martes, 20 de septiembre de 2016

Ocho
 El señor Short contrato a Tess encantado. Además le ofreció un puesto de detective, lo que alegro muchísimo a la joven. La agenda de Short era muy parecida a la  de Thomas aunque como  jefe era menos severo. —jOh, no me lo esperaba! —exclamo la chica encantada. —Nunca olvidare cuanto te quejabas de ser solo una secretaria en la Agencia Kaulitz —río Short—No será un trabajo peligroso y exigente como  el de los demás, pero saciara tu sed de emociones. Ya lo veras —¡Nunca podré agradecérselo lo suficiente! —Oh, claro que puedes. Trabaja duro y haz que  me  sienta orgulloso de ti —se puso de pie y le estrecho la mano—. Si puedes quedarte desde hoy, Mary puede explicarte en que consistirá tu trabajo  y puedes empezar a ambientarte. Ella se va el próximo  lunes, así que tienes una semana para familiarizarte con tu primer caso. —Perfecto —sonrió—. Me va a gustar, lo se. Y trabajare muy duro. —Lo que me  intriga es por que Thomas te ha dejado marcharte —dijo Short con una sonrisa de  curiosidad—.  Sois casi familiares. —Ha sido por lo de los narcotraficantes  —mintió—. La oficina me  traía recuerdos horribles. Hasta me  daba miedo entrar. —Lo entiendo. Bueno, haremos lo posible por que no te suceda lo mismo aquí. __.Gracias —murmuro Tess.
Plummer era una rubia alegre, de unos treinta años.__Te encantara esto —le dijo mientras le enseñaba Tess su equipo de trabajo—. Te daré los nombres de todos mis contactos. Puedes  recurrir a ellos siempre que lo necesites. — le enseño un directorio—, es el libro mas  importante. Toma, ahora es tuyo. Cuídalo mucho y el te cuidara a ti. —Eres un encanto. —Eso es lo que dice mi  prometido. Nos casamos el sábado, y el próximo  lunes espero estar disfrutando de las Bahamas. Es muy  rico —suspiro—, pero yo lo querría igual aunque fuera un indigente. Tess entendía perfectamente a Mary. No pasaba un solo día en el que no deseara que Thomas fuera a buscarla, pero sabia que nunca lo  haría. Era consciente de que Thomas estaba convencido de que solo había sido un capricho  para ella y de que  deseaba cosas que el nunca podría darle. Ella estaba segura de que  la amaba, pero los días pasaban sin tener ninguna noticia de el. —Estas pálida —observo Mary—, ¿estas segura de que ya te has curado ese virus? —Claro —replico Tess. Pero las semanas pasaban y ella no  mejoraba,  al contrario,  sus dolencias estomacales empeoraron hasta hacerla pensar que lo que  tenia era una ulcera. Y no era sorprendente después de todo lo que había tenido que pasar. Se acostumbro pronto a su nuevo trabajo y  decidió olvidarse de su enfermedad. Un mes después de dejar la Agencia Kaulitz,  Helen insistió en que comieran juntas. Lo había intentado otras veces, pero no  había conseguido convencer a Tess. —Tienes muy mal aspecto —le dijo Helen sin preámbulos cuando se  sentaron en el restaurante. —Serán los nervios. El  señor Short es un buen jefe  pero este trabajo es completamente nuevo para mí —Supongo que si —Helen no parecía muy convencida. Miro a Tess, entrecerrando los ojos y añadió-. Thomas esta... —¿Quieres helado de postre?  —pregunto inmediatamente Tess. Helen entendió el mensaje y sonrió. —Esta bien. Tema  prohibido. Si quiero helado. Tess disfruto del almuerzo, pero no de los recuerdos que Helen despertaba. No había podido dejar de pensar en Thomas  desde que había vuelto a verla. Aquella noche, cuando llego a su apartamento estuvo llorando hasta quedarse dormida. Anhelaba tanto la presencia de Thomas que hasta oír su  nombre le aceleraba el corazón. Se había dicho que podía vivir sin  el, pero le estaba resultando imposible. No podía seguir así. ¡No podía soportarlo! A la mañana siguiente, se disponía a salir del apartamento cuando se desmayo. Cuando recobro el conocimiento decidió que tenia que ir al medico. Habían pasado seis semanas desde que había dejado el apartamento de Thomas y un mes  desde que ese virus extraño la había atacado. Tenia todos los síntomas del cáncer, se dijo, y era una estupidez no ir al medico. Tenia que ser valiente. El  miedo  a morir no  era un pretexto valido para esconder la cabeza en la arena. Siempre era mejor saber la verdad. Aquella misma mañana fue al medico y llamo  a  la oficina para decir que llegaría tarde. Fue una revisión de rutina hasta que le contó al doctor Reiner sus síntomas. Este la miro fijamente y le dijo: —Voy a preguntarle algo que  quizá no le guste. ¿Ha tenido  relaciones intimas con algún hombre últimamente? —Si. Una vez. Bueno, una noche... __Eso es —dijo el doctor.
