jueves, 8 de septiembre de 2016

PROLOGO:
Thomas Kaulitz miraba sin ver la ciudad desde la ventana de su oficina, situada en un elegante edificio  de  Houston. Pensaba en un problema  cuya solución no podía continuar postergando. Tenia que  hablar  con su  secretaria,  una joven  a la que  consideraba parte  de su familia. Tess Meriwether era hija de un hombre con  el que la madre de Thomas había estado comprometida: ambos, el padre de ella y la  madre de el habían muerto en un accidente poco antes de poderse casar, así que Tess no  tenia ningún parentesco real con Thomas, pero en cualquier caso, el se sentía responsable de la chica desde hacia años. Esa era una de las razones por las que le había dado ese trabajo: entre los dos había heridas que nunca podrían sanar, pero eso no cambiaba lo que sentía por ella. Podía ser amor si el no estuviera tan decidido a alejarla de  su lado. Thomas había tenido un matrimonio desastroso y lo habían cosido a balazos en un tiroteo cuando  era guardabosques en Texas. Aquel tiroteo había cambiado su vida, había tenido que dejar aquel trabajo y había montado una agencia de detectives. Se había ganado la fama  de ser el mejor y el mas discreto, y tenia mucho éxito. Pero su vida personal era un desastre. No tenia a nadie excepto a Tess,  y  ella se asustaba cada vez que el  se le acercaba. A veces Thomas se sentía culpable por ello.  Tess  le temía y pensaba que Thomas no  la soportaba por culpa de una tarde en la que este  había estado a punto de  perder el control. Se alejo de la ventana.  Thomas Kaulitz era un hombre de pelo y ojos oscuros y tez morena. Era muy atractivo, aunque  no era consciente de ello  y, a pesar de su atractivo, su relación con las mujeres había sido un desastre. Su propia madre le despreciaba porque le recordaba al hombre que  lo había engendrado y que la había abandonado. Thomas había querido a  su madre, pero ella nunca había tenido tiempo para el; aquella actitud  le había marcado profundamente. Thomas se había casado cuando todavía era policía en Houston, antes  de ser guardabosques, pero su esposa solo se habia sentido atraída por el uniforme. La  vida con Jane había sido muy difícil porque ella quería algo que él no podía darle, y Jane  no había tardado en darse cuenta de que había cometido un terrible error. Cuando le  habían herido en el  tiroteo, le había abandonado sin esperar siquiera a que saliera del hospital. Si  no hubiera sido por Tess, Thomas no hubiera tenido a nadie que le ayudara a salir  de aquella pesadilla. Pensó en lo irónico que resultaba que Tess  se hubiera enamorado entonces de el. Era solo una adolescente cuando se conocieron.  Su padre, Wyatt Meriwether siempre la había ignorado, igual que Nita Lassiter a Thomas. Wyatt había dejado a su hija con la abuela de esta, para que la cuidara y educara  mientras el continuaba su vida promiscua. Tess era una joven inocente y dulce, y atraía  a Thomas como  ninguna otra mujer lo había hecho nunca. E incluso después del tiempo pasado, Thomas todavía se avergonzaba de lo que le había hecho a Tess  durante su convalecencia. En ambos había despertado entonces una ternura avasalladora a la que Thomas había opuesto resistencia al principio. No confiaba en las mujeres y Tess era además demasiado joven, pero nunca había estado tan enamorado de una mujer como  entonces lo estaba de Tess. Pero había echado todo  a perder en un momento de pasión y había asustado tanto a Tess, que su sola presencia todavía la seguía retrayendo. Enfadado, se paso una mano por el pelo.  Debía dejar de pensar en el pasado. En ese momento, Tess  pretendía que  le  permitiera  trabajar  como detective, pero  Thomas  se oponía; le parecía demasiado peligroso. A veces, ni siquiera le gustaba enviar a Nick  o a Helen a solucionar determinados casos. No podía permitir que Tess arriesgara su vida, aunque ella se pasaba la vida suplicándole  a Helen que le enseñara el oficio, quería aprender artes marciales  y a disparar. A veces, Thomas conseguía interrumpir aquellas clases. La persistencia de Tess le ponía nervioso, no soportaba la  idea de que pudiera correr algún peligro. En la oficina estaba relativamente segura. Pero fuera de alli... Recordo la primera vez que había visto a  Tess. Sus respectivos padres los habían invitado a comer para que se  conocieran. Thomas habia acudido a aquella cita con la intención de demostrarle a aquella jovencita  cuanto le molestaba tener que convertirse en su hermanastro, pero en cuanto la había visto se había quedado encandilado. Algo bastante turbador, si se tenia en cuenta que  había ido al restaurante con su esposa. Jane había sido tan sarcástica y desagradable que  Thomas había terminado pidiéndole que se fuera a casa. Tess, por otro lado, se había mostrado callada y tímida... y parecía interesarle mucho todo lo  relacionado con el. Thomas empezó a excitarse al recordar aquel  encuentro. Entonces había deseado a Tess, y ese deseo no había disminuido ni con el paso  de los años. En aquella época el estaba decidido a separarse; y tenia una buena razón para no desear ningún compromiso, para no querer volver a casarse. Hizo una mueca y se acerco a la puerta que  separaba  su oficina del recibidor. Era cobarde posponer la confrontación y el nunca había sido un cobarde.  Lo que ocurrió era que Tess se ponía muy triste cuando
el la regañaba y no quería lastimarla mas. Ya le había hecho demasiado daño. Pero Tess debía aprender que las normas había que cumplirlas. Si pasaba por alto su desobediencia, en el futuro Tess se vería expuesta al peligro. Y no podía permitirlo. Suspiro con resignación  y abrió la puerta.

