domingo, 11 de septiembre de 2016

Dos
Tess gimió dormida. Estaba soñando, y seguramente con Thomas. A pesar del daño que le había hecho siempre soñaba con el. La despertó un ruido. Abrió los ojos y  vio a Thomas sentado cerca de su cama. —¿Que haces aquí?  —pregunto poniéndose rígida—. Deberías estar trabajando.
—Estoy  trabajando —contesto—. Cuidándote. Aquellas palabras hicieron que acudieran  a la  mente de Tess  recuerdos muy dolorosos. Cerro los ojos un acceso  de dolor y contesto. —Por favor, vete. Thomad bajo la mirada. La angustia reflejada  en rostro de Tess lo incomodaba.   —Solo me  tienes  a  mi. Eso era cierto. La abuela de Tess había muerto hacia un año. Lo miro, pero su expresión vacía no reflejaba ningún sentimiento. —Solo eres mi  jefe, Thomas —le dijo con  calma—. Eso no quiere  decir que tengas que cuidarme. —Mira —le dijo inclinándose hacia ella—, nunca te lo he preguntado y quizá debería haberlo hecho. ¿Te hice mucho daño aquel día? —No se de que me  estas hablando —desvió la mirada. —¿No?  —rió brusco—. Llevamos  tres años arrastrando ese desagradable episodio; todavía no he  sido capaz de acercarme  a ti para pedirte perdón. —¿Y que mas te da? —contesto ella—. Querías alejarme  de tu vida, y lo has conseguido. ¡No me  acercaría a ti  ni por todo el oro del mundo!__Ni a mi  ni a ningún otro hombre —contesto  el. Tess apretó la  sabana contra su pecho. __No tienes nada mejor que hacer que provocarme? _Voy a llevarte al rancho. Tess palideció y se sentó en la cama asustada. —¡Dios, no! —dijo él—. ¡No te pongas así! __No —musito ella. Le temblaba la mano—. No  pienso irme  contigo. No quiero estar en tu casa. ¡No quiero! Thomas cerro los ojos. No podía soportar que se pusiera así; se puso de  pie y se acerco a la ventana, encendió un cigarrillo y miro hacia afuera. __No sabia que eras virgen —contesto cortante—. No me  di cuenta hasta que no te vi completamente aterrorizada. ¡Crees que no se por que no sales con ningún hombre?  —se volvió y la miro a los ojos—. ¿Crees que no me importa lo que te hice? Tess bajo la mirada hasta su mano temblorosa. —Fue hace tanto tiempo... —Podía haber sido ayer —contesto Thomas—. ¡Dios, deja de  alejarme  de tu lado! —¿Yo? —Tess se ruborizo. Thomas se acerco  otra vez a la cama—. Tess, se que me temes, es evidente. Pero no voy a hacerte daño.  Solo quiero llevarte a un lugar en el que puedan cuidarte hasta que puedas arreglártelas sola. Aunque yo no me  quede en el rancho, puede atenderte Beryl. —No conozco a Beryl. Además, puedo quedarme con Helen... —Mira, cuando Helen no esta trabajando, esta  en clase de ballet, y si tiene algún tiempo libre, lo pasa con su amigo Harold. Se ha  ofrecido a cuidarte con la  mejor de las intenciones, pero tendrías  que pasar todo el día sola. —No me  importa. —Escucha —Thomas se acerco mas a la cama y vió que Tess se tensaba—. Has presenciado  una entrega de cocaína.  Tendrás  que hacer declaraciones a la policía. Los policías no han visto lo que tu, ¿me entiendes?  Eres la  única  que lo ha visto, y como  uno de los traficantes anda suelto, en este momento ya debe saber quien eres. ¿Comprendes ahora en que situación te encuentras? —No puedes estar hablando en serio. —¡Claro que estoy hablando en serio! He visto cientos de casos  iguales durante casi diez años, y se perfectamente lo que va a pasar. No estarás  a salvo  hasta que cojan  al otro hombre y lo tengan tras las rejas. Quiero  que estés cerca de mi, quiero cuidarte. Cuando yo no este en casa, podrá cuidarte mi  administrador. Es un  hombre fuerte y sabe manejar un revolver casi tan bien como  yo mismo. Tess escondió el rostro  entre  las manos. Era una  agonía tener que acceder a lo que le pedía. Casi deseo quedar a merced de aquellos traficantes. —Puedes odiarme todo lo que quieras —continuó Thomas—, pero vendrás conmigo. No quiero que arriesgues tu vida. —No creo que eso sea arriesgar mucho —musito con tristeza—.  Trabajar y ver la televisión no es gran cosa. —Tienes veintidós años. Eres demasiado  joven para hablar con tanto cinismo. —Bueno, lo he aprendido de un experto —dijo levantando la mirada—. Tu me enseñaste. Su expresión incomodo a Thomas, que contesto bruscamente: —Nunca había tenido a nadie a mi  lado. Mi  padre me  abandono cuando era un niño. Yo lo adoraba, pero mi  madre lo odiaba y me  odiaba a mi  porque me  parecía a el. Jane decía que me amaba cuando nos casamos, pero me  abandono sin miramientos —se inclino hacia ella, sus ojos eran como  carbones encendidos__ Tu  querías amarme  pero no te lo permití. Te herí, hice que me  temieras. ¿Todavía no lo comprendes Tess?  ¡No se lo que es el amor! __No es necesario que me  consideres una  amenaza ---contesto Tess desafiante—. Deje de serlo hace años. —Si, lo se. __No te amo —Tess evito mirarlo a los ojos—. Estaba enamorada de ti, supongo que era un sentimiento lógico, pero me  demostraste que estaba equivocada. Thomas le acaricio la mejilla y cuando la joven intento volver la cabeza se lo impidió. La miro intensamente a los ojos y dijo: —Doble razón para que no vuelva a tocarte. —Podías haberme forzado. Thomas esbozo una mueca  y quiso negarlo, pero  no pudo, así que contesto con amargura. —No lo entiendes. —¿El que?  —musito Tess mirándolo como  si de verdad no entendiera nada. —Tu eres virgen —contesto sin atreverse  a mirar-la—. Pero yo no, yo había estado con muchas mujeres. Y tu eras tan dulce, tan adorable, y te deseaba tanto que no... pude contenerme. La mente de Tess se puso rápidamente en funcionamiento. A veces los hombres podían ser muy vulnerables. Había intentado negarlo durante años, pero una parte de ella siempre había sabido cuanto la  necesitaba Thomas aquel día. —Me asustaste muchísimo —rió nerviosa—.  Cada vez que salía con algún hombre temía que me hiciera lo mismo, así que al  final decidí no volver a intentarlo. —No me  sorprende —replico Thomas—. Para mi  tampoco ha sido fácil. No puedes imaginar lo mal que me  siento cuando veo que te  retraes  cada vez que me  acerco a ti. —Ya ha pasado mucho tiempo, no?  Supongo que terminare superándolo. —Tess —observo sus dulces ojos grises—es  solo miedo lo que sientes cuando estas cerca de mi? —miraba su boca entreabierta y le  acaricio con dulzura el labio inferior haciéndola contener el aliento—.  ¿O  hay algo mas? Tess aparto el rostro para librarse de aquella caricia. El corazón le latía violentamente. Thomas se obligó a mirarla a los ojos, se dio cuenta de que la joven  respiraba con dificultad.  Asi  que no solo tenia miedo. Algo dentro de  el se removió al darse cuenta de que Tess estaba intentando ocultar lo que la  había hecho sentir con aquella sensual caricia. Era sorprendente que a sus treinta  y cuatro años Thomas nunca hubiera deseado acariciar de aquella manera la boca de  ninguna mujer. —No —contesto como  para si mismo—. Es  un sentimiento un poco mas complicado que el miedo, ¿verdad? —Thomas... —El medico dice que podrás irte mañana, pero hasta entonces habrá un policía en la puerta. Esta ahí desde ayer, y ahí se quedara  hasta que salgas de aquí —Tess lo miro nerviosa—. Me haces desear ser tierno.  Eso ya es un buen principio — añadió con calma  y la  observo con aire pensativo—. A lo  mejor si lo intento, consigo que desees que te acaricie. —No —contesto. Un escalofrío le recorrió la  espalda—. No pienso dejar que me  toques. ¡Recuerdo perfectamente lo que me  hiciste la ultima  vez que me  acariciaste! —Nunca había estado con una virgen, pequeña  —contesto en voz baja y profunda—. Y tampoco he sido un hombre con tendencia  a la ternura, pero  en ti vislumbro sentimientos que me  hacen reconsiderar mi  comportamiento. __No quiero hablar de eso, Thomas —contesto ella bajando la mirada. Thomas busco las palabras adecuadas  para contestar: __Todavía no te  has dado cuenta de que si un hombre estuviera enamorado  de ti intentaría ser tierno contigo? .__¿Y  tu como lo sabes?  —pregunto con  amargo cinismo y lo miro—. Creía que te importaba, pensaba que, por lo menos, te gustaba, pero me  asustaste tanto que no quiero volver a ser una amenaza para tu intimidad. Mi padre tampoco me  quería, me dejo con mi  abuela porque no me  quería —se estremeció—. Nadie me  ha querido nunca... —se recostó en la almohada—. Por  favor, Thomas, vete. Estoy demasiado cansada para seguir hablando. ¿Por que no se había dado cuenta de lo sola que se sentía Tess?,  se pregunto Thomas desesperado. Después de todos aquellos años,  seguía sin saber casi nada de ella. Claro, sabia que se había sentido rechazada cuando su padre la había dejado al cuidado de su abuela. Y también cuando la había apartado definitivamente de su vida  para casarse  con su madre. Tess deseaba tener a alguien a quien  amar, pero había tenido la mala suerte de encontrar a un hombre que no sabia lo que era el amor, que en su vida solo había conocido el rechazo, un  hombre con un  matrimonio fallido y un cuerpo lleno de cicatrices. Thomas hizo una mueca al ver la expresión de  Tess. Se sentía responsable de la angustia de la chica. En cierto modo, el había contribuido a hacer de Tess lo que en ese momento era. —¿Te gustan los caballos? —Me dan miedo. —Eso es porque no sabes nada de caballos.  Cuando estés en el rancho te enseñare a montar. —No me  hagas esto —le dijo mirándolo a  los ojos—. Por favor, no necesito que me compadezcas. Thomas abrió la boca para protestar, pero la cerro porque no estaba seguro de lo que debía decir. Se limito a suspirar  y dijo: —Vendré mañana a buscarte. Intenta descansar. Tess asintió. Cerro los ojos y decidió que  Thomas no volvería a tenerla a su merced. (Thomas Kaulitz no iba a volver a hacerle daño)
