagartos —contesto Tess. —¿Lagartos? —pregunto extrañado. —No se por que, pero siempre me han fascinado. Sobre todo los dragones de komodo. ¿Los conoces? Son grandes y tienen áspides dentadas... —Y un órgano de Jacobsen muy desarrollado —añadió él sorprendiéndola—. Si, también me interesan los lagartos y, en general todo lo relacionado con los animales. —Supongo que porque también crías ganado. —Me gustaría llevarte al rancho otra vez —confeso Thomas buscando su mirada—. Pero Beryl te haría sentirte incomoda. —¿Tu crees que se puede ser feliz?.---- pregunto Tess de pronto. —Quizá si. Pero yo no puedo olvidar el fracaso de mi matrimonio, Tess. Sin embargo, al principio Jane y yo fuimos felices, aunque en determinado momento dejamos de preocuparnos el uno por el otro. En el amor no hay garantía de nada; creo que pensaría de otro modo si pudiera darte un hijo. Pero no puedo y no creo que podamos hacer que esta relación funcione. Tengo miedo de aceptar el reto, ¿me comprendes? __Crees que soy demasiado joven —suspiro Tess mirándolo con timidez—. No se si sentirme halagada 0 insultada. Te quería cuando tenia diecinueve años, Y te quiero ahora —sonrió con tristeza—. ¿Como puedo dejar de quererte, Thomas? Thomas apretó los dientes; no sabia que contestar así que se termino el café y se levanto. —Deja los platos, yo los lavare después. —No importa... —Estas en mi casa —le recordó con frialdad—. Estoy acostumbrado a lavar platos y a cocinar. Hace años que vivo solo —y acto seguido se dirigió a su estudio.
—Es realmente como si tuvieras una sombra —le dijo Helen dos días después en la oficina—. Thomas nunca te quita los ojos de encima, y si sale, me deja a mi, a Nick o a Adams vigilándote. Pobre de ti, supongo que tendrás ganas de que esto termine. Vivir con Thomas debe ser como vivir en el infierno. Menos mal que no sueles hacer vida social, si no ya te habrías vuelto loca. —Supongo que si. —Thomas podía haber sido tu hermanastro, ¿verdad? —pregunto Helen—. Todos sabemos que tu padre y su madre iban a casarse, así que eso hará que resulte mas fácil estar en su casa. Es como si fuerais familia. Tess contesto que si, aunque era mentira. Thomas no era familiar suyo; Thomas era la luz de su vida, aunque no estuviera dispuesto a darle lo que Tess deseaba: matrimonio y compañía. Thomas temía que ella fuera como Jane, que terminara haciéndole la vida imposible porque no podía darle un hijo. Pero ella, Tess, no seria así. Entendía que a Thomas le molestara no poder ser padre, pero eso no era el fin del mundo. Ella lo quería muchísimo y después de convivir con él no podía imaginarse lo que seria volver a vivir sola. Aunque Thomas no parecía tener el mismo problema. Si le preocupaba su relación, no lo demostraba. Por las noches se mostraba amable, pero nunca deseoso de buscar su cercanía. Pasaba casi todo el tiempo en su estudio y cuando no estaba allí, estaba en su habitación.. La distancia que los separaba iba agrandándose poco a poco. Thomas estaba decidido a sacarla de su mente, y aunque Tess quería seguir unida a él, no podía conseguirlo sin su ayuda. —Tess, ven aquí un momento, por favor —le dijo Thomas a la mañana siguiente señalándole su despacho. Allí se encontraba también Nick. Era el hermano de Helen y ex-agente del FBI. Thomas le había convencido para que trabajara en su agencia; si Tess no estuviera enamorada de Thomas, probablemente lo estaría de Nick. —Vamos a obligarlos a actuar —le dijo Thomas a Tess sin mas preámbulos—. Nick ha estado con un hombre que tiene una pista e información que podemos utilizar, y le ha dado algunas pistas sobre sus movimientos. Te vamos a utilizar de señuelo, cariño, y esos tipos vendrán a buscarte. —Gracias —suspiro Tess—. Siempre he sabido que me querías, Thomas. De verdad. Nick se echo a reír, pero Thomas permaneció muy serio y añadió —Estarás a salvo porque nosotros te estaremos vigilando. Es lo único que se me ha ocurrido para no darles ventaja. No podemos quedarnos sentados esperando que vuelvan a actuar. Eso es muy peligroso. __¿Que quieres que haga? —pregunto Tess con calma.