UNO
Tess Meriwether suspiro profundamente. Estaba muy tensa, se había pasado el día esperando que llegara Thomas. Miro de mala gana  la puerta cerrada de su despacho: había estado pendiente de la puerta  durante todo el día y esperaba  poder irse de allí sin tener que ver a Thomas. Thomas Kaulitz era su jefe, el dueño de la Agenda  Kaulitz, pero también algo mas. Hacia años que lo conocía, desde que  sus respectivos padres habían  estado a punto de casarse, pero estos habían muerto en un trágico accidente, y Thomas se había convertido en la única persona que le quedaba a Tess en el mundo. Después de consultar el reloj, tapo con cuidado la maquina de escribir y cogió su impermeable, que era su orgullo y felicidad,  pues parecía de detective. Trabajar en aquella agencia era muy emocionante, aunque Thomas no le permitiera trabajar en ningún caso de los que le encargaban. Algún día, se  prometió a si misma, iba a convertirse en detective a pesar de su sobreprotector jefe. —¿Vas a alguna parte? Acababa de aparecer Thomas, cigarrillo en mano, Parecía un autentico detective privado. Tess se obligue a mirar hacia otro lado. Incluso después de lo que le había hecho hacia tres años, le encantaba  verle. —A casa. ¿Te importa?
—Mucho —le pidió que entrara en su despacho y Tess le  obedeció. Thomas vio que la joven se tensaba al acercarse a el. La reacción de  Tess era predecible y probablemente Thomas se la merecía, pero eso no dejaba de incomodarle. Le hablo con mas  ira de la que realmente sentía—.  Ya te he dicho mil veces  que no te inmiscuyas ni de broma en ningún caso. —No lo hice a propósito —contesto nerviosa—.  Vi a Helen y la acompañe. Creía que el caso al que te referías era uno de esos sin  importancia. ¡Como me  iba a imaginar que dos detectives profesionales estaban trabajando en una juguetería a media tarde! Pensaba que Helen iba a comprar un regalo para  su sobrinito —le miro furiosa—. Al fin y al cabo, no sabia que caso te traías entre manos. Solo me  habías dicho que no interviniera. No tienes  derecho a regañarme. Thomas ni siquiera parpadeo; continuo mirando impasible. Tess tosió ruidosamente cuando  el humo le llego a la cara. Thomas sonrió desafiante, pero  ninguno de los dos se movió. En ese momento, llamaron a la puerta y Helen Reed asomo la cabeza. —Puedo irme  a casa?  —le pregunto a Thomas—. Ya son las cinco —le sonrió esperanzada. —Llévate tu oreja —contesto el refiriéndose a su equipo especial para escuchar conversaciones—, y vete con tu hermano. Nick necesita tiempo para vigilar a nuestro esposo infiel. —¡No! —gimió Helen—. No, Thomas, no estoy  dispuesta a soportar cuatro horas de ruidos libidinosos y conversaciones embarazosas con  Nick. Detesto a Nick!  ¡En cualquier caso, he quedado con Harold! —Se supone que no deberías hablar así delante de Tess —señalo a la joven—. Después de lo que acabas de decir, lo mas lógico es que ella se ofrezca  a sustituirte. ¡Y no quiero que trabaje de detective! —Lo siento —contesto Helen avergonzada. —No es suficiente. Vete con Nick  y reconsiderare tu indiscreción. __Si me  despides —le dijo Helen—volvere a trabajar en el Departamento de Justicia y no podrás obtener una orden de registro para tus casos en tu vida. —¿Alguna vez te he comentado que antes de  ser guardabosques, estuve trabajando dos años en el departamento de Salud Pública de Texas? Helen suspiro, abrió la puerta de par en par: se arrodillo y se  incline ante Thomas. —¡Oh, por Dios, vete a casa  ya! —contesto Thomas—. ¡Y espero que Harold te compre una pizza de  anchoas! —¡Gracias, jefe! ¡Me encantan las anchoas!  —sonrió Helen. Ondeo la mano a manera de despedida y desapareció antes  de que Thomas cambiara de idea. Thomas se paso impaciente una mano por el pelo. —Lo próximo que me  van a pedir, van a  ser vacaciones pagadas en las Bahamas. —En Jamaica —le corrigio Tess—. Ya te las pedí. Thomas se acerco al  escritorio para  tirar las  cenizas del cigarrillo  en el cenicero  especial que le habían comprado sus compañeros de  trabajo. Hasta se habían atrevido a pagarle una inscripción para un seminario para dejar de fumar, a lo  que el había contestado enviándolos a todos a resolver un caso en  un cine pornográfico. A partir de entonces, nadie se había atrevido a hablarle de otro seminario, pero Thomas había mandado instalar grandes filtros de aire en cada oficina. A Thomas no le gustaba que le dijeran lo que  tenia que hacer. Tess podía no estar de acuerdo con  el, pero le respetaba porque era  un hombre que  
actuaba siempre conforme a sus ideas. Le observo moverse y pensó que parecía  un autentico vaquero. Hombros anchos, caderas estrechas y piernas largas. Cuando estaba cansado, Thomas cojeaba un poco a consecuencia de las heridas que le habían  hecho tres años  atrás. En ese momento, parecía cansado. Le miro y recordó como  había comenzado todo. Cuando Thomas había abierto la agenda  de detectives, había contratado sin remordimientos de ninguna clase a los mejores detectives  del departamento local de policía, ofreciéndoles porcentajes y  acciones  en el negocio en vez de salarios. Afortunadamente, la agencia había empezado  a generar beneficios en un tiempo record. Antes de ser guardabosques, Thomas había sido un excelente policia y tenia muchos contactos que le aseguraban el éxito. Gracias  a su agudeza, cuando  trabajaba de guardabosques en Houston había continuado  asesorando a otros policías. En Texas, como  a veces tenia que transitar por caminos a los que no  tenia acceso  ningún vehículo, había tenido que montar a menudo a caballo. Y  Thomas era uno de los mejores jinetes que conocía Tess. A pesar del tiempo que había pasado desde  que se habían conocido, a Tess continuaba entusiasmándole todo lo relacionado con Thomas, aunque tenia cuidado de no demostrárselo. Una muestra de su violenta pasión había sido suficiente  para contener  el deseo que Tess había empezado a sentir por el. —Nunca me encargas ningún caso —Tess suspiro. Thomas la miro con recelo. Parecía decidido a no asignarle nada. —Eres secretaria, no detective. —Pero podría serlo si me lo permitieras  —contesto Tess con calma—. Puedo hacer lo mismo que hace Helen. —Incluyendo vestirte de  prostituta y ofrecerte en la avenida principal? —se burlo Thomas. —Bueno —se irguió incomoda y desvío la mirada—, quizá eso no. —O  escuchar conversaciones intimas —la miro  con los ojos entrecerrados—, en cuartos de moteles de mala muerte? O hacer fotografías en situaciones embarazosas?  