—Pero el es... estéril —tartamudeo—. Decía... que    no podía engendrar hijos. __.¿Cuando  ha tenido su ultimo periodo?  —preguntó el doctor arqueando una ceja. Tess trato de recordar. Y le dio la fecha  aproximada del ultimo  periodo que recordaba. .—Vamos a hacerle algunos análisis —le dijo—. Lo siento, señorita Meriwether,  pero creo que esta embarazada. Eso indican todos  sus síntomas —Tess toco  maravillada su vientre—. No es el fin del mundo __añadió el doctor—. Hay una clínica que... —¡No! —grito posando la mano en su vientre—. ¡No, eso nunca! —¿Entonces quiere tenerlo? —Con todo mi  corazón —murmuro—. ¡Es lo que mas deseo en el mundo! —¿Y el padre? —Me temo  que no se lo va a creer —contesto con tristeza—. De cualquier manera, no cree en el matrimonio, así que no voy a molestarle. Cuando este segura... decidiré lo que tengo que hacer. —Muy bien. Llamare a la enfermera para que  le haga un análisis —palmeo el hombro de Tess—. No se preocupe. Pero Tess no pudo dejar de preocuparse. Pensar en ser responsable de un diminuto ser humano era tan aterrador como  estar enferma  sin remedio. Se dijo que superaría aquella sensación, que las mujeres habían tenido hijos desde hacia miles de años y que posiblemente no era la primera mujer que se asustaba ante la perspectiva de ser madre. Le hicieron las pruebas y se  marcho. Aquella noche Tess  fue incapaz de conciliar el sueño. Cuando al día siguiente llego a la oficina, no le contó a nadie las sospechas del medico. Pero  cuando contesto al teléfono de  la agencia y oyó la voz tranquila de la enfermera, diciéndole que si, que estaba  embarazada, estuvo  punto de desmayarse. Se despidió de ella y colgó teléfono. —Te has puesto blanca —le dijo preocupada  compañera—. Tess, ¿te encuentras bien? —Si —asintió. —¿Quieres    un poco de café? —No. Si. No lo se. Gracias. —¿Que te han dicho?  —pregunto Delcy sonriendo—. ¿Te  ha hecho alguna propuesta interesante tu novio? —Lo siento —Tess trato de recobrar la  calma— No, era el medico. Llamaba para decirme que no es nada grave lo que tengo. —¡Menos mal! Nos tenias preocupados. —Yo también estaba preocupada —confeso. Apoyo la espalda en  el  respaldo de la silla y se llevo una mano al vientre.  Allí llevaba  al hijo de Thomas, y posiblemente el no creería que era suyo. Tess trabajo  como  un autómata durante el resto  del día. Estaba hablando con su jefe de un asunto de trabajo cuando este menciono a  Thomas. Al oír su nombre, Tess palideció. —Todavía no has superado el trauma  —le dijo  el señor Short—. Es  lógico, no todo el mundo se ha sentido alguna vez amenazado de muerte. Pero tienes que superarlo,  de acuerdo? —De acuerdo. Short se incline sobre su escritorio y la miro pensativo. —Por lo general,  no mezclo los negocios con  el placer, pero, te gustaría cenarconmigo esta noche? Tess se quedo paralizada. Estaba esperando un hijo de Thomas y ya no podía soportar la idea de salir con otro hombre. __Muchas gracias —contesto—, pero  no puedo. Tengo otro compromiso. __Ah, ya veo —le sonrió—. No te preocupes.  El tiempo lo cura todo. Te invitare otro día. Tess asintió, pero esperaba que no lo hiciera. Ya tenía suficientes complicaciones.
Los meses siguieron pasando. Tess vivía prácticamente en la oficina, prácticamente no salía. Su vida se había vuelto muy aburrida. Tess deseaba llamar a Thomas y contarle lo del bebe, pero el se había cansado de decirle que no quería volver a casarse, que no quería compromisos de  ningún tipo. Tess no podía decirle que estaba embarazada porque temía que se sintiera obligado a casarse con ella y no se sentía con derecho a ponerle en tal posición. ¿Y  si ni siquiera creía que fuera de el?  Le había dicho que era estéril,  podía acusarla de haberse acostado con otro hombre. Así que esa le pareció razón más que suficiente para no decirle nada a Thomas. Un día, Tess se levanto con dolores  y sangrando un poco; intuyo que  podía ser un mal síntoma y llamo  al doctor, que inmediatamente la  envió al ginecólogo. Tenían que saber con exactitud que pasaba. —¿Por que  no puedes salir a comer conmigo?  —Kit la llamo ese mismo día—. Acabo de volver de Italia! Tengo problemas con el  señor Deverell! ¡Quiero hablar contigo! Tess no quería ir a comer con Kit porque su  amiga trabajaba cerca  de la Agencia Kaulitz, y  el restaurante que  Kit había sugerido era el favorito de Thomas. Pero eso no podía decírselo a su amiga. —Podemos comer por aquí... —No entiendo nada —contesto Kit—. Si no  fuera por Helen, ni siquiera hubiera sabido como  ponerme en contacto contigo. Te has ido hasta el  otro extremo de la ciudad.                                        —Era necesario. —No es normal en  ti abandonar a los amigos  —murmuro Kit—. Tiene que haber algo mas,  lo  Sé —Mira, ven a mi  apartamento esta noche y te lo  contare todo. —También puedes contármelo mientras comemos. Tess agarro con fuerza el teléfono. —No puedo ir a ese restaurante.  No quiero... encontrarme a Thomas. —Me lo imaginaba. Bueno, entonces podemos  ir a un restaurante especializado en pescado que tanto nos gusta, ¿de acuerdo? —Esta bien. —Nos vemos al mediodía. —Perfecto. Cuando llego al restaurante, Tess miro nerviosa a su alrededor aunque la agencia de Thomas quedaba muy  lejos de allí.  