Thomas no cejo en su intento de ponerle a Tess un guardaespaldas. Asigno a Adams, un joven detective de la compañía, con la obligación de seguirla a donde quiera que fuera.
Helen sonrió al verla llegar a la oficina y hasta ejecuto unos pasos de baile al tiempo que cantaba unos compases de la canción titulada Voy mi sombra. —Oh, callate — gruño Tess—. Supongo que Thomas cree que pueden matarme a plena luz del día. —Y no puede permitírselo —murmuro Helen—. Imaginate el daño que haría a la reputación de la agencia que nuestra secretaria sufriera un atentado —Estas loca —dijo Tess riéndose mientras la abrazaba con cariño—. Me alegra estar de vuelta en la oficina. —Te hemos echado de menos —contesto Helen—. No se ha escondido nadie debajo de mi escritorio en toda la semana. —Yo no me escondía debajo de tu escritorio. —Lo habrías hecho si hubiera sitio. Tengo que darte una mala noticia —hizo una mueca—. Thomas esta de malas —suspiro—. A veces pienso que he hecho mal comprometiéndome con Harold. Podría hacer algo mas interesante con Thomas —frunció el ceño pensativa—. Desde que lo abandono su esposa no sale con ninguna mujer, ¿verdad? ..Crees que el tiroteo tendría algo que ver? —A que te refieres? —pregunto Tess con curiosidad. __Bueno, como a veces cojea... —contesto Helen después de asegurarse de que nadie las oía—. Es posible QUE UNA ANTIGUA lesión que le impida meterse en la cama. __ No Creo que tenga ninguna lesión importante, le he visto montar perfectamente a caballo —contestó Tess después de aclararse la garganta. __.Que bien —Helen se encogió de hombros—. Entonces quizá no se crea suficientemente atractivo. O quizá odia a las mujeres. Que desperdicio de hombre; si por lo menos, no tuviera esa expresión de policía... Casi nunca sonríe y solo se ocupa de su trabajo —movió la cabeza y se alejo—. Me pregunto si se comportara de la misma forma cuando esta con una mujer. Tess sintió una extraña debilidad en las piernas al recordar como se comportaba Thomas cuando estaba con una mujer. Las cosas que le había dicho cuando la había besado no eran como para quedarse inmune. Podría ser brusco, pero era muy sensual, y ella había empezado a descubrir... que podía ser muy tierno. —Bueno, ahora ponme al tanto de como andan las cosas —repuso Tess, intentando cambiar de tema—. Tengo la sensación de llevar años sin venir a trabajar. —No lo dudo. ¿Ya tienes completamente bien el brazo? —Un poco rígido —le contesto—. Pero no te preocupes. Para una profesional como yo, una bala no tiene ninguna importancia. —Bueno —gimió Helen—, ahora a todos os han herido de bala, menos a mi. ¡Hasta a la secretarial —añadió mirando enfadada a Tess, que levanto las manos y contesto: —Yo no tengo la culpa. Te juro que no pedí a esos hombres que me dispararan. —Helen puso los brazos en jarras—. Y como puedo saber que no estas mintiendo? Thomas abrió la puerta de su oficina y les dijo: —A trabajar. —Si, señor —contesto Helen, muy modosa. Tess no se atrevió a mirarle a los ojos; se sentó delante del ordenador y dijo: —Helen me estaba poniendo al corriente de todo. —Pues asegúrate de que todo se refiera únicamente al trabajo —contesto. —Pareces cansado —le dijo Tess cuando se atrevió a mirarle. —He dormido poco —se paso la mano por el pelo—. Cuando llame Andrew, decidle que venga a la hora del almuerzo. Tengo un caso para el. Yo estaré en una reunión con los detectives. No me pases ninguna llamada. —De acuerdo.
De pronto, Thomas pareció reparar por primera vez en Tess. La recorrió de pies a cabeza con la mirada. —Estas muy elegante esta mañana —le dijo—. ¿Vas a comer con alguien especial? —No. Lo que pasa es que no quiero decepcionar a mi sombra vistiéndome como una aburrida oficinista. He pensado que podía impresionarle con mi disfraz de Mata Hari. —Te has equivocado de categoría —contesto Thomas arqueando una ceja—. Somos detectives, no espías. —Pero no hubiera estado tan elegante si me hubiera puesto mi impermeable y un sombrero estilo Indiana Jones. —Quizá no —Thomas se metió las manos en los bolsillos. Aquel gesto le indico a Tess que estaba preocupado. —¿Que pasa? —le pregunto. Thomas dejo escapar un largo suspiro antes de contestar: —El tipo que te hirió ha salido libre bajo fianza. Anda por las calles, y nadie sabe donde. Tess se quedo paralizada. Ya no necesitaba preguntarle que era lo que le preocupaba. Le causaba horror saber que era la única testigo de una entrega entre narcotraficantes, que podía mandar a prisión a dos hombres. Si estos pretendían silenciarla, su vida no valía nada. —Adams no se ha separado en ningún momento de mi. —Es uno de nuestros mejores detectives. Pero eso no es suficiente, porque no puede dormir contigo. —Puedes enseñarme a usar un revolver. —Te llevaría años de practica disparar correctamente —le recordó—. Y no es lo mismo encontrarse en una situación desesperada que disparar en un entrenamiento. —Puedo irme a vivir al apartamento de Helen —sugirió. Thomas saco las manos de los bolsillos del pantalón, se acerco al escritorio de Tess y dijo de modo que Helen no pudiera oírle: —No lo malinterpretes, porque esto no es una proposición de ningún tipo, pero quiero que vengas a vivir a mi casa hasta que atrapemos a esos tipos. —¿A vivir contigo? —pregunto dudosa. Thomas asintió. —Es la solución mas segura. Me gustaría que te fueras al apartamento de Adams, pero su novia puede enfadarse —contesto intentando aliviar la tensión. Al ver que Tess vacilaba, añadió— Tess, si tienes miedo por lo que sucedió anoche, olvídalo. Ya te dije que no quiero compromisos. No voy a intentar seducirte, y supongo que sabes que no soy capaz de forzarte. —Si —se mordió el labio—, pero no estaría bien. —Los únicos que se enteraran serán los trabajadores de la agenda —le prometió—. Y ellos saben por que lo hacemos. No te estoy pidiendo que tengamos una aventura. —Ya lo se —Tess bajo la mirada. Thomas sonrío y le dijo: —No voy a pasearme desnudo por el apartamento ni pienso pasarme el día viendo partidos de futbol. —¿Te gusta el futbol? —pregunto Tess extrañada. —No. Pero normalmente ando desnudo por el apartamento. Me comprare unos cuantos pijamas. Ah, y una bata. —Entonces, de acuerdo —contesto Tess sonriente. —Pasare a recogerte a las siete para llevarte a mi apartamento. Hasta ese memento Adams se encargara de cuidarte —dijo Thomas y acto seguido se marcho.