O seguir a un asesino por todo el país y cogerlo en cualquier circunstancia? __Esta bien —contesto con aire de resignación—. Tienes razón, supongo que no seria capaz de hacer  algo así.-  Pero podría rastrear pistas si me  lo permitieras. Eso es casi tan divertido como salir a perseguir a alguien.                                            Thomas apago el cigarro con un movimiento lento que la puso nerviosa. Tess sabia que, a pesar del control que ejercía sobre si mismo, Thomas era un hombre apasionado. Y recordaba como  se comportaba con una mujer. Recordar su forma de acariciarla la encendía y debilitaba, pero  no de deseo. Recordaba con miedo las caricias de Thomas Kaulitz . De pronto, el la miro  con intensidad, como si hubiera leído sus pensamientos y reaccionara en consecuencia. Tess se ruborizo. —¿Hay algo que te avergüence?  —pregunto Thomas en un tono que hubiera intimidado a cualquiera. —Estaba pensando que no me  gustaría tener  que seguir a ningún esposo infiel —agarro con fuerza su bolso—. Será mejor que me  vaya. —¿Llegas tarde a alguna cita? —pregunto sin interés. Tess haba renunciado a los hombres  tiempo atrás. Pero Thomas no lo sabia, así que la joven se encogió de hombros, le  dirigió una sonrisa y se marcho. Ya en la calle, descubrió que hacia una noche  fría y oscura. Se cerro el impermeable y se dirigió con desgana hacia su coche. Aquella noche seria igual a otras muchas; llegaría a su diminuto y funcional apartamento, que constaba de cocina, cuarto de baño y una habitación en la que el sofá se convertía  por las noches en su cama. Vería alguna película y se acostaría, y  el día siguiente seria exactamente igual. La única diferencia la marcaría la película. Por lo  general, veía la  película con  su  amiga  Kit Morris, que  trabajaba cerca de  allí, pero el jefe de esta estaba de viaje y Kit había tenido que acompañarlo... de muy mala gana, por cierto. Tess la echaba de  menos. El jefe de Kit había contratado varias veces a la agencia Kaulitz para que siguiera a su madre,  una mujer experta en meterse en todo tipo de problemas. No estando Kit en la ciudad, Tess  se  encontraba completamente sola, no tenia a nadie con quien hablar. Le gustaba Helen y hasta eran  amigas en cierto modo, pero con ella no podía hablar del único problema sentimental que tenia;  Thomas Kaulitz. Se coloco  la  correa del bolso y metió  las  manos en los bolsillos del impermeable. Pensó que su vida era como  la noche: fría y solitaria. De pronto, se fijo en dos hombres  que estaban enfrente del edificio en el que  se encontraba la agencia. Los miro con curiosidad y vio que uno entregaba al otro un portafolios abierto lleno de paquetes  con una sustancia blanca;  el otro le dio a cambio un fajo de billetes. Tess los saludo con aire  ausente y hasta les sonrió. No advirtió la expresión  de  alarma  con la que la miraba mientras ella se dirigía con calma  haciasu coche. —¿Lo ha visto?  —le pregunto uno al otro. —¡cielos, claro que lo ha  visto! ¡ Atrápala ! Tess no oyó aquella conversación, pero se  volvió oír que alguien corría; observo extrañada que los  hombres a los  que acababa  de saludar corrían  hacia ella. Oyó unos gritos y se quedo paralizada al ver un objeto metálico. Supo que era una pistola cuando sintió un impacto en el brazo. Instantes después grito y se desmayo. —¡La has matado! —grito uno de los hombres—.¡Tonto, ahora van a acusarnos de asesinato, no solo por traficar con cocaína! —¡cállate! ¡Déjame pensar! A lo mejor no está muerta —¡vámonos  de aquí! ¡Pueden haber oído el disparo! —Salía del edificio de las oficinas de la agencia de detectives —gruño el otro hombre. --Desde luego, has escogido un buen lugar para  la entrega... ¡Corre ! ¡Ya viene la policía! Un coche patrulla se acercaba a ellos iluminándolos con sus potentes faros. __¡dios! —exclamo  uno de los traficantes—. ¡corre! Tess los oyó como  en sueños. No los veía porque no podía levantar la  cabeza. No sentía nada, excepto el frío y la  humedad del asfalto en su  mejilla. __¡Le han disparado a alguien! —grito otra persona—. ¡Que no escapen! Tess vio unos zapatos negros pasar corriendo ante sus ojos. —¡Tess! Al principio, Tess no reconoció su voz. Thomas  siempre estaba tan tranquilo que aquel grito desgarrado no le resulto familiar. Thomas la volvió lentamente y Tess le miro  conmocionada. No podía mover el brazo. Trato de explicarselo a Thomas, pero tenia la lengua paralizada. Thomas le toco el brazo y comprobó que sangraba profusamente. —¡Dios! —gruño. Su rostro era una mascara inexpresiva, solo sus ojos brillantes por la ira parecían tener vida. Uno de los policías volvió a su lado y se arrodillo al lado de Tess, pistola en mano. —¿Esta herida?  —pregunto cortante—. He  visto que uno de ellos ha disparado... —Esta herida. Llame a una ambulancia —dijo  Thomas mirando al policía—. Rápido. Esta sangrando mucho. El policía se alejo corriendo.  