Thomas acompaño a cenar a Tess en su habitación. Beryl la ayudo a ponerse el pijama y una bata y también a acostarse en una enorme cama con dosel. No era la misma cama en la que había dormido la vez anterior, además la habitación estaba en una zona diferente de la casa, pero por timidez no pregunto si la habitación estaba cerca de la de Thomas. —Come —le dijo Thomas con firmeza al verla juguetear con la cuchara.
—Lo siento. Me estaba preguntando de quien es esta habitación. —Es la mía —contesto. Al ver que le miraba sorprendida, asintió sombrío—. Si, ahora vas a compartirla conmigo. Lo miro asustada. No podían hacer el amor, pero como podía decírselo a Thomas sin tener que confesar todo? —Thomas... —empezó a decir preocupada después de probar su sopa. —Se que a las mujeres embarazadas a veces no les apetece hacer el amor —contesto el de manera inesperada—. Quiero que estés a mi lado por las noches, eso es todo. Si me necesitas estaré cerca. A Tess le enterneció que estuviera tan preocupado por ella; su respuesta la tranquilizo. —Gracias —contesto. A Thomas le pareció odiosa su expresión de alivio, lo hizo sentirse rechazado, pero disimulo su ira. —¿Has pensado en como se va a llamar? ¿Crees que será niño o niña? —le pregunto. A Tess le asustaba guardar esperanza alguna, pero no podía expresar su preocupación, así que contesto. —No. Y me da igual que sea niño o niña. —A mi también —replico Thomas—. Con tal de que nazca sano, no importa lo que sea. —Tu eres hijo único, ¿verdad? —pregunto Tess desesperada por cambiar de tema. —Si, pero desde luego no he sido un niño mimado. Mi madre no me quería —contesto con amargura. —Este bebe si será querido —dijo ella con calma. —Claro —Thomas la miro. Tess estaba preciosa sentada en su cama. —¿Tu padre era hijo único? —No lo se —contesto Thomas—. Nunca hablaba de su familia. Desapareció cuando yo era niño y no he vuelto a saber nada de el. Mi madre tuvo dos hermanos pero ambos murieron en Vietnam. —¿Tu madre nunca se llevo bien contigo, ni siquiera cuando eras niño? —No —Thomas decidió dar por zanjada aquella conversación—. Ahora termínate la sopa. Tess hizo una mueca y siguió comiendo. Thomas salió a arreglar algunos asuntos con los trabajadores del rancho y no volvió hasta la hora de acostarse. Entro en la habitación y empezó a desnudarse. Tess le miro de soslayo. Thomas era un hombre increíblemente atractivo. Recorrió con sus hermosos ojos grises las profundas cicatrices de la espalda y el brazo antes de que el se volviera; entonces la atención de Tess quedo atrapada por los fuertes músculos de su pecho desnudos. Al ver que Tess se ruborizaba, Thomas sonrió y apago la luz. —Te acostumbraras —le dijo ignorando su rubor—. Por consideración a ti usaba pijama en el apartamento, pero ahora estamos casados. Duermo así desde que era niño y es difícil abandonar las viejas costumbres. —No me molesta —contesto Tess cuando el se acostó a su lado—. Además, estas en tu habitación —Tess se quedo muy quieta mirando hacia el techo; no se atrevía a moverse para no molestarle. Era la segunda vez que dormían juntos, pero aquella situación no tenia nada que ver con la primera. Le resultaba difícil acostumbrarse a la presencia de Thomas y no solo eso, sino que podía sentir el resentimiento y el disgusto de su esposo. De pronto Thomas poso la mano en el vientre de Tess; la joven se sobresalto. —No te asustes, solo quiero sentir al bebe. ¿Ya se mueve? Tess intento tranquilizarse y dijo con un hilo de voz: —Se mueve muy poco, pero estoy segura de que pronto empezara a dar patadas. —¿Vas a amamantarlo, Tess? —Si, quiero amamantarlo —contesto con firmeza.