---Primero te dispararon, después quisieron secuestrarte para liquidarte y conseguiste escapar —murmuró Nick—. Es una pena que Thomas no quiera contratarte como detective, Tess. Eres una detective nata. —Díselo, díselo a Thomas —contesto señalando a la oficina—. Piensa que no sirvo para esto. —No hace falta ser detective para recibir un disparo —le informo Thomas. —No, pero si para escapar de un asesino en potencia —contesto Nick—. Algunos de nuestros mejores detectives no habrían... —Mira, cambiemos de tema —le interrumpió Thomas con suavidad—. Tess, esto es lo que quiero que hagas... Y procedió a ponerla al corriente. Le contó donde y como iban a tender la trampa. Tess estaba tan nerviosa como asustada, pero se recordó que ya se había enfrentado a los dos tipos que habían querido liquidarla. Estaba segura de que podía mantener lacalma en situaciones peligrosas. Al menos estaría fuera de peligro cuando todo terminara. Y también estaría fuera de la vida de Thomas, a juzgar por la prisa que tenia por resolver el caso. Aquel fin de semana, Thomas se mostró desacostumbradamente inquieto. —Ven, salgamos de aquí —le dijo mirándola—. Ponte algo. —Ya llevo puesto algo —contesto señalando sus pantalones vaqueros y su sudadera. —Bueno, ponte un abrigo y botas. Tengo ganas de montar a caballo. —¿En donde? —En el rancho —murmuro y la vio sonrojarse— Es el día libre de Beryl —le informo—. Además así, podremos mantener las apariencias en publico. De hecho, Helen se cree que estoy convirtiendo tu vida en un infierno. —¿Y no es cierto? —pregunto Tess. Thomas se volvió y contesto: —Anda, vamonos. No podemos quedarnos aquí sentados todo el día. Y si no la tocaba, menos, pensó ella con amargura. Pero no podía negarse a pasar un día entero en compañía de Thomas. En el futuro cada momento pasado a su lado seria un recuerdo muy preciado. Cogió un anorak, se puso unas botas y le siguió. Era un día frío y se alegro de haberse puesto el anorak cuando llegaron al rancho de Thomas. Sus esfuerzos por no caerse del caballo hicieron reír a Thomas, aunque el caballo en el que la había montado era tranquilo y a los pocos minutos Tess consiguió dominarlo. Llevaban un rato cabalgando cuando vio que Thomas se movía molesto en la silla y le pregunto preocupada: —¿Te duele la espalda? —Desde hace algunas noches —la miro sonriendo con amargura y ella le miro tan preocupada que se echo a reír—. Oh, Dios. —¿Te molesta? —pregunto. —La espalda esta bien —le aseguro—. Un poco rígida, pero se pone así cuando trabajo mucho. Te aseguro —agrego en tono mas suave—, que me duele mas la espalda por lo que hicimos juntos que por el trabajo de rutina. —Ya veo —contesto Tess después de aclararse la garganta y desvió la mirada. —Cobarde. Tu eres la que ha sacado el tema —le cogió la mano y la beso—. Gracias por el regalo que me entregaste aquella noche. Tess se ruborizo; no fue capaz de pronunciar palabra Thomas detuvo los caballos y cuando Tess se atrevió mirarlo continuó __Me sentí como un verdadero hombre —le dijo lentamente—. Aunque no pudiera darte un hijo. _Thomas —contesto—,un hijo no es la única razón por la que dos personas se casan. " ___Quizá no —contesto—. Pero el hecho de no poder tenerlo puede destruir un matrimonio —su expresión se endureció—. Destruyo el mío —¡Yo no soy Jane! —exclamo Tess. —De eso no hay duda. Ella no me soportaba en la cama, y tu... Dios, tu... ---beso la palma de la mano de Tess y cerro los ojos—. Nunca había sentido nada igual —concluyo bruscamente. A Tess le sorprendió la emoción que se reflejaba en la voz de Thomas. —Creía que para un hombre no había tanta diferencia entre una mujer u otra. —Estuve a punto de perder el conocimiento en tus brazos —la miro y dijo con voz enronquecida—. Cuando pienso en aquella noche me excito. También ella; Tess miro a Thomas esperando que se rindiera a lo que sentía, pero el ruido de unos caballos que se acercaban le hizo volver la cabeza. Thomas le soltó la mano. —¿ Quienes son ? —pregunto Tess al ver acercarse a dos jinetes. —Cole Everett y King Brannt —encendió