Respiro aliviada al ver a Kit. Cuando estuvo a su lado, Kit frunció el ceño y le pregunto: —Has engordado, ¿verdad?  —señalo el jersey  y los  pantalones dos tallas mas grandes que llevaba Tess  para disimular su embarazo. —Un poco —confeso—. Hay un restaurante italiano muy cerca de mi  nuevo trabajo. —Si, ya me  han dicho que te has convertido en detective —contesto Kit moviendo la cabeza—. Porque has conseguido escapar de la  influencia de Thomas; el nunca te habría dejado hacer ese tipo de  trabajo.  Es  irremediablemente protector —como Tess estaba muy tensa, Kit le pregunto en cuanto se sentaron—: Puedes hablarme  de lo que te pasa. No dejare de insistir hasta que lo hagas. __Estoy embarazada —confeso Tess de golpe,  con voz temblorosa. Kit se quedo atónita. —¿De Thomas? —le pregunto cuando recupero el aliento. —Si. .—Y el no lo sabe —añadió Kit sonriendo compasiva. Tess se lo  confirmo  con un movimiento de cabeza. —Su matrimonio fracaso —dijo Kit—. Es un hombre bastante arisco. Y no solo eso, sino que perdió el trabajo que tanto le gustaba, perdió a su madre, y ha perdido condiciones físicas. Es natural que no quiera volver a comprometerse, sobre todo con una persona tan vulnerable como  tu —le cogió la mano—. Pero se lo vas a decir de todos modos, ¿no? —Se lo diré, pero todavía no. —¿Por que? —He tenido algunos problemas —se confeso después de dudar un poco—. Mañana tengo cita con el ginecólogo. Su enfermera no parecía muy optimista cuando le he contado mis síntomas —miro preocupada a  Kit—. Es posible que pierda al niño — añadió nerviosa—. Kit, ¿que  voy a hacer? ¡No puedo perderlo  ahora! ¡Es todo lo que tengo! —Tranquilízate —le aconsejo Kit y le apretó  con cariño la mano—. Todo saldrá bien, Tess: aspira hondo, otra vez... así. Ahora escúchame... tienes que acabar con esto. No te deprimas, eso es peligroso. —Pero que voy a hacer... —se interrumpió de  pronto. Palideció al ver que Thomas acababa de entrar en el restaurante. —Thomas —adivino Kit antes de  verlo—. ¡El nunca viene aquí! Thomas no solo había entrado, sino que buscaba a alguien con la mirada, y cuando descubrió a Tess se altero visiblemente.  Se dirigió directamente hacia su mesa. —No —murmuro Tess—. ¡No puede...! Pero Thomas si pudo. Se detuvo ante su mesa y   miró  a  Tess fijamente. —Hace semanas que no te vemos —dijo en tono  cortante—. Pensaba que irías de  vez en cuando a saludarnos, o es que ya no te importamos? Esa era una pregunta extraña procediendo  de alguien que había admitido que no soportaba verla. —Trabajo en la otra punta de la ciudad  —contesto ella  intentando no perder el control—. Me resulta difícil ir hasta  allí. —Entiendo. Me han dicho que ahora trabajas de detective. —Si. Y me  gusta. Thomas busco su mirada y Tess descubrió en  sus ojos sombras que no pudo descifrar. No podia saber que Thomas la echaba de menos, que  su apartamento le parecía vacío sin ella, que su trabajo no le llenaba, que su vida transcurría vacía, fría. Nunca se  había considerado capaz de echar tanto de menos a alguien. Tess le había jurado amor eterno, pero parecía haberle olvidado. Ni siquiera se había tomado la molestia  de llamar o ir a la oficina. —El trabajo  de detective  es peligroso —dijo el. —Si, lo se. Me dispararon, recuerdas? Thomas aspiro hondo y metió las manos en los  bolsillos del pantalón. Parecía cansado. —Podías llamarnos de vez en cuando para dar señales de vida. —Lo intentare —replico Tess bajando la  mirada—. Supongo que Helen me  echa de menos. Thomas apretó los puños. Si, Helen la echaba  de menos, pero no tanto como el. Quería decirle a Tess cuanto,  pero ella se comportaba  como  si no le creyera, su  actitud era  de total indiferencia. «Tess», pensó con amargura, no entendía como  podía estar tan tranquila después de lo que habían compartido aquella noche. No leservía de nada recordar que Tess se  había marchado por su culpa. Porque no quería compromisos. Pero eso era antes de que  hubiera tenido que enfrentarse a la vida sin ella. Odiaba regresar por las noches  a su apartamento porque Tess no lo estaba esperando. Odiaba su vida vacía, fría e insatisfactoria. Acaricio con la mirada la cabeza inclinada de Tess y suspiro. El la había alejado de su lado y no podía hacerla volver. No sabia que hacer; habría conseguido matar todo lo que Tess sentía por el? —¿Quieres comer con nosotros, Thomas?  —le invito  Kit para intentar  aliviar  la tensión. —No —contesto—. Tengo que volver a la oficina. Tess —¿Si?  —Tess levanto la mirada, herida por  la falsa ternura de su voz profunda. Thomas observo el rostro pálido  de la chica y le pregunto: —¿Te encuentras bien?  Pareces...  —no estaba seguro de que pareciera enferma. Preocupada—. ¿Estas enferma? Tess se sonrojo y desvió la mirada. —Acabo de pasar una gripe —contesto. Le dolía mirarle; no quería que Thomas viera  los sentimientos que se  reflejaban en  su mirada. Llevaba dentro un hijo suyo y no podía decírselo. Le  dolía... De pronto jadeo al sentir una punzada de dolor en el vientre. —¡Tess! —Thomas se arrodillo  a su  lado, le cogió la mano y la miro con preocupación—. ¡Que tienes, pequeña?  —le pregunto—. ¿Te encuentras bien? —Creo que tengo una ulcera, eso es todo —contesto. El contacto de su mano la enloquecía. Le  miro  a los ojos y sintió que el mundo se detenía, que su corazón se partía en dos.  Thomas la miro con expresión atormentada. —Tess —gimió. Tess respiro hondo y trato de dominar  el deseo que la consumía. —Estoy bien —musito—. De verdad, Thomas. Thomas, al darse cuenta de  que, sin querer,  la estaba acariciando, la soltó. Ninguno de los dos parecía acordarse de Kit. —¿Ya has ido al medico?  —pregunto  Thomas—.No juegues con la salud. —Seguiré tu consejo —prometió Tess y miro a Thomas a los ojos—.  ¿Te  encuentras bien? Thomas se estremeció al advertir la sincera  preocupación que encerraba aquella pregunta. —No —contesto, respirando con dificultad, intentando reprimir la necesidad de pedirle que volviera a su lado—. Creo que te echo de menos  —añadió con una sonrisa ligeramente burlona. —Si, y los elefantes vuelan —contesto Tess sonriente. —El trabajo que haces para Short podías hacerlo para mi  —murmuro Thomas de mala gana. —Ya tienes  suficientes detectives —le recordó Tess, aunque la oferta la entusiasmo. Eso indicaba que era verdad que la echaba de menos. —Despediré a uno —le ofreció Thomas haciéndola reír. —No. Me gusta trabajar con el señor Short, Thomas —contesto—. Creo que no podría trabajar contigo. —Podemos darnos una oportunidad —repuso Thomas, mirándola con una enigmática expresión. —¿Hablas del trabajo? —pregunto Tess. Thomas estuvo a punto de decirle que no, que hablaba de su vida en común. Quiso pedirle que hiciera las maletas y se fuera a vivir con el, que durmiera con el. Nada era peor que vivir sin ella, y si a Tess le importaba lo  suficiente, hasta podían  tener un matrimonio estable aunque les estuvieran negados los hijos. Dios era testigo de que la amaba. Ella lo había amado una  vez; quizás  todavía estaban a tiempo... Tess rió para intentar disimular sus sentimientos. —No quiero volver, pero gracias de todos  modos__contesto Tess. No quería que supiera que todavía lo amaba irremediablemente.  No quería su compasión—. soy feliz, Thomas. Me gusta lo que hago  y el señor Short hasta me  invita a salir. ¿Quien sabe adonde podemos llegar? —Short tiene mas de cuarenta años —contesto Thomas apretando los dientes—. ;Es demasiado viejo para hacer de galán...! —¿Ya habéis terminado?  —les interrumpió Kit—. ¡Tess, tengo que irme! —Si, yo también, no quiero que se me  haga  tarde —contesto Tess mirando a Thomas, que les estaba bloqueando el paso. Thomas se levanto lentamente temblando de rabia. ¡Short con  su  Tess! No podía creerlo. Tess se levanto y cogió su bolso mientras  Kit dejaba la propina en la mesa. —Me alegro de haberte visto —le dijo a Thomas. Thomas no contesto. La miro furioso. —Has engordado, ¿verdad?  —le pregunto de pronto. —Un poco —desvió la mirada—. Tengo que adelgazar. —No, no. Estas mejor —contesto Thomas. Tess se mordió el labio inferior. Quería contarle todo, necesitaba hacerlo.  Pero no sabia como  iba a reaccionar Thomas; en su estado no  se atrevía a someterse a excesivas tensiones. Sinembargo, Thomas tenia derecho a saberlo. Abrió la boca para empezar a contárselo, pero en ese momento se acerco  a ellos un hombre tendiéndoles la mano. —¡Thomas Kaulitz! ¡Estaba seguro de  que eras tu! —exclamo  contento. Mientras Thomas lo saludaba, Kit y  Tess salieron del restaurante. Tess agradeció al destinó aquella oportunidad de escapar. Había estado a punto de decírselo todo. Pero no podía hacerlo hasta que no viera al ginecólogo. Tomaría una decisión cuando  hablara con el medico. —Estoy segura de que me  ha seguido —le dijo  Kit mientras  se dirigían hacia el aparcamiento—. Por algo es detective privado. Te  echa de menos, Tess. —Pero amar es algo muy diferente —suspiro Tess. —Creo que le importas, aunque solo sea un poco. Después de todo, se necesitan dos para estar como estas ahora. —Yo lo seduje —contesto Tess ruborizándose—. Creía que podía convencerle de cuanto le amaba y de que el podría volver a creer en el matrimonio. Pero no funciono. Me alejo de su vida en cuanto pudo. —Pues ahora parece echarte de menos. —Eso no es suficiente —Tess  se encogió de hombros—. No  puedo volver a trabajar con el. Sobre todo ahora. Thomas no es tonto y tarde o temprano se dará cuenta de que estoy embarazada. —Perdóname, pero ya es evidente y no  tardara en averiguarlo —dijo Kit. —Lo se, pero ya me  preocupare cuando lo averigüe. Ni una palabra de esto a Helen —la previno Tess. —Ni una palabra a nadie. Ya me  conoces —Kit frunció el ceño—. Tess, haría cualquier cosa para ayudarte, sabes que puedes confiar en mi. —Lo se. Eres mi  única amiga. —Tu también eres mi  única amiga. No dejes  de llamarme  de  vez en cuando. Ah, y no se te olvide contarme  lo  que te diga el doctor. —Lo haré —Tess se dirigió hacia su coche pensando en su encuentro con Thomas.