En ese momento Tess se sentía mas insegura que nunca. Vivir con el iba a ser una dura prueba para sus sentimientos. Le observó entrar en su despacho con el ceño fruncido. ¿Por que la habría invitado Thomas a vivir a su casa? ¿Para demostrarle que no la quería? Tess no lo sabia, pero temía las consecuencias de su convivencia. En cualquier caso, al lado de Thomas había aprendido lo poco que valía la vida de las personas que se relacionaban con los narcotraficantes. Thomas era un buen detective y sabría como protegerla. Eso la tranquilizaba. Era absurdo que se preocupara de sus sentimientos cuando su vida estaba pendiente de un hilo, se dijo. Afortunadamente, el día se presento tranquilo. A las cinco Tess salió de la oficina, siempre seguida por Adams, y ya en su apartamento hizo la maleta. No le apetecía irse, pero no le quedaba otro remedio. A las siete en punto Thomas llamo a la puerta y ella le abrió —¿Lista? —le pregunto. —Voy a buscar mi abrigo —contesto mirando a su alrededor. Solo llevaba una maleta. ---¿Esto es todo lo que vas a llevar? —pregunto Thomas, frunciendo el ceño. --Bueno, llevo lo suficiente para unos cuantos días. ---Tess, pueden ser semanas —contesto secamente No quiero alarmarte, pero creo que vas a tener que pasar algún tiempo conmigo. __Yo... puedo venir a recoger lo que vaya necesitando ---Supongo que si. ¿Has metido camisones. Y la bata? ---Si —se ruborizo—. Bueno, pijamas y bata. —Tendrás tu propia habitación —dijo Thomas sonriendo—. Es un piso grande. —Si, ya lo se —contesto; inmediatamente se arrepintió. Era una forma de recordar lo que allí había sucedido. —Vámonos. Thomas cogió la maleta y salieron. Mientras bajaban al aparcamiento Thomas iba atento, alerta a cualquier señal de peligro; Tess observo el bulto de la pistola bajo la chaqueta de Thomas. Estaba autorizado a llevar armas, o herramientas de trabajo, como el las llamaba, pero eso le recordó a Tess el peligro que corría Thomas en su trabajo. Podía morir en cualquier momento. Antes de guardar la maleta en el portaequipajes, Thomas ayudo a Tess a meterse en el coche. Después examino el motor y cada centímetro del tablero y puso el coche en marcha. —¿Es necesario? —pregunto Tess. Thomas asintió mientras sacaba el coche del aparcamiento. —Siempre lo hago, pero no te preocupes, estas en buenas manos. —Si, ya lo se —se apoyo en el respaldo del asiento—. ¿Por que tuve que salir tan tarde de la oficina? —gimió—. Si hubiera salido a la hora de costumbre, no me habría encontrado a nadie. —Te entretuve yo —le recordó Thomas—. Supongo que, en cierto modo, yo también soy culpable. —Me lo merecía por salir tan tranquila. —Si, tienes que tener mas cuidado, sabes? Sin embargo, el día que encontraste a Helen en la juguetería, conseguiste salvar otra situación. El de repente estaba nervioso, pero al ver que te despedías de Helen, comentándole algo de su sobrino, pensó que no estaba allí por nada relacionado con su trabajo. Cinco minutos después, consiguieron detener a su hijo. —¡No me lo habías contado! —exclamo Tess. —Podías haber ocasionado una tragedia por no tener cuidado, lo mismo que Helen. Os merecías un escarmiento, y tú ya lo has tenido. La próxima vez tendrás mas cuidado, ¿verdad? —Mi trabajo no es peligroso —le miro—. Nunca me dejaras hacer lo que realmente quiero —le acuso. —¿Y que es lo que quieres hacer? —pregunto deteniéndose ante un semáforo en rojo. Apoyo el brazo en su asiento y la miro—. ¿Acostarte conmigo? —Que vanidoso. —Me deseas —le sonrió Thomas. —Ya esta en verde —evito mirarlo. —Cambiemosde tema —sugirió el. --Pero no se te ocurra meterte en mi cama esta noche —y añadió cuando Tess abrió la boca para protestar—. La puerta de mi habitación estará cerrada, así que no te molestes en comprobarlo. Tess lo miro asombrada. Aquel bromista no tenia nada que ver con el serio detective al que estaba acostumbrada. Thomas arqueo una ceja y dijo: —Siento decepcionarte. No soy lo suficientemente moderno para las aventurillas. —Thomas, ¿te encuentras bien? —Si, y no se te ocurra acercarte a mi para comprobar lo bien que me encuentro —la previno. Tess soltó una carcajada. Nunca se había imaginado que Thomas pudiera tener sentido del humor. --Me siento definitivamente peligrosa. --Lo Sois la mayoría de las mujeres —afirmo el—.Y las vírgenes ansiosas de sexo sois las peores. --¡Yo no soy eso! —protesto. __¿Como lo sabes? —aparco en frente del edificio en que se encontraba su apartamento y la miro—. El deseo puede acabar con mujeres como tu. En un momento puedes estar ruborizada y nerviosa y al siguiente desgarrando las ropas de un hombre indefenso. —Te prometo controlar mis... necesidades —le miró risueña. —Eso espero. Y no me espíes mientras me baño —añadió serio. Aquellas bromas consiguieron eliminar todo rastro de miedo en Tess, que lo