Después permanecieron en silencio. Tess esperaba que Thomas la abrazara, para quedarse dormida en sus brazos, pero no lo hizo, aparto la mano y se tumbo dandole la espalda. Pero Tess no sabia que lo que estaba haciendo Thomas era esconder el tumulto de sentimientos que se habian desatado en su interior. Cuando pensaba en el embarazo de Tess se sentía como un mago. Nunca había deseado nada como deseaba a aquel hijo; nada, excepto a Tess, pero eso era algo que todavía no podía admitir. Creía que podía confiar en Tess porque lo amaba, pero ella le había negado el único milagro de su vida... el de su paternidad. Si no hubiera ido a buscarla, nunca lo habría sabido. Cerro los ojos, suspiro y después se quedo dormido. A partir de aquella noche, el abismo que se abría entre ellos fue haciéndose mayor. Tess se mostraba ante el tímida y callada. Nunca bromeaba con Thomas prácticamente no le dirigía la palabra y, por supuesto no le miraba con el mismo cariño que meses atrás. El bebe empezó a dar patadas; Tess deseaba compartir con Thomas esos momentos, pero no se atrevía a decirle nada. Y el nunca la tocaba. A veces Thomas hablaba del futuro, pero siempre para referirse al bebe, nunca hablaba de el mismo o de Tess. Tess se distraía ayudando a Beryl en el jardín por las mañanas, pero Thomas advirtió que no hacia ningún ejercicio y eso lo preocupo porque sabia que el ejercicio facilitaba el parto. —No haces suficiente ejercicio —le dijo a Tess una noche—. Siempre estas sentada, así que quiero que empieces a andar. No discutas —añadió con firmeza al ver que la joven iba a protestar—. No es bueno para el niño que estés todo el día sentada. Mañana, en cuanto vuelva, daremos un paseo por el rancho. —Thomas... —empezó a decir nerviosa, pero Thomas consulto su reloj y dijo: —Esta noche tengo trabajo después hablaremos, Tess. No te acuestes tarde. No es bueno para el niño. Tess estuvo a punto de gritar. Thomas solamente pensaba en el bebe. Ella solo era la incubadora, y no era que ella no estuviera preocupada por su hijo, al contrario. No le había dicho a Thomas la verdad y temía que el pensara que no le preocupaba la salud del bebe. Por otra parte, desde que estaba con Thomas se sentía revitalizada. Los dolores y las hemorragias habían cesado. Por primera vez desde el principio de su embarazo pensaba con optimismo en el futuro del niño, pero lo que Thomas proponía podía matar a su hijo. Paso toda la noche preocupada pensando si debía decirle o no la verdad. Afortunadamente, el trabajo mantuvo ocupado a Thomas durante varios días y Tess aprendió a mentir. Beryl salía todas las mañanas para ayudar a una vecina, y Tess le decía a Thomas que durante sus ausencias ella salía a caminar. A Thomas le molestaba que la joven nunca quisiera salir a dar un paseo con el. —¿Tanto te desagrado? —le pregunto con frialdad—. No soportas tenerme cerca, por eso sales a pasear cuando yo no estoy aquí, verdad? —¡No! —Bueno, pues no te hagas ilusiones, cariño —le dijo con voz glacial—. Solo estoy preocupado por el bebe, no por ti —añadió en un momento de furia ciega. Tess no podía comprender que le hablaba así porque lo había herido. La chica se encogió ante aquella respuesta. Se volvió y levanto orgullosa la barbilla. —Pues deja de preocuparte por el bebe. Yo soy la primera interesada en tener un hijo sano, y pienso asegurarme de que asi sea. —Si, asegúrate, señora Thomas —añadió destilando veneno. Tess le miro fijamente y pregunto: —Si no me hubiera quedado embarazada no te habrías casado conmigo, ¿verdad?
—¿Todavía no lo sabes? Eres traicionera, Tess, como todas las mujeres. Mi madre fue la culpable de que mi padre nos abandonara. Jane me traiciono en cuanto tuvo una oportunidad. Tu eras la ultima persona de la que podía esperar una traición... y me equivoque. Pero no te pienso dar otra oportunidad. Tu lo único que tienes que hacer es ocuparte de que a mi niño no le pase nada —concluyo. —No te oculte mi embarazo para hacerte daño —le dijo Tess. Thomas no le hizo ningún caso. —Voy a llegar tarde del trabajo. —Nunca hablamos de nada. Ni siquiera deberías molestarte en volver a casa por las noches. Thomas no podía admitir cuanto anhelaba su presencia, su cercanía. Intentaba distanciarse de ella porque temía que descubriera sus verdaderos sentimientos. —No tengo nada que decirte. Me sedujiste la noche que engendramos al bebe. Cedí porque te deseaba, lo entiendes? Lo único que sentía era deseo. —Si, Thomas. Te entiendo —contesto Tess y salió de la habitación llorando. Thomas no podía haber sido mas claro. Thomas dio un puñetazo en el tocador. No había querido decir eso. Le repugnaba haber menospreciado así el amor exquisito que habían compartido aquella noche. No confiaba en ella, no podía. Tess era como su madre, como Jane. De hecho, lo había traicionado al ocultarle su embarazo, ya no lo amaba, lo evitaba, ni siquiera