Nueve
 Tess llego media hora antes a su cita con  el ginecólogo, el doctor Boswick. Aquella noche no había podido dormir bien, estaba preocupada por el dolor  que había sentido en el restaurante. Thomas estaba entonces a su  lado cogiendole la mano y el dolor había cedido mas rápidamente que de costumbre. Era  como  si el bebe, al oír la voz de su padre, le hubieran entrado ganas de vivir.
El doctor Boswick la recibió puntualmente. Después de examinarla, le pidió que se sentara y leyó con atención su expediente. —¿De verdad desea tener a su hijo? —le pregunto sin mas—. Se que es soltera y no muy solvente, así que piénselo muy bien antes de contestarme. Tess no entendía que tenia que ver su situación financiera con su embarazo, pero contesto convencida. —Lo deseo mas que nada en el mundo. —Me alegra oírselo decir —sonrió el doctor—, porque va a ser un embarazo difícil y no podemos  garantizarle nada —observe la expresión preocupada de la chica—. Su embarazo es un caso raro en el que la placenta cubre parcial o totalmente el cuello del útero.  La placenta se estira y a veces  se desgarra,  por lo que siempre habrá hemorragias y constante peligro de aborto. —¡Oh, no! —exclamo. —Esto sucede por lo general en una proporción de uno de cada doscientos embarazos —continuo el doctor—. Hemos encontrado algo raro en el examen de  ultrasonido que le hemos practicado hace un rato. Generalmente afecta a mujeres que ya han tenido hijos, y su caso es bastante raro. —¿Y que puedo hacer yo?  —pregunto alterada. —Renuncie a su trabajo y quédese reposando en  casa hasta que el embarazo este tan avanzado que  podamos estar seguros  de que la placenta no va a  rasgarse. Espero que el parto sea normal pero a veces es necesario hacer una cesárea. Hasta entonces, no podrá andar mucho y tampoco es aconsejable que trabaje. Y por su bien, no se le ocurra tomar aspirinas durante el embarazo. —Lo recordare —contesto. Estaba asustada. Tenia muy poco dinero ahorrado... Necesitaba trabajar pero el doctor le estaba diciendo que si trabajaba  estaría sacrificando a su hijo. —Y como  le  digo, no le garantizo nada, pues  incluso así puede perder al bebe. ¡Ah! Y creo que no debería estar sola. No quiero asustarla, pero  puede  tener  hemorragias. En cuanto sangre, llámeme  inmediatamente, quizá hasta sea  necesario hospitalizarla. ¿Entiendes por que le he preguntado si  de verdad quiere tener ese hijo? —Vivo sola —contesto retorciéndose los dedos de las manos. —¿No puede hacer que el padre coopere con usted durante el embarazo? —No lo sabe. —Tiene que decírselo. —Si, doctor  —mintió. —Buena chica. Necesitara ayuda porque esto no  va a ser nada  fácil. Le diré a Berta que le ponga otra cita; debe que venir a verme conregularidad. Ah, y no se preocupe por los honorarios —le sonrió—. Confío en usted. Ya lo solucionaremos después, ¿de acuerdo? —Esta bien —contesto, y procedió a hacer  otras preguntas sobre el embarazo. Cuando llego a su apartamento, estuvo llorando hasta quedarse sin lagrimas. Puso la mano en su vientre abultado y sonrío entre lagrimas. —De acuerdo, pequeño, solo nos tenemos el uno  al otro. Tengo que luchar sola, así que vas a tener que  ayudarme. Te quiero, pequeñín —añadió con ternura __¡No sabes cuanto! Así que intenta vivir por mi. Apoyo la cabeza en  el respaldo del sofá y pensó  en  lo  que le había dicho  el medico. No debía andar. No debía alterarse, necesitaba una vida tranquila, comer bien, nada de tensiones. Era difícil para una mujer sin  muchos recursos, pero lo conseguiría. No podía decirle nada a Thomas.  Aunque creyera que el bebe  era suyo, pensaría que ella quería que la mantuviera, que viviera con ella, que asumiera la responsabilidad del embarazo, y Tess no podía hacerle eso. Thomas no quería compromisos, no quería matrimonio, se lo había dicho hasta el cansancio y ella lo  había aceptado. No podía abrir viejas heridas. Quizá algún día se lo dijera,  cuando ya no necesitara su  ayuda. Era la única forma  de que Thomas pudiera elegir libremente si quería formar parte de la vida  de aquella criatura. Después de tomar aquella decisión se  prepare un poco de sopa. Había muchas instituciones que ayudaban a mujeres en su  situación, lo que tenia que hacer era ponerse en contacto con alguna de ellas. Al día siguiente, renuncio a su trabajo dejando pasmado al señor Short. Le explico que tenia una ulcera y que el medico le había sugerido que dejara de trabajar durante unos dos meses. Short fue muy amable con ella  y hasta le dio dos semanas mas de sueldo. Tess se disculpo y después se fue a su apartamento sintiéndose mas sola y asustada que nunca. Pero  estaba dispuesta a hacer cualquier sacrificio, aquel  niño significaba todo para ella! Paso los siguientes días acostumbrándose  a su nueva vida. Consiguió un trabajo de media Jornada, haciendo ventas por teléfono, lo que le aseguraba un pequeño ingreso. Tenia dinero suficiente para pagar  el alquiler de tres meses. Una institución  le