un cigarrillo y sonrió cuando los jinetes se detuvieron a su lado. Thomad sabia que lo habian visto con Tess y que se habían acercado para verlo mejor. Tanto Cole como King sabían que era bastante raro que Thomas llevara una mujer a su rancho. —Bonito día —comento Cole y recorrió a Tess con la mirada con evidente admiración, —Si, bonito día —dijo King. —Esta es Teresa Meriwether —les inforrnó Thomas con exagerada paciencia—. Tess para los amigos, su padre iba a casarse con mi madre antes del accidente. así que ella es... de la familia. Y también mi secretaria en la agencia. Cole Everett se echo hacia atrás el sombrero y miró con curiosidad a Thomas. —Bien —dijo Cole y se volvió hacia Tess—-. me alegro de conocerte —le sonrió con cariño. —Yo tambien —coincidió King Brannt. Tess les sonrió tímidamente. —,Como esta Heather? —le pregunto Thomas a Cole—.¿Sigue dando clases de canto? —Y escribiendo canciones —replico Cole—. Ha vendido hace poco un tema a un grupo llamado Desperado, de Wyoming, y el cantante del grupo ha ganado otro Grammy gracias a la canción. Heather esta encantada, y también nuestros hijos —rió—. Están en una edad en la que la música parece ser lo único importante. —A mis hijos también les encanta —comento King—. Dana tiene un teclado y Matt una batería. Shelby prefiere salir al jardín cuando ensayan. El año que viene irán a la universidad. Los hijos de Cole veces vienen a ensayar con los míos y creo que un día me voy a volver loco con tanto ruido. —Los mando a tu casa para que en la nuestra haya un poco de paz —explico Cole—. Shelby le ha dicho a Heather que le gustaría tener otro hijo. ¿No crees que ya estas un poco viejo? —Mira quien habla, abuelo —contesto King y miro con curiosidad a Thomas—. ¿Estas pensando en volver a casarte. Thomas ni siquiera pestañó.. —No. ¿Querías algo mas, aparte de ver de cerca a mi invitada? —Quería comentarte que deberíamos comprar otro toro —le recordó Cole—.- King va a vender uno, pero necesita comprar otro. Como tu y yo estamos preparados para vender, King ha pensado que podíamos hacer un trato en cuanto tengas tiempo, discutirlo... Hoy no, por supuesto —añadió al ver como lo miraba King. Thomas soltó una carcajada. __Esta bien —dijo—. Hablare contigo la próxima semana. Para entonces esperaba haber atrapado a los narcotraficantes que amenazaban a Tess, y ella se habría ido ya a su apartamento. —Esta bien —contesto King—. Y en cuanto a lo de cambiar tu toro por el mío, ni lo sueñes —añadió sonriendo burlón a Cole. —Ves demasiadas películas de John Wayne —señalo Cole—. Hasta hablas como el. —En cualquier caso —dijo King arqueando una ceja—. No vas a conseguir venderme un toro cansado. —¿Crees que seria capaz de hacerle algo así a un amigo? —pregunto Cole haciéndose el ofendido. —Claro —contesto King y miro a Thomas—, y también que Thomas te ayudaría. —¡Menudos amigos! —contesto Tess riendo de buena gana. —Oh, por supuesto que lo somos —concedió King—. Pero ya sabes que los amigos pueden ser mucho mas peligrosos que los enemigos. —Lo tendré en cuenta —murmuro Thomas. —¿Vas a quedarte mucho tiempo en el rancho? —pregunto Cole—. Estoy seguro de que a Heather le encantara verte. Supongo que tu trabajo debe ser muy interesante — miro a Tess—. Thomas nunca habla de eso —señalo a Thomas con el dedo. —Es la única forma de mantener a la clientela —contesto Thomas—. Nos vamos dentro de un rato, pero a lo mejor traigo a Tess otro día. —Esta bien. Bueno, entonces nos vemos el próximo fin de semana. —Me alegro de haberte conocido —dijo King a Tess antes de alejarse de allí. Cole Everett les sonrió siguió a King. ' —¿Tus amigos hace mucho que se casaron? —Años —replico Thomas—. Sus hijos ya son adolescentes —continuo con una dura expresión—. Será mejor que volvamos. Tess apoyo la mano en el brazo de Thomas y dijo con suavidad: —No permitas que esto te afecte, Thomas, los hijos no lo son todo. —Lo son si no puedes tenerlos —contesto el y la miro fijamente—. Dime que no quieres tener hijos, Tess —la reto con frialdad. La mirada de Tess se nublo por la angustia