domingo, 18 de septiembre de 2016

Seis
Tess no había estado mas asustada en su vida. El hombre que estaba a su espalda la tenia inmovilizada del brazo. La  arrastro  lentamente hacia la  puerta de la calle, donde otro hombre los estaba esperando en un coche en marcha. Aquello no podía estarle pasando... no podía dejar  que le pasara. Sentía una navaja en las costillas y pensó que estaba al borde de la muerte. Si aquel hombre conseguía llevarla hasta el coche ya no tendría escapatoria. Moriría. El coche en el que los estaba esperando el otro hombre era un lujoso sedan color gris metalizado; tanto el hombre que estaba en su  interior como  el que la agarraba a ella vestían elegantes trajes. A pesar de su  miedo, Tess pensó que se habían hecho millonarios sin escrúpulos. Lo malo era  que eso significaba que no les importaría deshacerse de  ella. Había una oportunidad, casi insignificante,  de que pudiera escapar antes de que ese hombre la subiera al coche. En cuanto este abriera la puerta del edificio, tenia que guardar la navaja, y si ella era rápida  y mantenía la calma, podría escapar. Intento tranquilizarse; no  podía permitir que la  invadiera el pánico. Tenia que recordar lo que había aprendido de sus compañeros  detectives, los pequeños movimientos que podían salvarle la vida. Aquellas lecciones podían servirle. Rezo en silencio para que su agresor la soltara. Repasaba mentalmente una y otra vez el movimiento que iba a hacer esperando que llegara el momento oportuno. Todo marchaba bien. Lo sintió  aflojar la presión de sus manos y reír. Disfrutaba con el miedo de Tess. La puerta ya estaba cerca y hacia ella se  dirigió el hombre levantando la mano con la que estaba agarrando  la navaja para poder abrirla. Y en cuanto empezó a  soltarla Tess hundió con fuerza el codo en el diafragma del hombre. Este bajo el mentón y Tess le dio  un puñetazo en la  nariz. Reaccionando con rapidez Tess se aparto y salió corriendo a la calle en dirección a la gran avenida. ¡Gracias a Dios era mediodía y había gente  por todas partes! Aquellos hombres no se arriesgarían a perseguirla entre la multitud. Tess corrió con todas sus fuerzas sin mirar hacia atrás. Se metió entre un grupo de gente que estaba  esperando que cambiara el semáforo para cruzar  la calle. Por el  rabillo del ojo  vio  que un coche se dirigía hacia ella. ¡No, pensó aterrada, ellos no...! —¡Tess! La chica se volvió. Era  Thomas en su Mercedes. —¡Thomas! —cruzo corriendo la  calle, se metió en el coche y lo abrazo con fuerza. Thomas la estrecho en sus brazos. Había estado a punto de volverse loco. Iba corriendo a la agencia con la esperanza de llegar antes  de que los detectives salieran a almorzar y había visto a Tess corriendo mientras un coche  se alejaba a toda velocidad. Había tenido que elegir entre proteger a Tess o seguir al  coche... pero no lo había pensado dos veces. Beso a Tess en la boca antes de soltarla. —Por poco me  atrapan —murmuro Tess sin  aliento—. Un hombre me  ha agarrado por la espalda cuando salía de la oficina. Me  ha puesto una navaja en las costillas... —Dios —gimió Thomas y la abrazo. ----Helen me  había enseñado a defenderme de alguien que    me  atacara por la espalda — continuó Tess, alzando la cabeza en el pecho  de Thomas—. He recordado como  se hacía y le he cogido desprevenido y he salido   corriendo —sonrió—. Ha  sido muy emocionante--- añadió con la mirada brillante buscando los ojos de Thomas—. Ahora entiendo por que... ¿Thomas? Thomas acababa de aparcar el coche,  agarraba  con fuerza el volante y tenia la mirada perdida. .__Ya ha pasado todo —dijo Tess con suavidad  y apoyo su cabeza en  la de Thomas. Beso con ternura su  boca, su nariz, sus ojos cerrados. No ha sido culpa tuya ---musito— se te ha olvidado que me  habías dicho  que no podía salir a comer con Helen. —No se me  ha olvidado —contesto—. He salido  con tiempo suficiente para llegar a  la oficina antes de que salierais a comer, pero  en el camino se me ha pinchado una rueda. —Thomas —murmuro. —Déjame abrazarte, Tess —contesto con voz  des-garrada—. No hables. Solo déjame abrazarte. Tess obedeció. Thomas se sentía culpable, aunque Tess no entendía por que. Ella no lo culpaba. Lo beso en el cuello y estuvo a punto de decirle que para ser un hombre que no la amaba, parecía estar bastante asustado, pero lo pensó mejor y se quedo callada. Thomas suspiro y Tess levanto la mirada. Thomas la miro preocupado y le pregunto: —¿Te ha hecho daño? —No —le aseguro con mirada brillante—. Pero yo si le he  hecho daño. Creo que le he roto la nariz. —Bueno —silbo—, tendré que hablar con Helen.