lo miraba, al parecer lo único que le importaba era el bebe, y Thomas tenia que recordárselo para no flaquear. Pero le resultaba muy difícil porque la adoraba, sobre todo desde que sabia que llevaba dentro a su hijo. Y sin embargo, cada vez estaban mas lejos. Pasaron los meses y Tess y Thomas continuaban viviendo como si fueran unos perfectos extraños. Thomas se había traslado a otra habitación con el pretexto de que despertaba a Tess cuando llegaba tarde por las noches. Pero eso no era verdad. No podía soportar el silencio y la tristeza de la joven. Lo miraba con una expresión que no podía descifrar, como si tuviera algún sufrimiento oculto, y empezaba a sentirse culpable, sin saber por que. Lo desesperaba estar cerca de ella y no poder acariciarla y abrazarla. Cuando Tess no se daba cuenta, la miraba como un adolescente enamorado. Estaba tan pendiente de ella, a pesar de lo que Tess pensaba, que su trabajo se resintió. Un día, después de ir a ver al ginecólogo, Tess se acostó. —¿Te encuentras bien? —le pregunto Thomas preocupado aquella noche. —Desde luego —contesto Tess ocultando su terror. Había tenido una hemorragia y el doctor Boswick estaba alarmado. No se lo había dicho a Tess, pero la joven había visto su expresión—. Solo estoy cansada —contesto en un susurro. —Ya te dije —repuso Thomas .__no quiero verte todo el día tumbada. Debes hacer ejercicio; estoy seguro de que el ginecólogo te lo habrá dicho también. Tess estaba aterrada. Estaban en verano y el tiempo era perfecto para salir a pasear, ¡pero no se atrevía! Y Thomas ya estaba muy enfadado porque no había querido ir con el a las clases de preparación para el parto; estaba asustada porque el doctor Boswick le había advertido los peligros que corría durante el ultimo trimestre; y no le había parecido aconsejable ningún tipo de ejercicio. Al contrario, le había dicho que hiciera el máximo reposo. Tess iba cada vez con mas frecuencia al ginecólogo pero Thomas no sospechaba por que. Tess, consciente de cuanto deseaba Thomas ser padre, quería evitarle todo tipo de preocupaciones. Y ella quería darle un hijo... el doctor Boswick le había confirmado que seria un niño. Miro a Thomas desde la cama. —Mañana iré a dar un paseo, te lo prometo. Aunque cada vez me resulta mas difícil andar, estoy mas gorda y pesada que nunca. Thomas miro a Tess con los ojos entrecerrados. Verla tan pálida le hacia sentirse culpable. —Es curioso que nunca te haya visto salir a dar un paseo—. Siempre sales a pasear cuando yo no estoy —Tess se ruborizo y desvió la mirada—. Ya se que te sientes pesada, Tess. Pero eso no es excusa para no caminar —le dijo con calma—. Es por tu propio bien. Mañana me asegurare yo mismo de que salgas a dar un paseo. —No —replico Tess con un hilo de voz. Ya no podía seguir mintiendo. __No puedo — aspiro hondo__ Thomas, tengo que decirle algo —jadeo al sentir una punzada en el vientre que la hizo sentarse de golpe en la cama y gritar. —¡El niño! —exclamo Thomas—. Tess, es el niño? —¡Si...! —empezaba a tener contracciones y tenia una fuerte hemorragia—. ¡Tienes que... llamar... una ambulancia! Llama al doctor Boswick! —Puede ser una falsa alarma, todavía falta un mes. Te llevare en el coche —le dijo con calma y la destapo y se quedo paralizado al darse cuenta de que Tess tenia razón. Estaba blanco como el papel—. ¡Oh, Dios mio! —exclamo. —¡Llama... a una ambulancia! —grito Tess. Thomas cogió el teléfono de la habitación; cuando estaba marcando el número del hospital llego Beryl corriendo y al ver la situación fue a buscar unas toallas. Después de llamar a la ambulancia, Thomas llamo al doctor Boswick y le dijo: —Creo que algo anda mal. Tiene muchos dolores y sangra muchísimo. Ya he llamado a una ambulancia. —Se ha debido romper la placenta —contesto el doctor—. Cuando la he examinado esta mañana le he dicho que podía ocurrir en cualquier momento. El niño esta a punto de nacer, pero hay riesgo de que ambos mueran —añadió. A Thomas se le paralizo el corazón—.¿Ha hecho algún tipo de ejercicio hoy? —No —contesto Thomas apretando con fuerza el auricular. —Gracias a Dios. Supongo que no habrá corrido ningún riesgo. Ya sabe que esta en un estado muy delicado. Estaré en la zona de urgencias cuando ella llegue al hospital, tendré preparadas las transfusiones —y procedió a explicarle a Thomas lo que tenia que hacer para controlar la hemorragia—... y dígale a los enfermeros que no pierdan ni un segundo. Thomas colgó y empezó a dar ordenes a Beryl, después miro a Tess angustiado. —Algo andaba mal desde hace tiempo, ¿verdad? No dejaste de trabajar por culpa de las nauseas —gruñó atormentado. Tess apretó los dientes para no gritar de dolor. —Deseabas... tanto... al niño —jadeo—. Solo quería... evitarte la preocupación — musito—. ¡No ha sido culpa tuya! —No, pero durante todo este tiempo he estado haciéndote la vida imposible.... ¡Oh, Dios, Tess..,! —se