siguió contenta hasta el segundo piso, en el que se encontraba el apartamento. La habitación que le ofreció a Tess estaba decorada en tonos azules. A la joven le encanto. —Si quieres yo me encargo de cocinar. Me encanta —se ofreció en cuanto se instalo. —Acepto —asintió—. Yo también se cocinar, pero no me gusta. Tess abrió el refrigerador y vio que estaba bien provisto, así que pregunto: —¿Te parece bien carne asada y ensalada? —Perfecto —contesto Thomas. Se quito los zapatos y dejo su chaqueta en un sofá de la sala. Tess fue a su habitación a cambiarse. Se puso unos pantalones vaqueros y una sudadera. Cuando salió, encontró a Thomas sin chaqueta, sin corbata y con la camisa desabrochada. Tess lo estudio a hurtadillas desde la cocina; nunca había visto a ningún hombre desnudo. Por lo que pudo ver, tenia el pecho cubierto de vello y la piel muy morena. —Soy muy moreno —le dijo el, sorprendiéndola como si hubiera leído sus pensamientos—. Me basta tomar el sol en verano para conservar este color de piel durante todo el año. Uno de mis abuelos era español —No pretendía mirarte así. Thomas se acerco a la cocina y le quito un paquete de carne que llevaba en la mano y lo dejo en la mesa. —No te preocupes, mira esto —dijo Thomas en voz baja, profunda y sensual. Con una mano la agarro por la cintura mientras con la otra se sacaba la camisa de los pantalones.
---Ahora mírame —añadió con calma. Y ella obedeció. Nunca había visto a alguien tan masculino ni tan sensual. Hasta el aroma de Thomas alteraba los sentidos de Tess. No podía dejar de mirar su piel desnuda. —Tienes unos ojos muy expresivos —dijo Thomas, mirándola con ojos cargados de deseo—. Delatan tus secretos. —¿Que clase de secretos? —pregunto Tess con la voz enronquecida, mirándole a los ojos. —Hasta a ti te sorprendería conocerlos —se inclino, le mordisqueo suavemente los labios y se separo inmediatamente de ella—. Guarda esas miradas lujuriosas. Son mas peligrosas de lo que piensas. Y sin mas, se alejo con calma a su habitación. Tess todavía no había recuperado el control cuando Thomas volvio con unos vaqueros muy ceñidos y una camiseta blanca. Aquella ropa tan ajustada permitía admirar un cuerpo que muchos envidiarían. Thomas era alto, y fuerte. Tenía la constitución física de un deportista. Tess tuvo que hacer un gran esfuerzo para dejar de mirarle. —¿Quieres café? —pregunto Thomas sonriendo complacido por la forma en que Tess lo había mirado. —Si. —Voy a prepararlo. La cocina era demasiado pequeña para dos personas. Quizá esa fuera la razón de que Thomas la rozara con frecuencia de modo excitante, mientras preparaba el café en la cocina y cuando termino de hacerlo no se fue de la cocina hasta que Tess se dijo que vistiendo de aquella forma desenfadada la hacia ser mas consciente de su virilidad. ----Te he puesto nerviosa —se burlo Thomas. Tess iba a negarlo, pero pensó que si lo hacia Thomas sentiría obligado a demostrar que así era, así que contesto: —Si. Thomas se apoyo en el mueble de la cocina y la miro risueño. Cuando la miraba de aquella forma, Tess sentía que le flaqueaban las rodillas. —¿Por que no vienes aquí y haces algo al respecto? ---la reto con suavidad. Tess estuvo a punto de gemir. No le gustaba ser tan vulnerable. La ultima vez que había estado en aquel apartamento, Thomas la había herido, la había asustado; había estado a punto de violarla. ¿Como era posible entonces que lo deseara? —Thomas —protesto, mirándole a los ojos. —Se que te estremeces —murmuro el con intensidad—. Hasta puedo oír tu respiración, Tess —bajo la mirada hasta los senos de Tess, que palpitaban bajo su gruesa sudadera—. ¿Que sentirías si te quitara esa sudadera y besara tus senos, atrapara un pezón con la boca y succionara hasta endurecerlo... —¡Thomas! Pero Thomas no parecía oírla. Se acerco aella, la cogió por la cintura y la estrecho contra el. Deslizo después las manos bajo la sudadera de Tess sin dejar de mirarla a los ojos. —Centímetro a centímetro —murmuro Thomas subiendo las manos por el torso de Tess— . Centímetro a centímetro, mis manos en tu piel desnuda... Tess enrojeció, ardía de deseo. Incapaz de mitigar su pasión, decidió abandonarse. Cerro los ojos y se arqueo contra Thomas para que pudiera acariciarla mejor. Thomas le acaricio lentamente los senos, después se inclinó hacia ella y la beso. Tess se estremeció y gimió su propia voz le resultaba desconocida. —Apóyate en mi —le susurro Thomas. Beso a Tess hasta hacerla estremecerse de placer mientras deslizaba las manos por el delicado encaje del sostén. Thomas inclino la cabeza hasta sus senos y Tess tuvo que aferrarse a sus hombros para no caerse. Era tanto el placer que sentía que las lagrimas empezaron a brotar de sus ojos. Espero anhelante, completamente abandonada, a que Thomas hiciera lo que quisiera. —¡Tess! —exclamo