—Tu nunca has querido enseñarme a defenderme  —contesto a la defensiva. —Me alegro de que lo haya hecho ella. Voy a  premiarlos a ella y a Harold con todas las pizzas de  anchoas que puedan comerse. —Que bien. ¿Puedes comprarme una a mi? Y Me estoy muriendo de hambre. —Pobrecita, no has almorzado —la acomodo en  su asiento y le abrocho el cinturón de seguridad—.Ya  vamos a comprarte una  pizza. Tess lo miro con adoración y Thomas tuvo que hacer un gran  esfuerzo para no abrazarla otra vez. No   le  gustaba mirarla cuando no  podía ocultar lo que sentía por ella, pues Tess podía pensar que estaba enamorado, y eso era ridículo, desde  luego... La beso en la boca con suavidad. —De ahora en adelante, cuando yo salga de la  oficina, me  asegurare de que alguien se quede cuidándote. Lo siento, Tess, lo siento muchísimo. —Ya te he dicho que no ha sido culpa tuya  —le sonrió antes de añadir—: Bésame  otra vez. —Hay demasiada gente —contesto Thomas señalando a las personas que iban por la calle. —Podemos comer en el apartamento, ¿no? —No, no podemos —contesto con cariño al ver la expresión de Tess—. En primer lugar, necesitas recuperarte de lo que  te hice anoche, y en segundo lugar —añadió adoptando una expresión mas dura— de ahora en adelante vas a dormir en tu cama, no en la mía. No dejare que vuelva a suceder lo de anoche. —¿Por que no?  —pregunto Tess con suavidad. Thomas le acaricio la barbilla y contesto preocupado: —Porque no quiero compromisos.  Nunca olvidare que he sido el primer hombre con el que has hecho el amor. Pero tu necesitas mucho mas, y yo no creo  en el amor. Todas mis ilusiones están rotas. —Puedes cambiar de opinión. Puedo acostumbrarme a ti. —Ya te has acostumbrado a mi, pero no puedo casarme  contigo. Escúchame, Tess. Crees que me  amas, pero no tienes ninguna experiencia con los hombres. Algún día el sexo no será suficiente para ti. Querrás tener hijos. __Te amo, Thomas —contesto Tess. Thomas la miro con ternura, pero reprimió el deseo    que despertaban en el aquellas palabras. —No sabes lo que es el amor —contesto  tranquilo.—. Crees que  amor significa dos personas en una cama. .__Anoche éramos mucho mas que dos personas  en una cama. Hicimos el amor, Thomas. Lo hicimos de una forma tan hermosa que estoy segura de que no te gustaría que otro hombre me  acariciara como lo hiciste tu. Thomas cerro los ojos. Tess tenia razón, pero no podía decírselo. Debía guardarse sus sentimientos. —Fue solo sexo —contesto con frialdad obligándose a mirarla—. Y tienes suerte de que yo sea estéril podías haberte encontrado con graves problemas. —A mi  no me  parecerían tan graves —contesto  sonriendo. —No tiene sentido seguir discutiendo —contesto Thomas y puso el motor en marcha—. Tenemos que informar de lo que te acaba de pasar, en la comisaría mas cercana. Asalto a mano armada. ¡Voy a meter a ese desgraciado en la cárcel hoy mismo y de ahí no saldrá esta vez, aunque tenga que pedirle  a mis colegas que rodeen el juzgado! — concluyo enfadado. Tess se echo a reír al  verle tan indignado. ----¿Como puedes reírte? Dios, acaso no te das cuenta de que le  ha faltado muy poco para matarte? —Si, lo se. Y recuerdo que he pensado que  no te volvería a ver —añadió mirándolo con adoración.
Thomas miro a otra parte. Últimamente  había tenido demasiados sustos, y todos relacionados con el hecho de perderla. Arranco  el coche, encendió un cigarrillo y no volvió a pronunciar palabra hasta  que llegaron a  la comisaría. Helen estaba exultante desde  que se había enterado de que  Tess se había salvado gracias a sus lecciones. Thomas había estado de un humor de perros durante el resto del día, aunque le había dado a Helen una recompensa  por lo que le había enseñado a Tess.  No podía quitarse de la cabeza a los hombres que la  perseguían. Nunca había sentido tantas ganas de matar a alguien. Como estaban los detectives en la oficina,  Thomas aprovecho para ir a la comisaría para hablar con el sargento que se  estaba haciendo cargo del caso. —Todavía nada —le dijo el sargento—. Tenemos soplones por todas partes, pero ese par de ratas no se en que agujero se han escondido. Probablemente saben que después de lo que acaban de hacer vamos a detenerlos. ¿Sabes que tu  secretaria ha  tenido mucha suerte? Tomboy, el que la ha intentado meter  al coche acaba de librarse de la cárcel por falta de pruebas en un asesinato. Estoy  seguro de que la hubiera matado si hubiera conseguido subirla al coche. —No lo dudo —contesto Thomas muy serio. No  quería seguir pensando en eso—, le ofrezco a mis detectives para que ayuden a localizar a esos tipos. No quiero que Tess siga corriendo peligro. —Agradecemos la ayuda —contesto el sargento Graves—. Con tu experiencia, sabrás que nuestra gente no es suficiente. La  gente parece no darse cuenta del tiempo que lleva seguir a un sospechoso. Y esos dos tipos son proveedores de los grandes. Uno de ellos tiene contactos con el bajo mundo. —¿Tienes alguna dirección? El sargento sonrió, escribió algo en  un papel y se lo entrego a Thomas. __No sabes de donde ha salido  esta dirección, ¿de  acuerdo? Thomas asintió y se puso de pie para despedirse. __Buena suerte. __Ambos la necesitamos. Cuando volvió a la oficina Thomas le entrego  la dirección a Adams, además de algunas instrucciones. A la hora de cerrar la agenda se  aseguro de no perder de vista a Tess hasta que llegaron al apartamento. Thomas dejo  su  chaqueta en un sillón  con un  gesto que a Tess  empezaba a resultarle familiar. Adoraba estar a su lado, vivir con  el y era dolorosamente consciente de que cuando atraparan a los hombres que querían silenciarla, tendría que volver a la soledad de su apartamento. Palideció  al pensarlo.  Thomas se volvió y le pregunto al ver su expresión. —¿ Qué pasa? —Estaba pensando que cuando atrapen a  esos hombres, tendré que volver a mi apartamento. Thomas frunció el ceño. El  tampoco quería pensar en eso. Los  últimos días  al lado  de Tess habían sido maravillosos,  y no solo porque habían  hecho el amor, sino porque disfrutaba viviendo con ella. —Supongo que tu te alegraras —continuó Tess  intentando parecer despreocupada—. Ya no te encontraras mi  ropa en el cuarto  de baño, ni mis zapatos debajo del sillón... —Eso no es verdad —contesto Thomas—. Voy a  echarte de menos. Y creo que tu también vas a echarme  de menos. Pero nos acostumbramos a eso hace mucho tiempo. —¿Te refieres a cuando te hirieron? —Si —asintió Thomas—, entonces convivimos muy de cerca hasta que yo conseguí alejarte de mi  lado.