le quebró la voz. Acaricio el rostro de Tess con dedos temblorosos. Tess grito al sentir una punzada. —,¿donde rayos esta la ambulancia? —maldijo Thomas. En ese momento, se oyó la sirena de la ambulancia. —Aguanta un poco, pequeña —le dijo mientras indicaba por señas a Beryl que se quedara con ella. Salió de la habitación tan confundido que no podía ni hablar. Tess apenas se daba cuenta de que iba en la ambulancia; Thomas iba a su lado, aterrado, mientras los enfermeros la vigilaban y hacían todo lo posible para cortar la hemorragia. El doctor Boswick los estaba esperando cuando llegaron al hospital. —Ella es lo primero —le dijo Thomas—. Pase lo que pase, ella es lo primero, ¿me entiende? —Haremos lo que podamos —le aseguro el doctor antes de entrar al quirófano. Minutos después, nació el bebe. Tess tenia unos dolores horribles. Estaba intentando relajarse para dominarlos cuando Thomas le susurro al oído: —Es un niño. ¿Me oyes, corazón? Tenemos un hijo. En cuanto comprendió las palabras de Thomas, dijo con un hilo de voz: —John Richard. Era el nombre que habían elegido para el niño, en una de esas raras ocasiones en los que Thomas había llegado temprano del trabajo y habían podido conversar. —John Richard —repitió Thomas—. ¿Como te encuentras, querida? No podía ser Thomas el que acababa de hablarle en ese tono. Debía estar delirando. —Me duele —dijo débilmente. —Van a inyectarte un calmante. Tess, es precioso —añadió emocionado—. Precioso. Tess abrió los ojos lentamente. —Te amo. Pase lo que pase... recuérdalo siempre. Thomas la miro con los ojos llenos de lágrimas. Tess le veía entre sombras, pero le oyó respirar con dificultad. —Vas a ponerte bien —le dijo Thomas—. Me lo han dicho los médicos. ¡No hables así! —Cuídalo —contesto Tess y cerro los ojos—. Lo deseabas... tanto. —¡Te quiero a ti! —musito Thomas—. ¡Escúchame, niña tonta, te he mentido! ¡Te he estado mintiendo! ¡No quería casarme contigo porque no podía darte un hijo! ¡Te deje marchar por tu bien! ¡Tess, te quiero a ti! ¡A ti! ¡Dios, si he estado a punto de volverme loco cuando el doctor Boswick me ha explicado los riesgos que has corrido durante el embarazo. Abre los ojos, Tess. ¡Abre los ojos! Parecía tan desesperado que Tess se obligó a abrir los ojos: Thomas estaba muy pálido. —¡No te mueras! —le dijo Thomas con los dientes apretados—. ¡No te atrevas! Tienes que vivir para ayudarme a educar a nuestro hijo. ¡No puedo vivir sin ti! No puedo. Escuchame... no puedo vivir sin ti! —Ya tienes... el hijo... que tanto deseabas —murmuro Tess. —No. Pero Tess no parecía comprender las palabras de Thomas. —Si. Dijiste... Thomas se dio cuenta de que no lo entendía. ¡Pero tenia que conseguir que lo hiciera! Necesitaba que Tess supiera que la amaba. —Mírame, Tess. Mírame. ¡Mírame! —Tess volvió lentamente la cabeza—. Te amo — grito; los ojos le brillaban con fuerza—. ¡Te amo! Tess quería decirle que nunca había oído nada tan hermoso, pero antes de que pudiera abrir la boca, se le cerraron los ojos y se quedo dormida.
Once FINAL
Thomas permaneció toda la noche a su lado, sin dormir. No quiso dejarla sola ni siquiera para ir a ver a su hijo. Tess estaba pálida y gemía a pesar de los sedantes que le habían administrado. Al verla sufrir, Thomas sufría tanto como ella. Le mataba saber lo que Tess había tenido que soportar en silencio para evitarle una terrible preocupación durante todos aquellos meses. La había acusado de traicionarle cuando solo lo estaba protegiendo. Lo había amado mas que a su propia vida y el le había fallado. Thomas le había dicho cosas terribles. Era posible que nunca le perdonara, pero tenia que vivir. ¡Tenía que vivir! La luz del sol se filtraba en la habitación del hospital cuando Tess volvió a abrir los ojos. Todavía estaba débil por el dolor. Abrió los ojos y murmuro: —¿Thomas? ¿Mi hijo...? Thomas tenia un aspecto terrible. —¿Quieres que te lo traigan ahora? —le pregunto con ternura y se incline hacia ella—. Te lo traerán en cuanto quieras. —Quiero verlo ahora. Thomas apretó un timbre y le pidió a la enfermera que les llevara al bebe. La alegre enfermera entro sonriente minutos después con un bultito en brazos. —Aquí lo tiene, señora Kaulitz. Me alegro de que se haya despertado. Nos ha tenido muy preocupados. Mire lo que le traigo aquí —y le dejo al niño a su lado. Tess lo miro y le pareció estar viendo a Thomas. —Se parece a mi esposo —murmuro—. ¡Oh, se parece a ti, Thomas! Thomas se inclino a su lado y acaricio con ternura la cabecita del niño. —Tiene tus ojos —la corrigió Thomas emocionado. —Voy a traerle el biberón... —dijo la enfermera, pero Tess la interrumpió. —No. Por favor. Prefiero amamantarlo. El doctor Boswick me dijo... —Esta bien —sonrió la enfermera—. Pero de todas formas le traeré un biberón. Esta usted muy débil, ha perdido mucha sangre y es posible que todavía no tenga