Thomas de pronto. Retiro las manos y se aparto rápidamente de ella— ¡Dios mío, lo siento...! —le bajo la sudadera de un tirón y salió de la cocina. Al cabo de unos minutos, Tess oyó la ducha y volvió a la realidad. Se dedico a preparar la carne para la cena y cuando estuvo lista, la sirvió con manos temblorosas en dos platos. Ya había puesto la mesa y servido el café cuando Thomas volvió a reunirse con ella. Tenia el pelo húmedo, acababa de ducharse. A ella tampoco le sentaría nada mal una ducha de agua fría, se dijo Tess, todavía estaba ardiendo. Le parecía increíble desear de tal manera a Thomas cuando semanas antes le tenia miedo. —Esta bien —dijo Thomas con calma al darse cuenta de que Tess evitaba mirarle a la cara—. No ha pasado nada. ¿Nada?, estuvo a punto de gritar Tess, pero se limito a bajar la mirada. Todavía se sentía incapaz de decir algo coherente. —Te ha quedado muy bien — le comento a Tess cuando probo la carne—. A mi nunca me sale así. —El secreto esta en el fuego —contesto Tess al fin—. Tienes que asegurarte de que la sartén este suficientemente caliente. ----Mientras estés aquí puedes enseñarme a cocinar. ---Claro. Después de unos segundos de tenso silencio, Thomas le pregunto: ---Porque estas tan avergonzada, Tess? No te he acariciado muy íntimamente. ---Lo has hecho. ----Las cosas han ido demasiado deprisa —repuso Thomas con una expresión indescifrable—. Estaba jugando contigo —añadió con repentina crueldad—. Hasta que has cedido como... Para Tess, aquellas palabras fueron como una bofetada; le dolía que aquella hubiera sido la intención de Thomas. —Ya he captado el mensaje —se obligó a parecer despreocupada. Levanto la mirada y lo descubrió mirándola de una manera extraña—. Soy tan culpable como tu. Thomas se apoyo en el respaldo de su silla y la escruto con la mirada. —No es del todo justo. Pero antes de que empieces a albergar esperanzas por lo que acaba de suceder, quiero que sepas que todo ha sido culpa de la abstinencia, Tess. Desde que me hirieron no he estado con ninguna mujer. Creo que estoy mas desesperado de lo que pensaba. Así que era eso. Todas sus esperanzas murieron en ese instante. Thomas había dejado muy claro que no había actuado motivado por el amor. De todas formas, Thomas la había intrigado y no pudo evitar hacerle una pregunta: —¿Por que no has estado con ninguna mujer, Thomas? —Por mi pierna —contesto, mirándola sorprendido. —¿ Por qué todavía te duele? —Porque tiene muy mal aspecto. Porque no me gusta que vean mi pierna llena de cicatrices —frunció el ceño—. Y quizá por ti —añadió de mala gana— el sexo... no me atrae especialmente desde la ultima vez que estuviste en mi apartamento. —Entonces eras diferente —contesto Tess—. Esa noche... bueno, no me has asustado. —Ya lo he notado —contesto y la miro de una forma que la hizo ruborizarse—. No confíes en mi Tess. Si hubiera besado tus senos, sinceramente no se que habría pasado después. ¿Lo comprendes, pequeña? —le pregunto con expresión de preocupación—..Te deseo. ¡Dios, Tess, te deseo tanto! —murmuro con voz ronca. Y era cierto. No conseguía quitarse a Tess de la cabeza. Nunca había sido tan tierno con ninguna otra mujer. Tess parecía llenar su vida; y su forma de responderle le hacia sentirse muy vulnerable. —Pero te gustaría no desearme, ¿verdad? —le pregunto Tess mirándole a los ojos. —Eres virgen —contesto muy serio. Thomas nunca había sido tan sincero con ella. Tess comprendía que Thomas temía adquirir un compromiso tenia miedo de amar y de que lo volvieran a abandonar. No confiaba en las mujeres, ni las quería, pero necesitaba satisfacer su deseo y Tess estaba a su lado. —Si no fuera virgen... —Si no fueras virgen ya seriamos amantes —contesto Thomas—. Me temes, pero me deseas como yo a ti —la miro con los ojos entrecerrados—. La primera vez no suele ser muy satisfactoria —añadió con la voz entrecortada por la emoción—. No seria capaz de no hacerte daño porque hace demasiado tiempo que no hago el amor. Pero la segunda vez... La segunda vez te haría gritar de placer. Seria tierno contigo. Muy tierno. Te besaría como lo acabo de hacer en la cocina, lenta y suavemente. Te besaría toda y cuando nuestros cuerpos se fundieran, desearías no tener que separarte de mi..