—Pero ya no te tengo miedo —le sonrió con tenura. Thomas la abrazo. —Esto tiene que terminar —le dijo con amargura—. Ya te lo advertí, no quiero compromisos. Tess le rodeo el cuello  con los brazos y apoyo  la    mejilla  en  su pecho.  Estaba dispuesta a disfrutar al máximo  de aquellos mementos. Al menos, los recuerdos serian dulces. —¿Puedo dormir contigo esta noche? —Me encantaría —contesto Thomas—. Pero no. Eso solo empeoraría las cosas. No debemos estar mas cerca de lo que hemos estado. Ya será demasiado doloroso estando como  están las cosas —Tess abrió la boca para protestar, pero  Thomas la silencio poniendo un dedo sobre sus labios—. crees  que me  amas —continuó él—, pero todo cambiara cuando vuelvas a tu apartamento y retomes tu vida. Entonces te parecerá que todo ha sido una pesadilla. —Lo de anoche no fue una pesadilla. —Lo se —la beso en la frente con infinita  ternura—. Pero fue solo una noche. Con el tiempo lo olvidaras. —¿Lo  olvidaras tu? —pregunto Tess. Thomas se volvió como  si no la hubiera oído y pregunto: —,¿Quien cocina hoy?  Me apetece una  hamburguesa. Varias hamburguesas —se corrigió—. El trozo de  pizza que hemos comido no ha sido suficiente. —Yo preparare las hamburguesas —se ofreció Tess. —Siempre cocinas tu; eso no es justo. —Lo es si se tiene en cuenta  lo mal que cocinas tu —contesto Tess dirigiéndose hacia la cocina. —Feminista. —Es solo cuestión de puntos de vista.  Preparó unas hamburguesas especiales que Thomas miro con recelo cuando se sentó a la mesa. __Pruébalas  antes de hacer comentarios en contra, le aconsejo Tess. Thomas entrecerró los ojos y probo una. __Son diferentes —dijo. __Kit me  ha  enseñado a prepararlas. Lo aprendió de su jefe. .—Hace mucho que no vienen por la agenda.  Logan Deverell es uno de nuestros mejores clientes. Tansy, su madre, me mantiene en nomina. —Esa mujer esta loca, ¿verdad? —dijo Tess—.  Siempre metida en problemas. Logan siempre esta preocupado por ella. —Si la amarrara a un poste,  dejaría de preocuparse. —Si, pero entonces ya no recurriría a nosotros. —¡Sería la ruina! —Echo de menos a Kit —suspiro Tess y lo miro—. Se desmayaría si se enterara de que estamos viviendo juntos. —No vivimos juntos —señalo Thomas. —Claro que si, aunque sea temporalmente —replicó Tess. Thomas termino sus hamburguesas y ella le pregunto—. Supongo que no podremos ir al rancho este fin de semana. —No podemos arriesgarnos —contesto. —¿Por culpa de los narcotraficantes? —No, Tess —replico el con calma—. Porque  hemos sido amantes y Beryl no esta ciega, Nuestra forma de mirarnos nos delataría.  Es una mujer muy anticuada —hizo una mueca al ver que Tess se ruborizaba—. Y tu  también. Y yo —su mirada se oscureció—.Y a pesar de eso, me  gusta haber sido el primer hombre con el que has hecho el amor. Atesorare ese recuerdo durante toda mi  vida. —Yo también —contesto con suavidad mirándolo a los ojos—. Decías que no podías ser tierno,    anoche fuiste increíblemente  cariñoso. Me deseabas tanto... —Quería mimarte —contesto emocionado—. Quería  que tuvieras  un recuerdo dulce, algo que borrara el miedo que te infundí la primera vez que te bese — se  encogió de hombros—. Además quería averiguar si podía prodigar ternura. —Creo que no ha quedado ninguna duda  al respecto —contesto Tess. Thomas la miro con carino. —Eres como  me  imaginaba —le contesto  el—. Dulce y cariñosa, abandonada a mis brazos. Tess se ruborizo. —No me  arrepiento de nada. Nunca me  arrepentiré. Thomas desvió la mirada. Podía haberle  dicho lo mismo, pero estaba empezando a excitarse. —Tengo trabajo. ¿No te importa que te deje sola? —Voy a ver un programa especial sobre lagartos —contesto Tess. —¿Lagartos?  —pregunto extrañado. —No se por que, pero siempre me  han fascinado. Sobre todo los dragones de komodo. ¿Los conoces?  Son grandes y  tienen áspides dentadas... —Y un órgano de Jacobsen muy desarrollado —añadió él sorprendiéndola—. Si, también me  interesan los lagartos y, en general todo lo relacionado con los animales. —Supongo que porque también crías ganado. —Me gustaría llevarte al rancho otra vez  —confeso Thomas buscando su mirada—. Pero Beryl te haría sentirte incomoda. —¿Tu crees que se puede ser feliz?.---- pregunto Tess de pronto. —Quizá si. Pero yo no puedo olvidar el fracaso de mi  matrimonio, Tess. Sin embargo, al principio Jane y yo fuimos felices, aunque en determinado momento dejamos de preocuparnos el uno por el otro. En el amor  no hay garantía de nada; creo que pensaría de otro  modo si pudiera darte un hijo. Pero no  puedo y no creo que podamos hacer que esta relación  funcione.  Tengo miedo  de aceptar el reto, ¿me comprendes? __Crees que soy demasiado joven —suspiro  Tess mirándolo con  timidez—. No se si sentirme  halagada  0  insultada. Te quería cuando tenia diecinueve años, Y te quiero ahora —sonrió con tristeza—. ¿Como puedo dejar de quererte, Thomas? Thomas apretó los dientes; no sabia que contestar así que se termino el café y se levanto. —Deja los platos, yo los lavare después. —No importa... —Estas en mi  casa —le recordó con frialdad—. Estoy acostumbrado a lavar platos y a cocinar. Hace años que vivo solo —y  acto seguido se dirigió a su estudio.