proporcionó cupones para comprar leche y queso  para que su bebe  tuviera proteínas suficientes, y pagaba los honorarios del doctor Boswick con lo que le pagaban por hacer ventas por teléfono. A pesar de sus escasos ingresos, cuidaba mucho su alimentación para que no le faltara nada al niño. Lo peor de todo era que durante el día estaba completamente sola, pues todos sus vecinos trabajaban, así  que  no podía acudir a nadie si tenia algún problema. Adelgazo por culpa de la preocupación. Cuando sangraba, llamaba al doctor Boswick, que la hacia acostarse hasta que cedía la  hemorragia. Y casi siempre estaba  cansada... Kit fue a verla y la llevo todo  tipo de golosinas para  despertarle el apetito. Tess le hizo jurar que guardaría su secreto y dejo de contestar al teléfono para que nadie de la agencia de Thomas pudiera hablar con ella. Pero se equivoco al pensar que eso bastaría para desanimar a Thomas. Tres semanas después, la despertó el timbre. Antes de abrir, fue directamente al baño, presa de un ataque de nauseas. Se puso una bata y fue a abrir la puerta. Tenia un aspecto terrible. Abrió la puerta y se  quedo paralizada al ver a Thomas. —¡Dios mío! —exclamo  Thomas. —Gracias, tu también tienes muy buen aspecto —musito Tess—. Pasa. Voy a meterme en la cama. Me encuentro fatal. —Espera, yo  te llevo —Thomas cerro la puerta y  la cogió en brazos. De pronto frunció el ceño. Le dolía la espalda. __ ¡Has engordado  o estas hinchada por la ulcera?  —la dejo suavemente en la cama y empezó a quitarle  la bata. Tess no podía arriesgarse a que la viera, así que le cogió  la mano a Thomas y dijo: —No me  la quites, tengo frío. —Esta bien —la tapo con cuidado y después se    sentó a su lado con expresión preocupada—. Short me ha dicho que has  renunciado a tu trabajo. iPor Dios, estas siguiendoalgún tratamiento? Tess lo miro sintiéndose sola y asustada. Estaba  desesperada. Thomas parecía el clásico hombre de  negocios vestido con su traje gris, corbata roja y un pañuelo a juego en el bolsillo de la chaqueta.  Comparado con el, ella debía parecer un desastre. —¿Tratamiento?  —pregunto. Los ojos se le  llenaron de lagrimas—.  No hay tratamiento para lo que tengo —murmuro—. El doctor  ya ha hecho todo lo que ha podido. —¿Para    una ulcera sangrante?  —Thomas frunció el ceño. —No se trata de ninguna ulcera sangrante —contesto cerrando los ojos. —¿Entonces que es?
—Me temo  que nada que pueda curarse con una pastilla —contesto cansada—. ¡Thomas estoy tan cansada...! —¿Que es lo que tienes? —pregunto sin  poder disimular su  preocupación. Estaba pálido; Tess adivino lo que estaba pensando. —Oh —dijo al fin—, no. No tengo cáncer, ni me  estoy muriendo. De verdad. Thomas suspiro aliviado y encendió un cigarrillo. —Dios. Me has asustado. Y bueno, si no es eso y tampoco es una ulcera, a que te refieres con eso de que ya  no se puede  hacer nada? Tess dudo, quería contárselo todo. Estaba sola  y asustada, necesitaba su apoyo, quería que la cuidara, que la protegiera. ¿Pero seria justo decírselo cuando estaba tan cerca de perder al bebe? Thomas la miro a los ojos. No comprendía la angustia de Tess. Se inclino y la acaricio con ternura. —Tienes muy mal aspecto —la miro mas de  cerca—. ¿Vas a decirme de una buena vez que es lo  que tienes, Tess? —No se si debo —contesto—. Hasta es posible que  ni me  creas. Y si me  crees, no  estoy segura de que sea justo. Thomas la miro con apacible felicidad. Incluso  estando Tess tan mal, se sentía contento a su lado. —Es muy aburrido vivir solo, ¿verdad? —le preguntó a Tess—. Me  levanto, voy al trabajo, vuelvo al apartamento por las noches y no puedo dormir. No me  interesa el trabajo. Te llevaste toda felicidad  de mi  vida cuando te fuiste. —Tu me  pediste que me  fuera —dijo Tess con suavidad. —Si. No quería un compromiso permanente. —No quería pedirte ningún compromiso —lo  interrumpió—. No tienes que preocuparte por eso, tampoco te lo voy a pedir ahora, aunque  pueda parecerlo —Explícate —fruncio el ceño. Tess aspiro hondo y lo miro a los ojos. —Thomas... estoy embarazada. En otras circunstancias, Tess habría soltado  una carcajada al ver la expresión de Thomas. Se quedo paralizado y la miro como  si acabaran  de darle un golpe en la cabeza. Bajo el cigarrillo lentamente y sin pensar  lo dejo en un vaso con agua. —¿Estas que?  —pregunto  con dificultad. —Voy a tener un hijo. Thomas parecía un enfermo; lenta, muy lentamente, deslizo la mirada por el rostro de Tess, se incline y le quito las sabanas, le  desabrocho la bata y le bajo el pantalón del pijama  antes de que la joven pudiera protestar. Entonces descubrió el vientre ligeramente abultado y la miro  como  si se hubiera vuelto loco. —No me  lo habías dicho. —No sabia como  hacerlo —gimió Tess y lo miro angustiada. Thomas se inclino y acaricio  con las dos manos el vientre de Tess. Respiraba con dificultad. Cuando la miro a los ojos, Tess  se dio cuenta de que estaba muy enfadado. —Creía que no podía tener hijos. Y tu lo sabias. Dios,  ¿Como  has podido ocultármelo? —Lo siento —contesto Tess. Estaba demasiado sorprendida por su reacción como  para explicarle las razones por las que  le había ocultado su embarazo. —¡Lo sientes...! —se interrumpió de pronto. Estaba empezando a asimilar la noticia—. ¿Cuando va a nacer? —pregunto mirándola. Tess se obligó a sostenerle la mirada y contesto: —Dentro de cinco meses. En el rostro  de Thomas se reflejaba el placer  de saber que había engendrado al hijo de Tess. Tess no se atrevía a destruir aquel sentimiento de felicidad, pero tenia que explicarle la razón por la que  había renunciado a su trabajo. __Thomas... Tengo que quedarme en casa hasta  que de a luz. No puedo trabajar. —¿Por que? —pregunto cortante. Tess dudo. Lo amaba demasiado para decirle lo arriesgado que era su embarazo. Se volvería loco si se enterara de que  era posible que perdiera a su hijo. —Tengo muchas nauseas —dijo al fin. —Ya veo —suspiro con alivio evidente. Se levanto de la cama y se apoyo en la pared. —No tienes que sentirte responsable. —No seas ridícula.  Se trata de mi  hijo  —la miro maravillado—. Mi  hijo —repitió lentamente mirando el vientre de Tess,  después la miro furioso—. ¡Maldición, y no pensabas decírmelo! Tess se encogió al oírle, pero era preferible dejar que pensara que había querido ocultárselo a obligarle a compartir supropio  terror. Thomas había pasado por situaciones horribles había sufrido la muerte de su madre, las horribles heridas de bala, la perdida de su trabajo,  el abandono de su mujer... No podía  hacerlo  sufrir mas. —Decías que no querías compromisos, recuerdas?  —pregunto con frialdad—. Me echaste de tu vida. Si te hubiera dicho lo del bebe, habrías pensado  que    estaba intentando atraparte. Aquella acusación le hizo sentirse culpable, pero Tess no podía entender sus sentimientos. La joven parecía tan indiferente que Thomas no tuvo la confianza suficiente para confesárselo en ese momento. Le había  dicho que no quería compromisos, si, pero eso había sido antes de saber que podía  tener hijos. Eso lo cambiaba todo. Trato de recuperarse, en ese momento lo mas importante era el bebe. Después él y Tess tendrían tiempo de arreglar sus problemas sentimentales. —Las cosas han cambiado —contesto con calma. —Si lo que quieres decir es que no me  quieres, pero el niño es  otra cosa,  claro. ---Tess contesto sonriendo burlona. —Claro. Tess lo miro con el corazón destrozado. Thomas  no se daba cuenta de cuanto le dolía su actitud. —¿Pensabas decírmelo algún día? —Si. —¿Cuando?  —pregunto  en tono acusador—. ¿Cuando ya empezara a ir a la escuela? Bueno, no te preocupes por eso, ahora ya lo se. Se metió la mano en el bolsillo del pantalón  y la miro intentando ocultar sus verdaderos sentimientos. Le dolía que Tess le hubiera ocultado su embarazo cuando sabia cuanto le dolía pensar que no podía tener hijos. No  sabia como  perdonarle aquella traición. __Voy a llevarte al rancho.  Allí  podrá hacerte compañía Beryl. —No —contesto Tess desviando la mirada—. No...    no puedo ir al rancho... Thomas frunció el ceño, entonces recordó lo  que le había dicho sobre Beryl. No estaban casados y ella estaba  embarazada. Al darse cuenta se  alegro. Por fin tenia una razón para casarse con ella, una razón que le ahorraba tener que revelarle sus verdaderos  sentimientos. Dejaría que Tess pensara que todo era por el bien del niño. —Ya lo solucionaremos —miro el reloj—. Tengo que irme. Vuelvo dentro de un rato. —Thomas, tenemos que hablar —dijo ella. —Después. Volvió a mirarla y se marcho sin decir nada  mas. Tess se tumbo, turbada y triste por la conducta de Thomas, que había admitido que solo le importaba el bebe. Esperaba que Thomas la hubiera echado de menos, que le hubiera pedido que volviera a su vida, pero todo habían sido ilusiones absurdas. Lo que ocurrió tres horas después la desconcertó completamente. Thomas volvió con un desconocido,  la hizo firmar un documento que ni siquiera le permitió leer y después le cogió la mano y le indico al  hombre que había llegado con el. —Adelante. El desconocido saco un librito, sonrió y procedió a casarlos. Tess estaba tan sorprendida que apenas pudo pronunciar el «si». Cuando empezó a darse cuenta de lo que estaba pasando, ya estaba casada con Thomas. —¡Thomas! —protesto, pero Thomas estaba demasiado ocupado despidiendo al hombre que los había casado. Cuando Thomas volvió a su lado se detuvo junto  a la cama y la  miro. Tess era su esposa. Le pertenecía... ella y el bebe.  Su  hijo. Nunca se había  sentido mas orgulloso. Tess miro maravillada  el anillo. —Se necesitan... tres días para arreglar  los tramite de matrimonio... —tartamudeo. —Solo se necesita uno  si amenazas de muerte al juez —contesto  complacido—.  