- — maldijo por lo bajo y se levanto—gimió—. ¡Tengo que salir de aquí! Thomas salió de la cocina dejando a Tess temblando del deseo que había expresado con tanta ternura. No podía creer que la deseara tanto después de la abiertahostilidad con la que la había tratado durante años. Había visto con desconcertante claridad la vulnerabilidad con que había intentado ocultar. Ella le importaba. Mucho. Quizá siempre le había importado y su propia reacción ante tal ardor le había lastimado. En realidad, Tess nunca había sabido nada sobre Thomas. No había sido consciente del daño que le habían hecho las dos mujeres a las que había querido en su vida. Había sido ignorado por una y abandonado por la otra. Temía amar, pero amaba. Tess contuvo el aliento. Thomas la amaba. Esa era la única razón que podía explicar su actitud hacia ella. Estaba aprendiendo a tratarla con ternura porque la amaba. El no lo sabia y, por supuesto, nunca lo admitiría. Pero Tess se sintió mucho mejor al comprenderlo. El truco era asegurarse de que Thomas no supiera que ella lo sabia. Tess estaba tan contenta que estuvo a punto de soltar una carcajada. Thomas era suyo; le pertenecía. Thomas volvió a su lado minutos después fumando un cigarrillo y con expresión de completa indiferencia, —¿Quieres café? —le pregunto Tess amablemente. —Si, por favor. Tess le sirvió mientras el la observaba. Tomaron el café en silencio. —Tengo que acostumbrarme a tenerte aquí —dijo Thomas al cabo de unos minutos—, No puedes volver a tu apartamento hasta que atrapemos a esos narcotraficantes y la ley disponga lo que debe hacerse con ellos. —Lo se. Intentare no ser una molestia —contesto ella con una sonrisa. Y se levanto. Thomas se tornaba vulnerable en cuanto la tocaba, pero en cuanto se alejaba de ella, volvía a levantar un muro entre ellos. Pero Tess ya sabia por que lo hacia Thomas luchaba con uñas y dientes para no enloquecer por ella. Tess era una chica educada a la antigua y el no podía hacer el amor con ella y después olvidarla, así que tenia que olvidarse de ella. Y para conseguirlo, por mucho que le doliera, tenia que mantenerla a una distancia prudente. La miro anhelante, pero aparto la mirada cuando Tess se volvió. Thomas se recordó que eran solo jefe y empleada. Debería tenerlo en cuenta si no quería perder el control de la situacion.
Cinco
Tess disfrutaba viviendo con Thomas. Le parecía maravilloso sentarse a su lado por la noche a ver la televisión. A thomas le gustaba vestirse cómodamente y descalzarse, y sentarse con una cerveza en la mano a ver películas antiguas. Tess estaba muy tranquila con el desde que sabia lo que sentía por ella. Era emocionante su forma de mirarla, la ternura que reflejaban sus ojos cuando le sonreía. Thomas era de naturaleza solitaria, un hombre introvertido. Lo poco que Tess sabia de su vida lo había descubierto por accidente. A Thomas no le gustaba sostener conversaciones intimas, de modo que hablaban de todo, menos de ellos mismos. Pocos días después de llegar al apartamento de Thomas, Tess se encontraba viendo un programa sobre nacimientos cuando el entro a la sala procedente de su estudio. Al ver un embrión en la pantalla, Thomas se volvió inmediatamente decidido a volver a su estudio. —Puedo cambiar de canal si no quieres ver este programa —le ofreció Tess--. Thomas dudo un momento, después miro la pantalla de mala gana. En ese momento aparecía en escena una mujer dando a luz en un quirófano. —Lo siento —Tess apago el televisor y confeso—. Se muy poco sobre sexo y reproducción en el instituto prácticamente no me hablaron de estos temas. Quería ver como crecían los bebes dentro de sus madres. —Querrás decir como se engendran —la corrigió. Tess se ruborizo—. Pero eso no lo han enseñado en ningun programa, ¿verdad? —Bueno... —se aclaro la garganta—, la verdad es que no. —Tengo un libro —le dijo Thomas—. Se que no te apetecerá leerlo estando yo delante, pero seguro que te parece interesante. Muestra como se debe hacer el amor. Tess lo miro intrigada. —No sabia que los hombres pudieran tener dudas sobre eso. Quiero decir... todo eso ya lo sabes tu ¿no? —Se como tener sexo con una mujer —le contesto desde la puerta del estudio—. Quería... saber como se hace el amor. Aquellas palabras emocionaron a Tess. Thomas parecía estar muy avergonzado. —¿Porqué huí de tu lado? —pregunto Tess con calma. —No te lo tomes como algo personal —la miro y ella sonrió. —Sin embargo te lo compraste por eso ¿verdad? —Quizá —dio una calada a su cigarrillo—. ¿Y que? —pregunto beligerante—. No creas que quería hacer el amor contigo. Ni quería, ni quiero hacerlo. —Ahora no tendría miedo —contesto Tess—. Eres muy sensual. El día que me besaste en la cocina no intente detenerte. —Es peligroso hablar así —murmuro—. No sabes lo peligroso que es. —Thomas —lo miro con adoración—¿alguna vez has pensado en tener hijos? —No —contesto. Se ruborizo y volvió a dar una calada a su cigarrillo. —¿No quieres tener hijos? —insistió Tess. Thomas miro sin ver la punta encendida de su cigarro. —Eso no supondría ninguna diferencia. Tess contestó después de unos segundos de silencio—. No puedo tener hijos. Tess no asimilo inmediatamente lo que acababa de decir Thomas. ---Jane quería quedarse embarazada —continuó—. Estaba obsesionada con eso. Quizá por eso no podía ser cariñoso como ella. Se ponía furiosa porque no se quedaba