—Es realmente como  si tuvieras una sombra  —le dijo Helen dos días después en la oficina—. Thomas nunca te quita los ojos de encima, y si sale, me  deja a mi, a Nick o a Adams vigilándote. Pobre de ti, supongo que tendrás ganas de que esto termine. Vivir con Thomas debe ser como  vivir en el infierno. Menos mal que  no sueles hacer vida social, si no ya te habrías vuelto loca. —Supongo que si. —Thomas podía haber sido tu hermanastro, ¿verdad?  —pregunto Helen—. Todos sabemos que tu padre y su madre iban a casarse, así que  eso hará que resulte  mas fácil estar en  su casa. Es como si fuerais familia. Tess contesto que si, aunque era mentira. Thomas  no era familiar suyo; Thomas era la luz de su vida, aunque no estuviera dispuesto a  darle lo que Tess deseaba: matrimonio y compañía. Thomas temía que ella fuera como  Jane, que terminara haciéndole la vida imposible porque no podía darle un hijo.                                Pero ella, Tess, no seria así. Entendía que a Thomas le molestara no poder ser padre, pero eso no era el fin del mundo. Ella lo quería muchísimo y después de convivir con él no podía imaginarse lo que seria volver a vivir sola. Aunque Thomas no parecía tener el mismo problema. Si le preocupaba su relación, no lo demostraba. Por las noches se mostraba amable, pero nunca deseoso de buscar su cercanía. Pasaba casi todo el tiempo en su estudio y cuando no  estaba allí, estaba en su habitación.. La distancia que los separaba iba agrandándose poco a poco. Thomas estaba decidido a sacarla de su mente, y aunque Tess quería seguir unida a él, no podía conseguirlo sin su ayuda. —Tess, ven aquí un momento, por favor —le dijo Thomas  a la mañana siguiente señalándole su despacho. Allí se encontraba también Nick. Era el hermano de Helen y ex-agente del FBI. Thomas le había convencido para que trabajara en su agencia; si Tess  no estuviera enamorada de Thomas, probablemente lo estaría de Nick. —Vamos a obligarlos a actuar —le dijo Thomas a Tess sin mas preámbulos—. Nick ha estado con un hombre que tiene una pista e  información que podemos utilizar, y le ha dado algunas pistas sobre sus movimientos. Te vamos a utilizar de señuelo, cariño, y esos tipos vendrán a buscarte. —Gracias —suspiro Tess—. Siempre he sabido que me  querías, Thomas. De verdad. Nick se echo a reír, pero Thomas permaneció muy serio y añadió —Estarás a salvo porque nosotros te estaremos vigilando. Es  lo único que se me ha ocurrido para no darles ventaja. No  podemos quedarnos sentados esperando  que vuelvan a actuar. Eso es muy peligroso.  __¿Que quieres que haga?  —pregunto Tess con calma.---Primero te dispararon, después quisieron secuestrarte para liquidarte y conseguiste escapar —murmuró Nick—. Es una pena  que Thomas no quiera contratarte como detective, Tess. Eres una detective nata. —Díselo, díselo a Thomas —contesto señalando  a la oficina—. Piensa  que no sirvo para esto. —No hace falta ser detective para recibir un disparo —le informo Thomas. —No, pero si para escapar  de un asesino en potencia  —contesto Nick—. Algunos de nuestros mejores detectives no habrían... —Mira, cambiemos de tema  —le interrumpió Thomas con suavidad—. Tess, esto es lo que quiero que hagas... Y procedió a ponerla al corriente. Le  contó donde y como  iban a tender la trampa. Tess estaba tan nerviosa como  asustada, pero se  recordó que ya se había enfrentado a los dos tipos que habían querido liquidarla. Estaba  segura de que podía mantener lacalma  en situaciones peligrosas. Al menos estaría fuera de peligro cuando todo terminara. Y  también estaría fuera de la vida de Thomas, a juzgar por la prisa que tenia por resolver el caso. Aquel fin de semana, Thomas se mostró desacostumbradamente inquieto. —Ven, salgamos de aquí —le  dijo mirándola—. Ponte algo. —Ya llevo puesto algo —contesto señalando sus pantalones vaqueros y su sudadera. —Bueno, ponte un abrigo y botas. Tengo ganas de montar a caballo. —¿En donde? —En el rancho —murmuro y la vio sonrojarse— Es el día libre de Beryl —le informo—. Además así, podremos  mantener  las apariencias en publico. De hecho, Helen se cree que estoy convirtiendo tu vida en un infierno. —¿Y  no es cierto?  —pregunto Tess.  Thomas se volvió y contesto: —Anda, vamonos. No podemos quedarnos  aquí sentados todo el día. Y si no la tocaba, menos, pensó ella con amargura. Pero no podía  negarse a pasar un día entero  en compañía de Thomas. En el futuro cada momento pasado a su lado seria un recuerdo muy preciado. Cogió un anorak, se puso unas botas y le siguió. Era un día frío y se alegro de haberse puesto el anorak cuando llegaron al rancho de Thomas. Sus esfuerzos por no caerse del caballo hicieron  reír a Thomas, aunque el caballo  en el que la había montado era tranquilo y a  los pocos minutos Tess consiguió dominarlo. Llevaban un rato cabalgando cuando vio que  Thomas se movía molesto en la silla y le pregunto preocupada: —¿Te duele la espalda? —Desde hace algunas noches —la miro sonriendo con amargura y ella le miro tan preocupada que se echo a reír—. Oh, Dios. —¿Te molesta?  —pregunto. —La espalda esta bien —le aseguro—. Un poco rígida, pero  se pone así cuando trabajo mucho. Te aseguro —agrego en tono mas suave—, que me  duele mas la espalda por lo que hicimos juntos que por el trabajo de rutina. —Ya veo —contesto Tess después de aclararse la garganta y desvió la mirada. —Cobarde. Tu eres la que ha sacado el  tema  —le cogió la mano y la beso—. Gracias por el regalo que me  entregaste aquella noche. Tess se  ruborizo;  no fue capaz de pronunciar palabra Thomas detuvo los caballos y cuando Tess se atrevió mirarlo continuó __Me sentí como  un verdadero hombre —le  dijo lentamente—.  Aunque no pudiera darte un hijo. _Thomas —contesto—,un hijo no es la única  razón por la  que dos personas se casan. " ___Quizá no —contesto—. Pero el hecho  de no poder tenerlo puede destruir un matrimonio —su  expresión se endureció—. Destruyo el mío —¡Yo no soy Jane! —exclamo  Tess. —De eso no hay duda. Ella no me  soportaba en  la cama, y tu... Dios, tu... ---beso la palma de la mano de Tess y cerro los ojos—.  Nunca había sentido nada igual —concluyo bruscamente. A Tess le sorprendió la emoción que se reflejaba en la voz de Thomas. —Creía que para un hombre no había tanta diferencia entre una mujer u otra. —Estuve a punto de perder el conocimiento  en tus brazos —la miro y dijo con voz enronquecida—. Cuando pienso en aquella noche me  excito. También ella; Tess miro a Thomas esperando que se  rindiera a lo que sentía, pero el ruido de unos caballos que se acercaban le hizo volver la cabeza. Thomas le soltó la mano. —¿ Quienes son ?  —pregunto Tess al  ver acercarse a dos jinetes. —Cole Everett y King Brannt  —encendió un cigarrillo y sonrió cuando  los jinetes se detuvieron a su lado. Thomad sabia que lo habian visto con Tess y que se habían  acercado para verlo mejor. Tanto Cole como  King sabían  que era bastante raro que  Thomas llevara una mujer a su rancho. —Bonito día —comento Cole y recorrió a Tess  con la mirada con evidente admiración, —Si, bonito día —dijo King. —Esta es Teresa Meriwether —les inforrnó Thomas con exagerada paciencia—. Tess para los  amigos, su  padre iba a casarse con mi  madre antes del  accidente.  así que ella es... de la familia. Y también mi  secretaria en la agencia.                                                       Cole Everett se echo hacia atrás el sombrero y miró  con curiosidad a Thomas. —Bien —dijo Cole y se volvió hacia Tess—-.  me  alegro de conocerte —le sonrió con cariño. —Yo tambien —coincidió King Brannt. Tess les sonrió tímidamente. —,Como  esta Heather?  —le  pregunto Thomas a Cole—.¿Sigue  dando clases de canto? —Y escribiendo canciones —replico Cole—. Ha vendido hace poco un tema  a un grupo llamado Desperado, de Wyoming, y el cantante del grupo ha ganado otro Grammy gracias a la canción. Heather  esta encantada, y también nuestros hijos —rió—. Están en una edad en la que la música parece ser lo único importante. —A mis hijos también les encanta —comento King—. Dana tiene un teclado y Matt una batería. Shelby prefiere salir al jardín cuando  ensayan.  El año que viene irán a la universidad. Los hijos de Cole veces vienen  a ensayar con los míos y creo que un día me  voy a volver loco con tanto ruido. —Los mando a tu casa para que en la nuestra haya un poco de paz —explico Cole—. Shelby le ha dicho a Heather que le gustaría  tener otro hijo. ¿No crees que ya estas un poco viejo? —Mira quien habla, abuelo —contesto King  y miro con curiosidad a Thomas—. ¿Estas pensando en volver a casarte. Thomas ni siquiera pestañó.. —No. ¿Querías algo mas, aparte de  ver de cerca a mi  invitada? —Quería comentarte que deberíamos comprar  otro toro —le recordó Cole—.- King va a vender uno, pero necesita comprar otro. Como  tu y yo estamos preparados para vender, King ha pensado que podíamos hacer un trato en  cuanto tengas tiempo, discutirlo... Hoy no, por supuesto —añadió al ver  como lo miraba King. Thomas soltó una carcajada. __Esta bien —dijo—. Hablare contigo la próxima semana. Para entonces esperaba haber atrapado a los narcotraficantes  que amenazaban a Tess,  y ella se habría ido  ya a su apartamento. —Esta bien —contesto King—. Y en  cuanto a lo de  cambiar  tu toro por el  mío, ni lo sueñes —añadió  sonriendo burlón a Cole. —Ves demasiadas películas de John Wayne  —señalo Cole—. Hasta hablas como  el. —En cualquier caso —dijo King arqueando una ceja—. No vas a conseguir venderme un toro cansado. —¿Crees que seria capaz de hacerle algo así a un amigo?  —pregunto Cole haciéndose el ofendido. —Claro —contesto King y miro a Thomas—, y también que Thomas te ayudaría. —¡Menudos amigos! —contesto Tess riendo de buena gana. —Oh, por supuesto que lo somos —concedió  King—. Pero ya sabes que los amigos pueden ser mucho mas peligrosos que los enemigos. —Lo tendré en cuenta —murmuro Thomas. —¿Vas a quedarte mucho tiempo en el rancho? —pregunto Cole—. Estoy seguro de que a Heather le encantara verte. Supongo que  tu trabajo debe ser muy interesante — miro a Tess—. Thomas nunca habla de eso —señalo a Thomas con el dedo. —Es la única forma de mantener a la clientela —contesto Thomas—. Nos vamos dentro de un rato, pero a lo mejor  traigo a Tess otro día. —Esta bien. Bueno, entonces nos vemos el próximo fin  de  semana.                                                        —Me alegro de haberte conocido —dijo King a Tess antes  de alejarse de allí. Cole Everett les sonrió  siguió a King.                                                        ' —¿Tus amigos hace mucho que se casaron? —Años —replico Thomas—. Sus hijos ya son  adolescentes —continuo con una dura expresión—. Será mejor que volvamos. Tess apoyo la mano en el brazo de Thomas y dijo con suavidad: —No permitas que esto te afecte,  Thomas, los hijos no lo son todo. —Lo son si no puedes tenerlos —contesto el y  la  miro fijamente—. Dime  que no quieres tener hijos, Tess  —la reto con frialdad. La mirada de Tess se nublo por  la angustia y el dolor, pero  el no lo interpreto así, maldijo por lo bajo y se adelanto. Tess lo siguió. En ese momento ella supo que Thomas no iba a ceder; nunca se volvería a casar  porque no podía soportar la idea de no poder tener hijos. Tess nunca podría convencerle de que podía ser feliz  sin hijos. Su relación no tenia ningún futuro. Thomas lo había dejado muy claro sin necesidad de  pronunciar una sola palabra. Tess llego al establo sumida en una profunda tristeza. Thomas la vio  hacer una mueca y la ayudo a desmontar, pero como  siempre, tocarla  lo excito. La retuvo a su lado mientras ella murmuraba con suavidad. —Me gustan tus amigos. —A mi  también —Thomas intento normalizar el  ritmo de su respiración—. Tenemos que volver. —Me ha gustado mucho el paseo —musito Tess. —¿Estas cansada? —Si —contesto—. No estoy acostumbrada a  montar a caballo, pero me  gustaría aprender. —A mi  ahora me  gustaría hacer otra cosa  —contestó Thomas buscando su mirada—. No sabes cuanto te deseo pero no puedo tenerte. —Dane... __No —se aparto—. Dentro de uno o dos días    habremos resuelto tu problema.  Después seguiremos  cada uno nuestra propia vida —y sin  mas se volvió meter los caballos en el establo. A Tess le sorprendía la facilidad con la que daba la espalda  a lo que había ocurrido entre ellos, a su futuro. Durante el viaje de vuelta a Houston Tess se sintió mas sola que nunca. Afortunadamente, consiguió relegar lo que  había ocurrido entre ellos a un rincón de su mente gracias al asunto  de los  narcotraficantes. Habían preparado  una trampa para la noche del día siguiente. Si algo salía mal, podían matarla, pensó nerviosa. Miro a Thomas y se pregunto si le dolería perderla, recapacito y se dijo que  estaba siendo  injusta con él. Claro que le dolería perderla. —¿Que pasa?  —le pregunto Thomas al verla preocupada. —Estaba pensando en la trampa —contesto. —Trata de recordar que Nick y yo sabemos hacer nuestro trabajo —contesto Thomas después de segundos de silencio—. Vamos  a cuidarte bien, pequeña. Vamos a atraparlos. —Estoy segura —contesto Tess sin mucho convencimiento. Thomas esperaba que todo saliera como lo  habían planeado  el y Nick.  En cuanto  los narcotraficantes estuvieran en  la cárcel, podría decidir que hacer en cuanto a Tess. Pero de una cosa estaba seguro: tenia que sacarla de su vida antes de que fuera demasiado tarde. No podían seguir juntos, mas que nada  por el bien de Tess.  La quería demasiado para arrastrarla hacia un matrimonio vacío.