Thomas no perdió el tiempo: corto la manga del impermeable de Tess e hizo una mueca al ver la blusa llena de sangre. Maldijo por  lo bajo y saco un pañuelo para hacer un torniquete. —Quédate quieta —le dijo con calma—. No  te  muevas, pequeña, yo te cuidare. Vas a ponerte bien. Tess se estremeció y empezó a llorar. La herida había empezado a dolerle.  Grito cuando Thomas apretó el torniquete, después Thomas se  quito el impermeable y la tapo. Tess miro la herida que seguía sangrándole  mucho. Pero  al ver tan tranquilo a Thomas se calmó —¿Voy a morir desangrada?  —le pregunto. —No —miro por encima del hombro y al ver  que  un coche se acercaba, se levanto bruscamente—. ¡Ayúdeme  a subirla al coche!  —le grito a un policía—. Esta sangrando mucho, no puede esperar hasta que llegue la ambulancia. —Acabo de hablar por radio con mi  compañero Ha atrapado a uno de los delincuentes. Llegara de  un  momento a otro. —Esta bien —contesto Thomas apoyando la cabeza de Tess en sus piernas—. Vamonos. En ese momento llego el otro policía  con un hombre esposado. Thomas se tenso. —Ya viene la patrulla M 20  —le dijo el policía a su  compañero—. Aquí tenemos una mujer herida. ¿Puedes tu solo con el detenido? —¡claro que si!  idos rápidamente al  hospital!—grito el otro policía. Minutos después llegaban al área de urgencias del hospital. Tess estaba inconsciente. La luz entraba a raudales por  la ventana de la  habitación del hospital cuando Tess volvió a abrir los ojos. Parpadeo, se sentía agradablemente adormecida aunque sentía el brazo hinchado. Miro con curiosidad el vendaje que lo  cubría. Se estiro y se  dio cuenta de que le habían puesto suero. —No te muevas, se te va a salir la aguja —Thomas se levanto de la silla en la que estaba sentado—. Y te puedo asegurar que no es nada  agradable que te la tengan que volver a poner. Tess se volvió al oírle. Estaba mareada, desorientada.                                        __.Estaba oscuro —murmuro—. Me persiguieron unos hombres y creo que uno de ellos me  disparo. __Si, te disparo —contesto ceñudo—. Eran narcotraficantes. ¿Que ocurrió?  ¿Te pillo el tiroteo? __No —gimió Tess—. Los vi cerrando el trato;  uno entregaba la mercancía y el otro el dinero. Supongo que se asustaron, aunque yo no  me  di cuenta de que estaban traficando con droga hasta que los vi persiguiéndome. —¿Los viste?  ¿Presenciaste la venta de droga? —Me temo  que si —asintió débilmente. Thomas silbo y dijo: —Si te vieron, y si reconocen el edificio... —Uno se escapo, ¿verdad? —Si, el que te disparo —contesto Thomas—. Y la policía no tiene pruebas suficientes para detener durante mucho tiempo al que atraparon. Es posible que salga bajo fianza. Tu eres la única que puede enviarlo a prisión. —Su compañero me  disparo —señaló ella—. Pero al menos quedaba detenido estaba allí con el. ¿No pueden acusarle de complicidad? —Quizá si, quizá no. Nunca se sabe como  piensa esa gente —contesto. Parecía sinceramente preocupado. —Estoy segura de que lo sabes —murmuro ella adormecida—. Llevas años persiguiendo gente así... —Si, se como funciona la mente de los  delincuentes —concedió Thomas—. Pero cuando hay un familiar por medio, las cosas cambian  —observe el pálido rostro de Tess con los ojos entrecerrados—. Cambia mucho. Tess decidió que debía estar soñando; Thomas no podía estar tan preocupado porque le hubieran disparado. Pensar lo  contrario era ridículo; Tess pensaba que Thomas no le tenia ninguna simpatía, aunque se había compadecido  de ella lo suficiente para ofrecerle trabajo en su agenda cuando el padre de Tess había muerto. Thomas era el peor enemigo de Tess, así  que no podía importarle lo que le sucediera? —¿Como te encuentras? —le pregunto a Tess. —No tan mal como  anoche. iQue me han hecho los médicos? —Te han sacado la bala —contesto Thomas. Saco una bala del bolsillo de la camisa y se  la mostro a Tess. Calibre 38 —le explico—. Es  un recuerdo. He pensado que te gustaría enmarcarla. —¿No crees que seria mejor que enmarcaramos al tipo que me  disparo? —pregunto haciendo una mueca. —Eso debe hacerlo la policía —Thomas arqueo una ceja. —¿Cuando podré irme  a casa? —Cuando recuperes las fuerzas. Has perdido mucha sangre. —Helen se pondrá furiosa cuando se entere —murmuro sonriendo—. Ella es la detective y me  pegan tiro a mi. —Oh, estoy seguro de que se pondrá verde de envidia —contesto Thomas. Se acerco a la cama y miro fijamente el rostro de  Tess. Permaneció  allí durante mucho tiempo. —Bueno, no te preocupes tanto; estoy bien  —dijo adormilada y cerro los ojos—. Aunque no se por que iba a importarte. Me odias. Inmediatamente después de pronunciar aquellas palabras,  se durmió. Thomas no contesto, pero pensó con dolor en lo mucho que habría  sufrido si Tess hubiera muerto en la calle. Se acerco a la ventana y  flexiono de nuevo  sus músculos cansados. No había dormido desde que Tess había ingresado en el hospital. Durante el tiempo que había durado la operación había estado paseando nervioso por  los pasillos. Había sido la noche mas larga  de  su  vida. Se volvió de nuevo hacia la cama y vio que  la joven estaba placidamente dormida. Aquella bata no le favorecía nada a Tess; la  hacia parecer muy delgada. Thomas recordó con tristeza la frialdad con que  la había tratado  durante todos esos años, la hostilidad con la que había conseguido convertir a una jovencita tímida  y adorable en una mujer callada e insegura. Tess le había ofrecido su  amor y el la había rechazado de la peor manera. No había sido por crueldad, sino por culpa de un  deseo violento que había querido  satisfacer de la única manera que sabia hacerlo... rápida y salvajemente. Pero Tess era virgen y el no lo sabia.  