embarazada. Me sentía como un animal castrado cuando se negó a hacer el amor conmigo ---suspiro débilmente—. No podía dejarla embarazada, y al final ni siquiera era capaz de hacer el amor ---se inclino para apagar su cigarrillo—. Si crees que tienes cicatrices por lo que te hice, deberías ver las que tengo yo —se volvió para entrar en el estudio, pero Tess se levanto inmediatamente y se acerco a el. —Hay muchísimas razones por las que una mujer puede no quedarse embarazada. —Jane tuvo un hijo con su segundo esposo a los diez meses de casarse —contesto cortante. —No me refiero a eso. A ti te gusta usar pantalones vaqueros, pero dicen que a veces producen infertilidad... —se ruborizo al darse cuenta de lo que estaba diciendo. Thomas arqueo una ceja y le pregunto divertido: —¿No decías que eras virgen? Para ser virgen, sabes muchas cosas... —Lo acaban de decir en el programa que estaba viendo. —No siempre uso pantalones vaqueros —le recordó. —Bueno... Thomas la recorrió con la mirada. Tess llevaba unos pantalones vaqueros y una blusa verde. Llevaba el pelo descuidadamente recogido, lo que le daba un aspecto joven y sensual. —Aléjate de mi —le dijo Thomas—. Si te toco ya no podré detenerme. Seguiré adelante hasta el final. Tess le miro a los ojos y se ruborizo. La mirada de Thomas era mas excitante que cualquier beso. —Lo se, Thomas —dijo en voz baja. Thomas se tenso inmediatamente. Tess lo miro, y aquella mirada despertó en Thomas lo que el estaba intentando evitar con desesperación. Tess encontró fascinantes aquellos ojos negros, y su expresión así se lo indico a Thomas. —Me tienes miedo —le recordó Thomas con voz vibrante de pasión—. Que no se te olvide. —Si eres cariñoso, no tendré miedo —contesto ella sin dejar de mirarlo. Su cuerpo temblaba presa de nuevas sensaciones, de nuevas necesidades. La amaba, lo sabia y quería demostrarle a Thomas que podía ser maravilloso hacer el amor con una persona a la que se amaba. Por su parte, Thomas estaba al borde de la locura; no entendía sus sentimientos. Se sentía a punto de estallar. Tess advirtió su tensión y comprendió que le iba a resultar muy fácil romper sus defensas. Y de hecho así fue. Se acerco a el y la voluntad de Thomas desapareció. Se inclino para cojerla en brazos y, la llevo a su habitación, cerro la puerta con el pie y la dejo en la cama. Se tumbo a su lado y la recorrió con la mirada. Tess correspondió entreabriendo su boca en gesto de sumisión. —Te dolerá —le dijo el. —Lo se—murmuro ella. Con manos temblorosas Thomas se quito la sudadera. ---Aunque cambies de parecer cuando empiece a acariciarte, ya no podré detenerme —le dijo—, me comprendes? —Te quiero, Thomas—musito Tess llamándolo como nadie lo llamaba—. Te amo con todo mi corazón. Nunca he dejado de amarte, ni siquiera el día que me besaste... —Tess... —Thomas se emociono al oír aquellas palabras. - Enséñame. Ámame —dijo con suavidad. Thomas cerro los ojos y apretó los puños. _No quiero hacer el amor —gruño—. ¡Dios, eres virgen! __-Te amo —volvió a musitar Tess.
Thomas la miro, resignado a aceptar la enormidad del regalo que Tess le hacia. __Procurare tener cuidado. No voy a... lastimarte a propósito, me comprendes? .—Si. Thomas se sentó a su lado y la miro. Le acaricio los labios haciéndola estremecerse de placer. —No hay regalo mas preciado que el que me ofreces —le dijo con la voz ronca por la emoción—. Solo se puede ofrecer una vez la virginidad. —Y se la quiero ofrecer al único hombre que he amado en mi vida —repuso Tess con ternura. Thomas enmarco su rostro delicado entre sus manos. —Yo... no puedo amarte —dijo con amargura—. Tess... Tess sabia que Thomas estaba negando lo que tanto temía.. —No voy a pedirte nada —le prometió—. Ni siquiera que me ames. Quiero pertenecerte por completo solo por esta vez. Quiero saber lo que se siente haciendo el amor con una persona a la que se quiere. Thomasse inclino temblando y la beso. Abrió la boca y deslizo la lengua en la boca de Tess para explorar con ella sus rincones mas secretos. Tess sonrió. Thomas la besaba con tanta ternura que estuvo a punto de llorar de emoción. Thomas deslizo las manos por la espalda de Tess, se tumbo a su lado y la atrajo lentamente hacia el mientras deslizaba una de sus piernas entre las piernas de Tess. Tess le acaricio con cariño y sonrió cuando Thomas le acaricio la espalda. Siguió besándola hasta que los labios de Tess estuvieron ligeramente hinchados, después le desabrocho cuidadosamente el sostén para acariciar sus senos. Tess empezó a respirar con dificultad. Thomas había encendido un deseo violento con su caricias. —Nunca te había visto desnuda aunque ya te había acariciado así —murmuro Thomas mientras le desabrochaba la blusa. Tess se sentó mientras Thomas le quitaba la blusa cuando intento volver a tumbarse, Thomas se lo