Siete
Había oscurecido y estaba empezando a llover, Tess se cruzo de brazos; tenia frío. Thomas estaba detrás de ella, fumando su cigarrillo. Nick, Helen y Adams, además de dos de  los mejores hombres del sargento Graves esperaban escondidos. Una discreta investigación había revelado que alguien vigilaba la agenda y aquella noche habían decidido tender la trampa. Aparentemente, Thomas y Tess se habían quedado a trabajar hasta tarde y  el resto del personal había salido temprano, intentando que los vieran los delincuentes que  estaban vigilando las oficinas. En cuanto se habían alejado un poco de allí,  habían aparcado sus coches y habían tornado posiciones según lo planeado. Thomas consulto inquieto su reloj. No le gustaba  utilizar  a Tess de señuelo, pero no tenia alternativa, no podía permitir que  Tess viviera en  constante peligro. No quería que nada la amenazara, y aunque no podía tenerla,  tampoco quería verla herida. Eso nunca. —¿Estas asustada?  —le pregunto con cariño. —Aterrada —confeso Tess—. Pero es normal, no? —Así es. Cada vez que me  he  visto envuelto  en un tiroteo he sentido un miedo atroz, pero siempre he conseguido superarlo. —La adrenalina puede ser como  una  droga —contesto ella—. Cuando salgamos de esto, voy a echar de menos el peligro. —Es como  una droga, poreso nunca te voy a dejar trabajar como  detective. No quiero que corras ningún peligro. Tu te estas arriesgando constantemente —señalo __Y estoy segura de que no vas  a renunciar a tu trabajo. _-No tengo a nadie —contesto—. Esta no es   profesión para un hombre casado. Las exigencias de  este trabajo pueden terminar  con la mejor de las relaciones. Jane odiaba mi  trabajo porque nunca me  veía en casa. __-Thomas —lo miro con suavidad—, si hubieras estado realmente enamorado de ella..., no habrías hecho todo lo posible  por estar mas tiempo con Jane? —Ya es la hora —dijo Thomas, sin contestar a la pregunta de  Tess. Apago el cigarro—. Ya sabes lo que tienes que hacer. —Si. Thomasc cogió su portafolios y se detuvo a su lado. La miro con ternura. —No corras  riesgos innecesarios. Si ocurre  algo  que no hayamos previsto, grita, rompe una ventana, haz cualquier cosa para llamar la atención. Yo estaré cerca de ti. —Esta bien —contesto en un susurro, Tess tenia la boca seca y le sudaban las manos.  El corazón le latía con violencia, pero no quería demostrarle a Thomas lo asustada que estaba porque eso solo  empeoraría las cosas. —Todo va a salir bien —la animo Thomas-—. Esta noche terminar a todo. —Pueden salir de nuevo bajo fianza... —No. No lo permitiremos. —Es mi  palabra contra la suya. —No lo será después de esta noche —le prometió acariciándole con  ternura la mejilla— . Animo, cariño —musito y se incline para mordisquear el labio inferior  de la chica,  la beso y salió después rápidamente de la oficina. Tess se quedo  sola; la oficina le  pareció de pronto fría y amenazadora. Thomas necesitaba  tiempo para llegar al aparcamiento, guardar su portafolios  el coche, encender un cigarrillo  y volver a la oficina. Así no pensaran que había dejado sola a Tess a  propósito. En ese momento, un coche gris metalizado paro    en la calle y de el salieron dos hombres. Amparados por  la oscuridad caminaron pegados a la pared del edificio observando a Thomas, que se dirigía hacia el aparcamiento.
Era la oportunidad que estaban  esperando. Entraron rápidamente  en el edificio, subieron en el ascensor y cuando  llegaron al piso en el que estaba situada la agencia prepararon los revólveres. Aquella vez no fallarían. Lo que no sabían era que Thomas los había  visto. Sin perder un segundo, había entrado por la puerta posterior del edificio  y había cogido el ascensor de  servicio para llegar a otra de las entradas de la agencia. Llevaba desenfundada su 45. Cuando se abrió la puerta principal, Tess se volvió y se quedo rígida,  inmóvil, al ver a un hombre con el revolver en la mano. No iban a lograrlo, sabia que ninguno de los detectives  llegaría a tiempo para protegerla. Miro el  revolver aterrada. «Thomas», pensó angustiada. Su ultimo pensamiento fue para el. —¡Agáchate! —ordeno una voz y  ella obedeció, en el preciso momento en el que un disparo rompía el silencio. Thomas fue rodando por el suelo hasta donde estaba ella para esquivar los disparos. El también disparo y consiguió herir a uno de los narcotraficantes, que volvió a disparar antes de caer gritando, mientras el otro hombre emprendí la huida. Thomas se puso de pie y se acerco al hombre caído con expresión pétrea; lo esposo antes de volver al lado  de Tess, que se había puesto de rodillas y temblaba como  una hoja. __El otro —jadeo Tess. __Ya debe haberlo atrapado Nick —contesto Thomas ofreciéndole su mano para ayudarla a levantarse. __¡Traigan un medico, maldición! —chillo  el herido__ ¡Esto es inhumano! ¡Me estoy desangrando! __También se desangro Tess cuando vosotros la heristeis —replico Thomas. —¿Te encuentras bien? —-pregunto Tess  tocando los brazos de Thomas en busca de alguna herida—. ¿No te han herido? —Me he pasado media vida esquivando balas —le recordó Thomas—. Para eso me pagaban. ¿Estas bien? —Ahora ya estoy bien —contesto Tess buscando su apoyo. Miro  al traficante que se retorcía en el suelo. —¡Tess! —exclamo  Helen, que entraba en  ese momento seguida por Nick—. Hemos oído disparos... —se interrumpió al ver al hombre herido y después volvió a dirigirse a Thomas y Tess—.¿Estáis bien? —Si. ¿Y  su cómplice?  —pregunto  Thomas mirando al hombre herido. —Ya lo he entregado a los hombres de Graves —contesto Nick, enfundando su revolver automático. Miro furioso a su hermana, antes de añadir—: Pero no  gracias a mi hermana, la señorita James Bond aquí presente. Ha  cruzado la línea de fuego. —¡Claro que no! —contesto rápidamente Helen—. ¡Has sido tu el que ha aparecido de repente! ¿por que siempre que algo sale mal tengo que tener yo la  culpa? ¿Es que tu nunca cometes errores, Don Perfecto? —No —contesto Nick riendo complacido, y Thomas tuvo que reprimir  una carcajada al ver la expresión de Helen. —Basta —ordeno Thomas—. Llama a una ambulancia para que recoja a este hombre —le entrego el arma  del herido. —Con cuidado, no dejes las huellas dactilares —le dijo Nick  con deliberado sarcasmo. —Se como  coger un arma  —contesto Helen  furiosa—. ¡Tu mismo  me  enseñaste! —se volvió y le pregunto a Tess— ¿Te encuentras bien? —Si, gracias —contesto casi sin aliento. —Malditos detectives —grito  el herido—. ¡Malditos! —Vamos —dijo Thomas abrazando a Tess—. Salgamos de aquí. Fue una noche larga.  