y el dolor, pero el no lo interpreto así, maldijo por lo bajo y se adelanto. Tess lo siguió. En ese momento ella supo que Thomas no iba a ceder; nunca se volvería a casar porque no podía soportar la idea de no poder tener hijos. Tess nunca podría convencerle de que podía ser feliz sin hijos. Su relación no tenia ningún futuro. Thomas lo había dejado muy claro sin necesidad de pronunciar una sola palabra. Tess llego al establo sumida en una profunda tristeza. Thomas la vio hacer una mueca y la ayudo a desmontar, pero como siempre, tocarla lo excito. La retuvo a su lado mientras ella murmuraba con suavidad. —Me gustan tus amigos. —A mi también —Thomas intento normalizar el ritmo de su respiración—. Tenemos que volver. —Me ha gustado mucho el paseo —musito Tess. —¿Estas cansada? —Si —contesto—. No estoy acostumbrada a montar a caballo, pero me gustaría aprender. —A mi ahora me gustaría hacer otra cosa —contestó Thomas buscando su mirada—. No sabes cuanto te deseo pero no puedo tenerte. —Dane... __No —se aparto—. Dentro de uno o dos días habremos resuelto tu problema. Después seguiremos cada uno nuestra propia vida —y sin mas se volvió meter los caballos en el establo. A Tess le sorprendía la facilidad con la que daba la espalda a lo que había ocurrido entre ellos, a su futuro. Durante el viaje de vuelta a Houston Tess se sintió mas sola que nunca. Afortunadamente, consiguió relegar lo que había ocurrido entre ellos a un rincón de su mente gracias al asunto de los narcotraficantes. Habían preparado una trampa para la noche del día siguiente. Si algo salía mal, podían matarla, pensó nerviosa. Miro a Thomas y se pregunto si le dolería perderla, recapacito y se dijo que estaba siendo injusta con él. Claro que le dolería perderla. —¿Que pasa? —le pregunto Thomas al verla preocupada. —Estaba pensando en la trampa —contesto. —Trata de recordar que Nick y yo sabemos hacer nuestro trabajo —contesto Thomas después de segundos de silencio—. Vamos a cuidarte bien, pequeña. Vamos a atraparlos. —Estoy segura —contesto Tess sin mucho convencimiento. Thomas esperaba que todo saliera como lo habían planeado el y Nick. En cuanto los narcotraficantes estuvieran en la cárcel, podría decidir que hacer en cuanto a Tess. Pero de una cosa estaba seguro: tenia que sacarla de su vida antes de que fuera demasiado tarde. No podían seguir juntos, mas que nada por el bien de Tess. La quería demasiado para arrastrarla hacia un matrimonio vacío.
Siete
Había oscurecido y estaba empezando a llover, Tess se cruzo de brazos; tenia frío. Thomas estaba detrás de ella, fumando su cigarrillo. Nick, Helen y Adams, además de dos de los mejores hombres del sargento Graves esperaban escondidos. Una discreta investigación había revelado que alguien vigilaba la agenda y aquella noche habían decidido tender la trampa. Aparentemente, Thomas y Tess se habían quedado a trabajar hasta tarde y el resto del personal había salido temprano, intentando que los vieran los delincuentes que estaban vigilando las oficinas. En cuanto se habían alejado un poco de allí, habían aparcado sus coches y habían tornado posiciones según lo planeado. Thomas consulto inquieto su reloj. No le gustaba utilizar a Tess de señuelo, pero no tenia alternativa, no podía permitir que Tess viviera en constante peligro. No quería que nada la amenazara, y aunque no podía tenerla, tampoco quería verla herida. Eso nunca. —¿Estas asustada? —le pregunto con cariño. —Aterrada —confeso Tess—. Pero es normal, no? —Así es. Cada vez que me he visto envuelto en un tiroteo he sentido un miedo atroz, pero siempre he conseguido superarlo. —La adrenalina puede ser como una droga —contesto ella—. Cuando salgamos de esto, voy a echar de menos el peligro. —Es como una droga, poreso nunca te voy a dejar trabajar como detective. No quiero que corras ningún peligro. Tu te estas arriesgando constantemente —señalo __Y estoy segura de que no vas a renunciar a tu trabajo. _-No tengo a nadie —contesto—. Esta no es profesión para un hombre casado. Las exigencias de este trabajo pueden terminar con la