Tres
El rancho de Thomas era un rancho ganadero, en el que además de José Domínguez y Hardy, domador de caballos y cocinero respectivamente, trabajaban Dan, administrador y esposo de Beryl y otros doce peones. Tess no quería que Thomas la llevara a su rancho, pero no tenia fuerzas suficientes para oponerse. Thomas había pagado los gastos del hospital y en cuanto le habían dado de alta, se habían dirigido  hacia Branntville. No le gustaba la idea de pasar varios días  en compañía de Thomas, que además se estaba comportando de una forma muy extraña poniéndola mas nerviosa que de costumbre. Thomas nunca había sido un gran  conversador, solo hablaba  cuando tenia que hacerlo por motivos de trabajo, así que el viaje lo hicieron en silencio. Tess miraba por la ventana del coche preocupada por el dolor  que todavía sentía en el brazo. —¿Ese es tu rancho? —pregunto cuando llegaron a lasafueras de Branntville. Miro la valla en la que había un  letrero con una espuela. —No, este no es el mío. Cole Everett y esta espuela son famosos en todo el estado. Cole se caso  con  su hermanastra,  Heather Shaw  y tuvieron tres hijos que ahora son ya adolescentes. —Es un rancho muy grande, ¿verdad? —Si. —¿Este es el Brannt Ranch?  - Se llama así por las personas que viven aquí? Thomas asintió y señalo la casa.                                  —King Brannt es el dueño de aquella casa. Es todo un personaje —murmuro Thomas—. El impone las reglas dondequiera que se encuentra. Esta casado con una chica muy atractiva, hija de una actriz muy famosa. Y haría cualquier cosa por ella. —¿Y ella vive en el rancho?  —pregunto Tess con curiosidad. —Se ha adaptado perfectamente. Como ves, el matrimonio no siempre es el final de la felicidad —concluyo con amargura. —Supongo que debe haber cierta afinidad, no?  —pregunto con aire ausente. Se necesita algo mas que atracción física para que dos personas eran felices en su matrimonio. —¿Como que?  —le pregunto Thomas. —-Respeto —contesto—. Intereses compartidos, educación similar... cosas así —¿Y  sexo?                                                             , —Supongo que si quieren tener hijos... —contesto nerviosa —No siempre es posible tener hijos —repuso Thomas con expresión sombría. —Supongo que no —bajo la mirada—. Es posible que  haya gente a la que no le interese el sexo. —Tess —pregunto Thomas muy serio—, tu no tienes ni la menor idea de sexo, verdad? —No—se ruborizo. Thomas la recorrió con la mirada. Tess no sabía nada sobre relaciones hombre-mujer. El era el culpable por  haberla herido y asustado a los diecinueve años y en ese momento deseo que todo hubiera sido diferente. Si  el pudiera aprender  a ser tierno, seria maravilloso acostarse con ella, compartir la  belleza de una  unión completa con ella. Se excitó al imaginarse tumbado al lado de  Tess. Había desperdiciado una oportunidad irrepetible. Era irónico que  hubiera recobrado la cordura gracias a un disparo, cuando un disparo le había    robado antes la cordura. __Aquí esta el rancho —estaban pasando entre  dos alias de alambre de púas detrás de las cuales  pastaba ganado—•  Comparto un semental Santa Gertrudis con el rancho Gran Espuela —le explico—.  Aunque pronto tendremos que reemplazarlo,  pues ya ha inseminado a muchas vacas. —No entiendo. __¿Te interesa el trabajo del rancho?  —pregunto Thomas de pronto. —Bueno, no se mucho de esto, y supongo que es muy complicado, ¿no? —No es tan difícil como  parece. ¡Ah! Y tienes que aprender a montar. —Supongo que podré... aprender —contesto dudosa. Llegaron entonces a una preciosa casa de madera, en cuyos jardines florecían flores maravillosas. —¡Es preciosa! —exclamo Tess. —Era de mi  abuelo —le explico Thomas  con orgullo—. La herede cuando murió —Oh, es preciosa —repitió sin aliento—. ;Y cuantas flores! ¡Esto debe  estar increíble en primavera! —Las flores son la contribución de Beryl  para embellecer el entorno. Hay magnolias, azaleas y camelias. Si te interesa, ella puede  enseñarte todas las variedades que florecen aquí, —Me encanta la jardinería —confeso  Tess—. Nunca he tenido oportunidad de dedicarme a eso, pero solía arreglar el  jardín de la casa de mi  abuela. Thomas apago el motor y la miro antes de decir en tono suave y profundo. —No te conozco. No se nada de ti, Tess. -- ¿  Y  para que quieres saberlo?  —contesto—. Mira, esa es Beryl?  —señalo a una mujer bajita de pelo cano que acababa de  salir al porche. —Si, es Beryl. —¡Hace mucho que no venias! —dijo Beryl—. Y como  de costumbre, llegas tarde. Esta es Tess?  —se detuvo ante ella y la recorrió con la mirada—. Delgada y enferma, ¿verdad? Yo me  encargare de cuidarla.  ¿Como esta ese brazo?  —le pregunto con amabilidad—.¿Todavia te duele? —Ya esta mejor —respondió Tess risueña. —Si quereís seguir hablando, será mejor que lo hagas en casa —repuso Thomas—. Tess no debería estar aquí afuera  con el frío que hace. —No hace tanto frío —contesto Beryl—. ¡Cielos,  si dentro de un mes esto estará lleno de flores! Tess se  imagine el  jardín lleno  de flores, pero inmediatamente  se dijo que para entonces ya no estaría allí, De pronto, Thomas le rodeo  los hombros con el brazo y la condujo a la casa. La joven se tenso. —No te asustes —le dijo Thomas en cuanto  Beryl se  adelanto  para mostrarle  su habitación—. No voy a hacerte daño. —Thomas... —se interrumpió. No  sabia que decir. —Tranquilízate, quieres?  Estas rodeada de amigos. —Tu nunca has sido amigo mío —contesto muy tensa. —Tengo treinta y cuatro años —le contesto  mientras caminaban por el pasillo—. Quizá este cansado de estar solo. Una vez dijiste que ni tu ni yo teníamos a nadie en  este mundo. —Y tu contestaste que no  necesitabas a nadie. —Fui policía durante catorce años  —se encogió de hombros—. Eso te hace ver las cosas de una forma especial —la mención de  su trabajo la incomodo. No le gustaba pensar en los narcotraficantes que había ni  recordar que ella habia sido la unica testigo de una entrega de drogas—. ¿Que te pasa, Tess? _—Estaba pensando en la noche que me  dispararon -confeso—. En esos hombres... __Aquí estas a salvo —le contesto  Thomas—. Nadie va a hacerte daño. —No, claro que no —forzó una sonrisa. Beryl la ayudo a colocar sus cosas mientras Thomas salía a revisar el ganado  que acababa de llegar. Tardo varias horas en volver y cuando lo hizo, Tess casi  no podía creer lo que tenia ante sus ojos. Thomas se habia puesto una camisa vaquera azul  de manga larga, unos pantalones de pana y un cinturón con una hebilla de plata. Calzaba botas negras con espuelas y un sombrero Stetson, bastante maltratado. Tess lo miro con curiosidad. Nunca lo había visto vestido de esa forma. —Parece que te acabas de  caer en un arbusto —comento Beryl haciendo una mueca. —No andas muy equivocada —contesto el—. Hemos tenido que perseguir a unas vacas entre unos arbustos, y ya sabes que este no es trabajo para novatos. ¿Ya te has instalado?  —le pregunto a Tess. Tess asintió. —Bueno —arqueo una ceja extrañado—,  ¿a que se debe esa expresión? —Estas diferente —contesto tratando de encontrar la palabra correcta para describirlo. —Aquí nunca me  visto de traje —contesto  con una mueca—. Este es mi  hogar. Tess desvió la mirada.  Su hogar.  Ella tenia un apartamento,  pero nunca había tenido un lugar al que pudiera considerar su hogar. La  casa de su abuela era grande y elegante, pero intocable. En ella siempre se  había sentido como  una invitada. —¿Que vamos a comer?  —le pregunto Thomas a  Beryl incomodamente consciente de  la aparente indiferencia de Tess hacia el. —Carne asada —contesto Beryl—. Y patatas. ¿Que otra cosa podrías comer aquí? —Me parece perfecto. Voy a bañarme. Tess lo  observe marcharse mientras  recordaba el día que Thomas la  había  curado de  su adoración hacia el. En  aquella época, necesitaba  amarledesesperadamente, pero el no  se lo había permitido. Y después de todo lo pasado Thomas parecía decidido a hacer las paces, no se daba cuenta que ya era demasiado tarde para eso. Beryl la miro con curiosidad y dijo de pronto con expresión de incredulidad: —Le tienes miedo. Pero, querida, si no es  capaz de hacer daño  ni a una mosca! Quizá no, pensó Tess, pero a ella la había herido como  nadie lo había hecho nunca.                              —Mi padre nunca le gusto mucho. Ni yo. Ha  sido muy amable conmigo desde que me dispararon, pero la verdad es que  preferiría estar lejos de el.                 —Eso es ridículo —insistió Beryl—. Es brusco, si, y tiene un carácter fuerte, pero es un buen hombre. Lo conozco desde que nació.  