suficiente leche para satisfacerlo. Cuando salió la enfermera, Tess se sentó en la cama y cogió al pequeño en brazos. —Ayúdame, por favor —le dijo a Thomas. Thomas le desato los cordones de la bata y le ayudo a quitársela. Tess acerco al bebe a su seno y le puso el pezón en la boquita. El niño empezó inmediatamente a succionar y se aferró con fuerza al seno. Tess contuvo el aliento y después se echo a reír. Miro a Thomas, que la observaba atentamente. Tess nunca le había visto tan emocionado. —Dios mío —le dijo con voz temblorosa—. No me lo imaginaba así —se acerco a ella con la mirada clavada en su hijo; volvió a acariciarle la cabecita antes de mirar a Tess— . ¿Te duele? —No —contesto ella—. Es una sensación extraña, pero no me duele. Lo que si me duele un poco es la cicatriz. —Pueden darte un calmante cuando termines de dar de comer a John Richard. —No has ido a trabajar —le dijo ceñuda. —No podía dejarte sola, cariño —contesto tranquilo—. Parecías querer morirte —le acaricio la boca con el pulgar—. Creía que ya no querías vivir. —No me acuerdo. —A lo mejor ha sido la anestesia, pero no quería dejarte sola —se incline y la beso—. Lo eres todo para mi —le dijo con la voz ronca por la emoción—. Ahora no puedo perderte. Tess, convencida de que las palabras de Thomas respondían a la emoción de su reciente paternidad, se limito a sonreirle. En cualquier caso, era evidente que Thomas adoraba a su hijo, y como no había otra mujer en su vida, era probable que hubiera decidido que podían continuar casados. Decidió darle otra oportunidad, era posible que algún día aprendiera a amarla. Una semana después, dieron a Tess de alta. Helen y Kit fueron a verla a casa para conocer al bebe.
Thomas siempre estaba cerca de ella aunque volvió a trabajar en exceso. Tess sabia que le irritaba que no le quisiera escuchar cuando intentaba hablar con ella, pero no podía evitarlo. No quería que le hiciera confesiones de amor. Thomas se había sentido muy mal cuando se había enterado de que su embarazo había sido de alto riesgo y, para él, el parto había sido una pesadilla. Desde que les habían dado de alta a Tess y al niño parecía el hombre mas feliz del mundo, pero la joven no quería oír falsas promesas. No quería hablar con el hasta que se olvidara de las tensiones pasadas. Tess se dedicaba por entero a su hijo, lo adoraba, lo mimaba, pasaba a su lado cada momento libre. El niño era su vida. También estaba Thomas, pero toda la atención que Tess prestaba al niño se la negaba a el. Thomas se sentía solo, rechazado y su humor empezó a empeorar. Claro, el adoraba a su hijo, pero no conseguía hacer que Tess advirtiera que también la necesitaba a ella. Estaba encerrada en su propio mundo, en el que solo el niño tenia cabida. Un sábado por la tarde, Tess estaba dando de mamar a John cuando llego Thomas. Había estado trabajando todo el día y parecía estar de muy mal humor. Se detuvo en la puerta de la habitación al ver a Tess en la mecedora. —Tengo que hablar contigo —le dijo. —Estoy a punto de terminar —contesto Tess. Thomas se sentó en el borde de la cama y observo atentamente a su hijo. El orgullo suavizo su expresión y sonrió: —Nunca me cansare de veros —dijo con calma—. Tienes una expresión maravillosa cuando das de mamar al niño. —¿Has visto cuanto ha crecido? —le pregunto con timidez. —Tess, hasta cuando vas a seguir dándole de mamar? Tess le miro sorprendida y se retiró con aire distraído un mechón de pelo de la cara. —Todavía no he pensado en eso. ¿Te importa mucho? Thomas dudo antes de decir: —Seguirá atado a ti mientras continúes amamantándolo. No puedes estar lejos de el mas de dos horas seguidas. —¿Quieres que me vaya? —pregunto Tess abriendo los ojos de par en par—. Por eso quieres que deje de darle de mamar? Para poder contratar a una niñera...? —¡Dios, no! —contesto espantado. Se acerco a la ventana y observo con el ceño fruncido el paisaje otoñal. —Supongo que te he dado razones de sobra para pensar que solo quiero al niño, no a ti. Pero no soy capaz de arrebatarte a tu hijo. No soy un monstruo, Tess. —Lo se —contesto con timidez. El bebe termino de comer y se quedo dormido. Tess lo arropo en su cunita y salió de la habitación sin hacer ruido. Thomas la siguió. —No huyas —le dijo—. Has evitado mi presencia desde el día que volvimos del hospital. —Voy al porche —contesto. —Hace frío. —No, no hace frío. Le pediré a Beryl que vigile a John. —Esta bien —cedió Thomas; espero a que Tess hablara con Beryl y después la siguió hasta el porche y se sentó a su lado. —¿Has tenido mucho trabajo?—pregunto Tess con indiferencia. —He comprado unos caballos —contesto Thomas encendiendo un cigarrillo—. He estado viendo como los domaban. Tess —la miro a los ojos, y dijo—: He estado intentando hablar contigo para disculparme. Te dije cosas muy crueles antes de que naciera el niño. Cosas de las que ahora me arrepiento.