Se había alejado de él a tiempo de salvar su virginidad, pero su estúpido orgullo le había impedido a  Thomas seguirla y explicarle que la ternura era algo que no estaba acostumbrado a compartir con las mujeres.  Su huida lo había destrozado, aunque Tess no lo sabia. Thomas había conseguido ocultar  el dolor que le había causado aquella experiencia, así que era lógico que Tess pensara que la odiaba. Hasta había intentado convencerse  a si mismo de que no le importaba que Tess lo evitara, y para salvar su orgullo, había hecho parecer que había sido tan brusco con  ella para que le dejara en paz. Recordó los duros momentos que  había pasado cuando le habían cosido a balazos. Todo el mundo le había abandonado: su madre siempre le había detestado a pesar de sus intentos por guardar las apariencias. Hasta Jane, su esposa, le había abandonado en aquella dolorosa circunstancia y le había pedido el divorcio, después de haberle sido descaradamente infiel. Sin embargo, Tess le  había hecho querer volver a vivir, le había dado fuerzaspara luchar. Tess había sido la luz que le había sacado de la oscuridad. Y el había pagado su tierno amor con crueldad, aunque le doliera recordarlo. Pero lo que mas le dolía era que ella podía haber muerto la noche anterior. Entro en ese momento una enfermera, y después  examinar a Tess, le comento a Thomas. —Ha tenido suerte, verdad?  Unos centímetros mas y la bala la hubiera matado. Aquel comentario lo desarmó. Observo con atención a Tess. Si hubiera muerto, se habría quedado solo en el mundo. No tenia a nadie.                                 La dureza de  aquel pensamiento le hizo salir del cuarto murmurando una disculpa a la enfermera. Camino por  el largo pasillo  y llego  al lugar en  el que estaba aparcado  su Mercedes. Se  lo había llevado Helen mientras operaban a Tess. Tenia que llamar a la oficina para contarles como  se  encontraba la chica, pero antes consulto su reloj. Si, ya estarían en la agenda. Pasaría por la  oficina antes de ir a su apartamento. Abrió la puerta del coche pero  no entro. No podía apartar la  mirada del hospital. Tess no tenia a  nadie.   Suspiro y se metió en el coche, aunque no  arranco inmediatamente. Vio la sangre de Tess en la manga de  su chaqueta. Tess podía haber muerto en sus brazos.  Tess había sido una jovencita feliz, vibrante,  ansiosa por complacerle, evidentemente enamorada de el.  Thomas cerro los ojos; el  había matado aquellos sentimientos, la había alejado con brutalidad de su lado. Nunca había deseado tanto a una mujer, pero tampoco  había sabido lo que era la ternura, y eso la había aterrorizado. Thomas no lo  había hecho a propósito, pero  quizá de manera inconsciente  deseaba alejarla de su lado antes de convertirla en su vida. Un fracaso matrimonial  era suficiente para un hombre, se dijo. Recordó  con amargura el día que se habían conocido... Desde el día en que se habían conocido en el  restaurante, no habían  vuelto a verse, hasta que habían coincidido en un periodo de vacaciones. Thomas y su esposa Jane ya no  se llevaban bien. Hasta la madre de Thomas, Nita, decía que había visto a Jane con otro hombre y, de alguna manera, parecía alegrarle que la esposa de Thomas le fuera abiertamente infiel... Aquellos días habían sido terribles para Thomas. Y el día que Wyatt Meriwether  y Nita Lassiter habían comunicado su compromiso, Thomas había sido herido por unos atracadores que le habían enviado  prácticamente muerto al hospital. Tess había ido al hospital en cuanto se había enterado; la había llevado su padre, pero cuando vieron que Nita estaba  en su casa y que Jane no aparecía por ningún lado, Wyatt se marcho. Tess se había quedado en el hospital aquella  noche. En cuanto la enfermera jefe se entero  de que iban a ser prácticamente hermanos y de que Thomas no  tenia a nadie le permitieron quedarse con el. Tess había estado a su lado cuando todo el mundo le había abandonado. —¿Volveré a andar? —le había preguntado a  Tess en cuanto recobro el conocimiento. —Claro —le contesto con una sonrisa tierna. Le  había acariciado la cara y le había retirado con inmenso cariño un mechón de pelo de la frente. —¿Donde esta mi  madre?  —le pregunto Thomas con brusquedad—. ¿Donde esta Jane?  — como  Tess no contestaba, había insistido furioso—. Se acuesta con mi compañero de patrulla. Me lo ha dicho... Tess le había mirado asustada y el le había dirigido una desdeñosa sonrisa antes de volver a dormirse. Durante las semanas siguientes la vida de Thomas cambio. Jane había ido a verle una vez, para informarle de que había  pedido el divorcio y para decirle que volvería a casarse en cuanto lo obtuviera. Su madre también había ido a verle una vez, pero en cuanto se había dado cuenta de que Thomas no iba a morir, se había ido a navegar con Wyatt. Tess, furiosa con el resto de la familia, se  habla  dedicado por entero a la recuperación de Thomas. Era consciente de que Thomas la necesitaba.  Su madre y su mujer le habían abandonado y para colmo de males había perdido  su  trabajo,  pues  todos  los  médicos              coincidían en que tendría que abandonarlo por  las lesiones recibidas en la espalda. Thomas se había derrumbado cuando le habían dado la noticia. —Eso no te va a servir de nada —le dijo  Tess verle tan deprimido. Se había arrodillado al lado de  silla en la que Thomas estaba  sentado y le había cogido la mano—. Thomas, no puedes darte por vencido —había dicho—.  