Thomas era un niño muy dulce hasta que su padre lo abandono y su madre lo culpo a el  por ese abandono. Yo pasaba con el todo el tiempo que podía, pero echaba de menos a su madre. —Yo tampoco pude contar con mi  padre —confeso Tess. —¿Ves?  Ya tenéis algo en común. —Si. Los dos somos seres humanos. En cuanto Tess se acostumbro a su nueva vida,  la encontró fascinante. Insistía en ayudar a Beryl en todo lo que podía,  y cuando esta protestaba, la  tranquilizaba diciéndole que el medico le había aconsejado que moviera el brazo aunque le doliera un poco. A pesar de lo bien que se encontraba en el rancho, mantenía a una cuidadosa distancia de Thomas, para disgusto de este. Siempre encontraba algún pretexto para salir de una habitación en cuanto el entraba. Sin embargo, Tess tenia que reconocer que Thomas en el rancho estaba en su elemento y no tenia nada  que ver con el Thomas al que trataba en la oficina. Tess tenia problemas para acostumbrarse a ese nuevo Thomas. Allí, lejos del mundo, Thomas estaba mas tranquilo y había bajado la guardia. Cojeaba un poco por el duro trabajo del rancho, pero estaba de mejor humor que en la oficina. No parecía estar tan distante. Aquel cambio de  actitud la ponía muy nerviosa pues la hacia sentirse especialmente vulnerable. Le molestaba estar a merced de Thomas... que, por su parte, en cuanto notaba que Tess le evitaba, se impacientaba.
Un buen día, fue a buscarla cuando ella estaba ayudando a dar de comer a un becerro. En cuanto le vio, Tess supo que estaba enfadado. El brillo de sus ojos negros  era inconfundible. —Deja de evitarme —le dijo Thomas en  tono intimidante sin mas preámbulo. Tess lo miro nerviosa. Iba vestida con un  pantalón y una cazadora vaquera y se había recogido el pelo en una coleta.  Thomas pensó que estaba preciosa. —Estoy dando de comer al becerro... —contesto  titubeante señalando la botella que sostenía en el hocico del becerro. —No me  refiero a  eso  y  lo sabes  —Thomas se quito el sombrero y se  arrodillo  a su lado. La miraba fijamente a los ojos, como  si necesitara averiguar que se escondía detrás de la mirada de Tess—. He tratado de decirte que  siento lo que ocurrió aquel día —dijo bruscamente. Tess se ruborizo. El corazón le  latía apresuradamente  y no se atrevía a analizar por que—, Creía que tenias mas experiencia, si no  no te habría presionado tanto. —Eso ya me lo has dicho —contesto ella. —Pero no parece importarte —se paso una  mano por el pelo—. Has salido con otros hombres. Ahora ya debes saber que las relaciones entre un hombre y una mujer pueden ser muy bruscas. Tess no contesto. —¿Lo  sabes?  —la agarro por la barbilla y la obligue a mirarlo—. Dímelo. —No ha habido... nadie —contesto en un susurro. Thomas cambio completamente de expresión. Frunció ligeramente el ceño, miro  la boca entreabierta de Tess y después la miro a los ojos. —¿Tan profundas son las heridas que te hice?  —pregunto tranquilo. —Son muy profundas —suspiro—. Thomas, tengo  que terminar de darle la leche al becerro. Thomas la soltó, pero no  dejo de mirarla. Le ponía nervioso  que Tess reaccionara de aquella manera. Vio como le temblaban las  manos a la chica y odio ser responsable de ese miedo. —No puedo dejar de pensar en  ti aunque lo intente. Estas  cerca de mi, mucho mas de lo que lo ha estado cualquier mujer —dijo Thomas desviando la mirada—. Antes de conocerte nunca había perdido el control. Creo que nunca había estado realmente enamorado de una mujer. —Pero antes de que te hirieran estabas casado —dijo Tess. Thomas la miro y río burlón. —Empecé a salir con  Jane porque a mi  madre no le gustaba. Después me case porque era la única forma de conseguir que Jane se  acostara conmigo, pero ella me  aceptaba en su cama  por una sola razón —contesto sin decir cual era aquella razón—. Al final busco a un hombre que pudiera darle lo que necesitaba. Supongo lo encontró cuando  se divorcio de mi. Ahora esta  casada y tiene un hijo.  ___Oh —Tess frunció el ceño y lo miro con  curiosidad  tratando de reunir el valor suficiente para preguntarle algo que la intrigaba. Thomas era un hombre brusco; era posible que  el ardor que había mostrado aquel odioso día fuera su  cínica forma de hacer el amor. Eso la hacia ver las  cosas desde otra perspectiva. __¿Eras igual... con ella?  ¿Como fuiste conmigo ese día? —Ninguna mujer me  ha importado lo suficiente como  para importarme  si disfrutaba o no en mi  cama--contesto Thomas—. Deseaba a Jane y creía que si ella me  amaba, los preliminares no importaban. Tess dejo  escapar un  suspiro. Reconocía que era muy inocente en  ciertos  aspectos, pero Thomas tampoco parecía tener demasiada experiencia.