—Tu no sabias que mi embarazo era de alto riesgo —contesto Tess—. Solo quería evitarte preocupaciones. Nunca te había visto tan emocionado. No quería echar a perder esa alegría. —¿Y tu? —gimió y cerro los ojos—. ¡Tontita! Estabas muy asustada y yo me quejaba porque estabas todo el día sentada —se quito el sombrero y se paso una mano por el pelo—. No soporto pensar lo mal que te trate. Solo te he dado problemas, Tess. —Eso no es verdad —Tess miro con cariño a Thomas—. Me has dado a John. —No se me ocurrió tomar precauciones porque pensaba que no lo necesitaba. Si hubiera sabido el riesgo... —Pero no lo sabias. Ni yo, aunque me hubiera arriesgado en cualquier caso, Thomas —dijo con convicción—. No me arrepiento de nada. —No solo quería al niño —la miro a los ojos—, sino también a ti. Te necesitaba, así que... me habría casado contigo aunque no hubieras estado embarazada. No soportaba vivir sin ti. Alejarte de mi lado fue el peor error de mi vida —su expresión reflejaba tanta vulnerabilidad que la enterneció—. Aquella noche... no había sabido lo que era el amor hasta esa noche. Tenia miedo, me aterraba haberme equivocado y que ese amor fuera pasajero. Pero no ha sido así. Dios mío, Tess. Nunca dejare de amarte. Tess se aparto un poco y desvió la mirada. No podía creerle. No se atrevía. —No hace falta que finjas —le dijo con ternura—. Esta bien. Amas a John y quizá estas encariñado conmigo. Eso es suficiente. Thomas apago su cigarrillo y se puso de pie. La miro. —No —le dijo—. No es suficiente. Tu quieres que yo te ame. —Si que esto es muy difícil para ti... —contesto Tess mirando a lo lejos. Thomas la agarro por los hombros y la obligo a levantarse. —Mi madre me destrozo, Tess. Jane acabo con mi orgullo. Cuando tu llegaste a mi vida, yo estaba destrozado. Te tenia miedo, ¿no lo sabias? —Supongo que una parte de mi lo sabia —lo miro a los ojos—. Trate de hacerte comprender que nunca te haría daño, pero no confiaste en mi. —No podía —deslizo los manos por los brazos de Thomas y entrelazo los dedos en los de ella—. Te dije que no sabia amar, que no sabia lo que era la ternura —se acerco a ella— . Tuve que aprender muchas cosas. Y las aprendí contigo, Tess. —Estas orgulloso de John —murmuro ella bajando la mirada—, y te sientes responsable de los problemas que tuve para dar a luz, pero no es necesario que me digas estas cosas. Thomas la cogió por la barbilla y la obligó a mirarle. —Te amo —le dijo—. De que manera y cuantas veces te lo tengo que decir para que me creas? Tess se encogió de hombros y contesto: —Es posible que sientas muchas cosas, Thomas, pero estoy segura de que no es amor. —Te amo y lo sabes, pequeña cobarde —le sonrió y dio un dulce beso en la boca—. Pero creo que ya es hora de demostrártelo. La beso con pasión y Tess, casi a pesar de su voluntad, correspondió a aquel beso. Thomas contuvo el aliento y gimió cuando vio que Tess le abrazaba y se entregaba sin reservas. Le entreabrió los labios con la lengua y la abrazo con fuerza. Thomas deslizo la mano hasta la cadera de Tess y la estrecho contra el para que comprobara la fuerza de su excitación. —Te deseo —gruño Thomas—. ¿Puedes hacer el amor? —Si —musito. —¿A donde rayos podemos ir? —gruño el buscando con la mirada un lugar—. Beryl esta arriba con el niño.