Tess tuvo  que hacer una declaración, esperar a que la mecanografiaran y después firmarla. El herido  estaba bajo vigilancia policial en el hospital, de donde saldría para ir a la cárcel. Su cómplice ya lo estaba esperando tras las rejas. Tess durmió profundamente aquel día, por la  mañana ni siquiera  oyó el despertador. Cuando al fin se despertó se encontró con una  nota de ThomS en la  que le decía que no fuera a trabajar porque necesitaba descansar. Posiblemente si, además también necesitaba  tiempo para guardar sus cosas. Thomas se había mostrado muy distante con ella la noche  anterior y la había mandado a la cama, diciendo que mas que conversación,  lo que necesitaba era dormir. Pero lo que Thomas quería era no volver a verla.  Tess no necesitaba ser adivina para saber que no quería que se quedara a su lado. Hasta  era posible que al saber que ya no corría peligro, no quisiera verla siquiera en la oficina. Su sola  presencia seria un recuerdo constante de su propia vulnerabilidad, de la  noche en la que se había rendido a su propio deseo y se había permitido amarla. La amaba. Tess estaba  segura, pero  también sabia que Thomas  iba a luchar contra aquel sentimiento y que posiblemente saldría victorioso. Ni se había sido el riesgo que ella había corrido al plegarse a sus deseos. Lo que  tenia que hacer era dejar que pensara bien las cosas. Solo dándole a Thomas libertad  de elección tendría la oportunidad de convencerle de que  podían vivir juntos. Cuando Thomas volvió al apartamento aquella noche, ella ya había recogido sus cosas. Tess estaba sentada en el sofá y esperándole con las maletas a su lado. Le  miro cuando entro y Thomas frunció el ceño al ver las maletas. __Creo que es lo mejor —le dijo Tess con calma—.no quiero seguir causándote problemas —se levantó---¿Puedes llevarme  a mi  apartamento, por favor? Thom suspiro. Tess tenia razón, era lo mejor. El problema era que había esperado verla tumbada en el sofá viendo la televisión. Su inminente marcha le destrozo. —Vamonos —le dijo en tono inexpresivo. —Gracias. Se puso el abrigo y lo siguió sin mirar atrás. —No tienes que preocuparte por esos delincuentes —le dijo Thomas—. Me han asegurado que ya no saldrán de la cárcel pero tendrás  que hacer mas declaraciones. Graves te dirá cuando. —Si, me  lo dijo ayer —contesto Tess. Hicieron el trayecto en silencio. En cuanto  llegaron a su apartamento, Tess encendió la calefacción para caldearlo y se quedo  inmóvil en medio de  la habitación. —¿Estarás bien?  —le pregunto. —Por supuesto... ya estoy a salvo, ¿no?  —añadió nerviosa—. ¿Esos hombres no tienen amigos que les deban algún favor, o algo así? —No. Esos tipos estaban intentando abrirse mercado en territorio ajeno. Nadie los quiere tanto como  para hacerte pagar por su detención. —Gracias a Dios. —No tienes  que ir mañana a trabajar si no te apetece —le dijo. Después la miro con calma  y expresión triste. —No  me  importa volver a trabajar —se abrazo misma y le miro—... siempre que a ti no te importe tenerme allí.... —Dios, supongo que no creerás que soy capaz una cosa así —pregunto brusco—. ¡Despedirte cuando te hirieron por mi culpa! —No fue culpa tuya. Vi algo que no debía haber visto. No te he culpado  a ti en ningún momento. —Bueno, pero yo si —aspiro hondo—. Me culp0 por muchísimas cosas.
—Ahora ya soy adulta —contesto—. Soy capaz de tomar mis propias decisiones, Thomas. —¿Si?  —pregunto entrecerrando los ojos. La  vio sonrojarse—. Pues, aunque creas que fuiste tu la que decidiste acostarte conmigo, quiero que sepas  que fui yo el que te seduje. —Me temo  que fue al contrario —contesto ella sonriendo con tristeza. Thomas encendió un cigarrillo. —Superaras esto... Ahora te parece imposible, pero lo harás. El tiempo lo cura todo. —Jane te hizo mucho daño, ¿verdad?  Yo no te  lo haría, pero tu no me  crees porque no confías en los sentimientos. ¿De verdad quieres permanecer solo resto de tu vida, Thomas? —Si —contesto cortante. Desvió la mirada para que Tess no se diera cuenta de que mentía. La deseaba, pero quería alejarla de el por su bien. Cuando estuviera felizmente casada y con hijos, lo olvidaría. Tess sabia que no podía convencerle, las palabras no bastaban y su cuerpo no era tentación suficiente para retenerle a su lado. —Ya no tenemos nada que decirnos. —Nada —admitió Thomas recorriendo con la mirada el pequeño apartamento antes de mirarla por ultima vez a  ella y abrir la puerta—. Nos vemos mañana. __Si, adiós —murmuro Tess  reprimiendo las lagrimas. Thomas se tenso al advertir el dolor que se escondían sus palabras sus palabras, pero no la miro. __Cuídate. __Lo haré. Tu también  —dudo antes de preguntar.__ Thomas?  _¿Que? __Gracias por haberme salvado  la vida. Si no hubieras estado en la oficina, ahora no estaría aquí. Thomas cerro los ojos. No podía pensar en eso, no soportaba pensar en lo cerca que había estado Tess de morir. —Buenas noches, Tess —contesto y salió. Llovía mientras se dirigía hacia el coche. Cuando llego hasta el, se  apoyo en la puerta y miro hacia las ventanas del apartamento de  Tess. Pensó con amargura que siempre tenia que quedarse fuera, siempre bajo  la fría  lluvia.  Si pudiera  darle un hijo a Tess,  en  ese momento estaría a su lado abrazándola, amándola. Pero no era capaz de  engendrar un hijo y la estaría engañando si  cedía a sus propios sentimientos. Termino el cigarrillo, subió a su coche y se marcho. Tess esperaba que al volver al trabajo, Thomas  la tratara con cierta  frialdad, pero no con total indiferencia. La  trataba como  si fuera  un ordenador del que extraía la información que necesitaba. Habían vuelto  a ser jefe y empleada. Tess trabajaba con eficiencia, pero su corazón  no estaba allí. Thomas no quería verla en su agencia, estaba segura. —¿Quieres salir conmigo a cenar?  —la invito Helen sonriendo—.  Ahora que soy una heroína y que mi  nombre ha aparecido en los periódicos, el dueño  de la pizzería cree que atraigo a la clientela. Me da lo que le  pida —chasqueo los dedos—. Hasta pizza con doble ración de queso, champiñones y anchoas. —Un día vas a derretirte —la previno Tess—.comes tanta pizza que te vas a convertir en queso y va a terminar fundida en el suelo. —No mientras siga comiendo anchoas —le sonrió Helen—. Anda, ven conmigo. Estos días te he visto muy desmejorada. Necesitas distraerte. —No tengo ganas de salir —contesto Tess—. Estoy muy cansada, supongo que como consecuencia de las tensiones pasadas —añadió sonriendo—. Y el mes que viene tengo que volver a declarar ante el juez que lleva el caso de los narcotraficantes. —Buitres —murmuro Helen—. Ojalá los condenen a cadena perpetua. —No lo creo —replico Tess—, pero van a  pasar una buena temporada en la cárcel, y espero estar viviendo en la Antártida cuando salgan —añadió temblando.