No te preocupes, es perfectamente legal  —frunció el ceño, pensativo—. Aunque  no se a que pena pueden condenarme por secuestro —iQue secuestro?. —El juez que nos acaba de casar no  sabia lo  que  estaba pasando —le explico—. Lo  he sacado del juzgado y le he  obligado a venir conmigo. Tess se echo a reír... pero después comenzó a  llorar. No entendía nada. Thomas maldijo en voz baja y dijo muy serio: —Esta bien, siento haberlo hecho sin avisarte.  Pero si vamos a ir al rancho esta noche, tenemos que ir perfectamente  casados. No podemos escandalizar. —No es justo que ella tenga que encargarse de mi  —murmuro—. Y tampoco que lo hagas tu. —Llevas dentro un hijo mío  —la miro. Tuvo que hacer un  enorme  esfuerzo para no abrazarla y secar a besos sus lagrimas—. El bebe  es  lo único que importa ahora. ¡Dios, es todo! —exclamo  enfurecido. Tess pensó con tristeza que a Thomas lo único  que  le importaba era su hijo. Se pregunto como  se sentiría si perdiera al bebe  y se  encontrara casado con una mujer a la que no quería. ¡Y lo peor era que ella  no le había advertido que su  embarazo era de alto riesgo! —Deja de llorar —le dijo Thomas—. Voy a cuidarte, señorita  Meriwether  —se corrigió inmediatamente—. Señora Kaulitz.  Señora Teresa Kaulitz —murmuro.  Tess lo miro extrañada. —Quieres mucho a este hijo, ¿verdad? —Eso ya lo sabes —la expresión de Thomas  se endureció—. ¿Todavía no te das cuenta de lo terrible que era para mi  pensar que  no podía tener hijos? ¿Eso no te importaba? —Si... —Tess se irguió se sentía muy mal—,  lo sabia pero no quería que te sintieras obligado a casarte conmigo. Sabia que no querías volverte a casar. Me lo habías dicho mil veces. Thomas no podía pronunciar palabra. Eso era verdad, pero solo hasta que había descubierto su amor hacia ella, porque desde ese momento, Tess lo había sido todo en su vida.  Tener un  hijo  era maravilloso, pero  a quien realmente quería Thomas era a  Tess. No había querido casarse con ella para que en  el futuro no tuviera que lamentar la falta de un hijo; Jane y su obsesión por quedarse embarazada lo habían  marcado sentimentalmente, influenciando su actitud hacia Tess. El también deseaba ese hijo, y Tess había mantenido en secreto su embarazo por  una razón, para el, bastante absurda. Se sentía inseguro y decidió disfrazar sus  sentimientos con una mascara de ira. —Que quisiera o no quisiera casarme, ya  no es el problema, no?  —pregunto con brusquedad—. El bebe necesita un apellido. Lo demás no importa ahora. Aquello no era lo que Tess quería oír. Lo que  ella quería que le dijera era que la amaba desesperadamente, que la amaría aunque no llevara dentro a su hijo, que la había echado de menos, que la necesitaba.  Aunque nada de eso era verdad; la verdad era que Thomas vivía perfectamente sin ella, y si no hubiera sido por el bebe, Thomas nunca le habría ofrecido matrimonio. Todavía le  extrañaba que hubiera aparecido en el  restaurante el día que había ido a comer con Kit. ¿Que hacia ahí? Kit le había dicho que  quería verla, pero Tess no lo había querido creer. Thomas sabia donde vivía; podía haber ido a buscarla en cualquier momento. No, Kit estaba equivocada, solo había sido una coincidencia. —Quiero que, si puedes, te cambies de ropa. Después guardaremos tus cosas y nos iremos al rancho. Supongo que estas muy débil. —Si —contesto—. Pero antes me  gustaría   bañarme —añadió con un hilo de voz. —¿Puedes hacerlo sola? —Si. Solo me  mareo cuando acabo  de levantarme —Dime que necesitas y yo puedo ir haciéndote las maletas. Tess asintió asombrada de la rapidez con la  que Thomas tomaba decisiones. Era agradable que tomaran decisiones por ella, que la cuidaran. Estaba tan débil que no podía hacer nada. Una hora después, bañada y arreglada permitió que Thomas la ayudara a subir al Mercedes negro. Durante el viaje estuvo pensando en como reaccionaria Beryl.Casi no le presto atención a Thomas cuando este estuvo hablándole de los problemas del trabajo. Pero su preocupación fue en vano. Beryl salió a recibirla hasta el coche y le dirigió una sonrisa maternal. —Pobrecita —le dijo con cariño mientras le  abría la puerta—. No te preocupes por nada, todo va a salir bien. Cuando Thomas no este  aquí, yo te cuidare. No dejare que te pase nada. Tess no estaba acostumbrada a tanta amabilidad. Se llevo la mano a la cara y se echo a llorar. —Bueno, basta —dijo Thomas y la cogió en brazos. __Te llevare a tu habitación, necesitas descansar. Ha tenido un día muy largo. —Voy a calentar la sopa. Te  gustara y le sentará bien  al pequeño —añadió guiñándole un ojo a Tess antes de dirigirse a la cocina. __¿Se lo has dicho?  —le pregunto Tess a Thomas. —Si —la miro a los ojos—. Todo esta bien. Lo único que debes hacer es descansar. Tess asintió pero sabia que  no iba a ser tan sencillo. Todo le pareció muy complicado. Estaba con Thomas, pero nunca habían estado tan lejos, y su bebe estaba en constante peligro. Pensó que como  no cambiaran pronto las cosas, se iba a volver loca.

HOLA .. BUENOLA PROXIMA ACTUALIZACION ES EL FINAL DE LA NOVELA .. BUENO HASTA PRONTO 3 O MAS Y AGREGO 😏

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