—Pero... es que tu no puedes... solo... —se ruborizó—. Thomas, las mujeres no somos como  los hombres —dijo indefensa—.  Una mujer necesita tiempo, ternura. —¿Y como lo sabes?  —pregunto con insolencia—¿No  me  habías dicho que eras virgen? Tess se ruborizo. —Que sea inocente no quiere decir que sea tonta —lo miro—. Veo películas y leo libros, sabes?  Tengo alguna idea de lo que  siente una mujer con el hombre que esta enamorada. —Estabas enamorada de mi  —repuso Thomas— y lo único que sentiste fue miedo. —Estaba encaprichada contigo —lo corrigió, le  asustaba haber sido tan transparente—. Me hiciste daño y no solo sentimentalmente. —No lo hice a propósito. Te deseaba —contesto titubeante, en ese momento parecía muy vulnerable—. Eras tan dulce, tan adorable, y no pensé... —maldijo—. ¿Y  eso que importa?  —la miro a los ojos—. TÚ  me  quieres. —Fuiste muy violento —musito. — ¡Porque no se portarme  de otro modo con las  mujeres! —exclamo  indignado y la miro con los ojos entrecerrados—. Yo no tengo  la culpa. Mi madre era la única mujer que tenia a mi  lado, y odiaba a los hombres, incluyéndome  a mi. Tuve mi  primer encuentro con una mujer cuando era policía. Las mujeres que encuentras en la calle son tan rudas como los hombres, tienen que serlo y así han sido todas mis relaciones con mujeres —suspiro—. Te trate bruscamente  porque no sabia hacerlo de otra forma. —Thomas—musito Tess—. ¡Lo siento! —¿Que?  —pregunto Thomas mirándole a los ojos. Tess se pregunto si Thomas seria consciente de lo que acababa de confesarle. Le acaricio la mejilla con ternura, pero Thomas se aparto y volvió a encerrarse en si mismo. —No necesito la compasión de nadie —dijo con desdén—. Y tampoco necesito a ninguna maldita mujer —y acto seguido salió del  establo bajo la atónita mirada de Tess. Durante los dos días siguientes, Thomas evito  a Tess. Parecía estar avergonzado de su confesión. Sin embargo Tess estaba mas tranquila, pues había comprendido hasta que punto había estado condicionada la actitud de  Thomas por su escasa experiencia con las mujeres. En realidad  a Tess nunca le había gustado  la madre de Thomas, que aprovechaba la ausencia del padre de la  chica para arrastrar su abierta hostilidad hacia ella. Y desde luego, la esposa de Thomas tampoco  había ayudado mucho, a juzgar por esa única cena que habían compartido. Thomas nunca había  podido disfrutar del amor de una mujer. El mismo había reconocido, Jane se había casado con él por su uniforme.  En realidad Jane  era igual que la madre de Thomas: odiaba a los hombres. Tess fruncio el ceño. ¿No decían que los hombres  buscaban de manera inconsciente a mujeres que se parecieran a su madre? Por lo poco que había contado Thomas de si mismo, Tess sabia que durante su juventud,  había vivido con mujeres de carácter bastante cuestionable, así que era posible que pensara que el  sexo solo estaba permitido con mujeres sin asomo de ternura, de vulnerabilidad. No tuvo tiempo de madurar esa  teoría porque de pronto Thomas  le dijo que tenían que volver a la oficina, de la que ya se habían ausentado demasiado tiempo. Naturalmente Tess accedió a volver al trabajo porque, aunque todavía movía el  brazo con cierta torpeza, estaba totalmente recuperada. Ese mismo día volvieron a Houston. —Voy a poner un vigilante en la puerta de tu  apartamento, y te seguirá a todas partes — dijo Thomas cortante mientras subían al apartamento de Tess. Esta lo miro molesta y contesto: —No necesito que me  vigilen. Puedo  llamar a la policía si pasa algo. —No, no puedes —contesto Thomas—. No conoces a esa gente. Yo si. —Señor Policía —asintió ella mirándolo  furiosa mientras abría la puerta del apartamento—. ¿Estoy segura de que cuando eras  policía, llevabas la  insignia cosida a la piel! —Me gustaba mi  trabajo —le dirigió una sonrisa tan encantadora que a Tess se le acelero el corazón—. Fue, y es, el único trabajo, aparte del rancho, en  el que me  sentí realmente a gusto. El trabajo de detective  se parece mucho al de policía, sobre todo cuando tengo que resolver  algún asunto difícil. Durante el tiempo que llevaba trabajando para el, Tess lo había visto seguir la pista a asesinos  y atracadores, detenerlos y encarcelarlos. Eso