Tess miro hacia el granero, pero Thomas movió la cabeza. —No. Esta sucio. —Pero si lo hacen en las películas —se quejo Tess. —Pero esto no es una película, Tess —murmuro Thomas frotando su rostro contra los senos henchidos de Tess, después la volvió a besar en la boca—. Y lo que siento ahora no es solo un deseo que necesite saciar. Te amo, quiero hacer el amor contigo, ser parte de ti. —Yo también —contesto. Thomas la abrazo con mas fuerza sin dejar de besarla con sensualidad. —Tess —musito contra su boca—, Tess, te amo... De pronto se abrió la puerta de la casa y se separaron. Apareció Beryl. —John esta durmiendo como un lirón. ¿Les importa que vaya a ver a la señora Jewell? Solo tardare una hora... A Tess le entraron ganas de besarla. Posiblemente Beryl sabia que querían estar solos. —No te preocupes, ve —le contesto Tess. —Oh, gracias —contesto Beryl. Tanto Thomas como Tess esperaron a que el coche de Beryl desapareciera por el camino para ir corriendo a su habitación. Thomas la cogió en brazos, la dejo en la cama, y se tumbo a su lado. —No hagas ruido —le dijo—. No quiero que despertemos al niño —la besó en la boca—. Dios bendiga a Beryl. —La puerta... —gimió Tess. —Ya esta cerrada. ¡Tess, ha pasado tanto tiempo! La beso con ardor, se separo de ella y empezó a desnudarse. Tess no podía dejar de mirarle. Incluso con las cicatrices, Thomas era un hombre increíblemente atractivo. Se lo dijo a Thomas, este sonrió, se tumbo a su lado y la desnudo entre besos y susurros. Tess estaba un poco avergonzada por su cicatriz, pero Thomas la beso y le dijo que era como una cicatriz ganada en una batalla, que tenia un valor excepcional. Tess se tranquilizo, le sonrió y le beso. Thomas la trataba con una ternura de la que Tess nunca le habría creído capaz. Entre besos y caricias eróticas le dijo que la amaba, que la necesitaba, que ella era lo mas importante de su vida. La magia que habían compartido una noche en el apartamento de Thomas todavía estaba presente. Tess le rodeo el cuello con los brazos y se estrecho contra el pero Thomas la detuvo. —Espera —saco unos preservativos de debajo de la almohada. Se puso uno mientras ella lo miraba con timidez—. No habrá mas hijos por el momento. No quiero que te arriesgues otra vez. —Pero si estoy bien —contesto Tess—. Ha sido un embarazo bastante raro. No creo que tenga otro igual. —Ya hablaremos de eso en otra ocasión, ahora te encuentras débil y vulnerable y debo cuidarte mucho, señora Kaulitz —murmuro contra su boca—. Te quiero demasiado, no pienso dejar que vuelvas a arriesgarte —se puso encima de ella y se unió a Tess con una ternura y lentitud exquisitas. Al principio, Tess se sintió un poco incomoda y Thomas se detuvo. —Es como si fueras virgen —le susurro intentando controlarse—. Tranquila, tranquila... así... —suspiro y siguió adentrándose en el cuerpo de Tess, que gimió al sentirlo completamente dentro. —Oh, Thomas —jadeo—hace casi un año... —Lo se —contesto el y comenzó a moverse a un ritmo creciente.
Hicieron el amor con tanta pasión como la noche que habían engendrado a su hijo. Thomas la amo hasta dejarla sin aliento, la acaricio hasta hacerla gritar de placer y juntos alcanzaron un nuevo mundo de sensaciones en el que lo único importante era su amor. Tess nunca había sentido tanto placer. Permaneció inmóvil debajo de Thomas, sintiéndolo respirar contra sus senos. —Me amas —le dijo el—. Lo habría sabido al mirarte ahora a los ojos si no me lo hubieras dicho veinte veces mientras hacíamos el amor. —Tu también lo has dicho varias veces —jadeo Tess. Thomas la beso con ternura. —¿Ahora me crees? Tess le miro y contesto casi sin aliento: —Oh, si. Thomas acerco su cara a la de ella y volvió a besarla con ternura. —Me encantaría demostrártelo una y otra y otra vez, pero me parece que se avecina una tormenta. —¿Una que? En ese momento el bebe estallo en llanto furioso. —¿Otra vez tienes hambre? —pregunto Tess, se levanto y se acerco a la cuna del pequeño—. ¿O estas mojado? —inmediatamente le cambio el panal, y en eso estaba cuando sonó el teléfono. Dane contesto. —No —dijo el—, no voy a ir hoy. ¿Por que? —frunció el ceno, luego soltó una carcajada—.Hablas en serio? ¿Cuando? ¿Se pondrá bien? —movió la cabeza—. Dios, claro que se lo diré a Tess. Se va a morir de risa. Dile que iremos a verla esta noche, y por Dios, confiscadle el arma antes de que lo vuelva a hacer! —¿Que ha pasado? —pregunto Tess cuando Thomas colgó. —Nunca te lo imaginarias —Thomas se levanto y se puso los pantalones sin dejar de reír—. ¿Recuerdas que Helen siempre se quejaba de que era la única de la oficina a la que nunca le habían herido de bala? —Si. —Bueno, pues esta tarde ha cogido mal la pistola y se le ha disparado. Tiene una herida en el