impidió. Empezó a besarla mientras jugueteaba con exquisita ternura con los pezones erectos. Tess gimió y el la miro a los ojos. —Esto es excitante—dijo con voz insegura—. Nunca lo había hecho. —Yo tampoco —confeso Tess. —Te deseo, Tess —murmuro Thomas. Inclino la cabeza y lamió sensualmente los pezones de la joven. Tess se sentía volar; sentía un fuego en su interior que solo Thomas podía apagar. —Si —dijo Thomas y continuó besándola con pasión—. Si, pequeña... Tess le miraba maravillada, asombrada e indefensa mientras Thomas la desnudaba. Después lo observo desnudarse y advirtió que vacilaba. —No... importa —le dijo con voz temblorosa al comprender el motivo de la vacilación de Thomas. Vio las cicatrices en su espalda y supo que había otras peores en su pecho—. ¡Te amo! Thomas se volvió. Tess miró con admiración y asombro su masculinidad antes de dirigir la mirada hacia su pecho y su pierna, que estaban llenos de cicatrices; pero para Tess, que tanto lo amaba, solo eran leves imperfecciones en un cuerpo perfecto. Tess se sentía completamente a merced de sus propios sentimientos. Nunca había experimentado sensaciones parecidas. ---Eres lo mas bello que he visto en mi vida —le dijo Thomas observándola extasiado. ---Tu también —murmuro Tess. Thomas se tumbo a su lado. Temblaba por los años de abstinencia y por el deseo que aquella mujer despertaba. ----Te deseo, nena —musito contra el vientre cálido de Tess, y le sintió estremecerse bajo sus caricias—. Siénteme. Se froto contra ella y la beso con ternura. La evidencia de su excitación era arrolladora. —Déjame llenarte —susurro contra la boca abierta de Tess. La coloco cuidadosamente debajo de el y se abrió paso con la lengua en el dulce interior de la boca de Tess—. Abre tu boca... para mi. Fue increíble la ciega pasión que la invadió al oír aquellas palabras. Tess no comprendía como podía desearle tanto. Thomas poso la mano en el muslo de Tess y la miro preocupado. —Siento tener que hacerte daño —jadeo contra la boca de Tess. La miro a los ojos con pasión—. Quiero ver como te conviertes en mujer —murmuro y sin dejar de mirarla a los ojos la penetro lentamente. Tess se aferró a los hombros de Thomas y jadeo—. Dime lo que sientes —susurro con voz ronca—. Comparte esto conmigo. —Arde... ¡como fuego! —No llores, pequeña —se movió sin dejar de mirarla—. Solo unos segundos mas... Tess empezó a temblar. Thomas no apartaba la mirada de sus ojos. —Ahora va a dolerte mucho. Pero tengo que terminar esto —musito al sentir la barrera que se presentaba. —No importa, continua —repuso Tess con dolor. —Thomas no se detuvo. Tess lo empujo, pero Thomas no se detuvo. Y cuando Tess empezaba a pensar que no podría seguir soportando el dolor ceso repentinamente. Thomas suspiro y se quedo muy quieto. Sonrió.---Tess, que le miraba con los ojos llenos de lagrimas que él seco a besos. Le cubrió el rostro de caricias y besos y murmuro dulces palabras de amor. Tess dejo de aferrarse a los hombros de Thomas cuando ceso el dolor. Sintió que Thomas la penetraba todavía mas y lo miro ruborizada. El le sonrió con ternura —Ahora puedo hacerte el amor, Tess. Ya no va a dolerte —la beso con suavidad y movió sus caderas a un ritmo que la hizo jadear de placer. Al ver que Tess se excitaba, Thomas sintió un orgullo netamente masculino—. Eres muy valiente —le susurro y empezó a moverse mas rápidamente, asegurándose de que Tess le siguiera.-----Muy valiente. Ni siquiera has gritado. —¿Thomas? —pregunto Tess de pronto. —Dejame complacerte —le dio un beso en la boca—. Ahora voy a enseñarte. Voy a enseñarte, nena. Tess era consciente de que Thomas nunca habia hecho nada igual, que nunca había amado como la estaba amando en ese momento. Era como si también el fuera virgen. Lo abrazo con fuerza y sollozo cuando Thomas le dijo que deseaba dejarla totalmente satisfecha. Thomas la miro y al darse cuenta de que Tess estaba llegando un nuevo mundo de placer se movió mas rápidamente para alcanzarla. Thomas nunca había sido tan feliz. Después permaneció unido a ella, secando sus lagrimas, besándola con ternura, acariciando su cuerpo exhausto. Al cabo de unos minutos, se levanto para llevar a la cama una cerveza que compartió con Tess mientras fumaba un cigarrillo. Thomas no pensaba en la mañana, solo en aquella noche, en la alegría de amar, en la belleza de las palabras de amor que Tess le había regalado. Dejo la cerveza en la mesilla de noche y apago el cigarrillo antes de volver a tumbarse al lado de Tess. __Quiero que volvamos a hacer el amor —susurró__. Y esta vez será muy dulce. Esta vez vas a disfrutar tanto que vas a gritar de placer. __Thomas... te amo —susurro con pasión cuando Thomas volvió a penetrarla. __¿Ya? —le pregunto Thomas con la voz enronquecida por el deseo. __Si —jadeo Tess—.¡Ahora, ahora, ya...!