era una buena fuente de ingresos para la  agenda. Los casos mas fáciles se los dejaba a otros detectives, el y Nick  se hacían cargo de los casos  mas difíciles y peligrosos. —Es la adrenalina —musito Thomas—. Eres un adicto al peligro. —¿Tu crees? —Eso explicaría por que no te has retirado después del tiroteo —contesto Tess. Lo recorrió con la mirada y recordó las cicatrices que se escondían bajo su ropa. —Thomas le dijo, consciente de su mirada: —Estoy seguro de que te repugnaría ver las cicatrices. —Estaba pensando en como  había ocurrido —lo miro a los ojos—. No en  como  habrías quedado. Thomas se tranquilizo un poco. —De cualquier manera —dijo con una ligera sonrisa—, nunca he sido un hombre perfecto en traje de baño. Ni siquiera antes de que me  dispararan. —Nunca te he visto en traje de baño —contestó Tess  con indiferencia. Thomas le dirigió una mirada sombría. —Y ahora no me  veras en traje de baño ni  muerto. Bueno, al menos no en publico. Supongo que a ti si te dejaría verme  la espalda. Pero a nadie mas. —¿Por que a mi?  —pregunto tensándose. —Porque tu no me  haces sentirme  algo  menos que un hombre —contesto simplemente—. Algunas mujeres disfrutandestruyendo la vanidad de un hombre, eso las hace sentirse superiores. Pero cuando un  hombre le hace lo mismo a una mujer, lo llaman machista. —No todas somos así. Thomas se acerco a ella y como  Tess no se aparto, se acerco todavía mas. La observo con cariño. Llevaba el pelo suelto, lo que la hacía parecer mas joven y vulnerable. Thomas le cogió con delicadeza un mechón de pelo rubio y la obligó a mirarle a los ojos. --Enséñame  —le dijo con voz ronca. Tess pregunto con la voz entrecortada.: —;A... que? Thomas miro su boca y acerco su cabeza a la de  Tess  para besarla.  —Enséñame lo que es la ternura... —contesto, y la beso. Tess se tenso al sentir aquella  presión húmeda y ardiente.  Nunca la habían besado de una forma tan intima  y no sabia como reaccionar. Aspiro la loción de Thomas y le miro a los ojos sin saber que hacer. —¿Que quieres, Tess? —pregunto Thomas en  un susurro. Mordisqueo con exquisita ternura el labio inferior de la  chica y recorrió  con la lengua el suave interior de  su boca—. Dime. Tess poso las manos en su  pecho. —Thomas, no puedes...
—¿Por que? —contesto forzándola con dulzura a  abrir la boca. Tess empezó a sentir un extraño calor en su interior. —Tu me... detestas —murmuro. —Odiaba a mi  madre —la corrigió. La miraba sin dejar de juguetear con su boca—. Odiaba a mi ex-esposa... odiaba a medio mundo. Pero no a ti —frunció el ceño con expresión de dolor—. ¡Nunca, Tess...! Tess lo sintió temblar cuando volvió a besarla. El silencio que los rodeaba parecía cargado de recuerdos imposibles. Thomas la abrazo, pero aquel abrazo no  tenia nada que ver con el cruel abrazo que Tess recordaba. Y de pronto, todo el miedo que  Tess había acumulado durante años, se desvaneció.  Tess se permitió sentirlo, saborearlo mientras la besaba  con exquisita suavidad. Aquel contacto le resulto mas placentero de lo que nunca se había atrevido  a sonar, su beso era firme y le encanto su sabor. Tess sintió  un repentino  calor  en  su vientre; le  temblaban las  piernas y  no  entendía por que. —Thomas... —musito contra la boca de Thomas. Thomas le abrió la boca para que su lengua entrara suavemente en aquella dulce oscuridad. Tess recordó entonces que alguna vez  se habían besado así y se tenso. Thomas dejo de besarla, la miro a los ojos  durante un momento interminable y lo que allí vio le satisfizo completamente. Tess no estaba  asustada; estaba excitada. Era asombroso que la ternura hubiera logrado aquella diferencia; sin embargo también vio en los ojos de la joven una sombra de duda. —No te gusta que te bese así, verdad?  —le  preguntó con la voz enronquecida y los ojos brillantes de placer—. Cuando meto la lengua  en tu boca recuerdas nuestro encuentro anterior —le acaricio el pelo con cariño, Tess  no se movió, no protesto, se sentía como si esa voz suave y profunda la tuviera cautiva—. Se parece mucho a otro tipo de penetración —suspiro contra su boca—.  