pie. —¡Oh, pobre Helen! —exclamo Tess condolida, pero no pudo contener las carcajadas— . Lo siento, esto no tiene gracia ¿Se pondrá bien? —Ha sido una herida superficial, pero la dejaran esta noche en el hospital, por si acaso, así que he dicho a Nick que iremos a visitarla. —Le llevare flores —dijo Tess y sonrió—. Y una medalla, si podemos conseguirla. Thomas se acerco a ella y la miro con cariño. —John se parece mucho a ti —dijo ella. —Se parece a los dos —la corrigió Thomas abrazándolos a los dos—. ¿Te sientes feliz? —No sabia que podía serlo tanto —le beso—. No sientes haber tenido que casarte conmigo? —le pregunto preocupada. —No he tenido que casarme contigo —la corrigió con ternura—. Solo estaba buscando un pretexto para hacerlo, ,¿o crees que fue casualidad que te encontrara ese día en el restaurante en el que estabas almorzando con Kit? —¡La seguiste! —dijo ella riendo—. Kit lo sospechaba. —Si, la seguí. Me había pasado la mañana pensando en que iba a hacer, Tess. Quería pedirte que te casaras conmigo —le confeso—. Que vivieras conmigo aunque no pudiéramos tener hijos. —¡Oh, Thomas! —dijo Tess. —Pero todo salió mal —murmuro—. Me interrumpieron demasiado pronto. —Yo iba a decirte que estaba embarazada, pero cuando se acerco ese hombre a saludarte, perdí el valor. —Todo este tiempo perdido —gimió el—. Ya tenias problemas entonces. No era la ulcera, era el niño. —Si. Pero cuando me cogiste de la mano, deje de sentir dolor. —Te he hecho pasar muy malos momentos. Lo siento. No sabes cuanto. —Te amaba y, en el fondo estaba convencida de que si no te presionaba, aprenderías a amarme. No quería preocuparte, si no te habría contado lo del niño en cuanto lo supe. No comprendía cuanto deseabas tener un hijo. —No un hijo, sino a nuestro hijo —se incline, la beso en la frente y después la miro—. No sabes cuanto te eche de menos cuanto te fuiste de mi apartamento, o cuanto miedo pase cuando te seguían esos narcotraficantes. Durante mucho tiempo no me había atrevido a pensar en el matrimonio y de repente, decidiste que debía enseñarte a hacer el amor —gimió—. No sabes como me sentí. Habría hecho cualquier cosa por tenerte, excepto sacrificar tu necesidad de tener hijos. Y, sin embargo, tu estabas dispuesta a sacrificarte hasta ese punto por mi —la beso con ternura—. Me gusta aprender contigo lo que es el amor. Y debo ser buen aprendiz porque has gritado mucho cuando estábamos en la cama —Tess se ruborizo haciéndole reír—. El niño era la mejor excusa del mundo para casarme contigo y traerte a casa sin tener que decirte que te amaba desesperadamente. Pero cuando huiste, pensé que habías dejado de amarme. —Tonto —contesto—. El amor no desaparece tan fácilmente. —Eso parece. Has tenido un embarazo muy difícil, pero cuando decidamos tener otro hijo, no me apartare de tu lado. —La primera noche que hicimos el amor te necesitaba tanto... Te amaba, y pensaba que si te ofrecía todo lo que tenia sin pedirte nada a cambio aprenderías a confiar en mi, que hasta podrías llegar a quererme. —Te amaba —contesto abrazando a Tess y a su hijo—. Dios que difícil ha sido todo. Espero que a partir de ahora todo vaya bien. —Te quiero tanto, Thomas. Te amare hasta la muerte —al ver que Thomas se ruborizaba, le pregunto—. ¿Quieres que te lo demuestre? —¿Hablas en serio? —pregunto en tono extraño—. Ven aquí. Pero antes de poder hacer nada, su hijo empezó a buscar el seno de Tess para seguir comiendo. Tess se echo a reír cuando el bebe encontró su pecho y succiono con fuerza. —Creo que mi hijo tiene prioridad —musito reprimiendo el deseo—. Pero tenemos toda la noche para nosotros. —Si. Te quiero —le murmuro Tess. —Yo también te amo, pequeña. —Cuando John ya vaya a la escuela, te parecerá bien que vuelva a trabajar? —¿Para Short? —pregunto el. —Para ti —le corrigió. —Bueno, supongo que todo quedara en la familia. —Pero en cuanto a John le valga el impermeable de detective me retirare. Thomas la abrazo y acaricio con cariño la cabecita de su hijo. Dudo un poco, pero Tess parecía decidida; bueno, si el le enseñaba a Tess el oficio y supervisaba los casos que le diera, podría mantenerla a salvo. Y él mismo tiempo no le importaba tenerla a su lado todo el día. Sonrió. —Esta bien. ¿Contenta? —¡Claro! Tess se apoyo en el pecho de Thomas y le dirigió una sonrisa de complicidad al pequeño. ¡Nunca había sido tan feliz!
FIN
HOLA .. BUENO ESTOS SON LOS CAPITULOS FINALES .. GRACIAS POR HABER LEIDO .. HASTA LA PROXIMA.
AUTORA: DIANA PALMER
TOM KAULITZ: RICHARD DANE LASSISTER
😉
Me encantoooo, que lindo el hijo de Tess y Thomas ya me lo imagino igualito a el :) bueh esperare tu próxima novela..
ResponderEliminarMe encannntooo
ResponderEliminarHermosa historia!!
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