mejor de las relaciones. Jane odiaba mi trabajo porque nunca me veía en casa. __-Thomas —lo miro con suavidad—, si hubieras estado realmente enamorado de ella..., no habrías hecho todo lo posible por estar mas tiempo con Jane? —Ya es la hora —dijo Thomas, sin contestar a la pregunta de Tess. Apago el cigarro—. Ya sabes lo que tienes que hacer. —Si. Thomasc cogió su portafolios y se detuvo a su lado. La miro con ternura. —No corras riesgos innecesarios. Si ocurre algo que no hayamos previsto, grita, rompe una ventana, haz cualquier cosa para llamar la atención. Yo estaré cerca de ti. —Esta bien —contesto en un susurro, Tess tenia la boca seca y le sudaban las manos. El corazón le latía con violencia, pero no quería demostrarle a Thomas lo asustada que estaba porque eso solo empeoraría las cosas. —Todo va a salir bien —la animo Thomas-—. Esta noche terminar a todo. —Pueden salir de nuevo bajo fianza... —No. No lo permitiremos. —Es mi palabra contra la suya. —No lo será después de esta noche —le prometió acariciándole con ternura la mejilla— . Animo, cariño —musito y se incline para mordisquear el labio inferior de la chica, la beso y salió después rápidamente de la oficina. Tess se quedo sola; la oficina le pareció de pronto fría y amenazadora. Thomas necesitaba tiempo para llegar al aparcamiento, guardar su portafolios el coche, encender un cigarrillo y volver a la oficina. Así no pensaran que había dejado sola a Tess a propósito. En ese momento, un coche gris metalizado paro en la calle y de el salieron dos hombres. Amparados por la oscuridad caminaron pegados a la pared del edificio observando a Thomas, que se dirigía hacia el aparcamiento.
Era la oportunidad que estaban esperando. Entraron rápidamente en el edificio, subieron en el ascensor y cuando llegaron al piso en el que estaba situada la agencia prepararon los revólveres. Aquella vez no fallarían. Lo que no sabían era que Thomas los había visto. Sin perder un segundo, había entrado por la puerta posterior del edificio y había cogido el ascensor de servicio para llegar a otra de las entradas de la agencia. Llevaba desenfundada su 45. Cuando se abrió la puerta principal, Tess se volvió y se quedo rígida, inmóvil, al ver a un hombre con el revolver en la mano. No iban a lograrlo, sabia que ninguno de los detectives llegaría a tiempo para protegerla. Miro el revolver aterrada. «Thomas», pensó angustiada. Su ultimo pensamiento fue para el. —¡Agáchate! —ordeno una voz y ella obedeció, en el preciso momento en el que un disparo rompía el silencio. Thomas fue rodando por el suelo hasta donde estaba ella para esquivar los disparos. El también disparo y consiguió herir a uno de los narcotraficantes, que volvió a disparar antes de caer gritando, mientras el otro hombre emprendí la huida. Thomas se puso de pie y se acerco al hombre caído con expresión pétrea; lo esposo antes de volver al lado de Tess, que se había puesto de rodillas y temblaba como una hoja. __El otro —jadeo Tess. __Ya debe haberlo atrapado Nick —contesto Thomas ofreciéndole su mano para ayudarla a levantarse. __¡Traigan un medico, maldición! —chillo el herido__ ¡Esto es inhumano! ¡Me estoy desangrando! __También se desangro Tess cuando vosotros la heristeis —replico Thomas. —¿Te encuentras bien? —-pregunto Tess tocando los brazos de Thomas en busca de alguna herida—. ¿No te han herido? —Me he pasado media vida esquivando balas —le recordó Thomas—. Para eso me pagaban. ¿Estas bien? —Ahora ya estoy bien —contesto Tess buscando su apoyo. Miro al traficante que se retorcía en el suelo. —¡Tess! —exclamo Helen, que entraba en ese momento seguida por Nick—. Hemos oído disparos... —se interrumpió al ver al hombre herido y después volvió a dirigirse a Thomas y Tess—.