íntima y urgente, y muy, muy profunda... — murmuro y empezó a besarla lentamente. Tess gimió de placer y le rodeo el cuello  con los brazos. En ese momento, sonó el teléfono. La chica se sobresalto y Thomad se aparto. Tess estaba temblando, pero no de miedo. Lo abrazaba, no  luchaba contra el, y eso lo excito, hizo que su corazón latiera  con fuerza en su pecho. Tess sintió una extraña debilidad en  las piernas cuando Thomas la soltó. —Esta bien —murmuro, Thomas y la  cogió en brazos—. Te sostengo. Tess apoyo la cabeza en el pecho de Thomas mientras este la llevaba al sofá, donde se sentó antes de contestar al teléfono. ____Si ya ha vuelto —comento—. Si, esta bien.  No, puedes hablar con ella. Le dire que te llame después y colgó. —•  Era Helen —le  dijo a Tess mirándola a los ojos.-- Quería saber si ya habías vuelto. __Que amable. __Sí pero ha llamado en muy mal momento  —cortó y buscó  la boca de Tess—. Me alegra que me  desees, Tess. __Que vanidoso. Thomas no la dejo continuar, volvió a besarla  hasta hacer que se estremeciera de placer, Después se aparto y acaricio con ternura la boca de Tess. La miraba con tanto deseo que Tess desvió la mirada avergonzada. —Nunca había besado así a nadie —le confeso a Tess después de unos momentos. —Yo tampoco —contesto ruborizada—.  ¡Y me  has dicho cada cosa...! —Te has excitado tanto que has gemido —le  murmuro con mirada brillante—. Nunca le había dicho cosas así a una mujer. Contigo todo es diferente. —No me  has hecho daño. Thomas no supo que contestar. La miro fijamente y supo que  tenia que irse de allí de inmediato; tenia que irse mientras todavía pudiera hacerlo. —No —contesto—, No te he hecho daño—. No  podría hacerte daño aunque quisiera — froto su mejilla contra  la de ella en  una brusca  caricia,  y la abrazo  con fuerza  antes de apartarse de ella y ponerse de pie—. Será  mejor que me  vaya. Cierra bien la puerta y descansa. Mañana tendremos que poner orden en la oficina... si te sientes suficientemente fuerte para ir a trabajar. —-Claro que si —tartamudeo. Lo miro indefensa mientras  el se ajustaba la corbata—. ¿Por que?  —pregunto. Thomas todavía estaba intentando recobrar  el control. Nunca había sentido  aquella necesidad de complacer a una mujer. Y nunca había imaginado que pudiera ser tan vulnerable. Deseaba a Tess como  nunca había  deseado a otra mujer, pero no podía ceder a aquel impulso.- —Digamos que como  pago por los malos momentos pasados —contesto arqueando una ceja en gesto burlón. Tess le observe con ojos tristes y contesto: —Ah. Thomas suspiro pesadamente y dijo: —¡Rayos! Soy un solitario, ¿ya se te ha olvidado?  Esto tampoco es fácil para mi  —saco un cigarrillo  y lo  encendió—. Quería saber si  te podía excitar, hacer que dejaras  de temerme —añadió molesto. —¿Solo eso? —No. Sabes que te deseo tanto que apenas puedo contenerme —miro su boca—. Por tu propio bien,  no dejes que me  acerque tanto a ti —se volvió—. Esto no  tiene  futuro. Digamos que solo he querido comprobar si merecía la pena ser tierno. —¿Y ha merecido la pena? Thomas no contesto, se acerco a la  puerta y una vez  allí le dijo: —Tess, yo soy así, he vivido demasiado para  que puedas comprenderme.  Es posible que nunca deje de desearte, pero no quiero compromisos. Y no creo que a ti te guste una relación de ese tipo. Así que será mejor que  guardemos las distancias, estas de acuerdo? Tess se obligue a sonreír. Por lo menos Thomas estaba siendo sincero. —Esta bien. Gracias por haberme cuidado. —Siempre estaré a tu lado  cuando me  necesites —contesto con  cariño. Tess se enterneció al oír aquellas palabras y Thomas le aclaro rápidamente: —Recuerdas la ultima  vez que estuvimos juntos, ¿verdad? A pesar de como  te he tratado ahora, en la  cama  soy brusco y rápido, y solo me  interesa mi  propio placer--añadió con brutal honestidad—. Las  vírgenes  no  son mi  estilo. Así que —suspiro—olvidemos esto. Buenas noches, Tess. Thomas salió y cerro la puerta. Tess se acerco  a esta y acarició con ternura el picaporte, como  si pudiera sentir el calor  de  la  mano de Thomas. Era la segunda vez que la abandonaba, pero aquella vez ella ya no lo temía.

HOLA .. BUENO AQI ESTAN LOS NUEVOS CAPITULOS... YA SABEN TRES O MAS Y AGREGO .. HASTA PRONTO 😊☺

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