Los médicos solo han dicho que quizá no puedas trabajar, no que no  podrías volver a hacerlo. No puedes dejar que te hundan. —iQue no puedo? Ya lo han hecho —contesto evitando mirarla—.Por  qué  no te  vas  tu también!!! —Vamos a ser hermanos, y quiero que te pongas bien. —No necesito una hermanita —la miro. —Pues la tendrás aunque no quieras, cuando nuestros padres se casen —había contestado contenta—. Anda, anímate. Eres  fuerte. Eres un guardabosques, no lo olvides. —Era  un guardabosques. —Bueno,al principio no estarás en muy buenas condiciones físicas, pero y eso que? Escucha, Thomas sabes hacer muchísimas cosas. Dios no cierra ninguna  puerta sin dejar abierta otra, puede ser una oportunidad para cambiar de vida. Thomas no había contestado inmediatamente. La  había mirado con los  ojos entrecerrados y había dicho: —No soporto a las mujeres. —Supongo que no. Pero a tu vida no ha llegado ni una sola buena mujer. __Me    case con Jane para fastidiar a mi  madre.  No que no la quisiera, ella estaba dispuesta a casarse y tener hijos. Eso era lo único que deseaba —había dejado la mirarla. El recuerdo de su abandono le estaba matando—. Vete, Tess. Vete a jugar a la enfermera a otro lado. __No puedo —Tess se encogió de hombros—.  Alguien tiene que obligarte a dejar de auto compadecerte. —¡Maldición! —estallo el. Le había dirigido una mirada amenazadora, pero ella no se había dejado intimidar. Al fin y al cabo, era la primera vez que Thomas reaccionaba desde que le habían dicho que no podría volver a trabajar. —Así esta mejor —le dijo—.¿Te apetece una taza de café? Thomas había dudado un momento antes de ceder a la necesidad  de sentirse atendido par alguien. Había asentido y acto seguido Tess  había ido corriendo a  buscarle un café. Thomas la había mirado extrañado. Nunca le había tratado así ninguna mujer y le resultaba extraño tener a alguien que lo cuidara. Tess no se parecía a su madre, y, por supuesto, tampoco a Jane. Empezaba a ser parte  importante de su vida, y no solo por el cariño que le profesaba. Deseaba a Tess  con una fuerza que nunca había sentido. Le excitaba como Jane nunca lo había hecho  y eso, había pensado, podría acarrearle problemas en el futuro. Ella solo tenia  diecinueve años, aunque ya tuviera alguna experiencia,  como  cualquier chica moderna. Thomas había cerrado los ojos y había decidido dejar ese problema para  cuando se le presentara. Había empezado a pensar en lo que ella le  había dicho sobre la posibilidad de iniciar una nueva vida y había sonreído al darse cuenta de que empezaban a bullir mil ideas  en su mente. Pasaron los días y Tess no dejaba pasar un solo  día sin ir a ver a Thomas a su apartamento. Thomas había aceptado su  presencia y  al final  había bajado la guardia. En  aquella época habían llegado a estar muy unidos, a pesar de  los esfuerzos que tenia que hacer  Thomas para reprimir su deseo por Tess. Sin embargo, aquella atracción había empezado a minar lentamente sus esfuerzos por ser cariñoso con ella. Y un lunes por la mañana la había recibido especialmente irritado. —¿Tu otra vez?  ¿Qué diablos quieres?  —le pregunto con frialdad. Tess, que ya estaba acostumbrada a sus estallidos, le había sonreído y había contestado: —Solo quiero que te pongas bien. —Vete —le había contestado—. ¿No se  te hace tarde para ir a clase? —Ya no tengo que ir a clase. Además, estamos en verano. —Entonces consigue un trabajo. —Estoy haciendo un curso de secretariado por las  noches. —¿Y trabajas de día? —Algo así. —¿AIgo así?  —Thomas había escondido el rostro en la almohada. —Mi padre piensa que ya tengo trabajo suficiente  ayudándote  —contesto sonriente. Lo que no le había contestado había sido el desinterés de  su padre al decir eso. Nita solo había ido a ver  a su hijo una vez,  y había estado con el menos de cinco    minutos. Pero Tess le adoraba. Había adelgazado y había intentado cuidar  mas  su  aspecto para  que Thomas se fijara en ella. No lo había conseguido, pero esperaba  que con el tiempo... —¿Eres psiquiatra o fisioterapeuta? —le pregunto sarcástico. Herida, Tess había cogido su bolso y se había puesto de pie. —Mi padre va a casarse con tu madre y cuando eso suceda, tu serás mi  hermano mayor. Tengo que cuidarte. —No necesito que nadie me  cuide —le contesto Thomas.                         __Oh, yo creo que si —respondió contenta. Había mirado las cicatrices que asomaban por la manga de su sudadera. Las de la espalda eran peores, aunque Thomas no sabia que Tess las había visto—. Debe dolerte —había añadido con  suavidad—.  Siento mucho que te hayan herido, Thomas. —Tom —la había corregido—. Nadie me  llama  Thomas. —Esta bien. —Y no necesito que una niñita me  cuide. —¿Por que tu madre no viene a verte mas?  —había preguntado con curiosidad. —Porque odiaba a mi  padre —había contestado, desviando la mirada—. Y yo me parezco a el. —Ah —Tess se había acercado  entonces a el—. ¿Y no te gustaría formar parte de una familia?  —le había preguntado con  mas ansiedad de la que pretendía—. Yo solo  he tenido a mi  abuela, de verdad, y me  ha tenido con ella simplemente porque no ha podido evitarlo. Mi madre murió cuando yo era una niña, y mi  padre... —se había encogido de hombros—. Mi padre nunca ha sido hombre de familia, así que no tengo a nadie. Y... lo siento... pero parece que tu tampoco tienes a  nadie —había puesto los brazos en jarras— Podemos ser uno la familia del otro. —No quiero  tener una familia. ¡Y menos si tu tienes que ser mi  único pariente! —Yo podría acostumbrarme  a ti —había contestado Tess, sonriendo  para ocultar el dolor que le habían producido las palabras de Tom. Comprendía que no la quisiera. Al fin y al cabo, nadie la había querido nunca. Desde aquel día, Thomas había decidido ignorarla. Tess continuaba  yendo a verle a diario; le llevaba libros, cintas. Cocinaba para el y se sentaba a  su lado para conversar, para discutir, para animarlo a seguir adelante, y a  pesar de la hostilidad y falta  de animación