—¿No te has enterado? —pregunto Helen—. Creía que Thomas te había dicho que esos tipos estaban implicados en el asesinato de otro narcotraficante. —Thomas no me  ha comentado nada —no añadió que  Thomas solo le dirigía la palabra para lo estrictamente necesario, ni que la evitaba  como si fuera una enfermedad infecciosa. Helen entrecerró los ojos y contesto: —El tampoco tiene muy buen aspecto. Pobre hombre, no dormía mientras tu  estabas  en peligro. No se de donde saca las  fuerzas para trabajar tanto. —Ni yo —bostezo Tess—. ¡Yo estoy agotada! —Creo que lo que necesitas es acostarte  pronto. Ven conmigo a cenar pizza y prometo llevarte pronto a tu apartamento. —Gracias, pero no soporto la comida demasiado condimentada. Hace un par de días que tengo un poco revuelto el estomago. Supongo que Adams me ha contagiado lo que tenía. Harold tiene gripe.  Voy a traerlo a la  oficina  para que se la contagie a Adams — le ofreció Helen _Eres una verdadera amiga —contesto Tess.  _Ya lo sabia —sonrió Helen. Cuando salió de la agenda, Tess se dirigió a  su  apartamento dispuesta a meterse en la cama en cuanto llegara.  El virus que había contraído debía de ser muy potente, pensó mientras desayunaba al día siguiente. A pesar de lo que había dormido, estaba agotada. Volvió a meterse en la cama  y se quedo dormida. Thomas llego al apartamento poco después. A  Tess le sorprendió su preocupación, pues su actitud en la  oficina la había convencido de que había olvidado lo que había ocurrido entre los dos. —¿Como te encuentras? —le pregunto en la puerta. Tess estaba despeinada y pálida, envuelta en un camisón de franela y una  bata que le llegaba a los pies. —Adams  me ha contagiado su enfermedad  —dijo débilmente—. Mátalo de parte mía, ¿quieres? —¿Necesitas algo? —No, gracias. —Creo que deberías ir al medico  —contesto el frunciendo el ceño. —¿Por un simple malestar? No bromees. Thomas, necesito acostarme. Gracias por venir, pero dentro de un par de días  estaré perfectamente. Puedes  contratar una sustituta hasta entonces ¿no? —Ya ha venido hoy —dudo antes de  añadir—. Es muy competente. Es  casi tan rápida como  tu. —Si quieres  despedirme, lo único que tienes  que hacer es decírmelo —le miro a los ojos, y confirmo  sus  sospechas—. Habla  con ella y si quiere quedarse puedes despedirme  sin... —Pero antes tienes que conseguir otro trabajo --- interrumpió con los dientes apretados.                      —La Agenda de Investigaciones Short me  contratara en cuanto se lo  pida, lo sabes. El señor Short  me  dijo una vez que le  encantaría que trabajara para el. El señor Short era un atractivo viudo, de cuarenta años. Thomas entrecerró los ojos al imaginarse a Tess trabajando en su oficina. —No creo que... —empezó a decir. —Thomas, a ti no te gusta verme  en la agenda —contesto débilmente—. Deja de fingir. Desde que te acostaste conmigo, me  he convertido en una pesadilla  para ti. No soportas verme, y lo entiendo. Para mi  es muy difícil  trabajar contigo sabiendo lo que sientes. —No digas eso —dijo en un susurro—. Me hiciste sentirme  el mejor de los hombres. —Y para mi  lo eres —se apoyo contra la pared, y le miro con adoración—. Pero supongo que conseguiré olvidarte  si dejo de verte a diario.
—Encontraras a otro. —Lo se —contesto para tranquilizar la conciencia de Thomas, aunque no lo creía. Se obligo a sonreír y añadió—: Adios, Thomas. —Esto no habría funcionado, cariño —contesto  el con tanta ternura y angustia que Tess estuvo a punto de echarse a llorar—. Teníamos  dos cosas en contra desde el principio. No quiero volver a casarme. —Lo se —contesto ella  con dulzura—. Esta bien. —No, no esta bien. Te echo de menos. Me siento muy solo sin  ti. Tess le miro con los ojos llenos de lagrimas. —Por favor, vete —le suplico a Thomas. --¡No es amor lo que sientes por mi! —gruño—.  ¿No lo ves?  ¡Es solo atracción física! Tess ya no pudo contestarle. —Es lo mejor, terminarasdándome  la razón. Te casaras y tendrás un hogar lleno de hijos... —se volvió. Sintió que se le quebrara la voz. No soportaba  pensar en eso— Adíos, pequeña. Le diré a Helen que te traiga tu indemnización. Puedes decirle que no soportaste recordar el asunto de los narcotraficantes, te creerá.   —--Lo hare —sollozo. «;Por favor, vete», pensó, vete antes de que me  rompa en mil pedazos!». --- Y si   alguna vez me  necesitas...  __Gracias. Adiós. Thomas se marcho sin volver la mirada y cerro la   puerta. Le rompía el corazón dejar sola a Tess, pero no podía ofrecerle nada. Se dijo a si mismo que no lo  amaba de verdad, que era atracción física lo que sentía    por el. Y  el matrimonio era imposible e injusto para ella. Se dirigió a su apartamento  repitiéndose aquella idea una y otra vez. Pero cuando llego y lo encontró vacío,  lo único que supo era que estaba solo, completamente solo.


HOLA ... BUENO AQI ESTAN LOS DOS CAPS .. YA VA A TERMINAR LA NOVELA ASI Q COMENTEN 3 O MAS Y AGREGO .. HASTA LUEGO :))

2 comentarios:

  1. Estoy segura de q esta embarazada, ya quiero ver su reacción cuando se entere pero sobre todo quiero ver la de Thomas.. me encanto virgi espero los próximos caps

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