Thomas nunca había sentido nada parecido. Estuvo a punto de derrumbarse al sentir como se habría para el el cuerpo de Tess, al oír sus gritos ahogados cuando la inundo una, dos, tres veces. El nunca se había sentido capaz de aquella potencia interminable, de aquella excitación incansable. Quizá fuera por la abstinencia o por lo que sentía por ella, el caso era que también para Thomas fue como hacer el amor por primera vez. Al final, agotados, se cogieron de la mano y se durmieron. A la mañana siguiente, Tess lo despertó con un beso. Thomas abrió los ojos y la vio sobre el, Thomas gimió suavemente y la tumbo en la cama. —No —musito Tess cuando comprendió las intenciones de Thomas—. Lo siento —dijo con tristeza.-----pero me duele... Thomas respiro despacio para recuperar el control. Después acaricio con cariño a Tess. —Hicimos el amor cuatro veces. Seguro que te hice daño. —No —contesto ella—. Oh, no, no me hiciste ningún daño. —,¿Pero te haría daño si hiciéramos el amor ahora? —pregunto y le dio un beso en la boca. —Me temo que si. Thomas suspiro y se tumbo a su lado. —Debería habérmelo imaginado. Todavía no estoy suficientemente despierto. Te apetece tomar un café? —Si. Voy a prepararlo —al levantarse se dio cuenta de que estaba desnuda, y avergonzada se cubrió con la sabana. Thomas comprendió lo que sentía y se levanto para ponerse los calzoncillos y los pantalones. —Puedes vestirte mientras me baño —le dijo sin mirarla. Tess le miro con expresión soñadora; deseaba decirle que le quería, pero sabia que el no contestaría, así que decidió callar. La amaba, de eso estaba segura —Anda —le dijo Thomas ya en la puerta—, o llegaremos tarde al trabajo. —Ah, si, claro. Thomas no menciono lo que había pasado. Y a Tess no le sorprendió su actitud. Thomas era un hombre que temía manifestar sus sentimientos, aunque los tenia. No estaba seguro de los sentimientos de Tess y ella lo comprendía. —Helen dice que puedo comer con ella mientras trabaja en el caso que les has asignado —comento Tess cuando estaba terminando de desayunar. —No. —Por favor, dejarme terminar de hablar. Voy a ser el señuelo. Mientras los demás se fijan en mi, ella seguirá a los sospechosos. —Eres demasiado vulnerable —contesto Thomas—. A Helen no la siguen unos narcotraficantes; a ti si. No, no. No quiero perderte de vista. No confío en que nadie pueda cuidarte mejor que yo. —Esta bien —contesto ruborizada. —Y no te hagas ilusiones por lo que ha ocurrido esta noche —la miro ceñudo—. Ha sido algo irrelevante, me has oído? ---¿irrelevante? —pregunto. No entendía como podía decir que había sido irrelevante algo tan profundo. Thomas también estaba sorprendido de si mismo. —¿que esperabas que dijera? —pregunto con acritud..... --¿Que es lo mas hermoso que me ha sucedido?.---- concedió Tess—. Pero lo ha sido. Al menos para mí. __Te hice daño. __Si... al principio —lo miro sonriente.
A Thomas se le acelero el corazón al recordar el placer que habían compartido. Solo mirarla lo excitaba, así que se puso de pie, dejo su servilleta en la mesa y dijo bruscamente: —Vámonos. Tess lo siguió sin protestar, envuelta en mil sueños e ilusiones. Sabia que Thomas la amaba. Thomas iba a luchar contra aquel sentimiento, era inevitable, pero al final iba a perder. No podría resistirse a Tess. En cuanto llegaron a la oficina los problemas reclamaron toda su atención, y eso fue un alivio para Thomas. Se sumergió en sus casos sin mirar hacia atrás, dejando a Tess ocupada con sus agendas y citas. Los últimos días habían estado tan llenos de novedades que Tess casi se había olvidado de la noche que la habían herido. Todavía le dolía un poco el brazo. Sonrió al recordar como le había besado Thomas la herida. Ella le había acariciado las cicatrices del hombro, la pierna y la espalda con la misma ternura mientras hacían el amor; le había dicho a Thomas que habían sido ganadas con honor, y eso había aumentado su placer. Todavía recordaba sus gemidos de placer. Tess contuvo el aliento. De verdad pensaba Thomas que algo tan hermoso podía ser irrelevante? Ella no, y sabia que el tampoco, pero estaba tan asustado que todavía no se atrevía a aceptar que la amaba. El teléfono la hizo volver a la realidad, pero conforme transcurrían las horas su cuerpo le iba recordando la actividad desacostumbrada a la que había estado sometido la noche anterior. Le resultaba difícil sentarse, pero no se le ocurrió mencionarlo para no despertar las sospechas de nadie. A la hora del almuerzo vio como los demás compañeros salían. Thomas tenia que atender un compromiso a esa hora, así que se quedo sola en la oficina. Seguro que Thomas no había pensado en aquella posibilidad cuando le había dicho que no podía comer con Helen. Bueno, cruzaría la calle y entraría a un restaurante a comer un bocadillo. Eso era mejor que quedarse sin almorzar. Se puso el abrigo, salió y cerro la agencia. Todavía no se había dado la vuelta cuando un hombre la agarro por detrás y le tapo la boca con la mano. —Aquí estas, preciosa —le dijo una voz ronca—. Justo a tiempo, ¡ y cuando acabe contigo, ya no tendrás ninguna prisa por declarar ante un juez todo lo que viste!
HOLA .. BUENO 3 O MAS Y AGREGO ... HASTA PRONTO :))
Amee el capitulooo!!
ResponderEliminarAl fin..
Pero Dios tenía que venir ese hombree..
Siguelaaaa
Amee el capitulooo!!
ResponderEliminarAl fin..
Pero Dios tenía que venir ese hombree..
Siguelaaaa
Sigueeee
ResponderEliminarHayy no xq se la llevo?? esta buenisima virgi me encanta..
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