Thomas, había empezado a enamorarse de el. Tess no era consciente de que su amor por  el era tan obvio. Era imposible que Thomas no notara sus sentimientos, le observaba con una mirada radiante. Tampoco era consciente de que Thomas, a pesar de su propia voluntad también estaba empezando a enamorarse de ella. Se había  acostumbrado a ella, disfrutaba con su presencia, la deseaba. Tess era muy diferente a las mujeres que había conocido; era adorable, cariñosa y había en ella una extraña especie de vulnerabilidad. Adoraba que lo mimara... y había empezado a anhelar su compañía. Y había llegado un momento en el que había  empezado a molestarle cuanto lo atraía. Temía un compromiso; le aterraba después  de su desastroso matrimonio. Aunque se había casado con Jane para molestar a su madre, se había sentido atraído por aquella mujer que había fingido amarle. Pero Jane  no había tardado en serle infiel con su compañero de trabajo. Thomss sabia que lo  había engañado por venganza y por eso lo había herido mas que el tiroteo. Y Tess también era una mujer, lo que quería decir que podía hacerle mucho daño. Aquellas dudas habían dado lugar a un insoportable malhumor. Alejaba a Tess de  su lado cada vez que tenia una oportunidad, pero  aquella chica era  tan obstinada que no queria creer que el en realidad  no quería que fuera a verle. Thomas se había recuperado antes de lo que habían pronosticado los médicos. Y con la buena salud había obrado una virilidad que  respondía con resultados  devastadores a la femineidad de Tess... Un buen día, Tess había llegado al apartamento a la hora del almuerzo, levaba un pastel y se lo enseño con una sonrisa ingenua. Thomas  vestía pantalones e iba descalzo, acababa de terminar de hacer su gimnasia diaria. Cojeaba un poco, pero podía caminar y estaba decidido a andar sin volver a cojear. Pero  Tess parecía robarle todas sus fuerzas. La deseaba con una irrefrenable pasión.  Hacia mucho tiempo que no estaba con una mujer y necesitaba una; y Tess lo  tentaba mas allá de sus fuerzas. Tess no había notado la mirada calculadora que  Thomss le había dirigido porque tampoco había advertido el deseo que se  reflejaba en sus ojos negros. —¿Qué  es eso? —le había preguntado, y se había acercado a ella. —Solo un pastel —había contestado Tess sin aliento; había desviado la mirada al darse cuenta del impacto devastador que la cercanía de  Thomss ejercía sobre ella.  Lo adoraba— . He pensado que te apetecería algo dulce. ¿Como te encuentras? Tienes mucho mejor aspecto. Thomas nunca había pensado en el amor, si no  habría previsto lo que había sucedido a continuación. Su único propósito en  ese momento era mitigar el deseo que le devoraba. —Esta bien, me  apetece algo  dulce —le había contestado  arrinconándola contra el mueble de la cocina e inclinándose sobre ella—.  Y a ti también debe apetecerte.  Por tu forma de mirarme, habría tenido que ser ciego para no darme cuenta  de  lo que sientes por mi. ¿Es esto lo que quieres, Tess?  —había preguntado presionando con descaro sus caderas contra las de ella para hacerla consciente de la fuerza de su deseo. Tess se había ruborizado, pero Thomas no se había dado cuenta, solo estaba  pendiente de los labios entreabiertos  de  la chica—.  ¡Dios sabe cuanto te deseo! Tess no había podido pensar en nada, la sorpresa que sentía era igual a su miedo. Antes de que pudiera protestar Thomas la había besado, había metido la lengua en la boca de Tess con una lujuria tan evidente que hasta una  joven sin experiencia como ella habría adivinado sus intenciones. A Tess solo  la habían besado una o  dos veces,  chicos conscientes de  su inocencia,  pero Thomas la estaba sometiendo a un abrazo al que solo podía responde una mujer experimentada, y eso la había asustado. Tess se había erguido y había empujado con fuerza a Thomas, que, incapaz de pensar con cordura, había posado la mano en un seno de  la joven y se había abierto paso con una pierna entre las de ella en un movimiento tan explicito que Tess le había mirado aterrada. —¡Thomas... no! —había gritado. —Si—había jadeado el—. ¡Oh, Dios, si...! Me  deseas, no nena?  —había preguntado y después la había besado en la boca con ardor—. ¿No es así?  Y aquí mismo. Tess estaba tan asustada que no había sido capaz  de contestar. —Aquí. Aquí mismo, de pie —habia dicho Thomas  temblando. La acariciaba como  si solamente le importara satisfacer su  deseo. Y entonces, respirando con dificultad, Thomss  la había hecho tumbarse en el suelo. Sus ojos negros relampagueaban; se estremecía de  deseo mientras la besaba.  En su pasión no habia ningun lugar para la ternura—.   No, todavía no estoy del todo bien —había murmurado—. Vamos a la cama. Tess había comprendido entonces que aquella  era su única oportunidad de alejarse, asi que se había zafado como había podido de aquel abrazo. Su miedo tan evidente que al final, y a pesar de su excitación, no se la había aturdido.  Tess se había alejado de el sollozando. __¡Aléjate... de mi! —había gritado cuando Thomas había intentado acercarse  otra vez a ella con los ojos cargados de  deseo—. ¡Déjame en paz! Al fin Thomas había comprendido que Tess le tenia miedo. Había estado tan inmerso en su propio deseo que no había sido consciente del miedo de la joven hasta que lo había visto reflejado  en  sus ojos.  Por primera vez se había dado cuenta de que había perdido el control. Había intentado tranquilizarse y le había dirigido una mirada hostil. __Esto es lo que me  has estado pidiendo  —le había dicho bruscamente mientras intentaba recobrar la calma. —¡No! —había gritado ella. —Me deseas —había insistido el—. Por  que si no, has estado viniendo a verme durante todo este tiempo.