¿Estáis bien? —Si. ¿Y su cómplice? —pregunto Thomas mirando al hombre herido. —Ya lo he entregado a los hombres de Graves —contesto Nick, enfundando su revolver automático. Miro furioso a su hermana, antes de añadir—: Pero no gracias a mi hermana, la señorita James Bond aquí presente. Ha cruzado la línea de fuego. —¡Claro que no! —contesto rápidamente Helen—. ¡Has sido tu el que ha aparecido de repente! ¿por que siempre que algo sale mal tengo que tener yo la culpa? ¿Es que tu nunca cometes errores, Don Perfecto? —No —contesto Nick riendo complacido, y Thomas tuvo que reprimir una carcajada al ver la expresión de Helen. —Basta —ordeno Thomas—. Llama a una ambulancia para que recoja a este hombre —le entrego el arma del herido. —Con cuidado, no dejes las huellas dactilares —le dijo Nick con deliberado sarcasmo. —Se como coger un arma —contesto Helen furiosa—. ¡Tu mismo me enseñaste! —se volvió y le pregunto a Tess— ¿Te encuentras bien? —Si, gracias —contesto casi sin aliento. —Malditos detectives —grito el herido—. ¡Malditos! —Vamos —dijo Thomas abrazando a Tess—. Salgamos de aquí. Fue una noche larga. Tess tuvo que hacer una declaración, esperar a que la mecanografiaran y después firmarla. El herido estaba bajo vigilancia policial en el hospital, de donde saldría para ir a la cárcel. Su cómplice ya lo estaba esperando tras las rejas. Tess durmió profundamente aquel día, por la mañana ni siquiera oyó el despertador. Cuando al fin se despertó se encontró con una nota de ThomS en la que le decía que no fuera a trabajar porque necesitaba descansar. Posiblemente si, además también necesitaba tiempo para guardar sus cosas. Thomas se había mostrado muy distante con ella la noche anterior y la había mandado a la cama, diciendo que mas que conversación, lo que necesitaba era dormir. Pero lo que Thomas quería era no volver a verla. Tess no necesitaba ser adivina para saber que no quería que se quedara a su lado. Hasta era posible que al saber que ya no corría peligro, no quisiera verla siquiera en la oficina. Su sola presencia seria un recuerdo constante de su propia vulnerabilidad, de la noche en la que se había rendido a su propio deseo y se había permitido amarla. La amaba. Tess estaba segura, pero también sabia que Thomas iba a luchar contra aquel sentimiento y que posiblemente saldría victorioso. Ni se había sido el riesgo que ella había corrido al plegarse a sus deseos. Lo que tenia que hacer era dejar que pensara bien las cosas. Solo dándole a Thomas libertad de elección tendría la oportunidad de convencerle de que podían vivir juntos. Cuando Thomas volvió al apartamento aquella noche, ella ya había recogido sus cosas. Tess estaba sentada en el sofá y esperándole con las maletas a su lado. Le miro cuando entro y Thomas frunció el ceño al ver las maletas. __Creo que es lo mejor —le dijo Tess con calma—.no quiero seguir causándote problemas —se levantó---¿Puedes llevarme a mi apartamento, por favor? Thom suspiro. Tess tenia razón, era lo mejor. El problema era que había esperado verla tumbada en el sofá viendo la televisión. Su inminente marcha le destrozo. —Vamonos —le dijo en tono inexpresivo. —Gracias. Se puso el abrigo y lo siguió sin mirar atrás. —No tienes que preocuparte por esos delincuentes —le dijo Thomas—. Me han asegurado que ya no saldrán de la cárcel pero tendrás que hacer mas declaraciones. Graves te dirá cuando. —Si, me lo dijo ayer —contesto Tess. Hicieron el trayecto en silencio. En cuanto llegaron a su apartamento, Tess encendió la calefacción para caldearlo y se quedo inmóvil en medio de la habitación. —¿Estarás bien? —le pregunto. —Por supuesto... ya estoy a salvo, ¿no? —añadió nerviosa—. ¿Esos hombres no tienen amigos que les deban algún favor, o algo así? —No. Esos tipos estaban intentando abrirse mercado en territorio ajeno. Nadie los quiere tanto como para hacerte pagar por su detención. —Gracias a Dios. —No tienes que ir mañana a trabajar si no te apetece —le dijo. Después la miro con calma y expresión triste. —No me importa volver a trabajar —se abrazo misma y le miro—... siempre que a ti no te importe tenerme allí.... —Dios, supongo que no creerás que soy capaz una cosa así —pregunto brusco—. ¡Despedirte cuando te hirieron por mi culpa! —No fue culpa tuya. Vi algo que no debía haber visto. No te he culpado a ti en ningún momento. —Bueno, pero yo si —aspiro hondo—. Me culp0 por muchísimas cosas.