—Porque te amo —había contestado Tess con un sollozo. —¡Amarme! —le había dirigido una mirada ardiente—. Bueno, si me  amas ven aquí. Demuéstramelo, pequeña —había añadido con  una sonrisa burlona para disimular su frustración. A Tess se le había paralizado el  corazón. Le había mirado angustiada. —No puedo —había musitado—. ¡Me has hecho mucho daño! Aquel rechazo le había enfurecido. Era como  Jane, que detestaba su forma  de hacer el amor, que lo atormentaba con su sarcasmo. —¿No?  —le había preguntado con frialdad—. Entonces si no quieres acostarte conmigo, vete. Lo único que quiero tener contigo es sexo. Dios —había gruñido al verla retroceder—, por que no quieres  acostarte conmigo?  ¡Seguro que ha habido otros...! Tess había abierto los ojos de par en par y  se habia ruborizado con  violencia, temblaba. Entonces, demasiado tarde, Thomas había  comprendido que no había habido ningún otro hombre, que esa era la razón que Tess hubiera sido tan confiada e ingenua con el —Tess —le había preguntado  horrorizado—¿eres virgen? Tess había estado a punto de desmayarse al  ver la expresión de Thomas. Después de aquello  no volvería al  mirarle a la  cara. Había cogido su bolso y  había salido corriendo del apartamento, Thomss no había hecho nada  por detenerla. Tampoco la había llamado después para disculparse... Se había dicho  a si mismo que era la única solución posible, dejar que pensara que había hecho todo a propósito. Tess le hacia sentir culpable. Y  el no tenia nada que ofrecerle. Había vuelto a  su habitación sintiéndose extrañamente vacía. No volvería a confiar en ninguna mujer mientras viviera. Solo esperaba no haberle hecho a Tess ningún daño irreparable. Hasta había intentando considerarlo como  un fin afortunado. Al final, su fingida indiferencia y hostil dado habían  acabado  con la espontaneidad de Tess y habían convertido en una joven tímida y callada. Después de la muerte del padre de Tess, Thomas  le había ofrecido trabajo como  secretaria. Ella no tenia a nadie, así que se había visto obligada a aceptar su ayuda.  Aquel arreglo había funcionado bien, aunque solo cuando la  hacia enfadar podía reconocer Thomas ella a la antigua Tess. Quizá por eso continuaba provocándola... Enfadado, puso en marcha el coche y condujo hasta la agenda; todo el mundo esperaba noticia de  Tess.  No  debía haberse sorprendido,  se dijo. Tess era adorable con todos los que la rodeaban.                                  i —¿Se  pondrá bien?  —pregunto Helen preocupada —Esta bien —les aseguro Thomad—. Todavía  esta atontada por la anestesia, pero no tendrá mayores consecuencias. Se va a recuperar. __Cuando le dan de alta?  —insistió Helen—. Puede quedarse conmigo. Necesita que alguien la cuide. __Vendrá conmigo  —contesto Thomas, sorprendiéndolos a todos, incluyéndose el mismo—. La llevare al rancho Jose y Bery  pueden cuidarla. Tenemos quien la supla durante las próximas dos semanas?  —pregunto a Helen. ---Si,  ya no tardara en  llegar. Es una buena  mecanógrafa, y en la agenda  aseguran que también es bastante discreta. __Perfecto —contesto Thomas mirando sin querer el escritorio  donde se sentaba Tess. Le dolió verlo vacío. —¿Quieres mirar en su agenda que hay  pendiente?__pregunto  molesto a Helen—, Ni siquiera se lo que tengo para hoy. —Tienes un  almuerzo con Harvey Barret  —le recordó—. Para lo  del caso de  la extorsión. Por la tarde tienes que ver al matrimonio Allison, que quiere que localices a su hija, y por ultimo, hablar con el hombre que quiere que vigiles a su esposa. —¿Y esta mañana? —Nada urgente —contesto Helen. —Bueno. Voy al apartamento a cambiarme  y después estaré en el hospital hasta la hora del almuerzo. —Creía que habías dicho que esta  bien —repuso Helen preocupada. Thomas contesto en la puerta: —Si surge algo importante, puedes localizarme  en el hospital —y le dio el numero de la habitación de Tess. —Esta bien, jefe. Dile que la echamos de menos. Thomas asintió. El tampoco podía dejar de pensar en Tess.

HOLA BUENO ESTS ES LA NUEVA NOVELA .. SIHGANLA Y COMENTEN 3 O MAS Y AGREGO :))

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