—Ahora ya soy adulta —contesto—. Soy capaz de tomar mis propias decisiones, Thomas. —¿Si? —pregunto entrecerrando los ojos. La vio sonrojarse—. Pues, aunque creas que fuiste tu la que decidiste acostarte conmigo, quiero que sepas que fui yo el que te seduje. —Me temo que fue al contrario —contesto ella sonriendo con tristeza. Thomas encendió un cigarrillo. —Superaras esto... Ahora te parece imposible, pero lo harás. El tiempo lo cura todo. —Jane te hizo mucho daño, ¿verdad? Yo no te lo haría, pero tu no me crees porque no confías en los sentimientos. ¿De verdad quieres permanecer solo resto de tu vida, Thomas? —Si —contesto cortante. Desvió la mirada para que Tess no se diera cuenta de que mentía. La deseaba, pero quería alejarla de el por su bien. Cuando estuviera felizmente casada y con hijos, lo olvidaría. Tess sabia que no podía convencerle, las palabras no bastaban y su cuerpo no era tentación suficiente para retenerle a su lado. —Ya no tenemos nada que decirnos. —Nada —admitió Thomas recorriendo con la mirada el pequeño apartamento antes de mirarla por ultima vez a ella y abrir la puerta—. Nos vemos mañana. __Si, adiós —murmuro Tess reprimiendo las lagrimas. Thomas se tenso al advertir el dolor que se escondían sus palabras sus palabras, pero no la miro. __Cuídate. __Lo haré. Tu también —dudo antes de preguntar.__ Thomas? _¿Que? __Gracias por haberme salvado la vida. Si no hubieras estado en la oficina, ahora no estaría aquí. Thomas cerro los ojos. No podía pensar en eso, no soportaba pensar en lo cerca que había estado Tess de morir. —Buenas noches, Tess —contesto y salió. Llovía mientras se dirigía hacia el coche. Cuando llego hasta el, se apoyo en la puerta y miro hacia las ventanas del apartamento de Tess. Pensó con amargura que siempre tenia que quedarse fuera, siempre bajo la fría lluvia. Si pudiera darle un hijo a Tess, en ese momento estaría a su lado abrazándola, amándola. Pero no era capaz de engendrar un hijo y la estaría engañando si cedía a sus propios sentimientos. Termino el cigarrillo, subió a su coche y se marcho. Tess esperaba que al volver al trabajo, Thomas la tratara con cierta frialdad, pero no con total indiferencia. La trataba como si fuera un ordenador del que extraía la información que necesitaba. Habían vuelto a ser jefe y empleada. Tess trabajaba con eficiencia, pero su corazón no estaba allí. Thomas no quería verla en su agencia, estaba segura. —¿Quieres salir conmigo a cenar? —la invito Helen sonriendo—. Ahora que soy una heroína y que mi nombre ha aparecido en los periódicos, el dueño de la pizzería cree que atraigo a la clientela. Me da lo que le pida —chasqueo los dedos—. Hasta pizza con doble ración de queso, champiñones y anchoas. —Un día vas a derretirte —la previno Tess—.comes tanta pizza que te vas a convertir en queso y va a terminar fundida en el suelo. —No mientras siga comiendo anchoas —le sonrió Helen—. Anda, ven conmigo. Estos días te he visto muy desmejorada. Necesitas distraerte. —No tengo ganas de salir —contesto Tess—. Estoy muy cansada, supongo que como consecuencia de las tensiones pasadas —añadió sonriendo—. Y el mes que viene tengo que volver a declarar ante el juez que lleva el caso de los narcotraficantes. —Buitres —murmuro Helen—. Ojalá los condenen a cadena perpetua. —No lo creo —replico Tess—, pero van a pasar una buena temporada en la cárcel, y espero estar viviendo en la Antártida cuando salgan —añadió temblando.
—¿No te has enterado? —pregunto Helen—. Creía que Thomas te había dicho que esos tipos estaban implicados en el asesinato de otro narcotraficante. —Thomas no me ha comentado nada —no añadió que Thomas solo le dirigía la palabra para lo estrictamente necesario, ni que la evitaba como si fuera una enfermedad infecciosa. Helen entrecerró los ojos y contesto: —El tampoco tiene muy buen aspecto. Pobre hombre, no dormía mientras tu estabas en peligro. No se de donde saca las fuerzas para trabajar tanto. —Ni yo —bostezo Tess—. ¡Yo estoy agotada! —Creo que lo que necesitas es acostarte pronto. Ven conmigo a cenar pizza y prometo llevarte pronto a tu apartamento. —Gracias, pero no soporto la comida demasiado condimentada. Hace un par de días que tengo un poco revuelto el estomago. Supongo que Adams me ha contagiado lo que tenía. Harold tiene gripe. Voy a traerlo a la oficina para que se la contagie a Adams — le ofreció Helen _Eres una verdadera amiga —contesto Tess. _Ya lo sabia —sonrió Helen. Cuando salió de la agenda, Tess se dirigió a su apartamento dispuesta a meterse en la cama en cuanto llegara. El virus que había contraído debía de ser muy potente, pensó mientras desayunaba al día siguiente. A pesar de lo que había dormido, estaba agotada. Volvió a meterse en la cama y se quedo dormida. Thomas llego al apartamento poco después. A Tess le sorprendió su preocupación, pues su actitud en la oficina la había convencido de que había olvidado lo que había ocurrido entre los dos. —¿Como te encuentras? —le pregunto en la puerta. Tess estaba despeinada y pálida, envuelta en un camisón de franela y una bata que le llegaba a los pies. —Adams me ha contagiado su enfermedad —dijo débilmente—. Mátalo de parte mía, ¿quieres? —¿Necesitas algo? —No, gracias. —Creo que deberías ir al medico —contesto el frunciendo el ceño. —¿Por un simple malestar? No bromees. Thomas, necesito acostarme. Gracias por venir, pero dentro de un par de días estaré perfectamente. Puedes contratar una sustituta hasta entonces ¿no? —Ya ha venido hoy —dudo antes de añadir—. Es muy competente. Es casi tan rápida como tu. —Si quieres despedirme, lo único que tienes que hacer es decírmelo —le miro a los ojos, y confirmo sus sospechas—. Habla con ella y si quiere quedarse puedes despedirme sin... —Pero antes tienes que conseguir otro trabajo --- interrumpió con los dientes apretados. —La Agenda de Investigaciones Short me contratara en cuanto se lo pida, lo sabes. El señor Short me dijo una vez que le encantaría que trabajara para el. El señor Short era un atractivo viudo, de cuarenta años. Thomas entrecerró los ojos al imaginarse a Tess trabajando en su oficina. —No creo que... —empezó a decir. —Thomas, a ti no te gusta verme en la agenda —contesto débilmente—. Deja de fingir. Desde que te acostaste conmigo, me he convertido en una pesadilla para ti. No soportas verme, y lo entiendo. Para mi es muy difícil trabajar contigo sabiendo lo que sientes. —No digas eso —dijo en un susurro—. Me hiciste sentirme el mejor de los hombres. —Y para mi lo eres —se apoyo contra la pared, y le miro con adoración—. Pero supongo que conseguiré olvidarte si dejo de verte a diario.
—Encontraras a otro. —Lo se —contesto para tranquilizar la conciencia de Thomas, aunque no lo creía. Se obligo a sonreír y añadió—: Adios, Thomas. —Esto no habría funcionado, cariño —contesto el con tanta ternura y angustia que Tess estuvo a punto de echarse a llorar—. Teníamos dos cosas en contra desde el principio. No quiero volver a casarme. —Lo se —contesto ella con dulzura—. Esta bien. —No, no esta bien. Te echo de menos. Me siento muy solo sin ti. Tess le miro con los ojos llenos de lagrimas. —Por favor, vete —le suplico a Thomas. --¡No es amor lo que sientes por mi! —gruño—. ¿No lo ves? ¡Es solo atracción física! Tess ya no pudo contestarle. —Es lo mejor, terminarasdándome la razón. Te casaras y tendrás un hogar lleno de hijos... —se volvió. Sintió que se le quebrara la voz. No soportaba pensar en eso— Adíos, pequeña. Le diré a Helen que te traiga tu indemnización. Puedes decirle que no soportaste recordar el asunto de los narcotraficantes, te creerá. —--Lo hare —sollozo. «;Por favor, vete», pensó, vete antes de que me rompa en mil pedazos!». --- Y si alguna vez me necesitas... __Gracias. Adiós. Thomas se marcho sin volver la mirada y cerro la puerta. Le rompía el corazón dejar sola a Tess, pero no podía ofrecerle nada. Se dijo a si mismo que no lo amaba de verdad, que era atracción física lo que sentía por el. Y el matrimonio era imposible e injusto para ella. Se dirigió a su apartamento repitiéndose aquella idea una y otra vez. Pero cuando llego y lo encontró vacío, lo único que supo era que estaba solo, completamente solo.
HOLA ... BUENO AQI ESTAN LOS DOS CAPS .. YA VA A TERMINAR LA NOVELA ASI Q COMENTEN 3 O MAS Y AGREGO .. HASTA LUEGO :))
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